Jenófanes de Colofón

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Jenófanes de Colofón
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Filósofo, poeta, crítico social y religioso, considerado como el primer teólogo de la historia de la cultura, el primero en tratar el problema de Dios
NombreJenófanes de Colofón
Nacimiento570 a.n.e.
Colofón. Asia Menor
Fallecimiento475 a.n.e.
Sicilia
OcupaciónFilósofo

Jenófanes de Colofón. Filósofo, poeta, crítico social y religioso, es considerado como el primer teólogo de la historia de la cultura, el primero en tratar el problema de Dios. Criticó el antropormofismo de los dioses homéricos así como su inmoralidad y postuló la existencia de un Dios único. Fundó una escuela de filosofía en Elea, a la que pertenecen Parménides y Zenón.

Contenido

Síntesis biográfica

Nacimiento

Nace el 570 a.n.e. en Colofón. Asia Menor.

Jenófanes de Colofón
Jenófanes de Colofón
Se conoce la fecha del nacimiento de Jenófanes principalmente a partir de un escrito suyo recogido por Diógenes Laercio En dicho fragmento, el longevo Jenófanes recuerda el momento en que huyó de su ciudad natal al ser invadida por los medos en el 546-545 a.c. Con estos datos se puede fijar como una fecha muy probable de su nacimiento el año 570. Por lo que se deduce de los testimonios que se tienen, su muerte habría sido en Sicilia aproximadamente el año 475 a.c. Jenófanes fue contemporáneo de Pitágoras (nacido entre el 580 y 570 a.c.), Anaxímenes de Mileto (n. 585), Anaximandro de Mileto(n. 611), Heráclito (n. 540) y Parménides (n. 515-510). Su ciudad natal, Colofón, era una colonia jónica del Asia Menor ubicada aproximadamente a unos 30 km al Norte de Éfeso y a 70 de Mileto.

Su ubicación oriental, abundante riqueza y prestigio hacen probable que, debido a la actividad comercial, haya acogido a viajeros provenientes de otras culturas orientales, como la persa, la egipcia o la hebrea, con las cuales haya tenido algún tipo de intercambio cultural.

Conocidos son los viajes de Jenófanes a través del Mediterráneo. Visitó Sicilia, Zancle (Mesina), Catania, Siracusa, Lípar y Malta; además, se conoce que estuvo presente en la fundación de Elea, en el sur de Italia, hacia el 540 a.C. Plutarco cuenta que alguna vez estuvo en Egipto. Los viajes realizados por Jenófanes le dan una visión más amplia de la realidad, le proporcionan nuevos horizontes culturales y hacen posible diversidad de influencias.

Muerte

Muere el 475 a.n.e. en Sicilia.

Estudios

Teología

El espíritu griego ha dejado hondas huellas en el pensamiento occidental. Sus grandes aportes filosóficos y literarios han pasado a formar parte de toda cultura.

Precursor del pensamiento de Parménides, es considerado como el fundador de la teología filosófica y de la teoría del conocimiento; así como la reflexión fundamentación y límites. En la primera criticó el antropormofismo de los dioses homéricos así como su inmoralidad y su uso como modelo educativo postulando la existencia de un Dios único y, en la segunda, consideró una concepción objetiva de la verdad como algo independiente del sujeto. Asimismo, investigó acerca de cuestiones relativas a la naturaleza y a la cosmología.

El fue entre los Siglo VI y Siglo V a.c., un personaje singular, no sólo por sus ideas, sino también por su actitud frente a la vida. La historia lo presenta como un hombre con una inteligencia aguda y crítica, muchas veces desafiante respecto al orden de las cosas, inconforme con la manera de vivir de su tiempo. Para Werne, destacado especialista de la filosofía griega, Jenófanes fue un revolucionario intelectual. Este filósofo se dio a conocer utilizando diversos canales que le permitieron expresarse públicamente y ganarse el reconocimiento de sus coetáneos. Tuvo gran influencia en los filósofos de Elea y se confirmó que sus pensamientos sobre la unidad esencial fueron claves para el nacimiento de la metafísica. El eco de sus reflexiones acerca del Uno llegaría, pasando por los eleatas, hasta Aristóteles, el gran sistematizador de la filosofía griega. La concepción de la divinidad de Jenófanes implicó un gran avance y adelanto con respecto a la historia de la teología natural o filosofía teológica, entendida como el estudio de Dios desde la luz de la razón, sin el concurso de la Revelación. Más allá del monoteísmo explícito, el estudio filosófico acerca del Dios Uno encontró en él un notable precursor de quien se detendrá a reflexionar en torno a lo divino.

Su visión de la religión, más exactamente su aproximación a Dios, que es lo que lo hace tan singular para su época. El paso dado por Jenófanes desde la perspectiva cosmocéntrica común a los griegos hacia una reflexión filosófica acerca de Dios, especie de teología natural, constituye un cambio notable para su tiempo. Este aspecto teológico es fundamental en su pensamiento, e incluso sus reflexiones sobre el mundo natural o físico están subordinadas a su concepción de lo divino, lo que lo lleva a impugnar la visión tradicional que consideraba como dioses a los cuerpos celestes y a los fenómenos naturales. Su oposición a una religiosidad antropomorfizante alcanza un tono altamente polémico, aunque no se trataba de la negación de la religión en general. Es interesante tener en cuenta el vínculo entre Jenófanes y Parménides respecto al tema del Uno, entendido como el principio fundamental o substrato que permite la existencia de las cosas. Un precursor de Parménides, Zenón, Meliso y otros eleatas, al ser el primero en proponer la unidad del ser. Es poco probable que Jenófanes haya fundado la escuela eleática debido, sobre todo, a que él siguió un camino distinto al de estos pensadores. Mientras Parménides —considerado por la mayoría de especialistas como el verdadero fundador de la escuela— y sus discípulos se concentran en el examen más puramente ontológico del Uno, el interés de Jenófanes está en la comprensión de lo divino como unidad, acentuando el aspecto teológico. Es el propio Aristóteles quien sostiene con claridad esta distinción entre Jenófanes y los eleatas:

En cuanto a Jenófanes, que sentó antes que éstos la doctrina del Uno (pues se dice que Parménides fue su discípulo), no aclaró nada, ni parece haber vislumbrado ninguna de estas dos naturalezas, sino que, habiendo dirigido la mirada a todo el cielo, afirma que el Uno es Dios.

Gnoseología

En cuanto al conocimiento de lo divino, Jenófanes responde: “En tanto que no ha habido ni habrá hombre alguno que conozca con certeza la verdad acerca de los dioses y de todas las cosas de que hablo —pues si alguno por azar la dijese del modo más cumplido él, con todo, no lo sabría— hay en cambio opinión sobre todas las cosas”.

Sin embargo, el estudio detallado de los términos griegos utilizados en este fragmento nos dan importantes luces para entender mejor aquello que parece ser una actitud de total escepticismo. Las palabras safeV" (claro o manifiesto) y ei*dwV" (sabedor o entendido) resaltan el sentido de conocimiento perfecto o acabado de algo. Es decir, Jenófanes trata de expresar que el ser humano no tiene la capacidad de alcanzar una total perfección de conocimiento, pero no niega toda capacidad de conocer.

Jenófanes descubre que su pensamiento es insuficiente e incapaz para comprender totalmente las cosas. Es tal vez la sensibilidad del poeta y la sagacidad del filósofo que ve que el objeto de su reflexión no puede ser agotado, que lo trasciende y lo deja atónito por su grandiosidad, pero que al mismo tiempo no está dispuesto a dejarlo ir sin haber hecho el esfuerzo por comprender algo más y para ello es necesario investigar. Así lo expresa él mismo: “Ciertamente los dioses no revelaron todas las cosas desde el principio a los hombres, sino que, mediante la investigación, llegan éstos con el tiempo a descubrir mejor. Para Jenófanes, sin embargo, existe un camino por el que el hombre puede conocer mejor todas las cosas que los dioses no le han revelado desde un principio: es el camino de la investigación. Es un camino largo pero efectivo, que no parece estar reservado a los sabios sino que puede ser recorrido por cualquier ser humano, quien “mediante la investigación” llega, con el tiempo, “a descubrir mejor”. Se ha comentado incluso de que en él existen ciertos “elementos de lo que puede ser llamado psicología de la religión”. Una serie de fragmentos acerca del conocimiento han sido interpretados por los doxógrafos y la crítica moderna de diferente manera. Soción de Alejandría (A 1 y 20) y Sexto Empírico, conservador del texto B 34, inician la tendencia a interpretar a Jenófanes como escéptico: (…) Jenófanes es de esta tendencia, al afirmar que todas las cosas son inaprensibles, cuando escribe: No hay ni habrá un hombre que haya conocido lo claro (τό σαφές, tó saphés) o haya visto cuantas cosas digo acerca de dioses y de todo. Pues aunque llegara a expresar lo mejor posible algo acabadamente, él mismo no lo sabría, lo conjetural (δόκος, dókos), en cambio, se extiende sobre todo.

El fragmento B 35 sugiere que el grado de conocimiento al que puede aspirar el hombre es el de la conjetura, a un asemejarse a la verdad. Y el fragmento B 38 afirma la relatividad de todo saber proveniente de los sentidos, puesto que si dios no hubiese hecho la miel, pensaríamos que los higos son lo más dulce. Sexto Empírico advirtió que Jenófanes no cancela la posibilidad de todo conocimiento, sólo el conocimiento indubitable. Karl Deichgräber sugirió que las citas donde Jenófanes expresa las deficiencias de conocimiento humano, extienden un contraste, común en la poesía, entre la ignorancia humana y la omnisciencia de la Musa, tal como es enunciado por Homero:

Decidme ahora, Musas, dueñas de olímpicas moradas, pues vosotras sois diosas, estáis presentes y sabéis todo, mientras que nosotros solo oímos la fama y nada sabemos”.

La idea deviene temática en Simónides de Ceos, y es seguida por Píndaro, Peán 6, 51. En Jenófanes alcanza su expresión más nítida, pero la distancia que media entre el saber divino y el humano no es salvada por revelación alguna, como en la comunicación entre aedo y musa, sino que el saber humano es forjado por el hombre mismo, a través del tiempo:

“Pues los dioses no revelaron desde un comienzo todas las cosas a los mortales, sino que estos, buscando con el tiempo descubren lo mejor.”

Kirk, Raven y Schofield siguen a Deichgräber en este punto. Se ha entendido también que esta separación entre el saber divino y el humano llega en Jenófanes a su grado más profundo.

Crítica al antropomorfismo

Para esta crítica es fundamental el famoso fragmento de Jenófanes: “Homero y Hesíodo han atribuido a los dioses todas las cosas que son oprobio y vergüenza para los mortales: robar, cometer adulterio y engañarse mutuamente”. Esta crítica a la concepción de los dioses según Homero y Hesíodo alcanza la raíz misma de la cultura griega, puesto que la educación que ha recibido este pueblo, no sólo en sus contenidos sino también en lo que respecta a la moral y la religión, ha sido registrada y plasmada por Homero para que las generaciones posteriores aprendan de él. Jenófanes representa una actitud más madura respecto a la concepción de la divinidad aún primitiva de sus predecesores. Su ironía es contundente para evidenciar que la imaginación de los hombres es la que ha otorgado atributos a los dioses que resultan incompatibles con su naturaleza, como el hecho de que hayan nacido o que tengan “vestidos, voz y figura humana”. Pues no existe motivo suficiente que justifique atribuir a los dioses formas y actitudes humanas, salvo para hacerlos más comprensibles y asequibles al entendimiento. El ingenio de Jenófanes muestra que, siguiendo la lógica de Homero y Hesíodo respecto a la naturaleza de los dioses, si los animales tuvieran la capacidad de expresarse a través de la pintura mostrarían a sus dioses semejantes a ellos, como leones, caballos o bueyes. Y así también, cada pueblo afirmará que sus dioses son semejantes a los hombres que conforman su raza. Jenófanes critica también a Pitágoras por su doctrina de la transmigración de las almas, y sobre todo por postular la respiración cósmica. Con esta cualidad Pitágoras otorgaría a la divinidad un aspecto antropomórfico que Jenófanes rechazaba. Por la misma razón critica a Epiménides, pues Dios no debe ni nacer ni morir ni cambiar.

La concepción antropomórfica que critica Jenófanes no es sólo una postura primitiva de los grandes poetas griegos que buscaban una explicación a su experiencia del universo, sino que se reedita en tiempos modernos, por ejemplo con Ludwig Feuerbach, en el Siglo XIX, al considerar desde una perspectiva intramundana y materialista que Dios es una proyección psicológica del hombre, quien transfiere a la divinidad lo que él mismo anhela. El meollo del asunto, salvando las distancias culturales, está en lo mismo: considerar que realmente no existe un dios fuera de la mente humana que lo concibe a su imagen y semejanza, enfatizando o atenuando sus virtudes y defectos.

Monoteísmo

“(Existe) un solo dios, el mayor entre los dioses y los hombres, no semejante a los mortales ni en su cuerpo ni en su pensamiento”.

La posible presencia de monoteísmo en Jenófanes se sostiene a través de este fragmento y parece engarzarse adecuadamente con la globalidad de su pensamiento teológico, considerando que el concepto de Dios del que habla Jenófanes no puede ser el mismo que critica en la concepción tradicional de Homero y Hesíodo, ni el que ataca en los pitagóricos o en Epiménides. La literalidad del lenguaje utilizado por Jenófanes, el uso del plural al hacer referencia a “dioses” no necesariamente tiene que significar que existe en este filósofo un resabio del panteón homérico y hesiódico, sino que puede contener algún otro mensaje que no es explícito y que requiere la interpretación adecuada del conjunto de fragmentos que nos han llegado para poder verlo con claridad. Por ello es factible postular que la mención a los dioses griegos en Jenófanes no es necesariamente un signo de politeísmo, como podemos constatar en el uso de expresiones semejantes en otros pueblos antiguos como el hebreo.

El mismo fragmento citado contiene una frase cuya interpretación puede ser ambigua. Dice que este Dios es “el mayor entre los dioses y los hombres”. Si la tomamos literalmente, Jenófanes se mantendría en una visión politeísta. Sin embargo, no necesariamente se debe hacer una interpretación literal de esta parte del fragmento. El fundamento para sostener una postura no literalista está sobre todo en la contradicción que representaría el hecho de que Jenófanes afirme en la primera parte que es “un solo Dios”, para decir lo contrario en las palabras siguientes. El ser único no es un atributo que pueda ser compartido con otra divinidad ni con ser viviente alguno. Además, hay que tener en cuenta que la afirmación de un principio único como substrato de lo existente es común a otros pensadores, como Pitágoras o Parménides. Otro elemento que no puede apartese es el estilo poético que utiliza el autor para transmitir sus ideas. No estamos frente a un tratado de alta precisión lingüística ni filosófica, por lo que hay espacio para ciertas licencias en la expresión.

Sobre este punto Kirk y Raven, especialistas en la filosofía presocrática, sostienen que la expresión comparativa en la que se menciona a los dioses tiene un carácter polar, un recurso comúnmente utilizado para enfatizar una parte de la expresión. Un uso semejante del plural griego se puede encontrar en el fragmento de Heráclito: “Este orden (kosmos), el mismo para todos, no fue hecho por ninguno de los dioses ni de los hombres sino que siempre era, es y será un fuego siempre vivo que se enciende según medidas y se apaga según medidas”.

Es probable que haya aceptado una especie de henoteísmo, es decir, la primacía de un solo Dios sin negar la existencia de ciertas divinidades inferiores, o haber concebido que los hombres tienen modos distintos para denominar a la única divinidad posible. Sea como fuera, queda abierta la posibilidad de que se trate de una referencia polar que busca destacar la majestad de un Dios Uno.

Teniendo en cuenta el contexto histórico en el que está situado este pensador, se puede encontrar diversos movimientos o inquietudes dirigidos hacia la unicidad del elemento primordial. Anaximandro, Heráclito, Pitágoras, Parménides y Meliso pueden contarse entre quienes tienen, como Jenófanes, esta intuición fundamental. No todos profundizaron, como él, sus intuiciones comunes reflejan una preocupación difundida en la cultura que se encausa racionalmente en el pensador de Colofón.

La naturaleza de Dios

En contraste con el pensamiento común de la época, el Dios Uno de Jenófanes no tiene figura como la humana y su razón —novhma— no es como la de los hombres. Apoyándose en una referencia de Aristóteles en la Retórica, muchos sostienen que Jenófanes postuló la eternidad de Dios: “Jenófanes decía que de igual manera cometen impiedad los que dicen que los dioses han nacido, que los que dicen que los dioses mueren; porque de ambas maneras se deduce que en algún momento no existen los dioses”. El Dios Uno de Jenófanes, sin embargo, aunque no lo afirme expresamente, parece tener corporeidad. Esto se deduce de los fragmentos 23 al 26. La materialidad de lo divino es muy común entre los griegos hasta los primeros años del Siglo V a.c. Pero el cuerpo de este Dios Uno es diferente al de los hombres y no necesita moverse para producir algún efecto; es una causa inmóvil que mueve con la sola inclinación de su voluntad. Sin embargo, Jenófanes no parece haberse preocupado en el tema de la corporeidad de Dios.

Se trataba simplemente de cierta clase de cuerpo, dado que una concepción de un ser totalmente incorpóreo al parecer era prácticamente imposible en su época. Es un cuerpo cuya realidad, potencialidades y limitaciones son cualitativa y cuantitativamente diferentes a las de cualquier otro ser. Además, aparentemente Jenófanes concibe cierta clase de espíritu, y daría preeminencia a la espiritualidad del Dios Uno frente a su materialidad. Respecto a la forma del Uno, la esfericidad parece ser más un error de interpretación que una postura de Jenófanes. Este mal entendido sería consecuencia de la confusión del comentador Teofrasto al atribuir a Jenófanes doctrinas de Parménides. No se habría entendido adecuadamente una afirmación de Jenófanes que describe a Dios como completamente igual o semejante en todas sus partes, conceptualización que estaría referida a la acción de Dios, y que ha sido interpretada como la descripción de una forma espacial esférica. Los fragmentos no brindan información suficiente para esta dudosa interpretación. La esfericidad en Dios, tradicional en esa época, era expresión de ilimitación y, por lo tanto, es probable que, si Jenófanes hubiera dotado de esa forma a la divinidad, haya querido referirse a la cualidad de eterno e ilimitado y no a una forma física o espacial determinada. Con referencia al movimiento espacial de Dios, la reflexión de Simplicio resulta ser muy sugerente. Para este autor, la alusión de Jenófanes a la ausencia de movimiento no quiere significar el hecho de no desplazarse físicamente de un lado a otro, porque ello implicaría aceptar una dualidad entre Dios y el espacio en el cual se mueve. Ni tampoco afirma positivamente que la naturaleza de Dios sea la misma que la del espacio.

Más bien se trata de recalcar que Dios permanece, haciendo una abstracción del movimiento y de la quietud. El filósofo de Colofón considera el movimiento como contrario a la dignidad de Dios. Es muy probable que, como sugiere Jaeger, el motivo que lo lleva a esta consideración sea su actitud religiosa y reverente frente al misterio de lo divino. Jenófanes utiliza una categoría o concepto que será de mucha importancia para la filosofía posterior; se trata de lo apropiado. A Dios no le es apropiado moverse, es decir, no es parte de su naturaleza el hacerlo y, por lo tanto, no lo hace. El pensamiento del Dios Uno es omnipotente; Dios tiene la cualidad de mover todo sin moverse, “con el solo pensamiento (impulso) de su mente”. El pensamiento y los sentidos no son sólo facultades en Dios, sino su esencia misma, corresponden al Uno: “todo él ve, todo él piensa y todo él oye”. Las cualidades divinas que son destacadas por Jenófanes, especialmente su particular racionalidad y poder, hace que este Dios Uno se delinee de manera semejante a lo que posteriormente entenderemos como un ser personal, abriendo así al hombre la posibilidad de plantear una relación diferente a la que habitualmente mantenía con la pluralidad de dioses de la cosmogonía de Homero y Hesíodo. Si a esto se agrega la novedosa concepción que tiene este filósofo acerca de la virtud humana.

Resulta que “el Dios de Jenófanes está indiscutiblemente imaginado como un ser consciente, personal”, distinguiéndose así de lo Divino de Anaximandro. El Uno de Jenófanes no ha sido engendrado y es ilimitado; con el poder de su mente mueve las cosas sin moverse él mismo.

Cosmología

Aristóteles dice en su Metafísica que

Jenófanes, (…) con sus ojos puestos en todo el cielo, dijo que lo uno es dios.

En la medida en que holon ouranos puede ser traducido como “el universo", Jenófanes es continuador del pensamiento de la fisiología jónica. Pero si para Tales el observar determina que la naturaleza subyacente a la pluralidad de lo que aparece es el agua, y para Anaxímenes el aire explica el comportamiento antitético de lo que se manifiesta, para Jenófanes no hay un elemento visible que pueda ser pensado como “naturaleza primordial” o arkhé que gobierne sobre el todo. Aecio y Sexto Empírico nos transmiten un fragmento en el cual Jenófanes dice que la tierra es principio y fin de todas las cosas. Pero Aristóteles había dicho que ningún pensador había atribuido a la tierra el carácter de elemento primordial. Así prevenidos, los críticos niegan la atribución de la tierra como physis en Jenófanes.

Porfirio, citado por Filópono, nos dice que Jenófanes consideró como principios lo seco y lo húmedo. Estos también son presentados como tierra y agua, y el agua, a su vez, tiene como fuente el mar, que resulta ser el origen de un conjunto amplio de fenómenos celestes y geográficos: el viento, las nubes, la lluvia, y la corriente de los ríos. A su vez, las nubes son el origen de los astros, incluido el sol, que es una nube en ignición, e incluso del arco iris, y los fuegos de San Telmo. Respecto del sol, para Jenófanes es a la vez un fenómeno originado por la reunión de partículas ígneas procedentes de las nubes, y causante de la generación de las nubes a partir de la evaporación del mar. El sol no es uno, cada día vemos un nuevo sol. Su movimiento es, por lo demás, rectilíneo y no circular. Lo seco y lo húmedo, o la tierra y el mar, como opuestos, están relacionados.

Jenófanes llama a esta relación “mezcla”. El mar disuelve la tierra hasta convertirla en barro (al final del ciclo todos los hombres mueren), y luego acontece un proceso inverso de solidificación. Jenófanes dedujo este tránsito a partir del hallazgo de fósiles de peces y algas en el área de Siracusa, Paros y Malta, los cuales dejaron su huella cuando el mar cubría la tierra. La solidificación del agua le fue sugerida a partir del goteo en cavernas donde había estalactitas, formadas, supuestamente, por agua. El tránsito descrito funda una teoría cíclica, en la que se sucederían múltiples ordenaciones del mundo. A pesar de que este cuadro cosmológico puede ser trazado con suficiente nitidez, los estudiosos no están de acuerdo en atribuirle el mismo origen. Kirk, Raven y Schofield, en contra de Jaeger, dicen que esta concepción física es enteramente razonable, y que por ello a Jenófanes no puede calificársele exclusivamente como teólogo. Pero Eggers Lan piensa que algunas estas cuestiones cosmológicas no son atribuibles más que a los doxógrafos. Esta dividía el cosmos en tres partes, la Tierra en el centro, estaba a igual distancia del Cielo y del Tártaro.

Jenófanes concibe, en cambio, la profundidad de la Tierra como indefinida y no ya limitada por el Tártaro, y el aire como extendiéndose hacia arriba de manera indefinida, sin que limite ya con la bóveda celeste. La diferencia entre esta concepción y las cosmologías milesias reside en que Jenófanes, al explicar el todo de lo que se muestra, no reduce lo múltiple a una sola naturaleza visible como el agua de Tales. Incluso el tránsito entre los opuestos seco-húmedo no es explicado a partir del comportamiento de una naturaleza primordial como el aire de Anaximandro. Este aire, siendo invisible, se manifestaba en el comportamiento antitético de lo que es visible. En cambio, el principio jenofánico, permanece fuera del alcance del pensamiento del que los hombres se valen para conocerse a si mismos, incluso no se manifiesta sino a partir de la conmoción del todo. Pero este principio, concebido como Dios, es asunto de la Teología.

Enlaces externos

Fuentes

  • A.A.V.V. Colofón 27. Editorial Avon.
  • Dore, Gustavo. La Biblia. Nuevo Testamento.
  • Lewis,C.S. La Última Batalla. Editorial Planeta, España. 20'06.