José Homma Nakamura

De EcuRed
José Homma Nakamura
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Pitcher estelar de la unión Atlética Amateur
Nacimiento28 de julio de 1925
Abreus, Cienfuegos Bandera de Cuba Cuba
OcupaciónPelotero
Conocido por“El Verdugo del Willard” o “El Tornado Japonés”
CónyugeDulce María Castro León
HijosJosé Luis y Justo Luis
PadresHeiji Homma y Sakuya Nakamura
José Homma Nakamura. Pitcher estelar de la unión Atlética Amateur.

Contenido

Datos biográficos

Nacimiento

Nace el 28 de julio de 1925 en el Central Constancia de Abreus, en la actual provincia de Cienfuegos. Muchos piensan, por sus apellidos y características físicas, que nació en Japón.

Estudios

Estudió hasta el sexto grado en la escuela pública del batey. Fuera de las obligaciones escolares o de alguna tarea encomendada por sus padres, lo más placentero para él era jugar al béisbol. Se puede decir que su amor por este deporte nació en Tinguaro. En revistas cubanas y extranjeras se ha escrito erróneamente que cursó estudios en la escuela Álvaro Reynoso. En un principio quiso especializarse allí como maestro agrónomo, pero cometió la torpeza de presentarse al exámen de ingreso sin una carta de recomendación de algún político o persona influyente de la localidad. Entonces lo desaprobaron y no pudo ser admitido.

Ámbito social

Sus padres Heiji Homma y Sakuya Nakamura nacieron en Japón, específicamente en Niigata. Vinieron a Cuba de novios en busca de mejores condiciones de vida y aquí se quedaron. Perdieron sus nombres originales, algo común en los inmigrantes asiáticos, él comenzó a llamarse Tomás y ella María Luisa. Es el tercero de cuatro hermanos: Tomás y Luis, los mayores, y Ángela la menor.

Desde el año 1960 José Homma Nakamura reside en la casa No. 222 de la calle Mariana Grajales, en la ciudad de Colón, junto a su esposa Dulce María Castro León. Ha vivido más de ocho décadas, sin embargo siente nostalgia por estar alejado de los trajines del diamante.

En Constancia vivió hasta los siete años de edad. Su papá se dedicaba a la jardinería y a la preparación de terrenos para cultivar caña, mientras que la mamá atendía los quehaceres domésticos. En el año 1932 su padre obtuvo la plaza de jardinero en el batey del central Tinguaro, parte entonces del término municipal de Perico. Hacia este territorio matancero se mudaron en igual fecha. Fue un año difícil para los cubanos, pero sus padres con una amplia sonrisa y mucho optimismo enfrentaron día a día las necesidades materiales, conscientes de que a Japón no podían regresar, no sólo por lo costoso del viaje, también por las frecuentes guerras de conquista del imperio con sus vecinos. Todos los vecinos admiraban la maestría del papá para tener el parque lleno de flores, los arbustos bien podados y el césped parejito. Cuando se acercaba el Día de los Fieles Difuntos, Nakamura ayudaba a su padre a vender flores y así reunían un poco de dinero.

De su relación con Dulce María nacieron dos varones: José Luis y Justo Luis. No salieron peloteros; la verdad es que nunca les impuso la preferencia por el deporte nacional. Respetó siempre sus gustos y motivaciones intelectuales, y por coincidencia, los dos se inclinaron por la Medicina. En el caso de José Luis, el mayor, ha cumplido misiones internacionalistas en África y Venezuela.

El año 2003 fue intervenido quirúrgicamente de catarata en el hospital Hermanos Ameijeiras. Pese al esfuerzo de los médicos, quedó bien de un ojo, pero del otro ve muy poco. Esto ha limitado parcialmente su vida social. Ahora cuando camina tramos largos en la calle se apoya en un bastón, tiene que cuidarse, una fractura de caderas a esta altura sería fatal para un hombre tan activo como él.

Trayectoria laboral

Existe una página de su vida que pocos conocen: la de obrero azucarero. Empezó en Tinguaro como barrendero a los diecisiete años de edad; luego fue tanquero, ayudante de tacho, puntista y jefe de turno, todo ello sin tener un título universitario. La experiencia acumulada y el interés por hacer las cosas bien le permitieron prosperar laboralmente. Dedicó 42 años a este sector, algunos parcialmente, pero años al fin. Acumuló tantos almanaques trabajados, porque cuando concluían los campeonatos de invierno, en vez de descansar se iba para el central y allí laboraba algunas semanas. No lo hacía por compromiso, después de la pelota prefería el ambiente fabril. Pudo haber derrochado su dinero en mujeres y fiestas, pero en la vida ha tenido siempre como premisa ser útil a la sociedad, por eso contribuyó también a la formación de puntistas y técnicos de varios centrales de la provincia.

Trayectoria deportiva

Inicios de su carrera beisbolera

Los implementos deportivos eran rústicos: palos como bates, guantes de lona y pelotas de confección casera. Para hacer las pelotas tomaban un boliche de metal, lo envolvían con tela para luego forrarlo con un grueso tejido.

Su primera experiencia competitiva fue en el año 1941, en un campeonato entre los centros docentes y equipos juveniles del término municipal de Colón. En esa ocasión representó a la Granja Agrícola Álvaro Reynoso, destacándose en el montículo y al bate. En el terreno de la Granja entrenaban los alumnos con más aptitudes para la pelota. Asistía a los entrenamientos sin estar matriculado, y un buen día el director quiso ver cómo estaba el equipo para la competencia. Aprovechó la ocasión y se lució pitcheando y bateando. Él director quiso matricularlo para hacerlo todo legal, pero no aceptó. Le dijo que su meta en la vida era ser pelotero profesional. Puso tremenda cara, sin embargo, lo incluyó en la nómina del equipo y no lo hizo quedar mal, pues fueron los campeones.

Armaron un equipo aguerrido y disciplinado. Su hermano Luis era el tercer bate y jugaba todas las posiciones, y él por lo general era el séptimo en la alineación debido a su responsabilidad como lanzador. En Colón jugaron con el Hogar Campesino Infantil, y equipos de adultos como el de San José de los Ramos (Colón). En La Habana se enfrentaron a equipos de la enseñanza técnica. En un doble juego con la Granja Habana 4, en el primer desafío terminaron abrazados a 9 carreras, después se impusieron 12 x 6; se acreditó la victoria y su hermano Luis se lució en el bateo al conectar de 6–3.

Equipo principal del central Tinguaro

Integró junto a su hermano Luis el equipo principal del Central Tinguaro, el cual actualmente lleva el nombre de Central Sergio González (Colón). Juntos recorrieron casi todos los bateyes azucareros, fincas y poblados del centro- este matancero, y un poco más allá. La novena llegó a ser respetada por su calidad, muy contados rivales los hicieron morder el polvo de la derrota. Desde su ingreso, su hermano Luis demostró su valía bateando y fildeando, por lo que se ganó el puesto de antesalista titular y el siempre ansiado turno de tercer bate. A a él lo aceptaron como pitcher abridor, y cuando no lanzaba, defendía los jardines o la inicial.
De su estancia en el club Tinguaro guardó gratos recuerdos, como la paliza que un día le dieron a las Estrellas de Jovellanos 20 x 4, equipo donde se formaron atletas que luego jugarían en las Ligas de Pedro Betancourt y de “Sagua”. En tarde perfecta batió de 3 - 3 y lanzó todo el tiempo; otro día memorable propició lechada al equipo de Santo Domingo 4 x 0. Disfrutó de un excelente control y sus rivales sólo pudieron dispararle 3 hits, al bate dió dos hits en cuatro turnos y empujó par de carreras.
Entrenaban después de la jornada laboral. Primero había que cumplir con la Administración, de lo contrario te despedían. En aquella época no existían las licencias deportivas. Éran aficionados, simples trabajadores que jugaban por amor, aunque de vez en cuando se ganában algunos pesos cuando los políticos, la Guardia Rural o el personal administrativo hacían sus apuestas. Hubo días en que por ganar en el montículo se pagaron hasta 20 pesos.

Equipo de Cienfuegos de la Unión Atlética Amateur

De provechoso califico su paso por el equipo de Cienfuegos de la Unión Atlética Amateur, en la primera mitad de la década de 1940. La posibilidad de incluise en el club que dirigía “Tito” González, se la debió al inicialista "Estrellita" González. Él le vió madera de pelotero y decidió llevarlo a los entrenamientos en la Perla del Sur. El esfuerzo rindió sus frutos, pudo incluirse en ese equipo como lanzador y jardinero. Cuando llegó al Cienfuegos era un jovencito lleno de ilusiones y con muchos deseos de jugar. Medía 5 pies y 10 pulgadas, pesaba unos 60 kilogramos. Sus armas principales en el pitcheo: una recta veloz con efecto, y una curva con caída rápida. Muchos se preguntaban cómo podía tirar tan duro con ese físico. Les respondía que su fuerza era natural, resultado de una alimentación balanceada y la práctica sistemática de ejercicios físicos. Nunca usó las pesas en los entrenamientos por temor a que se trancara los músculos. Le gustaba tenerlos relajados, solo así podía ejecutar correctamente todos sus movimientos en el box, y administrar energías a la hora de lanzar.
En el equipo lo mismo abría juegos que relevaba. El primer pitcher era Conrado Marrero, nuestro querido “Guajiro de Laberinto”, por lo tanto a él le tocaba abrir todos los partidos .En el bateo fue levantando poco a poco, hasta llegar al tercer turno de la alineación. Tuvo el privilegio de relacionarse con otros buenos atletas: Charles Pérez, Luis García, Abelardo Fleitas, Raúl Guimerá, Cheo Sánchez y Ramón “El Colorado” Roger.
Con el Cienfuegos no pudo saborear la obtención de títulos, otros equipos lo hicieron mejor. Aún le quedaba mucho camino por recorrer en nuestro deporte nacional. El haber jugado permitió que la afición beisbolera de todo el país le conociera, así como los buscadores de talento para la pelota rentada. A estos últimos se les hizo agua la boca cuando derrotó, en juego de exhibición, a los Havana Cubans 3x2, cargando con el revés el estelar Wilfredo Roca.
Dos acontecimientos marcaron su vida en esta etapa: el encarcelamiento de sus padres y su hermano Tomás acusados injustamente de “enemigos extranjeros” después del ataque japonés a la base naval de Pearl Harbor y la muerte de su hermano Luis en el ya mencionado accidente automovilístico cerca de la ciudad de Colón. Las autoridades cubanas no se molestaron por su popularidad, sin embargo jugó con mucha presión psicológica hasta que fueron liberados del Presidio Modelo al finalizar La II Guerra Mundial. Cuando pudo recuperarse continuó jugando para convertir en realidad el sueño de ser un profesional del bien llamado “emperador de los deportes”. El recuerdo de Luis fue su compañero de camino por siempre.

A los medios informativos y a la afición les fue más fácil llamarme Nakamura que Homma, por eso en la historia de la pelota cubana es conocido como José Nakamura. También se hicieron muchos comentarios sobre su origen, unos decían que era japonés, otros que cubano, hasta se habló de las islas Hawai como cuna. Esta controversia ayudó al crecimiento de su popularidad , hasta en los Estados Unidos se hablaba de un asiático- cubano que jugaba muy bien al béisbol.

The sportometer

Nominado a Novato del Año por Collier Parris

No solamente Nakamura es uno de los puntos llaves del pitching staff, sino que puede jugar casi todas las posiciones en el campo. No lo hemos visto aún catchear, pero si los cátchers zurdos fueran aceptados, seguramente él hubiera ocupado el back- stop. Es tan sereno cuando está al bate que cuando lanza o fildea. De que es un peligro en el uso del bate lo atestiguan sus averages.
Sí, señores, si vamos a designar el “Novato del Año”, no podemos pensar en otro player que no sea el siempre sonriente, pero imperturbable Joe Nakamura.

Equipo de Santa Clara.

Una vez concluida su actuación en el Cienfuegos Amateur, comenzó a competir en el béisbol rentado con el equipo de Santa Clara. Allí jugaban dos coterráneos: Máximo Diago y el siempre risueño Conrado Pérez, a quien apodában como Babalú.

Contrato en ligas profesionales menores de Estados Unidos.

En cierta ocasión el buscador de talentos Joe Cambria lo contrató para defender la franela de los Havana Cubans durante la temporada 1947-1948.Con nuestro representante en la Liga Internacional de La Florida trabajó en el doble rol de pitcher abridor y relevista. Esta experiencia le abrió las puertas a otras ligas profesionales menores de los EE.UU. Jugó en seis equipos de diferentes estados de la Unión: Abilene, Apaches de Laredo, Tampa Smokers, Shelby Farmers, Charlotte y Lousville.
La temporada de 1949 con el Abilene, un equipo Clase B de Texas, significó su despegue en el Norte al relevar en muchos partidos con saldo favorable de 8 victorias y 4 derrotas. Estando allí sufrió una lesión en la rodilla derecha durante una de las sesiones de entrenamiento. Resulta que a todos los jugadores les exigían sistemáticamente correr de tercera a home y deslizarce. Se recuperó en Cuba y manifestó a la prensa que estaba en desacuerdo con ese tipo de entrenamiento que podía afectar la vida de los peloteros.Aprovechó el descanso para obtener su “libertad incondicional” e incorporarse al club Apaches de Laredo, donde jugó la temporada de 1950.
En 1951 ingresó en el Shelby Farmers de Carolina del Norte. En esa temporada registró su mejor actuación de por vida al ganar 22 juegos y perder en 6 ocasiones. En 249 entradas lanzadas propinó 192 ponches y sólo otorgó 65 bases por bolas. Este resultado le permitió ser seleccionado como Novato del Año en la North Carolina League y participar en un juego de estrellas. Con su artículo, el cronista deportivo Collier Parris contribuyó a la obtención del galardón; en sentido general la prensa norteamericana elogió su versatilidad. Para la afición norteamericana fue Joe Nakamura, otros prefirieron apodarlo “Naka”.
En esa temporada actuó cada tres días, pero hubo momentos en que relevó con 48 horas de descanso. En una ocasión estuvo a punto de propinarle cero hits cero carreras al Granite Falls. Perdió esa posibilidad en el 8vo ining cuando el patrullero central Pugh le conectó un hit a los jardines. Le lanzó con mucho cuidado, pero siempre hay una pelota que se le queda en la zona alta. Sintió que el mundo se le venía encima, pero controló los impulsos porque ha sido un hombre de gran flema en el terreno. Para lograr una hazaña como esta se necesita un tremendísimo control, una excelente defensa de campo y muchísima suerte. El marcador concluyó 10 x 0, propinó 15 ponches y al bate conectó de 4-2.
Las demás temporadas con el Shelby fueron también exitosas. En 1952 terminó con balance de 19-11, y en 1953 con 17-5. En los años 1954 y 1955 actuó como pitcher relevo en el club Charlotte de Clase A, perteneciente a la Liga Sally, y concluyó su periplo por tierras norteñas en la temporada de 1956 jugando con el Lousville de la Liga American Association de Clase Triple A.
Jugar en los Estados Unidos le permitió madurar como pitcher. Allí aprendió a lanzar el slidder, la sinker y el screwball, y pudo mejorar el control. En las sesiones de entrenamiento colocaban en el suelo par de estacas, amarradas a ellas hilos finos que simulaban la zona de strike. Tenía que romperlos tirando pelotas. De tanto hacerlo adquirió un excelente control, habilidad muy importante en ese difícil arte llamado pitcheo.
El estudio sistemático de los bateadores contrarios fue otra de las enseñanzas que recibió. Los entrenadores los reunían en el banco o en los camerinos para preguntarles: ¿Cómo lanzarías a tal bateador? ¿Cuál es su punto débil? ¿Qué le tirarías en conteo de 3-2? Eso le ayudó a desarrollar otra cualidad importantísima en un pitcher: el pensamiento táctico. En el béisbol rentado no puedes equivocarte; bola mal tirada, bola castigada.
Triunfó en el béisbol de su época porque al control y al pensamiento táctico logró adicionarle la concentración. En pocas palabras, pitchear con coraje olvidándose del público, poniéndole el corazón a cada lanzamiento. Estas tres cualidades las alcanzó con mucho entrenamiento, amor por la profesión y disciplina, y cuando digo disciplina no es sólo acatar las decisiones del cuerpo de dirección, incluyo también: no fumar, no ingerir bebidas alcohólicas, y sobre todo, correr todos los días. Este régimen le permitió lanzar durante casi dos décadas sin sufrir lesión en el brazo izquierdo.
En días de descanso preferió huir de las ciudades para recorrer las zonas rurales de Texas, Laredo, Carolina del Norte, La Florida, y pescar en aguas del Atlántico, uno de sus hobbys favoritos. Buscaba con ello disfrutar de las bellezas del paisaje, respirar aire puro y amortiguar la morriña que a veces le invadía al estar lejos de Cuba y de sus seres queridos.

RECORD
Una publicación deportiva de EL NACIONAL
30 de diciembre de 1955

EL Verdugo del “Willard”
JOE NAKAMURA

Por sus siete victorias en fila india y por su sevicia beisbolera frente al Willard, viene a esta portada interior de Récord el siniestro JOE NAKAMURA , que solo ha conocido un revés en suelo colombiano.
Fue el que le propinara el mismo Willard en su debut. Los mejores toleteros del Willard confiesan que son tantas las ganas que tienen de entrarle a palos a Nakamura, que casi siempre pierden la ecuanimidad y el aplomo que se necesitan para hitear. 

Liga Profesional de Cuba

En esta Liga sólo jugó dos temporadas. En 1951 lo hizo con el Marianao, que tuvo como director al legendario Adolfo Luque. Cinco años después con el Habana de Gilberto Torres. Con Luque aprendió mucho. En los entrenamientos se corregía los errores al lanzar, trabajaba en el desarrollo del pensamiento táctico y en el juego ni hablar, con él no se podían cometer fallas porque te enviaba temprano a las duchas.
Quizo jugar más en su tierra, pero esa decisión dependía de los dueños de los clubes. Además, la entrada de peloteros norteamericanos durante la década de 1950 limitó la participación de muchos atletas del patio de probada calidad. Ello influyó en su extenso periplo por ligas profesionales de otros países del continente: Méjico, Colombia, Nicaragua, Santo Domingo (actual República Dominicana) y Venezuela. Jugaba todo el año, lo mismo en las ligas de invierno que en las de verano. No tuvo otra opción, el dinero había que ganárselo con mucho sacrificio, él nunca entraría en sus bolsillos de mansa paloma.
De Colombia y Méjico guardo recuerdos imborrables. En ambas naciones fue un pelotero muy popular. El haber jugado en buenos equipos y haber contribuido como atleta a la obtención de dos campeonatos, en uno y otro país, le hicieron sentir héroe.
Comenzó por Colombia, campeonato invernal 19551956, equipo Indios de Cartagena, tricampeón de la Liga Profesional. Nuestra meta era desbancar del trono al Willard, sin lugar a dudas el team más bateador del país. El mentor Gaspar del Monte le confió, desde el principio, la responsabilidad de abrir frente al Willard. En el primer choque perdió, pero después le propició 11 derrotas en forma consecutiva. Su actuación contribuyó a la conquista del cuarto título de los Indios. Terminó con balance de 13 – 3 y fue seleccionado como el segundo mejor lanzador del campeonato.
Nunca olvidara el cariño tributado por la fanaticada de Cartagena. Cuando se enfrentaba a la poderosa batería de Willard, encabezada por los jonroneros norteños Causey, Robinson y Nelson, el público aplaudía cada lanzamiento suyo como si fuese el jugador número 10 de los Indios. La prensa deportiva contribuyó también a la popularidad que alcanzó. Los cronistas del periódico El Pueblo y de la revista de deportes Récord le consideraron un artista del box, en ocasiones aparecía en las caricaturas castigando a los jugadores del Willard, mientras su director Fred Hoffman salía con rostro triste y tomando aspirinas. Todo esto motivó que el pueblo empezara a llamarle “El Verdugo del Willard” y “El Tornado Japonés”.

Libro de récord de la Liga

El 30 de diciembre de 1955 pudo inscribir su nombre en el libro de récord de la Liga: primer lanzador en arribar a las 10 victorias en una sola serie. Ocurrió contra el K. Roman en el estadio de Barranquilla, ante un público muy bullicioso que se apoyó en el sonido de las sirenas para sacarle de concentración. Lanzó con dificultades desde el cuarto ining hasta el octavo – dos limpias permitidas-, pero el relevista Chulungo del Monte cortó la inspiración de los locales y los Indios ganamos 6 x 5.
Apareció también en la historia de la música colombiana, gracias a la inspiración del compositor Pérez Galán, que compuso un sabroso merecumbé, ritmo muy popular allí, titulado ¨Nakamura¨, de gran aceptación entre los bailadores. De ahí surgió el calificativo de ¨Pitcher del Merecumbé¨.
Su mejor temporada en Méjico fue la del año 1957 cuando Los Leones de Yucatán obtuvieron la corona de la Liga Profesional. En la serie anterior el equipo estuvo mal, principalmente por dificultades en su pitcheo. Julio “Jiquí” Moreno terminó con récord adverso de 6 ganados y 18 perdidos; yo él sólo aportó a la causa 6 victorias y perdió en 8 ocasiones. Por esa actuación los dueños del club quisieron venderle al béisbol japonés, pero anduvo con suerte, pues el cubano Oscar “Barriguilla” Rodríguez, nuevo director de Los Leones, defendió con firmeza  su permanencia en su conjunto.
Los dueños de Los Leones reunieron en esa temporada un equipo muy completo, tal vez la lentitud en el corrido de las bases fue su  único punto débil. El cuadro lo defendieron Zacarías Auaiz (1 B), Olmedo Suárez (2 B), “Pepe”Bache ( SS ) y Luis “Camaleón” García ( 3 B); los jardines, Ängel Toledo, Alejandro “Cañitas”Moreno, Orlando Leroux y Jesús Díaz; la receptoría, Edrick “León” Kellman e Isaac Seoanne; y me acompañaban como lanzadores, Julián Ladera, Miguel A. Rodríguez, Elio Suárez, Rodolfo “Mulo”Alvarado, Adriano Wong, Pedro Montané, Romeo Cadena y Julio “Jiquí”Moreno. “Jiquí” no pudo terminar la campaña debido a una lesión, y en su lugar entraron los pitchers derechos René “Tata” Solís y Richard Hayling.
El campeonato desde su arrancada se mostró sumamente reñido. El equipo, el Méjico y Los Tigres protagonizaron hasta el final una emotiva lucha por la conquista del título. Antes de llegar a la recta conclusiva del evento, él  presentaba balance de 9 ganados y 4 perdidos, y 3.91 de promedio en carreras limpias. En este trabajo le ayudó mucho el receptor panameño “León” Kellman, atleta corajudo y buen compañero de batería. Su juego agresivo no le impidió desarrollar un excelente pensamiento técnico – táctico para guiar a los pitchers.
Los Leones de Yucatán cerraron con 68 ganados y 52 perdidos, siguiéndo el Méjico con 66 - 54, y en la tercera posición Los Tigres con 63 - 57. Fue seleccionado como el tercer lanzador del campeonato en cuanto al promedio de ganados y perdidos, con balance de 10 - 4, y un average de 714. Le antecedieron Lino Donoso (Tigres) con 8 - 2, y Guarao Guerra (Méjico) con 13 - 4.

MEMORIAS

ASOCIACIÓN DEPORTIVA AMATEUR GENERAL PEDRO BETANCOURT
Año 1959 ( XVI CAMPEONATO )
ESTADO FINAL DE LOS EQUIPOS:

G P AVE
Campeón:Central Tinguaro 12 4 750
Manager: José Nakamura
2do. Lugar: Central Cuba 11 5 688
3er. Lugar: Central España 10 6 625

Estadístico: Héctor Mederos Argüelles

Trasmitir las esperiencias acumuladas

A partir del año 1958, como pelotero decidió transmitirlas a deportistas jóvenes con deseos de triunfar. Fue entonces que le nombraron director del equipo del central Tinguaro que competía en la conocida Liga Amateur General Pedro Betancourt. Para organizar un verdadero trabuco que nos llevara a la conquista del título, viajó a las provincias de La Habana y Pinar del Río. De Pinar trajó consigo al receptor Tomás Zayas y al jardinero Fidel Linares, el padre de Omar y Juan Carlos. Cuando conoció a Fidel Linares le impresionó su bateo, pero detectó en él algunas deficiencias en el fildeo. Poco a poco las fue erradicando hasta convertirse en ese excelente pelotero de nuestras primeras Series Nacionales, e incluso del team Cuba.
La búsqueda de jugadores de otras las provincias del país para reforzar a los equipos matanceros, elevó el prestigio de esa Liga. Nosotros no fuimos la excepción. En esta labor recibió el apoyo del rico empresario Julio Lobo Olavarría, dueño del central Tinguaro1. Un día le dijo: “Busca a todos los peloteros que quieras, que los gastos van por mi cuenta”. Y cumplió su palabra. Los atletas que no residían en el batey tuvieron garantizados su alojamiento, alimentación, uniformes e implementos deportivos.
Su debut fue excelente, el equipo se proclamó campeón en 1958y al año siguiente revalidó su corona. Cuando una novena triunfa el público te considera un buen director, si fracasas te piden la cabeza. Con Tinguaro vinieron las glorias y el convencimiento de que podía dirigir con resultados. Tomás Zayas (R) , Humberto Pedroso (1B), Otto Jústiz (3B), Sergio León (SS), Fidel Fuentes (2B), “Patón” Acosta (LF), René Núñez (CF), Fidel Linares (RF), y los lanzadores Alfredo ”Picúa” Batista e Isidro Borrego, entre otros, demostraron en cada partido su calidad y confianza en la victoria.2

Con el triunfo de la Revolución

El deporte comenzó a masificarse, convirtiéndose en un derecho del pueblo. La eliminación del profesionalismo provocó que muchos peloteros rentados abandonaran el país. Otros, sin embargo, se quedaron. Desde el primer momento manifestó su decisión de continuar formando y dirigiendo a peloteros, para que el béisbol no decayera en la provincia.

De 1960 a 1964 dirigió el popular Indio Hatuey (Perico), un equipo de la 1ra categoría del municipio de Perico, por donde desfilaron Edwin Walters, “Cunagua” González, Mariano Álvarez, Isidro Borrego, Otto Jústiz, Luis Lima, Miguel La Rosa y otros destacados peloteros matanceros que jugaron en Series Nacionales.

En la temporada 1965-1966 fue entrenador de pitcheo del equipo Centrales en la V Serie Nacional, concluyendo la década del 60 al frente del conjunto de Perico en los campeonatos regionales, y del representativo de la Región de Colón en las finales provinciales.

En el año 1969 la novena que dirigió, Región de Colón, se proclamó campeón provincial de la 1ra categoría. Este resultado influyó en su selección como director del equipo de Matanzas que intervino en la IX Serie Nacional 1969-1970. Terminaron en la 9na posición con un balance de 26 juegos ganados y 36 perdidos, resultado que catalogo de positivo, ya que el conjunto contaba con muchos atletas jóvenes carentes de experiencia en estas lides. En esa serie la afición matancera disfrutó del triunfo de Henequeneros, primera vez que un conjunto integrado exclusivamente por peloteros matanceros obtenía el título nacional.

Sus armas principales para dirigir fueron la ejemplaridad dentro y fuera del terreno, la disciplina a toda costa y la firmeza en las decisiones. No fue un director autoritario, pero cuando ordenaba una jugada había que hacerla. En las prácticas insistía mucho en el toque de bola, corrido y bateo, robo de bases, elementos de juego que deben dominar todos los atletas. En cuanto a las señas, solo las necesarias. El bateador de fuerza, por ejemplo, no tenía que esperar a que le autorizara a tirarle a un lanzamiento bueno en conteo de tres bolas sin strikes, o un pitcher esperar señas del banco cuando se enfrentaba a un mal bateador de curvas.

Visitas recibidas

Ha recibido visitas de artistas y cronistas deportivos de Japón, Canadá y México, interesados en conocer sobre su vida atlética y actual. Por boca del guionista de la telenovela Ochín conoció que es popular en la tierra de sus ancestros, quedó impresionado ya que nunca ha puesto los pies en ella. Él contó que en las décadas de 1940 y 1950, los medios de comunicación de su país publicaron con frecuencia noticias sobre su actuación en el continente americano.

Reconocimientos

Agradece al INDER haberle declarado "Figura Relevante del Deporte". No llegó a la cúspide del béisbol como Martín Dihigo, Adrián Zabala, Lázaro Salazar y otras estrellas de entonces, pero jugó lo mejor que pudo. Nunca abandonó la tierra que le vio nacer; en Cuba echa sus raíces, aprendió a jugar pelota, trabajó por el desarrollo azucarero. Estas razones se las expuso en el año 1990, en los Estados Unidos, a uno de los entrenadores del equipo profesional los Dodgers, cuando le propuso trabajar con él a cambio de quedarse. Posibilidades no le faltaron. Para él Cuba es lo primero.

Bibliografía

Fuentes

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