Reforma Agraria

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Reforma Agraria
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Reforma agraria: medidas aplicadas por el Estado para transformar las relaciones agrarias y las formas de propiedad de la tierra
Tipo de textoLey
Promulgación17 de mayo de 1959
Derogación3 de octubre de 1963
PaísBandera de Cuba Cuba

Reforma agraria proyecto político a gran escala cuyo objetivo es un cambio rápido y radical del régimen de propiedad y explotación de la tierra. Bajo esta denominación se encuentran múltiples procesos que deben ser contextualizados en relación a tres cuestiones clave: el alcance, las indemnizaciones y la organización.

Contenido

Origen

El verbo reformar indica la acción de rehacer, modificar, enmendar o volver a formar algo. La acción y efecto de reformar (o reformarse), por su parte, recibe el nombre de reforma. Del latín agrarĭus, agrario es lo perteneciente o relativo al campo. El término también se utiliza para nombrar a la política que defiende los intereses del sector de la agricultura. Una reforma agraria es un proceso que se proclama como una auténtica reacción antifeudal, es decir va contra aquel sistema donde el poder radica en los propietarios de grandes cantidades de tierras donde viven campesinos que dependen del propietario; y su abanico cobija desde los partidarios de izquierda, la masonería, la iglesia católica hasta la alianza para el Progreso. Es el conjunto de medidas políticas, económicas, sociales y legislativas cuyo fin es modificar la estructura de la propiedad y producción de la tierra. Las reformas agrarias buscan solucionar dos problemas interrelacionados, la concentración de la propiedad de la tierra en pocos dueños (latifundismo) y la baja productividad agrícola debido al no empleo de tecnologías o a la especulación con los precios de la tierra que impide o desestima su uso productivo. Las formas de cambiar la tenencia de la tierra son por medio de la expropiación de la tierra sin indemnización o mediante algún mecanismo de compensación a los antiguos propietarios. Generalmente los resultados sociales son la creación de una clase de pequeños y medianos agricultores que desplazan la hegemonía de los latifundistas.

Objetivos

El objetivo de la reforma agraria, de este modo, es reemplazar la clase social de los latifundistas por una clase de medianos y pequeños agricultores, cada uno dueño de su propia porción de tierra para trabajarla. Para lograr esto, es necesario cambiar la tendencia de la tierra para que pase de los pocos latifundistas a los muchos pequeños productores.

Esto puede realizarse a través de una expropiación (se quita la propiedad de la tierra a los latifundistas sin ningún tipo de indemnización) o mediante mecanismos compensatorios (se exige a los latifundistas que se desprendan de sus tierras, pero se les entrega algo a cambio). La mayoría de los países latinoamericanos, en general, han impulsado algún tipo de reforma agraria a lo largo de su historia.

Reforma Agraria en Cuba

Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) de Cuba fue un importante organismo creado por la Revolución cubana en 1959 para ejecutar las políticas económicas y sociales relacionadas con la reforma agraria, principal promesa de la revolución. En 1976 fue reemplazado por el Ministerio de la Agricultura (MINAG), continuador institucional del INRA.

Antecedentes

Una vez triunfante la Revolución cubana la cuestión de la reforma agraria emergió como el principal logro, por un lado porque estaba en juego el nivel de vida de los campesinos, que constituían la gran mayoría de la población, y por el otro porque impactaba directamente sobre la producción de azúcar, prácticamente el único producto de exportación de la economía cubana. La Revolución cubana sancionó dos leyes de reforma agraria en 1959 y 1963 triunfando el sector que proponía las reformas más radicales, entre los que se encontraba Ernesto Che Guevara. El INRA fue creado por la ley de 1959 para garantizar su implementación y Fidel Castro fue designado a la cabeza del organismo. Recalcando su importancia el periodista estadounidense Jon Anderson dice: Fidel era el presidente del INRA, Núñez Jiménez el director ejecutivo y desde sus oficinas se preparaba la verdadera Revolución Cubana. El INRA se encargaría establecer la política azucarera, los precios de venta, la expropiación de latifundios y el pago de las indemnizaciones, las nacionalizaciones de empresas privadas, etc. Se convirtió en el organismo más poderoso de Cuba. Dentro de su estructura se creó en 1959 el Departamento de Industrialización, cuya dirección fue encomendada a Ernesto Guevara. En 1960 ese departamento se convirtió en Ministerio de Industria (MINID). El INRA creó una serie de organismos locales denominados Zonas de Desarrollo Agrario (ZDA), que adquirieron una gran importancia, y que además de controlar en cada lugar que la reforma agraria se realizara efectivamente, promovieron la formación de cooperativas entre los campesinos y organizaron desarrollar la producción agropecuaria. En 1962 fue nombrado Carlos Rafael Rodríguez como presidente del INRA, desempeñándose en el cargo hasta 1965. En 1976 fue reemplazado por el Ministerio de la Agricultura (MINAG), continuador institucional del INRA.

Para Cuba

La Ley de Reforma Agraria fue un compromiso recogido en el Programa del Moncada que, cumplido en la fecha indicada tras quedar nacionalizadas todas las propiedades de más de 420 hectáreas, supuso la desaparición definitiva del latifundio. Posteriormente, una segunda Ley de Reforma Agraria -1961- limitó el tamaño de las propiedades a un máximo de 66 hectáreas, con lo que la burguesía de este sector quedó prácticamente eliminada. Ese mismo año nació la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños –ANAP-, que tan importante papel jugó –y juega- en la organización de los campesinos.

De más está decir que la puesta en vigor de la ley que nos ocupa chocó frontalmente con los intereses económicos de los norteamericanos. No en vano, como consecuencia de aquella medida revolucionaria, las compañías azucareras perdieron más de 674.000 hectáreas de tierras, así como varios millones de dólares por futuras exportaciones del cultivo comercial.

De todos modos, las medidas adoptadas por el gobierno a través del Instituto Nacional de la Reforma Agraria –INRA-, creado en 1959 para ejecutar las políticas económicas y sociales relacionadas con la reforma agraria, no fueron discriminatorias, ya que fueron dirigidas contra todos los terratenientes, sin importar su nacionalidad; y además, como ya ha quedado dicho, estaban amparadas por la Constitución de 1940. Por otra parte, la forma de indemnización fue bastante más generosa que en la ley agraria impuesta por Estados Unidos a Japón en la postguerra: ésta sólo otorgaba el 2,5% de interés anual y los pagos en veinticinco años; y con la Ley de Reforma Agraria cubana la amortización pagadera se situó en veinte años y un 4,5 % de interés anual.

Por si fuera poco, el gobierno revolucionario planteó repetidas veces su disposición a renegociar estos términos, pero Estados Unidos declinó la propuesta renegociadora –no así el resto de los países afectados- y prefirió mantener las indemnizaciones como una deuda aún no pagada. Conviene recordar que las tierras fueron compradas por los capitalistas yanquis a precios irrisorios. En 1901, por ejemplo, un tal Preston llegó a comprar 75.000 hectáreas en la zona de la Bahía de Nipe –hoy provincia de Holguín- por 400.000 dólares, es decir, a menos de seis dólares la hectárea. Amparado en la Ley de Reforma Agraria, las tierras del central Preston fueron expropiadas por el gobierno revolucionario el 14 de mayo de 1960. Entregadas a los campesinos, esta zona adoptó el nombre de Guatemala en homenaje al pueblo al que, en 1954, la propia United Fruit Company había frustrado la reforma agraria mediante el derrocamiento del gobierno legítimo y popular de Jacobo Arbenz.

Quizá porque la familia de Fidel poseía miles de hectáreas de tierra en Birán, provincia de Holguín y pueblo natal del Comandante, muchos enemigos se hicieron falsas ilusiones pensando que triunfada la Revolución sus dirigentes no se atreverían a tanto. Pero se equivocaron. Fidel cumplió su promesa de llevar a cabo la Ley de Reforma Agraria, y las tierras de su familia fueron igualmente entregadas a los campesinos, tras ser nacionalizadas por el propio Fidel con su firma como Primer Ministro, primero, y como Presidente del INRA después.

El 19 de mayo de 1960, el periódico Sierra Maestra publicó en una de sus páginas lo siguiente: “Los maledicentes que siempre pensaron que la Ley de Reforma Agraria no alcanzarían los predios de Sabanilla de Birán, por el hecho de ser de la familia del máximo líder, tendrán ahora que morderse la lengua al contemplar cómo la primera tierra que se reparte en el municipio de Mayarí, es la del propio Fidel Castro”. Expropiadas las citadas tierras, éstas fueron repartidas entre 204 familias.

Ante la necesidad de elevar la producción y con el propósito de relanzar al sector agrícola, el pasado año se aprobó el Decreto-Ley 259 sobre la entrega de tierras ociosas en usufructo. La iniciativa está teniendo buena acogida; hasta el momento ya se han entregado más de un millón de hectáreas entre los miles de solicitantes; muchos de los cuales nunca antes habían tenido contacto laboral con el campo.

A partir de 1959, pues, el 17 de mayo siempre está presente en la memoria del campesinado cubano, y también en la del resto del pueblo.

Véase también

Ley de Reforma Agraria

Enlaces externos

Bibliografia

1. Nuevo panorama agrario. Comisión de Orientación Revolucionaria del Comité Central del PCC. En Realizaciones del Programa del Moncada. Comité Central del PCC: La Habana, 1966. Pág. 11.

2. Gutelman, Michel. La socialización de los medios de producción en agricultura. Del libro: L´agriculture socialiste à Cuba. Tomado de: Cuba: una revolución en marcha. España: Ruedo Ibérico, 1967. Pág. 251.