San Matías

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San Matías
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Santo
Religión o MitologíaCatólica
SincretismoMatías el Apóstol
Día celebración24 de febrero y 14 de mayo
Patrón(a) o Dios(a) deArquitectos y carniceros.
Venerado enCuba, América Latina, Alemania, España, Etiopía.

San Matías. Se le considera el patrón de Arcos de Canasí (Santa Cruz del Norte). Muchos canasienses se sienten identificados con él. Su imagen se encuentra en el poblado de Arcos de Canasí (Santa Cruz del Norte); en la provincia de Mayabeque, donde cada año, el 24 de febrero se le rinde homenaje.

También conocido por Matías el Apóstol era uno de los seguidores de Jesús de Nazaret. Según los Hechos de los Apóstoles, fue elegido apóstol después de la muerte de Jesucristo para sustituir a Judas Iscariote. Su elección se realizó por sorteo.

Contenido

Nombre

Discípulo de Jesús que, por la defección de Judas Iscariote, entró, a la muerte de éste, a formar parte del grupo apostólico. Su nombre significa regalo de Yahvé, lo mismo que el de Matatías (1 Mach 2,1) y Mateo. Todos ellos derivan de una dicción hebrea a la que se añade la forma apocopada del nombre de Yahvé, resultando mattityanu (Matatías), que a su vez se abrevia de dos maneras: mattay (Mateo) y mattiyctn (Matías). El entronque filológico y el significado de los dos últimos nombres ocasionó confusión entre los varios individuos de este nombre remplazó a Judas Iscariate

Aparece Matías en el Nuevo Testamento cuando entró en el grupo de los Doce (Hechos 1,21-26). Según los requisitos exigidos en este texto Matías debió de ser un discípulo de la primera hora y, en términos generales, seguir, en compañía de los Doce, las incidencias de la vida y ministerio de Jesús, de cuyos hechos y doctrinas debía dar testimonio; lo cual da cierta verosimilitud a la noticia de Eusebio (Hist. Ecl., 1,12.3: PG 20,117) sobre la posibilidad de que Matías fuese uno de los «Setenta» (Lc 10,1). Tal vez fue testigo de la Resurrección de Jesús, y pudo presenciar alguna aparición del mismo.

Elección como apóstol

Al Colegio apostólico fue incorporado Matías para ocupar el lugar que había dejado vacío el pérfido Judas.

Después de la apostasía de Judas, el Colegio apostólico quedaba incompleto. Según las disposiciones del divino Salvador, era preciso restablecer el número de doce y, por lo tanto, que otro apóstol entrase a sustituir al renegado. Por eso, después que Jesucristo subió a los Cielos, San Pedro, que era el príncipe de los Apóstoles y cabeza visible de toda la naciente Iglesia, teniendo reunidos en el Cenáculo a unos ciento veinte discípulos y seguidores del dulcísimo Maestro, les manifestó el pensamiento que tenía de elegir de entre todos los que hubiesen estado con el Salvador aquel que había de ser el sucesor de Judas, proponiéndoles, además, dos candidatos, ambos de excelentes dotes: José, llamado Barsabas y por sobrenombre el Justo, y Matías. Ante el prestigio de los dos, para librarse de perplejidad, sin perjuicio del más digno, se pusieron en oración y, levantando las manos y el corazón al Cielo, suplicaron a Dios bondadoso y le dijeron: «¡Oh, Señor!, Tú que ves los corazones de todos, muéstranos a cuál de estos dos has destinado a ocupar el puesto de este ministerio y apostolado, del cual cayó Judas por su prevaricación».

Inmediatamente se decidió que la elección se sortease. Y escritos los nombres de Matías y de José en pequeñas cédulas, la suerte le tocó a Matías, quien, desde entonces, fue contado entre los Apóstoles.

Así, pues, no fue ensalzado San Matías por influencia ni consideraciones humanas, sino por expresa y clara voluntad de Dios. El Señor quiso manifestar que aquel hombre era digno, por sus cualidades y virtudes, de ser elevado a una de las alturas más eminentes de su Iglesia. Ciertamente. Matías tenía disposiciones excepcionales, dotes brillantísimos de virtud y de sabiduría, que habían de resplandecer mucho en el ejercicio de su apostólico ministerio. Era doctísimo en la Sagrada Escritura, de palabra fácil y elocuente, prudente y maduro en sus consejos, ingenioso y lleno de talento para resolver las más arduas cuestiones y para sostener las más complicadas controversias con los judíos y con los gentiles. Y en cuanto a la santidad de vida, era purísimo de corazón y rectísimo en la intención, modelo de todas las virtudes cristianas. Se distinguía especialmente por su amor a la pobreza evangélica, por su austeridad y espíritu de mortificación y por su generosa caridad, de tal manera que bien podemos decir que era una imagen del todo opuesta a la de Judas, tan avaro y envidioso, tan carcomido de vicios y de innobles pasiones.

Actividad de Matías

Así como el brillo y la hermosura de un objeto resaltan más si lo ponemos en contraste con otro objeto oscuro y feo, de la misma manera podemos hacer el elogio mejor de San Matías poniendo sus virtudes y sus méritos en contraposición a la malicia de Judas, su renegado antecesor en el apostolado. Judas abandonó la escuela del divino Maestro y lo vendió con la más negra hipocresía. San Matías entró en la gloriosa escuela de Jesucristo con gran humildad y entusiasmo, padeciendo en defensa de Él mil oprobios y tormentos hasta derramar la sangre y sacrificar la vida. El nuevo discípulo aceptó con reverencia las gracias celestiales y se hizo digno de ellas por su lealtad y fervorosa correspondencia. Matías llenó el puesto abandonado por Judas. Matías recibió los favores que Judas había profanado, Matías murió por Jesucristo, a quien Judas había traicionado.

En la distribución de los países que hicieron los Apóstoles para emprender la predicación, le tocó a San Matías la Etiopia y la Judea. Es verdad que todos los Apóstoles predicaron algún tiempo en la Judea hasta que se fueron dispersando por doquier, en todo el mundo; pero San Matías permaneció allí como en su campo de batalla, evangelizando aquella gente tan aferrada a sus prejuicios y a las antiguas tradiciones. Por esto fue perseguido repetidas veces por algunos hebreos influyentes y maliciosos, que habrían querido exterminar de un golpe la semilla de la Iglesia nueva. Pero el Apóstol defendió con tanto brío la doctrina de la Cruz y la predicó con tanta constancia y continuado sacrificio, que consiguió la conversión de una gran parte de aquel pueblo.

Si grandes fueron las tareas apostólicas de San Matías, y sus trabajos sin tregua, y su celo y fervor ardorosamente intrépidos, no fueron menos generosos sus anhelos de morir por Jesucristo. Toda su vida había suspirado por el martirio.

Muerte

A pesar de haber llenado toda la Judea con sus prodigios y favores, devolviendo la salud a innumerables enfermos, la vista a muchos ciegos, el movimiento a muchos tullidos, el consuelo a los afligidos y la vida a algunos muertos, se levantó un gran tumulto contra el Apóstol. Los príncipes de los fariseos conspiraron contra él, como algún día habían conspirado contra el mismo Jesucristo; los malvados lobos rodearon al cordero inocente, mancharon su honra atribuyéndole falsos crímenes, y levantaron el grito declarándolo reo de muerte. Sin pruebas de ninguna clase, el sumo pontífice de los judíos, como en otro tiempo Caifás, pronunció la criminal sentencia: Matías tenía que ser apedreado como perturbador, y después decapitado ignominiosamente. Así se ejecutó. Y mientras la cabeza del heroico discípulo de Cristo caía al golpe de la segur, su alma nobilísima volaba al cielo para recibir allí la corona imperecedera.

Se dice que las reliquias de Matías fueron, por encargo de Santa Elena, llevadas a Tréveris, ciudad de la que es Patrón, y donde se venera su tumba en la abadía dedicada al Santo. También hay reliquias en Roma (Santa María Mayor) y en Padua (Santa Justina), también en la Iglesia de San Pedro en Lima, Perú. Es también Patrón de los carniceros y de los arquitectos. En otros tiempos fue popular en diversas zonas de Alemania.

Su fiesta se celebra en la Iglesia latina el 14 de mayo, en las Baleares y Aragón el 24 de febrero; en la griega, el 9 de agosto.

Oración

Oh Dios, que habéis puesto a San Matías en el número de vuestros Apóstoles, haced, por su intercesión, que sin cesar experimentemos los efectos de vuestra inagotable misericordia.

Iglesia Católica de Arco de Canasí

Iglesia de San Matías
Iglesia de San Matías
Altar de la Iglesia Católica de Arcos de Canasí
Altar de la Iglesia Católica de Arcos de Canasí
Salón de la Iglesia Católica de Arcos de Canasí
Salón de la Iglesia Católica de Arcos de Canasí
La procesión que el pueblo realiza cada 24 de febrero
La procesión que el pueblo realiza cada 24 de febrero

El obispo Juan José Díaz de Espada y Londa, en 1813 orientó la construcción de la iglesia en el poblado de Arcos de Canasí. Su construcción era de madera y guano situada al frente de la plaza.

En 1853 se reconstruyo la iglesia siendo obispo de la Habana Don Francisco Fleix y Solanas, siendo declarada parroquia.

Siendo destruida por distintos temporales y reparadas varias veces. En 1870 fue destruida totalmente por el paso de un temporal y se inicio su construcción ese mismo año de mampostería inaugurándose 2 años mas tarde en 1872.

El ciclón del 1926 causo enormes daños a la iglesia siendo reparada con ayuda de sus fieles y párrocos, estando de obispo el sacerdote cubano Don Severino Saiz y Bencomo.

Se venera la imagen de San Matías apóstol, tallado en un jocuma del monte del ciprían blanco, su constructor o artífice fue un italiano llamado Pedro Matias.

Su altar mayor es precioso así como los secundarios, muy artístico su tallado (conocedores de arte han celebrado su tallado).

Cuenta con una nutrida concurrencia y dentro de ella la distintas organizaciones: “El niño Jesús de Praga”, “Los Caballeros Católicos”, “Jóvenes Católicos” y un grupo de jóvenes catequistas. Además de su salón principal cuenta con sacristía, patio y casa de vivienda.

La festividad del santo patrón se desarrolla el 24 de febrero.

Mito: En tiempo de sequía era sacada la imagen y antes de volver a su sitial de honor los devotos volvían empapados.

Fuentes