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Sexualidad sana

Sexualidad sana
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Sexualidad sana y feliz La sexualidad es una importante dimensión de la vida humana, fuente permanente de comunicación, afectos y satisfacciones, que refluye de modo significativo en el estado de salud y bienestar de cada persona.

Cuando la educación sexual es descuidada o abandonada a la casualidad, la insuficiente preparación de los niños y adolescentes para el encuentro con el otro sexo y con la propia sexualidad, cristaliza en diversos problemas, trastornos y conflictos, que trascienden el placer de lo individual, y se evidencia de una forma u otra a nivel social.

Manifestación en las esferas de la actividad humana

La sexualidad no es la vida toda, pero sí una parte importante de la vida:

  • La sexualidad se expresa en las relaciones físicas y amorosas de la pareja, pero matiza igualmente los intercambios entre las persona de ambos sexos en su vida familiar, laboral o social y aunque no es el centro de la existencia humana, ocupa un significativo lugar en cada de las etapas del ciclo vital.
  • Según la forma en que el individuo acepte y viva su sexualidad, esta será fuente de grandes dichas y satisfacciones o de angustias, conflictos y frustraciones.
  • La persona saludable experimenta su sexualidad como un factor de enriquecimiento permanente. Por ello, preparar para la sexualidad es también trabajar para la vida y lucha por la salud.


Máxima responsabilidad

En la educación sexual participa toda la sociedad y corresponde a padres y maestros la máxima responsabilidad.

  • Padres y maestros son la más poderosa y directa fuerza educativa que modela, día a día, las formas de conducta y valores de morales y sexualidad de los niños y adolescentes.
  • La observación cotidiana del amor entre los padres es determinante para la apropiación de un modelo positivo de la sexualidad, la pareja y la familia; una imagen inadecuada acerca de estos puede conformarse cuando el clima hogareño predominante es de conflictos y desamor.
  • Compartir equitativamente las tareas y responsabilidades en el hogar y la escuela evita el reparto tradicional de los papeles masculinos y femeninos, propicia la asimilación, en la práctica, de los principios de ayuda mutua, respeto e igualdad entre los dos sexos.
  • Al estimular o sancionar a los adolescentes, no es recomendable aplicar patrones y reglas de conducta diferentes para la hembra y para el varón; lo que es válido para uno, debe serlo también para el otro.
  • Es importante propiciar que los niños jueguen en común con niños del otro sexo y evitar aquellos juegos considerados exclusivamente “femeninos” o “masculinos”. Deben ofrecerse juguetes que puedan ser utilizados indistintamente por uno u otro sexo y darle preferencia a aquellos que desarrollan la imaginación y la creatividad, como los de construcción, modelado o dibujo.

Se requiere además de otras vía para influir de forma directa y sistemática sobre los niños y aprovechar todas las oportunidades para trasmitir información, valores y normas morales. Se logra así, la integración armónica y permanente de la educación sexual a la vida cotidiana en la familia, la escuela y la comunidad.

La masculinidad y femineidad

Ser femenino o masculino es algo que no nace con la persona, se educa a través de la vida.

  • La identidad del género es la convicción que tiene cada cual de ser hombre o mujer, está unida al sentimiento de masculinidad o de femineidad y condicionan las formas de interrelación con el propio sexo y con el otro, en todas las esferas de la vida.
  • La formación de la identidad genérica comienza tempranamente, cuando los adultos asignan un sexo al recién nacido, acorde a su genitales externos, y lo van educando según la imagen ideal que tienen del hombre y de la mujer.
  • La imágenes de lo femenino y lo masculino son en ocasiones rígidas y culturalmente estereotipadas, diferenciando a cada sexo por el vestido, peinado, juegos, juguetes y tipos concretos de conducta. Sin embargo las verdaderas entre la mujer y el hombre no están dadas por estos aspectos, sino por las características de sus órganos sexuales y la función que desempeñan en la reproducción y en la respuesta sexual.
  • Educar sobre la base de estereotipos fomenta una separación entre los sexos que sitúa a la niña, desde pequeña, en desventaja respecto al niño, lo que contribuye a la futura desigualdad.
  • Es importante enseñar a los niños a auto clasificarse como hembra o como varón a partir de las verdaderas diferencias biológicas, desarrollando al mismo tiempo el sentimiento de orgullo por pertenecer a su sexo.

En cada etapa del desarrollo

En cada edad la educación sexual debe adecuarse a las características del desarrollo de la personalidad.

  • Niños y adolescentes deben ser preparados para los cambios que se están operando en su vida y para el futuro, haciéndolo siempre en el momento oportuno; es mejor llegar con una semana de anticipación que un minuto tarde.
  • Los intereses de los niños acerca de la sexualidad son parte de su natural curiosidad. Cuando los adultos se alteran ante las interrogantes de los pequeños y se niegan a responderlas, estos se pueden formar una imagen de la sexualidad como algo vergonzoso y prohibido y buscar, además, la información a través de otras vías.
  • Los intercambios sexuales entre niños o adolescentes del mismo sexo son, por lo general, expresiones de la curiosidad, el deseo de experimentación o la imitación, lo que no implica la existencia de una tendencia homosexual. Clasificar al niño o adolescente como tal, sancionarlo o ridiculizarlo ante los demás, puede originar profundos conflictos y traumas que lo marcan para toda la vida.
  • La masturbación es común en la adolescencia y resulta inofensiva para la salud física y mental; solo es fuente de problemas cuando el mal manejo de los adultos provocan sentimientos de vergüenza y culpabilidad.
  • Los adolescentes de ambos sexos consolidan su masculinidad o femineidad a través de los intercambios amorosos que son propios de esta edad. Sin embargo, aún no tienen la madurez biológica, psicológica y social para realizar el acto sexual y enfrentar responsablemente sus consecuencias.
  • Las prohibiciones y amenazas de los adultos resultan poco efectivas para impedir las relaciones sexuales precoces. Solo una preparación sistemática puede garantizar el inicio oportuno de una vida sexual responsable, previniendo graves problemas, como los embarazos, abortos y matrimonios en edades tempranas.

La información

La preparación para la sexualidad requiere una información verdadera, clara y asequible, que incluya los sentimientos, los valores y las normas morales.

  • Estar bien informado acerca de las cuestiones sexuales no resulta peligroso; el peligro radica en la ignorancia, que impide enfrentar con éxito los problemas cotidianos de la vida.
  • Debe contestarse con sinceridad a las interrogantes de los hijos y alumnos. Si estos son capaces de hacer una pregunta, ya están maduros para recibir la respuesta. En caso del adulto desconocer la respuesta, puede buscar información con el médico de la familia u otra persona capacitad o consultar libros como “Mamá, papá y yo”, “Cuando tu hijo te pregunte”, “Antes de que nazca un niño”, ¿Piensas ya en el amor?, entre otros.
  • La educación sexual no se limita a la información sobre los sistemas genitales, la fecundación y el parto o los riesgos de la sexualidad, como los embarazos precoces, las enfermedades de transmisión sexual y el SIDA; también es necesario enseñar acerca de los valores y las formas adecuadas de conducta, para formar sentimientos ay aptitudes positivas hacia la vida sexual. De este modo los niños aprenden a amar y ser amados, a comunicar sus afectos a través de las palabras y los gestos, expresiones y caricias, a vivenciar sanamente los vínculos de pareja y la paternidad. Todo ello se logra en un clima de confianza, cariño y respeto entre jóvenes y adultos.

Vivir la sexualidad con responsabilidad

Para exigir una vida sexual responsable, es necesario enseñar:

  • El desarrollo de la responsabilidad individual requiere saber cuales son las formas adecuadas de comportamiento sexual, ejercitándolas; valora la propia actuación, reconociendo los errores y mejorando día a día; tomar decisiones independientes, con pleno conocimiento de las consecuencias de los actos y sin precisiones por parte de otras personas.
  • El autoritarismo, las prohibiciones y los castigos no fomentan la responsabilidad, sino el formalismo, el individuo actúa del modo deseado solo ante la presencia y el control del adulto. Es por ello indispensable abrir las puertas al diálogo franco y a la persuasión, en lugar de la imposición.
  • Orientar a los niños y adolescentes para resolver con autonomía los problemas de la vida. A tal efecto, se puede contribuir a desarrollar habilidades para tomar decisiones, partiendo de un sencillo modelo de pasos que se deben seguir:
  1. ¿Qué problema debo resolver?
  2. ¿Cuáles son las posibles alternativas de solución?
  3. ¿Qué información necesito buscar acerca del problema?
  4. ¿Cuáles son las ventajas y desventajas de cada alternativa?
  5. ¿Por cuál alternativa me decido, y por qué?

Fuentes

  • Programa de la UNICEF "Para la Vida"