Alemania nazi

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(Redirigido desde Tercer Reich)

Imperio de la Gran Alemania
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19331945













Bandera Escudo
Bandera Escudo
Lema nacional: Ein Volk, ein Reich, ein Führer
(alemán: «Un pueblo, un imperio, un líder»).
Himno nacional: Horst Wessel Lied (alemán: «Canción de Horst Wessel»).
Ubicación de Alemania Nazi
Capital Berlin
Idioma oficial Alemán
Gobierno Nacionalsocialista
Canciller
 • 1933-1945 Adolfo Hitler
 • 1945 Joseph Goebbels
 • 1945 Lutz Schwerin von Krosigk
Historia
 • Establecido 1933
Superficie
 • 1939 633.786 km2
Población
 • 1939 est. 69.314.000 
     Densidad 109,4 hab./km²
Moneda Reichsmark
Miembro de: Fuerzas del Eje, Pacto Tripartito

Alemania Nazi o Alemania Nacionalsocialista. Fue el periodo de la historia de Alemania comprendido entre 1933, año de la llegada al poder del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán de Adolfo Hitler y 1945, año de la derrota del país en la Segunda Guerra Mundial que tuvo como consecuencia el final de la dirección nazi del mismo. Utilizando la propia terminología nacionalsocialista, se emplean también los nombres Tercer Reich, Gran Reich Alemán, Imperio nazi o III Imperio Alemán para aludir a dicha etapa.

Contenido

Definiciones

El término nazi es la apócope de Nacionalsocialismo en alemán. Esta ideología fue institucionalizada en el Partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores (PNSAT), en alemán Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei (NSDAP), también conocido como Partido Nazi.

El Tercer Reich es el período y se utiliza como sinónimo para la Alemania nazi. El término fue introducido por la propaganda nazi, que contaba al Sacro Imperio Romano Germánico como el primer Reich o imperio, al Imperio alemán de 1871 como el segundo y a su propio régimen como el tercero. Esto se hizo para sugerir una vuelta gloriosa de la Alemania anterior tras la República de Weimar instaurada en 1919 y que, sin embargo, nunca fue disuelta oficialmente por el nuevo régimen. Desde 1939, sin embargo, los propios nazis evitaron utilizar la expresión «el Tercer Reich» y prefirieron llamarlo «Gran Reich alemán» (Grossdeutsches Reich), con el objeto de aludir a la considerable expansión de sus fronteras que se produjo en 1939 y 1940.

El Partido Nazi procuró combinar símbolos tradicionales de Alemania con símbolos del partido Nazi, siendo un símbolo único, la esvástica, el más representativo del régimen, en un esfuerzo por afianzar la idea de unidad entre sus ideales y Alemania.

Ideología del régimen

Desde una perspectiva internacional, el nazismo había tomado una gran parte de la base ideológica del fascismo que se desarrolló originalmente en Italia con Benito Mussolini. Ambas ideologías participan del uso político del militarismo, el nacionalismo, el anticomunismo, la aprobación de la violencia como método político y el empleo de fuerzas paramilitares como apoyo del régimen, y ambas estaban destinadas a la creación de una dictadura dirigida por el Estado. Los nazis, sin embargo, estaban mucho más centrados en el tema de la «pureza racial» que los fascistas en Italia. Los nazis tenían también la intención de crear un Estado totalitario por completo, a diferencia de los fascistas italianos, que permitieron un mayor grado de libertades privadas para sus ciudadanos, aunque sin tolerar disidencia alguna. Estas diferencias posibilitaron, por ejemplo, a la monarquía italiana seguir existiendo bajo el régimen fascista, así como conservar algunas competencias oficiales.

La naturaleza totalitaria del partido nazi fue uno de sus principales postulados. Los nazis sostenían que absolutamente todos los grandes logros en el pasado de la nación alemana se asociaban con los ideales del nacional-socialismo, incluso antes de que la ideología oficial existiera, mientras que todas las creaciones culturales como la literatura, la música, la pintura, la historia y las ciencias exactas debían quedar sujetas a la censura del Partido Nazi, quien dictaba lo que todo alemán debía aceptar y creer, controlando cada aspecto de la vida de la población alemana, incluyendo jóvenes y niños. A la vez, la propaganda nazi buscaba la consolidación de los ideales nazis y los éxitos del régimen del «líder» o Führer, Adolfo Hitler, quien fue retratado como el presunto genio detrás del éxito del partido nazi de Alemania y salvador de la nación, así como líder supremo a quien no debía cuestionarse. Hitler tuvo la capacidad de captar la atención del público a través de sus poderosos discursos y esto le ayudó a ganar un culto a la personalidad por parte de sus seguidores.

El racismo era un aspecto importante de la sociedad y la política en el Tercer Reich, determinando la persecución y asesinato de los alemanes de origen judío, y luego de otras minorías étnicas como los gitanos. Los nazis también combinaron el antisemitismo con su «lucha contra la ideología comunista» y consideraron que el movimiento de izquierda, así como el capitalismo de mercado, eran la labor de una «Conspiración de los judíos», como justificación al exterminio de dicha etnia. Se refirieron así a este movimiento con la terminología «revolución judío-bolchevique de subhumanos». Esta clase de ideas se manifiesta en el desplazamiento, internamiento y, más tarde, el exterminio sistemático de un número estimado de 11 a 12 millones de personas. Aproximadamente la mitad de estas víctimas que murieron a lo largo de la Segunda Guerra Mundial fueron judíos, en lo que es históricamente recordado como el Holocausto (Shoah), y otro grupo enorme de 100.000/1.000.000 de gitanos, que fueron asesinados en el Porraimos u «holocausto de los gitanos». Otras víctimas de la persecución nazi incluían comunistas, socialistas, anarquistas, negros, opositores políticos en general, homosexuales, disidentes religiosos como los Testigos de Jehová, clérigos protestantes que rechazaban la ideología violenta del régimen, y masones.

Historia

Los alemanes aplauden a Adolf Hitler cuando deja el Hotel Kaiserhof después de asumir el cargo de canciller. (30 de enero de 1933)
Los alemanes aplauden a Adolf Hitler cuando deja el Hotel Kaiserhof después de asumir el cargo de canciller. (30 de enero de 1933)
Benito Mussolini junto a Adolf Hitler, líder de la Alemania Nazi
Benito Mussolini junto a Adolf Hitler, líder de la Alemania Nazi
Varios de los líderes del gobierno de la Alemania Nazi.
Varios de los líderes del gobierno de la Alemania Nazi.

El ascenso al poder de los Nazis provocó el fin de la República de Weimar, una democracia parlamentaria establecida en Alemania después de la Primera Guerra Mundial. Después de su derrota en las elecciones de 1932, el NSDAP promovió una ola de revueltas y violencia callejera que llevó al débil e inestable gobierno al colapso. El jefe de Estado, Paul von Hindenburg, fue presionado a pactar con Adolf Hitler, quien fue nombrado canciller alemán el 30 de enero de 1933. Una vez en el cargo, Hitler decretó nuevas elecciones en medio de una intensa propaganda nazi. El 28 de febrero, poco tiempo antes del inicio de los comicios, el edificio del Reichstag (el Parlamento alemán) fue incendiado. Entonces Hitler culpó a los comunistas, sugiriendo que el incendio era el comienzo de una revolución y sembró el pánico con el objetivo de obtener un mayor caudal electoral, de esta manera el gobierno promulgó un decreto que suspendió los derechos civiles constitucionales y creó un estado de emergencia en el cual decretos oficiales podían ser promulgados sin confirmación parlamentaria.. Finalmente, las elecciones le otorgaron el control del Parlamento, el que poco después aprobaba una ley que establecía una dictadura a través de medios democráticos.

En los primeros meses de la cancillería de Hitler, los Nazis instituyeron una política de coordinación -el alineamiento de individuos y instituciones con los mismos objetivos de los nazis-. La cultura, la economía, la educación y la ley, todos vinieron bajo control de los nazis. El gobierno nazi también intentó coordinar las iglesias alemanas y, aunque no fue enteramente logrado, ganó apoyo de una mayoría de clérigos católicos y protestantes.

Una propaganda extensiva fue usada para difundir los objetivos y ideales del gobierno. Con la muerte del presidente alemán Paul von Hindenburg en agosto de 1934, Hitler asumió los poderes de la presidencia. El ejército prestó juramento de lealtad personal a Hitler. Hitler impuso desde entonces un gobierno centrado alrededor de su figura, basado en el principio del líder o Führerprinzip. Según este principio político, el Führer quedaba identificado con el pueblo («era» el pueblo), y sólo él conocía y representaba el interés nacional. Esta representación del pueblo por el líder era esencial: no suponía ningún procedimiento de consulta y delegación del poder. El Führerprinzip, sostenían sus ideólogos, reemplazaba a un gobierno irresponsable e impotente (el parlamentario), por otro poderoso y en el que la responsabilidad recaía en una sola figura. Así, la voluntad del Führer se transformaba en la ley. La aplicación de este principio resultó en formas totalitarias de control y represión, ya que cualquier oposición a los designios del Führer era, por definición, antinacional.

El antisemitismo jugó un papel importante dentro de la doctrina nazi. A la raza aria como símbolo perfecto de todo lo puro en Alemania se le contraponía la perversión de la raza judía, enemiga del género humano. Los judíos fueron presentados por Hitler como cabeza de turco por la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial. La propaganda nazi se encargó de difundir toda una serie de películas de cine (como El judío Süß y El judío eterno), panfletos y demás publicaciones que lograron reverdecer el latente antisemitismo de la población. A medida que los nazis fueron ganando poder, los judíos se vieron cada vez más perseguidos hasta culminar en el genocidio conocido como Holocausto o Shoá.

La critica abierta del gobierno fue suprimida por la Gestapo (policía secreta estatal) y el Servicio de Seguridad (SD) del partido nazi, pero el gobierno de Hitler era popular con la mayoría de los alemanes. Sin embargo había algo de oposición alemán al estado nazi, que iba desde disidencia hasta el intento de asesinar Hitler el 20 de julio de 1944. Los Aliados vencieron la Alemania nazi y forzaron la rendición alemana el 8 de mayo de 1945.

Territorio

Además del territorio de Alemania durante la República de Weimar, el nuevo Reich llegó a incluir, en los años que precedieron a la Segunda Guerra Mundial, las zonas con poblaciones étnicas germanas como Sarre, Austria (tras el Anschluss pasa a denominarse Ostmark), los Sudetes (Crisis de los Sudetes) y el territorio de Memel. Regiones adquiridas después del estallido de la Segunda Guerra Mundial incluyen Eupen-et-Malmédy (arrebatada a Bélgica), Alsacia-Lorena (arrebatada a Francia), Danzig y diversos territorios del centro y norte de Polonia. Además, de 1939 a 1945, el Tercer Reich se anexó el territorio checo de la República de Checoslovaquia dándole el nombre de Protectorado de Bohemia y Moravia como un territorio subyugado. Aunque este protectorado se consideraba una parte de la «Gran Alemania», mantuvo su propia moneda y una «frontera interna» comercial con Alemania.

La Silesia Checa se incorporó en la provincia de Silesia en el mismo período. En 1942, el Luxemburgo ocupado se anexa directamente como provincia de Alemania. Las regiones sur y central de Polonia estaban a cargo de un gobierno de ocupación llamado el Gobierno General, aunque en posición mucho menos autónoma que el Protectorado de Bohemia y Moravia, y con la amenaza persistente de «germanizar» totalmente el territorio y expulsar de las ciudades a la población polaca, con miras a una anexión total en el futuro. A finales de 1943, tras la rendición de Italia, Alemania ocupa militarmente Istria y el sur del Tirol, que había sido territorio de Austria antes de 1918; si bien en este caso no hubo anexión directa, el Tercer Reich no permitió control alguno de este territorio a la República Social Italiana, y de hecho estas regiones quedaron bajo administración civil alemana.

Expansionismo

En su obra Mi lucha (Mein Kampf), Hitler había escrito: «Los alemanes tienen el derecho moral de adquirir territorios ajenos gracias a los cuales se espera atender al crecimiento de la población.» Hitler establecía la necesidad de acabar con la desproporción entre la población alemana y la superficie territorial que ocupaba.

La idea no se limitaba a restaurar las fronteras anteriores al estallido de la Primera Guerra Mundial (1914), sino que además se pretendía conquistar nuevas tierras al Este. No sólo para asegurar el sustento a la población, sino, y sobre todo, para garantizar su supervivencia, a expensas de las «razas inferiores», en este caso la raza eslava. De esta manera, la biología se convertía en determinante de los valores fundamentales de la comunidad nacional.

Hitler incrementó el Lebensraum (espacio vital) a través del Anschluss (anexión) con Austria y la ocupación de los Sudetes (Checoslovaquia) en 1938, y luego por medio de la invasión de Polonia en 1939, que motivó el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

El expansionismo nazi alemán alcanzó su punto culminante cuando Alemania invadió a la Unión Soviética en 1941, ocupando Ucrania, Bielorrusia, Letonia, Lituania, Estonia y la mitad occidental de la Rusia europea.

Política exterior

Al llegar al poder, los fascistas hicieron caso omiso de las cláusulas del Tratado de Versalles. En su propaganda justificaban sus ideas expansionistas con el pretexto de la falta de “espacio vital” y por ello exigían la revisión de las fronteras europeas, a la vez que reclamaban la anexión a Alemania de la ciudad austriaca de Danzing y de las regiones fronterizas de Checoslovaquia. Los nazistas ocuparon la región del Sarre, establecieron el servicio militar obligatorio y militarizaron la zona del Rhin.

En 1936 el gobierno alemán intervino en favor de los franquistas en España. Junto con Japón, Alemania firmó el Pacto Anticomintern, al que se adhirió el régimen fascista de Benito Mussolini en Italia en 1937. El eje Berlín, Roma, Tokio fue el embrión para la formación de un bloque militar en vísperas de la nueva conflagración mundial. De hecho, se convirtió en una organización agresiva contra los propios países y democracias burguesas que lo alentaban y la URSS. En 1938, Hitler ocupó a Austria, anexándola como territorio alemán.

Arte y cultura

Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda Nazi, habla en la noche de la quema de libros.
Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda Nazi, habla en la noche de la quema de libros.

Al llegar los nazis al poder en Alemania el nuevo gobierno decidió comenzar la sincronización de la cultura, a través de la cual se alinearon las artes con los objetivos nazis, tal tarea le fue dada, a comienzos del año 1933, a Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda e Información del régimen. El gobierno excluyó organizaciones culturales de judíos y de otros grupos supuestamente sospechosos para la política o el arte. Las obras de escritores alemanes líderes como Bertolt Brecht, Lion Feuchtwanger y Alfred Kerr fueron arrojadas a las llamas en una ceremonia de quema de libros en Berlín.

A partir de septiembre de 1933, se crea la Cámara de Cultura del Reich (formada por las Cámaras de Cine, Música, Teatro, Prensa, Literatura, Bellas Artes y Radio del Reich) dedicada a a supervisar y regular todas las facetas de la cultura alemana. La estética nazi enfatizó el valor propagandista del arte y glorificó la vida rural, la raza aria y el heroísmo de la guerra. Esta ideología guardaba un marcado contraste con el arte innovador y moderno, como la pintura abstracta, denunciada como arte degenerado, bolchevismo artístico y bolchevismo cultural.

El cultivo del arte alemán fue el término empleado para referirse a todas las medidas destinadas a la promoción de artistas y del arte. La promoción de la cultura aria y la represión de otras formas de producción artística fue otro esfuerzo de los nazis para transformar la vieja Alemania a una nueva nación cultural que respondiera a los intereses del régimen Nazi.

Arquitectura

En arquitectura, los nazis construyeron edificios monumentales en una forma clásica y estéril con el fin de expresar la grandeza de su movimiento político. Entre los artistas más destacados están Paul Troost y Albert Speer .

Literatura

En literatura, promovieron las obras de escritores como Adolf Bartels y el poeta Hans Baumann, de la Juventud Hitleriana. La literatura que glorificaba la cultura rural como base de la comunidad alemana y las novelas históricas que respaldaban la centralidad del Volk eran las obras de ficción preferidas, al igual que los relatos de la guerra que estaban destinados a preparar o sostener a la población para una era de conflicto. La censura fue la otra cara de esta ecuación: la Cámara Literaria confeccionó rápidamente listas negras para facilitar la eliminación de libros inaceptables de las bibliotecas públicas.

Cine

La industria cinematográfica recibió importantes subsidios del estado y fue una importante herramienta para la propaganda. Películas como Triumph des Willens (El triunfo de la voluntad) y Der Hitlerjunge Quex (El joven hitlerista Quex) de Leni Riefenstahl, glorificaban al partido nazi y la Juventud Hitleriana. Otras películas, como Ich klage an (Yo acuso), tenían la intención de conseguir la aceptación tácita del público del Programa de Eutanasia, aún clandestino, mientras que Jud Süss (El judío Sus) y Der ewige Jude (El judío errante) pusieron de manifiesto los elementos antisemitas de la ideología nazi.

Música

En música, los nazis promovieron las obras de gigantes del panteón musical alemán como Johann Sebastian Bach, Ludwig van Beethoven, Anton Bruckner y Richard Wagner, mientras que prohibieron las funciones de piezas de autores no arios como Felix Mendelssohn y Gustav Mahler, y funciones de música jazz y swing, asociadas en la mentalidad nazi a la cultura afroamericana.

Adolf Hitler fue durante mucho tiempo admirador de las óperas de Richard Wagner, un artista relacionado con el antisemitismo y la tradición völkisch de la cual los nazis obtuvieron gran parte de su ideología. Asistía con regularidad al Festival de Bayreuth que se celebraba anualmente en honor de Wagner. Pero la música nazi no se limitó únicamente a la alta cultura: Das Horst-Wessel-Lied (Canción de Horst Wessel) y Deutschland, Erwache! (Alemania, despierta) eran algunas de las muchas canciones y marchas que hacían circular los activistas nazis con el fin de fomentar el compromiso con su partido y sus principios ideológicos.

Teatro

Las compañías de teatro produjeron obras de grandes autores alemanes como Goethe y Schiller, además de obras de teatro con la ideología nacionalsocialista. Para crear un sentido mayor del Volk o la comunidad nacional (Volksgemeinschaft), los nazis ordenaron la construcción de grandes anfiteatros al aire libre.

Economía

Cuando el Partido Nazi tomó el poder en 1933, la economía de Alemania ya se había recuperado bastante del desastre económico originado por el Tratado de Versalles, pero aún sufría en parte los efectos de la Gran Depresión iniciada en EE. UU. en 1929 y que también había perjudicado severamente el comercio exterior alemán. Entre 1934 y 1937, la Alemania nazi gozó de excelentes estándares de vida para la clase obrera y media, se iniciaron importantes trabajos de comunicación vial (carreteras) y edificios ostentosos. Si bien el Partido Nazi acaparaba todo el poder político, permitió que el capitalismo siguiera siendo aplicado en Alemania y no expropió la propiedad privada, dejando a las empresas privadas germanas continuar sus actividades. No obstante, el régimen de Hitler impulsó una enorme intervención del Estado en la economía ya sea creando empresas estatales de servicios como fijando controles de precios y reglamentando toda actividad de las empresas privadas, de tal manera que los empresarios alemanes debieron seguir las directivas gubernamentales para así conservar sus propiedades y riquezas, pues de lo contrario podían ser considerados también opositores al régimen y sufrir la respectiva represión.

Sin embargo, gran parte de la economía del Tercer Reich se había orientado hacia el armamentismo y en especial para preparar una eventual guerra con las naciones eslavas, en vez de dirigirse a producir bienes de consumo o hacia una expansión comercial. No obstante, la concentración de capital en la industria de armas favoreció una rápida expansión de la capacidad industrial germana y ayudó a reducir los niveles de desempleo.

Fuentes