Terrorismo en Ciego de Ávila

De EcuRed
Terrorismo en Ciego de Ávila
Información sobre la plantilla
Fecha:5 de julio de 1983
Lugar:Punta de Maternillos, al norte de Nuevitas, Bandera de Cuba Cuba
Descripción:
Armas capturadas por las fuerzas revolucionarias en Ciego de Avila
País(es) involucrado(s)
Bandera de los Estados Unidos de América Estados Unidos, Bandera de Cuba Cuba

Terrorismo en Ciego de Ávila. Cuba no ha escapado de este flagelo, ha sufrido actos terroristas que han causado el dolor de miles de familias cubanas y han costado millones de pesos al país y su economía. En particular la provincia Ciego de Ávila también ha padecido de numerosos actos terroristas incitados por el gobierno de los Estados Unidos y mercenarios cubanos residentes en ese país. A continuación les mostramos una cronología de los actos terroristas más relevantes llevados a cabo en la provincia Ciego de Ávila.

Contenido

Cronograma de los principales hechos terroristas en Ciego de Ávila

1959

1960

1961

1962

1963

1964

1965

1966

1967

1968

1969

1970

1971

1972

1973

1974

1975

1977

1983

1987

1989

1990

1992

1993

1994

1995

1996

1999

Historia de algunos de estos hechos

Candeleros asesinos

El 13 de abril de 1961 cuatro obreros de la colonia El Cedro, en el municipio de Venezuela, murieron víctimas de un acto terrorista

Candeleros
Candeleros
El humo coronaba las lengüetas de fuego que amenazaban con tragarse los cañaverales en un trepidar incesante. La escena se repetía cada vez con mayor frecuencia. Eran tiempos en que se luchaba, de manera anónima y pública, día y noche para impedir los sabotajes.En 1961 en las colonias Lilita y Graciela, cerca de Jagüeyal, 12 incendios demostraron la felonía de los renegados, bautizados por el pueblo como candeleros. A este antiguo local, del sindicato Azucarero, ubicado en el poblado de Simón Reyes, fueron trasladados los restos de las cuatro víctimas del territorioLos enemigos de la Revolución en el sur avileño estaban agrupados en las organizaciones: Movimiento Revolucionario Democrático, Ejército de Liberación Nacional, Movimiento Democrático Cristiano y 30 de Noviembre.

Cada una destilaba odio. Cuando la brigada de mercenarios de origen cubano que desembarcaría por Playa Girón concluía su entrenamiento en Nicaragua y Guatemala, bajo la supervisión de oficiales de la CIA, en Cuba se incrementaban las acciones de las bandas de alzados y de los grupos clandestinos contrarrevolucionarios.El objetivo era crear un clima de pánico entre la población. En el municipio Venezuela elementos pertenecientes a la 30 de Noviembre ejecutaron un sabotaje que costó la vida a cuatro humildes trabajadores.Desiderio Santana Reyes, secretario de Relaciones Agropecuarias del sindicato Agrícola Industrial, escuchaba las intervenciones de los trabajadores de la colonia El Americano aquel 13 de abril de 1961. A su lado se hallaba un espigado mulato, Carlos Docampo Barrisonte, atento también a cada palabra, era su inseparable compañero en la dirección del Sindicato y, por necesidad, al igual que él, experimentado en apagar fuegos.

A la asamblea llegó la noticia de que ardía la colonia El Cedro, ubicada en las proximidades del crucero de Barbero, que en la línea de Júcaro a Morón gozaba de fama por la calidad de sus plantaciones. Lo cual, sin dudas, fue valorado por los saboteadores. Corriendo a campo traviesa marcharon, armados de machetes, para organizar las acostumbradas contracandelas. Entre tanto el jeep, dando tumbos, desapareció a toda velocidad. Las consignas Cuba sí, Patria o Muerte y Pa' trás, ni pa' coger impulso, pintadas en la parte trasera del automóvil quedaron sepultadas por el polvo.

La movilización

Todas las colonias tenían un delegado sindical que se encargaba de movilizar a los trabajadores cuando ocurría un sabotaje.En estos casos la sirena del central avisaba y desde el mirador de la fábrica los dirigentes políticos del territorio determinaban el lugar donde las llamas tenían más intensidad, hacia allí partían de inmediato los dos carros comando, utilizados por el ejército de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial.

"Al ver el incendio comprendimos que, por su magnitud, para sofocarlo necesitaríamos más personas y recursos, entonces seguimos rumbo al batey del central y buscamos a Isac Manfredi Padilla, quien era el Secretario de Propaganda y Divulgación del Sindicato", recuerda Docampo.

"Santana le orientó que pusiera los equipos de audio en el carro y convocara a la población para que se trasladara hacia El Cedro. Nosotros regresamos al lugar del siniestro.Cuando llegamos ya estaban allí unas 300 personas haciendo trochas, fundamentalmente en las guardarrayas."

Desiderio avanzó demasiado, el humo lo envolvió, los pulmones se le comprimieron, perdió el conocimiento. En el hospital del batey apenas estuvo el tiempo necesario para recuperarse, en un descuido del personal médico abandonó la cama y se dirigió a El Cedro. Después de varias horas, el fuego fue domado a las 6:30 de la tarde. La caravana de rostros cansados y tiznados se dispersó. A pesar del agotamiento estaban felices por la victoria contra las llamas, sin embargo, pronto una noticia estremecería a sus integrantes. Se reportaban cuatro desaparecidos: Santiago González Linares, Rogelio Pena Simón, cubanos, y José María Clomá y Eduardo Harga Fernández, naturales de Haití.
Enseguida se activó el equipo de audio. La voz inconfundible del chino Manfredi conmovía:

" Acechados por el imperialismo, agredidos por la contrarrevolución, es posible que nuestros hermanos hayan perecido..." El Chino, cuerpo enjuto, barba en forma de chivo, parecía acerado, con las manos fundidas al micrófono, en sus venas corría la sangre cubana y puertorriqueña, era un veterano combatiente de la clandestinidad, fundador del Movimiento 26 de julio, en la localidad.

La fatiga desapareció y una columna de faroles rasgó la oscuridad, al volver sobre sus pasos.

"Yo estuve al lado de los compañeros que murieron, pero conocí la tragedia más tarde, por la noche. Casi teníamos controlado el fuego, nos faltaban unos 60 metros para cortar la candela, cuando el viento se viró del sur y nos rodearon las llamas. También estaban con nosotros Pedro Orejón, Máximo Marichal y Ruiz Gutiérrez. Eran las 4:30 de la tarde, aproximadamente", rememora Santiago Almeida León, administrador en ese momento de la cooperativa Esteban López, a la que pertenecía la antigua colonia El Cedro.

"Ellos cogieron hacia el norte, en busca de la guardarraya. Los que regresamos nos salvamos, aunque sufrimos quemaduras de distintos grados. A Marichal las llamas le pasaron por encima chamusqueándole las manos y el pelo." Al fin, a la 1:00 de la madrugada, Lidia Sánchez y Lázaro Pérez Cobo hallaron los cuerpos mutilados. Santana todavía se emociona al hablar de aquella madrugada insomne:

"Rogelio Pena tenía el machete enterrado, sujetándolo con la mano derecha. Estaba de pie, retorcido. Los demás estaban a su alrededor. Fue terrible verlos así, quemados, rígidos, desfigurados, con los ojos desorbitados..."

"Mi hermano dejó huérfanos a cuatro hijos, era alegre, noble, desde niño trabajó en el campo, murió defendiendo la tierra que la Revolución había convertido en una granja del pueblo. De padres haitianos, analfabetos, que vinieron de Okay en busca de mejoras económicas...", narra Enrique Pena Simón, Sagüita, en el sitio en que ocurrieron los hechos.

El duelo popular

Las cuatro víctimas del terrorismo yacen sobre la tierra chamuscada, Los cuerpos son iluminados por los reflectores del jeep. Desde la guardarraya abren una vereda entre las cañas.Josefa Negrín, jefa de la Cruz Roja en el central, tuvo que cortar los tendones a los caídos para colocarlos en los ataúdes. Vestidos de milicianos y cubiertos por la Bandera nacional fueron trasladados hacia el local del Sindicato, ubicado en el poblado de Simón Reyes.

"A las 2:00 de la tarde estaré con ustedes", le dijo a Desiderio con voz firme el capitán Jorge Enrique Mendoza, delegado del Instituto de Reforma Agraria (INRA) en Camagüey. Ya estaba amaneciendo. La despedida del duelo, el más masivo de cuantos se habían realizado hasta el momento, se hizo frente al cementerio de Santa Paula. El capitán Mendoza, conocido en el país por su trabajo como locutor en Radio Rebelde durante la guerra de liberación y su desempeño en el desenmascaramiento del movimiento sedicioso de Hubert Matos, se irguió sobre la plataforma construida en la carpintería del ingenio. Enardecido acusó al gobierno de los Estados Unidos y a sus lacayos contrarrevolucionarios de ser los responsables de la muerte de los cuatro trabajadores.Ese mismo día el edificio de la tienda El Encanto, en La Habana, también sufría un sabotaje en el que fallecía Fe del Valle, una de sus empleadas. Era el preludio de la invasión mercenaria. Así, en las arenas de Girón los avileños, al igual que todos los cubanos, tuvieron sobradas razones para enfrentar y vencer a quienes querían retroceder la Historia.

Armas de la CIA en el norte de Ciego de Ávila

Aquella noche del 5 de julio de 1983, la tranquilidad de Punta de Maternillos, al norte de Nuevitas, se vio turbada por una pequeña embarcación que violaba nuestras aguas jurisdiccionales.

Al ser detectados por las fuerzas auxiliares de las Tropas Guardafronteras, sus tripulantes alegaron que habían perdido el rumbo. Pero no pudieron justificar la presencia en la nave de varias armas, entre ellas un fusil R-15 y una mirilla telescópica, además de una carta náutica con un rumbo previamente marcado, la cayería del norte avileño.

Alfonso Ortega Conde, Tito, pescador del embarcadero de Morón que abandonó el país de forma clandestina en el año 1962 y que tenía viejas cuentas que saldar con las autoridades cubanas, era el que respondía como jefe de los “extraviados”.

Una vieja historia

Tito Ortega fue uno de los tantos pescadores que gracias al triunfo de la Revolución podían vislumbrar, sobre las sombras de un pasado de miseria, la oportunidad de una vida nueva.Sin embargo, sus muchos años de dependencia de elementos explotadores, ahora despojados del poder, que se enfrentaban a la naciente Revolución, su desconocimiento y confusión lo llevaron ainvolucrarse en el apoyo a las actividades de estos contrarrevolucionarios, los que respondían a tres macabras letras: CIA. por ser un gran conocedor de la cayería norte de la actual provincia de Ciego de Ávila , la CIA y la contrarrevolución interna solicitaron sus servicios en varias acciones, las cuales realizó junto a su padre y dos hermanos, dirigidos por el agente CIA Renato Valdés Molina, exdueño de una flotilla de botes, que había sido el patrón de ellos antes del triunfo revolucionario.

A mediados de 1962, al percatarse de que las autoridades sospechaban o conocían de algunas de sus actividades, Valdés Molina y Tito toman una embarcación y ponen rumbo norte definitivamente.

El agente TITO

Al llegar a Miami, tanto Renato como Tito son contactados por Tom, oficial de la CIA, y se convierten en hombres de la Agencia. Después de recibir el entrenamiento requerido, integran un team de infiltración junto a otros elementos, y a partir de ese momento llevan a cabo varias misiones secretas para infiltrar armas por la costa norte de Ciego de Ávila y así abastecen a organizaciones contrarrevolucionarias en el territorio.En una de esas operaciones, efectuada por Las Canalejas, al norte de la playa de Cunagua, los agentes debían entregar un cargamento de una y media tonelada de armas al enlace de la CIA con los jefes de la contrarrevolución en Morón.

Renato y Tito llegaron al lugar acordado y esperaron al enlace. Sin embargo, por causas que nunca conocieron, el hombre no se presentó. Entonces deciden descargar y ocultar el alijo de armas en un pequeño cayo conocido por Fanguero de Robalo, de aproximadamente un kilómetro de largo y 200 metros de ancho, con fondos blancos y una tupida vegetación de mangles y yuraguano. Una vez en el territorio americano cobra la cifra acordada.

Idea muy meditada

Este ocultamiento de las armas ocurre en el año 1964 y de él, en apariencia, no se habló más por parte de los hombres de la CIA ni por los destinatarios de las armas. Aunque Tito nunca olvidó el hecho ni los detalles del lugar.

Cuando se produce el éxodo del Mariel, un vecino de Cunagua que llegó a Miami conversa con su coterráneo Tito Ortega y le comenta que unos meses antes de salir de Cuba, mientras hacía un horno de carbón en la cayería de Las Canalejas, encontró oculto entre las pencas un alijo de armas, de las cuales muchas estaban como nuevas.La información brindada por este pescador despertó en Tito una idea que ya varias veces había acariciado: recuperar las armas por su cuenta para venderlas y apropiarse de las ganancias.La conversación fue escuchada por un amigo de la Revolución cubana que puso el hecho en conocimiento de las autoridades pertinentes.

Proa a las Canalejas

Con el objetivo de materializar sus planes, Tito organiza la expedición en la que involucra a su hijo y tres amigos de origen cubano, con los cuales realizaba frecuentes operaciones de tráfico de drogas. Rumbo a Cuba, en un pequeño yate de matrícula norteamericana nombrado Caballo Blanco, esperaban infiltrarse y hacer de las suyas. Al ser detenidos, ninguno de los pretextos esgrimidos sirvió para engañar a las autoridades cubanas, las que decidieron trasladar al detenido hasta la cayería para que los condujera hasta el lugar donde se suponía estuvieran las armas. Al llegar al intrincado punto, se pudo constatar que, en efecto, los tanques metálicos tapados por las secas pencas de Yuraguano se encontraban allí, unos en perfecto estado y otros destruidos por la acción del salitre.

Se recuperó una planta de radio, ametralladoras, fusiles Garand M-3, pistolas 45, gran cantidad de explosivos, granadas y petacas incendiarias, y otros equipos bélicos.Paralela a la recuperación de las armas se efectuó una minuciosa investigación que permitió identificar y determinar las responsabilidades de las personas que participaron en estas actividades contrarrevolucionarias. Sí, Tito volvió a tomar en sus brazos, como hacía casi dos décadas, las armas, pero, esta vez, para entregarlas a las autoridades cubanas encargadas de evitar que estas vomitaran su mortífera carga.

En Ciego de Ávila Jaque mate a la Quinta Columna

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El 17 de marzo de 1960, Eisenhower, entonces presidente de los Estados Unidos, expresó su decisión de aplastar a la Revolución cubana por medio de la violencia. Allen Dulles, director de la CIA, comenzó desde ese instante a reclutar cuanto mercenario pudiera. Podría decirse que los oficiales de la CIA fueron los responsables de esa ampliación, que nunca se hubiera ejecutado de no mediar la expresa autorización presidencial.

Esto indica que, en la estrategia norteamericana para derrocar la Revolución, la fuerza de las armas tomaba una importancia decisiva, a la vez que, como resultado evidente, toda la dirección de las acciones contrarrevolucionarias era asumida por Estados Unidos y no por organizaciones o grupos de contrarrevolucionarios cubanos. No se trataba, pues, de que la estrategia se basara en la ayuda a la iniciativa de los enemigos de la Revolución, sino que estos se convierten en un mero instrumento de la política estadounidense.

Uno de los principales objetivos del Gobierno norteamericano y la CIA era lograr la unidad entre los dispersos grupos de exiliados que trataban de organizarse para luchar contra la Revolución. No fue hasta después de marzo de 1961 que las gestiones de los funcionarios de la CIA lograron la aceptación por parte de un grupo de organizaciones contrarrevolucionarias para crear un gobierno en el exilio. El Proyecto Cuba ya estaba en marcha y para ejecutarlo se aprobó un presupuesto de 13 millones de dólares, que fue incrementándose hasta rebasar los 250.

Estos preparativos fueron acompañados de un gran estímulo a las actividades de sabotaje y a las acciones armadas de las bandas dentro de Cuba. Como consecuencia del fracaso al tratar de hacer llegar armas a los alzados y con el convencimiento de que las bandas no derrotarían la Revolución, la CIA comenzó a cambiar sus planes. Estimular la creación de organizaciones enemigas para luego comenzar a unirlas y crear frentes para apoyar los alzamientos y a los grupos que estaban en las montañas, eran ahora los objetivos de la Agencia Central de Inteligencia.Para ello comenzó, desde mediados de 1960, a reclutar a miembros de todas las organizaciones internas y a enviarlos a Estados Unidos para entrenarlos e introducirlos de nuevo en este territorio convertidos en sus agentes Laurence William Horace Patten Tabares, conocido por Bill Patten, era un ciudadano norteamericano residente en Camagüey, agente CIA. En el año 1947 comenzó a trabajar en el aeropuerto Ignacio Agramonte, de esta ciudad, llegó a ser jefe de Departamento de Operaciones y representante de la compañía Pan American (vuelo Miami - Camagüey), viajaba y vacacionaba en Miami. En época de la dictadura tuvo nexos con algunos dirigentes del Movimiento 26 de julio y después de 1959 se vinculó al comandante Huber Matos. En 1960 Bill salió del país rumbo a Estados Unidos con el supuesto objetivo de resolver problemas familiares.

Penetró el 6 de febrero de 1961 como agente CIA por Santa Cruz del Norte, en la provincia de La Habana, con el objetivo de organizar a la región de Camagüey, allí lo esperaba el también agente CIA Julio Luis Oria Finalé, que se había infiltrado al país días antes. Ambos debían organizar el Frente Unido Revolucionario (FUR) en la antigua provincia Camagüey.

“Muy pronto en la ciudad de Morón existiría un grupo bien estructurado de elementos contrarrevolucionarios, organizados en el Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR)”, afirma Alejandro García Vigistaín, oficial retirado de la Seguridad del Estado, “su enlace principal era el abogado Octavio Pardo Machado, residente en la ciudad de La Habana, estos establecían contactos con Tony Varona y con la CIA.

Ellos concibieron un plan de acción en apoyo a la invasión, se trataba de la llamada Quinta Columna interna, con la misión de realizar simultáneamente varias acciones, entre estas, organizar y abastece de armas a un grupo de elementos vinculados al traidor Huber Matos que se alzarían en las lomas de Florencia en apoyo a la invasión a demás, la toma por diferentes grupos del MRR de lugares estratégicos como el apostadero naval de la Marina de Guerra Revolucionaria, la jefatura de la PNR, la sede del Gobierno local, la estación de Ferrocarriles y el telégrafo, y las dos emisoras de radio locales. Dentro de estos elementos se encontraba Enrique Pino Nordelo, Henry Pino, oriundo de Morón; fue separado de la Marina en La Habana y a través de su tío Francisco Nordelo (Pancho) se vincula a este grupo, y, en unión de otros contrarrevolucionarios, se reúne en la capital del país con Pardo Machado. En este encuentro Henry indica un lugar en la cayería norte de Morón por donde la CIA podía depositar el armamento necesario para los planes del enemigo. Pocos meses después recibirían el aviso; a bordo del yate Yumurí recogen el armamento: 50 fusiles y 20 000 cápsulas, lo trasladan para el tostadero de café El Ángel, propiedad de Francisco Ruiz Benítez, en Morón.A principios de abril, Henry Pino se reúne clandestinamente con Julio Luis Oria Finalé y recibe las instrucciones, dentro de estas, la clave para mantener comunicaciones con el exterior.Días después Finalé y Bill Patten se encuentran con varios cabecillas contrarrevolucionarios en la finca Villa Josefa, ubicada entre La Vallita y Camagüey, allí son sorprendidos por las fuerzas revolucionarias, el primero muere en la confrontación, el resto es capturado.

En Morón son detenidos los principales cabecillas de la contrarrevolución interna. En esta etapa de enfrentamiento al enemigo desempeñó un destacado papel el respaldo del pueblo, pero también tuvo una enorme importancia el trabajo paciente y tenaz de los primeros oficiales con que contaba el territorio de Morón, entre otros, Manuel Villar, José Luis Rodríguez Serrano, Tomás Treto Batista, Ramón Morales, Sergio Rodríguez del Rosario y Pedro Pon Conessa, quienes, sin ninguna experiencia operativa, pero con una alta moral revolucionaria y mucho espíritu de sacrificio lograron desarticular los planes del enemigo.Los contrarrevolucionarios que no fueron detenidos se sentían tan desmoralizados que no tomaron parte en ninguna acción de apoyo a los mercenarios. La certera visión y el pensamiento estratégico de el Comandante en Jefe le permitieron prever la importancia de anular esas fuerzas y dar las instrucciones precisas para paralizar dichas acciones y privar a los invasores del apoyo que estos esperaban. La Seguridad del Estado, estrechamente ligada al pueblo organizado en sus Comités de Defensa de la Revolución, eliminó y neutralizó todos los intentos internos de sabotajes, atentados y acciones terroristas.Los planes tan meticulosamente preparados por la CIA fueron deshechos.

Terrorismo nocturno

Hace 44 años, una nave aérea procedente del Norte dejó caer dos bombas en un área poblada del actual municipio Bolivia. Como siempre, elementos terroristas pagados por el imperio aprovecharon las horas de descanso para cometer sus fechorías, sin importarles las consecuencias.

La madrugada casi tocaba a su fin. Serían, aproximadamente, las 5:00 de una caldeada madrugada de agosto. Los vecinos, en su gran mayoría humildes trabajadores, aún disfrutaban del sueño reparador para enfrentar otra larga jornada laboral. Ninguno imaginó que, en solo instantes, sus vidas hubieran podido ser tronchadas por la metralla detonada por la mano oculta del terrorismo.

El licenciado Diego Ruiz Pérez, historiador del municipio de Bolivia, al noreste de la capital de la provincia de Ciego de Ávila, abre las puertas del recuerdo. Coteja datos en su mente. La agenda va acumulando momentos recogidos por él que ahora devienen rico testimonio para las nuevas generaciones. Precisa que, con el fin de dar protección y preservar tanto la seguridad de los trabajadores como de las instalaciones de la fábrica de azúcar de los hechos terroristas que ya ocurrían en diferentes puntos del territorio avileño y nacional, se había estructurado un sistema defensivo con la colocación de varias ametralladoras en lugares altos del propio ingenio y en otros sitios aledaños “Una estaba situada en el antiguo hotel de Moure (se quemó, después, debido a un incendio), otra en una caseta de observación construida en la parte más elevada del central, y la restante, en la zona del enfriadero. Todas estaban a cargo del personal de las Milicias.”

Puntualiza Diego, que esa madrugada del 15 de agosto de 1963, la avioneta entró con las luces apagadas desde rumbo norte, hacia el sur, y que pasó sobre el poblado como a unos 300-400 metros del ingenio. En ese trayecto soltó la primera bomba.

“Cayó sobre el barrio conocido como Vallina. Por suerte, esa que fue la que explotó, lo hizo en un área en la que no había casas, sino un platanal. Las viviendas estaban como a unos 50 ó 60 metros.

“La aeronave siguió e hizo un giro hacia el este. A continuación de Vallina hay otro barrio, llamado Sao de Palmas, sobre el cual dejó caer la otra. En ese sitio había tres barracones habitados por distintas familias. El artefacto cayó a unos tres metros de la pared de una de las barracas. Afortunadamente, no estalló.” El Historiador boliviano apuntó que los testigos sintieron algo que venía silbando, y luego escucharon un fuerte impacto, con el cual se estremeció la tierra. “A algunos —cuenta— les pareció algo así como un balón de oxígeno cuya mitad estaba enterrada en el suelo.”

Se acabó el mundo 

Así pensó Blanca González Marrero, de 69 años. Entonces tenía 26. “Mi abuela vivía aquí, en el reparto Vallina. Ese día acabábamos de llegar de La Habana. El cansancio nos venció, pero nos despertamos con el ruido de la explosión.

“En la casa todo se vino al suelo: los cuadros, las lámparas, los adornos, los calderos… Afuera, los perros y las gallinas estaban como locos. Para nosotros se estaba acabando el mundo, hubo quien creyó que había empezado la guerra. Claro que nos asustamos.

“Aquí había unas cuantas viviendas, unas 10, todas con familias completas: adultos, jóvenes, niños. Oiga, no se sabe qué hubiera pasado si ese artefacto hubiera caído y explotado en una de estas edificaciones. Cuando se hizo de día vimos que había sido lanzado en un platanal. Por el suelo estaban regados los pedazos de la bomba, parece que adentro traía trapos viejos, qué sé yo…

“Sí, nos pasamos varios meses asustados, esperando que algo parecido ocurriera, que regresara el avión. Figúrese, del imperialismo se puede esperar cualquier cosa”, afirmó Blanca.

Aquí no explotó, pero… 

Pedro Pablo Pérez Cardoso tiene ahora 58 años. A pesar del tiempo transcurrido, el recuerdo de aquella madrugada permanece inalterable en su mente. “Se sintió el ruido del avión, escuchamos la explosión. Aquí, en Sao de Palmas casi enseguida sentimos un golpe fuerte contra la tierra, de algo que había caído ahí mismo, cerquitica de las barracas.

“Los hermanos Perdomo le tiraron al avión con unas escopetas. Ellos eran milicianos. Se formó tremendo corre-corre cuando la gente vio la bomba clavada detrás de un fregadero, pegada a una pared. Se avisó a la Policía, cercaron todo esto, no dejaron tocar nada. Mandaron a buscar a los compañeros del Ministerio del Interior, vino gente de Camagüey, y la desactivaron.

“En el barracón aquel vivían como cuatro familias. Si esa bomba hubiera llegado a explotar, hubiera ocurrido una tragedia. Esto estaba rodeado de casas, llenas de seres humanos, incluidos niños.”Indignado, Pedro Pablo asevera: “Ellos (los terroristas) no han parado de hacernos daño, han cometido barbaridades, salvajismos. Y todavía se atreven a defender a Posada Carriles y a sus compinches. No, si yo lo digo: Ni vergüenza tienen.”

Diego, quien ha estado presente durante el recorrido por las zonas donde ocurrió aquel hecho terrorista, puntualiza que ese fue el primero que recogió la historia de la localidad. Añade que el 30 de agosto de 1963, una avioneta bombardeó al central Jaronú (hoy Brasil). “Ese, y el Bolivia, eran los únicos dos ingenios propiedad de la American Sugar Refining Company. Tal vez fuera todo un plan concebido para destruir a ambas fábricas y dañar, así, a la economía cubana.”

Lo que pudo haber pasado

Ese vuelo, realizado con nocturnidad y alevosía fue, de hecho, una flagrante violación del espacio aéreo cubano. El bombardeo, pudo haber causado muertes, mutilaciones, quemaduras, destrucción…, y traído, como consecuencia, el luto a numerosas familias, afectaciones psíquicas u otras secuelas, además de las de índole económica. Felizmente, las dos bombas no dañaron a nadie en esa ocasión. Pero en otras, la mano del terrorismo, pagada por el imperio del Norte, ha causado daños de consideración. Baste recordar, si no, a las 73 víctimas del sabotaje al avión cubano en Barbados, crimen organizado por Luis Posada Carriles, ente diabólico a quien el gobierno encabezado por Mister Bush le ha concedido la libertad, en vez de condenarlo, de una vez y por todas, o extraditarlo para que sea juzgado en Venezuela. No es venganza, sino justicia, lo que clama el pueblo cubano.

El primer vuelo del águila en Ciego de Ávila

Transcurría el mes de octubre de 1959. Ya habían pasado 10 meses del desplome de la tiranía y era común asociar el ruido de un avión a los cambios que ocurrían en el campo cubano, pues hasta los más remotos parajes llegaban las avionetas del INRA (Instituto Nacional de Reforma Agraria), con sus acciones transformadoras en beneficio de los más humildes.

Los pobladores del batey Punta Alegre, de la provincia de Ciego de Ávila, no imaginaban que el ruido del avión que se aproximaba en horas de la noche del día 11 significaba el preámbulo de una acción criminal de los enemigos de la Revolución a ese pacífico poblado.

Un ruido ensordecedor los inquieta, de pronto un estallido en el techo del central, actual Máximo Gómez, anuncia la presencia del águila imperial. La bomba cae encima del techo del tándem fulton, y provoca un gran agujero, 164 perforaciones en distintas partes de la cubierta y de las paredes. En el momento de la explosión se encontraba trabajando en el torno de mesa un obrero, quien asombrosamente no sufrió lesiones.

La enérgica y resuelta acción de los artilleros encargados de la protección a la industria obliga al piloto de la nave a retirarse rumbo norte, pero antes deja caer otra bomba frente a las puertas de la fábrica de azúcar.

El golpe seco atemoriza a todos. El joven combatiente rebelde Jesús Cabrera Estupiñán después de la sorpresa inicial carga la bomba en sus hombros.

"Yo me percaté que, de quedarse el artefacto allí provocaría pérdidas de vidas humanas y daños que serían irreparables en la fábrica —narró Cabrera Estupiñán— y sin pensarlo dos veces me alejé del lugar con la bomba de 25 libras, pensando que así cumplía con mi determinación de defender la Revolución a cualquier precio."

Oriente, como cariñosamente le apodan en Punta Alegre, tenía entonces 22 años de edad y trabajaba como operador de microondas del cuartel, lugar ubicado en aquel entonces a unos 300 metros de donde ocurrió el hecho. A ese local trasladó el artefacto.

Allí se encontraban varios compañeros del Ejército Rebelde, entre estos Armando Mesa Basulto y Eudoro Escobar, nadie de los presentes se atrevía a desactivar el artefacto, pensaron que estaba defectuoso o que había sido desactivado de forma inconsciente por él.

Agrega Estupiñán que el hecho causó gran indignación en el pueblo y creó estados de pánico y terror, aunque esto no impidió que un enorme grupo de personas se concentraran en los alrededores del lugar y repudiaran de forma enérgica y unánime el hecho terrorista.

Fue así como un avión pirata de la flotilla secreta de la CIA bombardeó el central Punta Alegre, actual Máximo Gómez. La guerra económica de Estados Unidos contra la Revolución cubana comenzaba a afectar los centrales azucareros de Ciego de Ávila.

Fuente