Trastornos situacionales

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Trastornos situacionales
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Se considera un trastorno situacional a aquellas alteraciones emocionales en la conducta, rendimiento, u otras, que presente un sujeto hasta entonces sano, como consecuencia de un estrés, problema, situación o conflicto que haya experimentado.
Trastornos situacionales. Es un hecho indiscutible que un individuo hasta entonces sano, sometido a una situación que lo afecte profundamente, puede enfermarse, pues hasta los animales en los que todavía no puede hablarse de conciencia sino de intelecto animal, ante determinados hechos como son la pérdida del amo o un cautiverio puede presentar alteraciones e incluso la muerte; lo que mayor razón se presenta en los seres humanos, estos ante determinadas situaciones como la muerte de un ser querido, la perdida de prestigio o estimación social, una catástrofe, etcéteras. pueden enfermar y es a esto a lo que se llama un trastorno situacional.

Contenido

Epidemiologia

Aunque suele considerarse un trastorno frecuente, no se dispone de datos confiables que permitan definir la morbilidad del trastorno, pues por una parte, en muchos casos no llegan a los centros de atención especializada, y en otros están en dependencia de la presentación de incendios, huracanes, terremotos, etcéteras, que son impredictibles y varían de un momento a otro.

Etiología

Aunque aparentemente la causa de estos trastornos parece sencilla, evidentemente intervienen los siguientes factores.

  1. La agresión (evento vital)
  2. La resistencia del individuo
  3. El ambiente.

De manera que el equilibrio entre estos tres factores es lo que determinará si se produce esta alteración, o no.

Agresión

Este aspecto puede ser clasificado de acuerdo con su intensidad y duración.

  • de acuerdo con su intensidad suelen dividirse en leves, moderados y graves; pues no es lo mismo un terremoto o inundación en que perezcan familiares y amigos, se destruya la vivienda y otras propiedades personales, a una separación conyugal.
  • De acuerdo con su duración suelen dividirse en agudas y mantenidas, pues aunque las primeras para producir un trastorno deben tener determinadas intensidad; las mantenidas pueden producirlo por agotamiento o exasperación del individuo, como serían problemas laborales o conflictos conyugales.

Resistencia del individuo

La importancia de este aspecto se hace evidente con la observación de que ante similares agresiones unos sujetos enferman y otros no, lo que depende de los siguientes elementos:

  • Personalidad. Esta es una síntesis de la dotación genética y su desarrollo biológico con el aprendizaje que ha tenido, y determina una experiencia en su enfrentamiento, en lo que también influyen la edad, entretenimiento, etcétera.
  • Resistencia física. Es evidente que serán diferentes las posibilidades entre un individuo sano y otro que presenta un agotamiento, desnutrición o esté debilitado por alguna enfermedad somática, importantes elementos que se deben tener en cuenta. Sin olvidar las manifestaciones físicas que trae aparejada una situación de estrés que pueda modificar su resistencia.

Ambiente

La relación y sentido de pertenencia que el individuo tenga con el ambiente, lo que está en estrecha relación con sus principios, así como la significación que la situación tenga en este contexto es un elemento determinante del cuadro, pues no es lo mismo la pérdida del empleo o un padre de familia en una sociedad capitalista que en una socialista; ni lo es el error que puede cometer un trabajador honesto a un fraude con ánimo de lucro. En esto también participa el apoyo que pueda sentir y el nivel de expectativa que ante el individuo tenga la sociedad, de lo que sería un ejemplo la comprensión social de la huída de una jovencita ante un ratón en contraposición a la de un hombre adulto.

Cuadro clínico

Deben tomarse en consideraciones dos formas: la reacción aguda ante gran tensión o reacción a gran estrés y los trastornos situacionales propiamente dicho.

Reacción aguda a gran tensión

Se trata de la respuesta de un sujeto a una situación catastrófica, como una inundación, terremotos, bombardeos, etcéteras, y se caracteriza por severas, alteraciones de conductas, con alteraciones de conciencia y demás funciones psíquicas. El sujeto puede presentar un estupor, un cuadro de agitación incoordinada o cualquier tipo de alteración severa.

La alteración suele ser transitoria y durar minutos, horas o poco días, sin embargo, es frecuente que persistan alteraciones menores durante algún tiempo, como son los trastornos en el sueño, angustia, temores, etcéteras.

Trastornos situacionales

Se trata de alteraciones que generalmente son consecuencia de agresiones de menor intensidad, aunque de carácter mantenido. Sus manifestaciones son las de síndromes depresivos, neurasténicos, hipocondríacos y algunas voces revisten síntomas necróticos. Son de carácter transitorio, aunque en ocasiones, si obtiene ventajas prácticas o emocionales, pueden mantenerse.

Evolución y pronóstico

La evolución suele ser aguda y el pronóstico favorece, aunque en algunos casos, inadecuadamente tratados, pueden volverse crónicos.

Diagnósticos

El diagnóstico positivo puede realizarse antes las alteraciones que se presentan en un sujeto aparentemente normal, en los que puede suponerse que son consecuencia de un evento vital experimentado. Para realizar el diagnóstico diferencial, deben considerarse los siguientes aspectos:

  1. Duelo norma. Hay que tener en cuenta la diferencia que existe entre esta entidad y la respuesta normal de un sujeto ante una situación dolorosa. Ejemplo de ello es la tristeza, angustia y otras expresiones que se presenta ante la pérdida de un ser querido. Aunque mucho se ha escrito con respecto a la característica, intensidad y duración de esta respuesta, al no haber un acuerdo general, lo más sensato es que el médico de familia compare el cuadro con el que es habitual en los sujetos medios en condiciones parecidas.
  2. Normalidad anterior. Como el criterio de normalidad es una aproximación estadística, es práctico basarse en el hecho de una estabilidad dentro de la norma y el hecho de que el paciente no haya necesitado anteriormente asistencia por alteraciones nerviosas.
  3. Precipitación de un trastorno subyacente. Este criterio debe ser tomado desde un punto de vista evolutivo y de la intensidad del fenómeno, teniendo en cuenta, que determinadas alteraciones se refieren a un hecho determinado, cuando en realidad éste fue provocado por trastorno que ya venía desarrollándose, como sería el caso de determinados conflictos laborales, para lo cual lo más sensato es tomar en consideración el criterio lógico del que lo evalúa.

Tratamiento

  1. Reacción aguda ante gran tensión. Aunque no es un trastorno habitual ante el que debe enfrentarse el médico de familia, no es menos cierto que en su práctica pudiera presentarse una situación de este tipo, por lo que la conducta que se debe seguir sería la siguiente:
  • Iniciar el tratamiento lo antes posible, aún en el foco de agresión.
  • Separar el individuo de la situación y colocarlo en un lugar tranquilo, preferiblemente acompañado de personas que puedan brindarle apoyo.
  • Sedación, para lo que pudiera emplearse la clorpromacina intramuscular en dosis de 50 mg cada hora hasta conseguir dicha sedación; continuar después con el doble de la dosis necesaria para ello por vía oral repartida en 24 horas.
  1. Reacciones situacionales propiamente dichas.
  • En este caso es conveniente aislar temporalmente al paciente de la agresión, cuando esto sea posible, implantar un régimen higiénico – dietético adecuado, y debe procurarse brindar actividades para brindar un reposo activo.
  • El tratamiento medicamento será el descrito para los síndrome depresivos, ansiosos, neurasténicos y otros
  • Reincorporar lo antes posible al paciente a sus actividades avitualles para evitar ganancia de tipo práctico que complicarían el trastorno.

Es en ambas situaciones es importante, en el momento que esto sea posible, un tratamiento psicoterapeútico que permita un enfoque más objetivo y una maduración de la personalidad que facilite el enfrentamiento de estos o futuras situaciones o eventos vitales que puedan afectar al paciente.

Fuente

Orlando Rigol Ricardo, Francisco Pérez Carballás, Jesús A. Fernández Sacaras, José E. Fernández Mirabal. Medicina general integral. Editorial Pueblo y Educación; 1987