Los pueblos, como los volcanes, se labran en la sombra, donde sólo ciertos ojos los ven; y un día brotan hechos, coronados de fuego y con los flancos jadeantes y arrastran a la cumbre a los disertos y apacibles de este mundo, que niegan todo lo que no desean, y no saben del volcán hasta que no lo tienen encima. ¡Lo mejor es estar en las entrañas, y subir con él!