El Ataque a las Cejas
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Antecedentes históricos
Don José Pardo y Pardo -uno de los hombres más representativos de Morón en la época de la guerra de 1868- disfrutaba de gran prestigio e influencia debido a su acomodada posición económica. Por todo ello, los jefes militares, que entonces poseían el mando de la Plaza, le tenían una notable consideración. Las relaciones de don José Pardo con los jefes del ejército español no eran más que una cortina que encubría la realidad, ya que él lo daba todo en defensa de la causa cubana. Don José llegó a convertirse, gracias a las condiciones que anteriormente mencionamos, en un eficaz comunicante para los cubanos en armas. Pero como los enemigos no eran bobos, un buen día, del cual don José no hubiera querido acordarse, el jefe de las fuerzas españolas en Morón, le jugó una mala pasada y la cortina que mediaba entre don José , los españoles y los insurrectos cubanos, se descorrió en un abrir y cerrar de ojos como una simple cortina de baño.
Desarrollo del ataque
Todo ocurrió de la siguiente manera: enterado don José de que el coronel Sánchez Lamela tenía el propósito de ir a atacar a los insurrectos que permanecían acampados en la finca Las Cejas, a seis kilómetros al oeste de Morón, pues se dirigió a donde él estaba y trató de enterarse con exactitud de las circunstancias en que se iba a producir dicho ataque para informárselo a los mambises. Hacía algún tiempo que Sánchez Lamela sospechaba de don José, pero no pasaba de la simple intuición. Ese día decidió probar hasta qué punto sus sospechas eran ciertas, y le dijo a don José que no tenía el propósito de atacar a los cubanos acampados en Las Cejas, ya que no disponía de fuerzas suficientes para llevar a cabo tal operación y que, además, el enemigo tenía acampados cerca de 1 000 hombres de infantería y de caballería bien armados (en realidad era mil hombres, pero que de ellos sólo 200 portaban escopetas y trabucos, los demás tenían como armamento el machete). Con esa valiosa información salió don José del despacho del coronel Sánchez Lamela. Inmediatamente envió a un emisario con la buena nueva al jefe cubano de los que allí acampaban, que era el general Manuel de Jesús Valdés Urra (Chicho), quien le comunicó a la tropa la disposición del enemigo español, por lo que -confiando en que no serían atacadosse entregaron al reposo. En la madrugada del 5 de diciembre de 1868, salió de Morón el coronel Manuel Sánchez Lamela con el batallón de Tarragona, compuesto por 500 hombres de caballería e infantería, y un piquete de lanceros al mando del capitán Eugenio Valor (el apellido no tenía nada que ver con su reacción frente al machete mambí), en busca de las fuerzas cubanas acampadas en Las Cejas. Los cubanos estaban desprevenidos ya que, según las confidencias de don José, no serían atacados en esos momentos. Al primero que sorprendieron fue al centinela, al que le dieron muerte rápida y silenciosa. Después arremetieron contra el resto de la tropa, que dormía sis sospechar lo que estaba sucediendo. El saldo de este ataque fue de 18 muertos cubanos, numerosos prisioneros y heridos, y el resto de la tropa tuvo que dispersarse por la manigua para poder salvarse. Por esta acción de guerra, el Gobierno español le concedió al coronel Sánchez Lamela la Cruz Laureada de San Fernando, y una pensión vitalicia de 1 000 pesos anuales. Además, éste por fin se convenció de que sus sospechas hacia don José Pardo eran mucho más que una simple intuición.
Fuentes
- Entrevista con el Historiador de la ciudad Larry Morales

