Maniqueísmo
| ||||
Sumario
Historia
Doctrina maniquea
Hasta los comienzos del siglo XX el conocimiento que se tenía del maniqueísmo estaba rodeado de una cierta oscuridad, confundido a veces con el gnosticismo, con el que presenta concomitancias. Los escritos de Mani y sus discípulos, aunque se difundieron ampliamente, fueron también prohibidos y destruidos en número considerable, tanto por los católicos, como por los mahometanos y budistas. No obstante, a fines del pasado siglo se descubrieron en el Turquestán chino numerosos fragmentos de escritos maniqueos, que se salvaron de la destrucción. En 1930 se hizo otro descubrimiento similar cerca de Medinet Mádi, en el Fayum, donde aparecieron varios libros de Mani en traducción copta. La intención de Mani fue fundar una religión nueva, como resultado de un sincretismo muy acusado. «Los escritos -dice Mani-, la sabiduría, los apocalipsis, las parábolas, los salmos de todas las religiones anteriores, han confluido en mi religión, en la sabiduría que yo he revelado» ( Kephalaia , 154). Aunque sea de modo sumario, trataremos de ofrecer seguidamente un cuadro doctrinal del maniqueísmo.
Dogmática
La base del sistema maniqueo es un dualismo radical acerca de Dios. Desde toda la eternidad según el maniqueísmo- hay dos seres o principios supremos de igual orden y dignidad: el principio de la luz (el Bien) y el de las tinieblas (el Mal). Pero ambos principios se hallan en una situación de antítesis irreconciliable. Cada uno tiene su propio imperio; la región de la luz está situada en el Norte, la de las tinieblas en el Sur. Ambas regiones están sometidas a sendos reyes: el imperio de la luz, al Padre de la Grandeza, y el reino del mal al Príncipe de las Tinieblas. Entre los dos principios y sus respectivos reinos se entabla una guerra, en la que el reino de las tinieblas trata de destruir al de la luz. Para defensa de su reino crea el Padre de la Grandeza al primer hombre, quien con sus cinco hijos se apresta a combatir, pero son vencidos por el mal. El primer hombre se da cuenta de su desventura y pide ayuda al Padre de la Grandeza. Este, después de una serie de emanaciones intermedias, desprende de sí al espíritu viviente, que libra al hombre de la materia mala y lo redime.
Este espíritu viviente y salvador será Jesús, que ocupa un lugar preeminente en la doctrina maniquea. El mismo Mani se intitulaba, «Apóstol de Jesucristo, por la Providencia de Dios Padre» ( Ep. de Fundamento , pr.). Al lado de Jesús coloca también a Buda y a Zoroastro. Todos ellos -incluido el propio Mani- son representantes de la luz. Antes de Mani, a esos representantes se les asignaron partes limitadas del mundo: Buda se estableció en la India, Zoroastro en Persia, Jesús en Judea o, en todo caso, en el mundo occidental; Mani, en cambio, -como postrer enviado de la luz- se considera realizador de una misión universal.
Moral
Los preceptos morales del maniqueísmo son los derivados de las doctrinas anteriormente expuestas. El rasgo principal en el orden moral será la abstención de todo lo que liga al hombre a la materia, por considerar que ésta es mala. Por ello, el perfecto maniqueo se encuentra marcado por un triple sello de la boca, de las manos y del seno. El sello de la boca tiene como fin evitar todo lo que pueda ensuciarla. En consecuencia, se deberá abstener de toda clase de carnes; sólo estará autorizado a tomar vegetales. Entre las bebidas, el vino estaba severamente prohibido. También tenían que ayunar los domingos y los lunes. El sello de las manos prohíbe absolutamente la muerte de cualquier semejante, así como hacer la guerra y llevar armas. Tampoco podían matar animales, ni destruir plantas, ni siquiera transportar minerales. El verdadero maniqueo no deberá trabajar, pues -según Mani- por el trabajo se viola el mundo de la luz. En razón de este mismo precepto, no deberá lavarse, ni apoderarse de lo ajeno, y se abstendrá de toda clase de honores. El sello del seno puede considerarse como el más importante de los tres, porque precisamente a través de él trata de oponerse a la propagación del mal. Para ello, el medio más eficaz es evitar todas las relaciones sexuales, pues -según Mani- la generación es mala en sí misma. Por tanto, el matrimonio está absolutamente prohibido, y la práctica de la virginidad no solamente se aconseja, sino que se impone a todos como un deber.
Como fácilmente se puede deducir, estas exigencias de la ética maniquea no podían ser llevadas a la práctica sin una gran extorsión social. De ahí que se dividieran los fieles maniqueos en dos grupos: los electi , elegidos, y los audientes , oyentes. Los elegidos, es decir, los verdaderos fieles, practicaban todas las prescripciones señaladas y vivían consagrados enteramente a la religión de Mani, o aparentaban hacerlo. En un grado inferior se encontraban los oyentes, que constituían la masa, el pueblo. Los oyentes sirven a los elegidos, les facilitan comida y vestido, y de este modo, esperan nacer un día en el cuerpo de un elegido y alcanzar así la salvación. También participan en las asambleas litúrgicas, y guardan ciertas observancias, entre las que destaca la limosna, que se considera también como medio de remitir los propios pecados del oyente.
Respecto a lo que ellos llamaban sacramentos, parece ser que sólo reconocían como tales al bautismo y a la eucaristía. Ambos sacramentos se reservaban sólo a los elegidos; por ello, los oyentes eran considerados catecúmenos. Sobre la confección y administración de la eucaristía tenemos noticias muy imprecisas. También debían realizar una cierta práctica penitencial, según el testimonio de San Agustín ( Ep. 236,2: PL 33,1033).
Escatología
En relación con la vida futura, Mani distingue según se trate de la muerte de un elegido, de un oyente o de un pecador. Un elegido alcanza el paraíso de la luz. Un oyente, al morir, queda en este mundo -en el sueño de los espectros-, hasta que pueda nacer de nuevo en el cuerpo de un elegido. Los pecadores están destinados al infierno. La separación entre justos y pecadores -entre el mundo de la luz y el de las tinieblas-, tendrá lugar en el último día, en el que se producirá un gran incendio.
Organización
Los seguidores del maniqueísmo estaban congregados en una organización bien determinada. Tenían un jefe supremo, dotado de la suma autoridad, con residencia en Babilonia. Quien primero detentó esta autoridad fue Mani. A este jefe supremo estaba subordinada una jerarquía compuesta por 12 apóstoles, 72 obispos o maestros de la verdad, y 360 presbíteros; después venían los diáconos y los elegidos; finalmente, en el último escalón, estaba la gran masa de oyentes.
=Extensión y desarrollo
El sincretismo de esta nueva religión debió de contribuir, en buena medida, a su rápida difusión. El maniqueísmo se extendió pronto por Mesopotamia. De aquí pasó a Siria y a Egipto, que se convirtió en el núcleo propagador del maniqueísmo en África. Hacia el año 290, el procónsul de África, Juliano, denuncia la nueva secta a Diocleciano, quien en 297 promulga un durísimo edicto de persecución contra el maniqueísmo y sus secuaces. Sin embargo, a pesar de estas medidas, no consiguió erradicar el maniqueísmo de África. Bajo el Papa Milcíades (311-314) se señala la presencia de la nueva secta en Roma, y desde la ciudad imperial se propaga hacia las Galias, España y los Balcanes. Se difunde igualmente a través del Imperio persa hasta llegar a los confines de China, en el siglo VIII.
Pero, casi simultáneamente a estas conquistas del maniqueísmo en Oriente, se establecen los límites máximos de la expansión maniquea y comienzan a destacarse los signos de su decaimiento. Así, en Persia, bajo Cosroes I (531-570) se ejecutaron unos 80.000 maniqueos, y se restableció el culto oficial del mazdeísmo. Los musulmanes, por su parte, se mostraron también muy hostiles al maniqueísmo. En China, más tardíamente, son perseguidos sus adeptos y quedan muy debilitados, sobre todo a fines del siglo XIII.
Reacción de la Iglesia
Hacia el año 300, un obispo de Alejandría, en una carta a su Iglesia, alerta a sus fieles contra las doctrinas del maniqueísmo. Cirilo de Jerusalén, Afrahates y San Efrén, en Oriente, y más tarde San León Magno y otros obispos de Occidente, combatieron el maniqueísmo en su predicación. Por otra parte, la Iglesia puso particular cuidado en los casos de conversiones procedentes del maniqueísmo, exigiendo precisas y detalladas fórmulas de abjuración a los candidatos.
En el campo teológico son de notar los escritos contra el maniqueísmo de Dídimo de Alejandría y Tito de Bostra. Los Acta Archelai atacan sobre todo a Mani. En Occidente esta literatura ha sido menos abundante, aunque destaquen considerablemente las obras de San Agustín contra los maniqueos: De moribus ecclesiae et de moribus Manichaeorum , De Genesi contra Manichaeos , Contra Faustum Manichaeum , De vera religione , etc. De otras obras antimaniqueas sólo tenemos noticia, pero no han llegado hasta nosotros.