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Batalla de Miraflores

Batalla de Miraflores
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Soldados chilenos heridos durante la batalla.
Fecha:15 de enero de 1881
Lugar:Distrito de Miraflores
Descripción:
Parte de la Guerra del Pacífico.
Resultado:
Victoria chilena.
País(es) involucrado(s)
Bandera de Perú Perú, Bandera de Chile Chile
Líderes:
Perú: Nicolás de Piérola, (I Sector Andrés A. Cáceres), (II Sector Belisario Suárez), (III Sector Justo Pastor Dávila), Chile: Manuel Baquedano, (I División Patricio Lynch), (II División Emilio Sotomayor), (III División Pedro Lagos)
Batalla de Miraflores. Realizada el 15 de enero de 1881 fue la culminación de la Campaña de Lima, tercera fase de la Guerra del Pacífico y marcó el inicio de la Campaña de la Cordillera de los Andes que duró entre 1881 y 1883.

El ejército chileno al mando del General Manuel Baquedano, apoyado por tres buques de la armada chilena, derrotó a las fuerzas atrincheradas en parte de la segunda línea defensiva peruana en Miraflores, dirigida por Don Nicolás de Piérola luego de más de cuatro horas de combates. Los reductos de Surco y Ate no combatieron. Dos días después de esta batalla el Ejército de Chile entra a la ciudad de Lima, capital del Perú, el 17 de enero de 1881.

Actitudes de Piérola, Cáceres e Iglesias

Nicolás de Piérola
Al término de la batalla, así lo cuenta José María Químper, Piérola dormía encerrado en una habitación de la hacienda Vásquez, a la izquierda de nuestra línea de Miraflores, a más de una legua de este pueblo (Documento citado de la Recopilación de Ahumada Moreno).

A esas horas, tras la dura jornada, Cáceres tendía su capote en el suelo para descansar un momento junto a sus soldados, pensando constantemente en la manera de revertir la situación que no podía ser más grave. Es bien conocido que esa noche, en que las tropas chilenas se hallaban entregadas al saqueo y la embriaguez en Chorrillos, solicitó de Nicolás de Piérola con terquedad, autorización para emprender un ataque que hubiese cogido de sorpresa al enemigo y bien conocido es también que el dictador desechó el proyecto, calificándolo de estéril e inútil.

Se pactó tregua el 14, durante la cual Miguel Iglesias, prisionero la víspera, fue comisionado por los chilenos para negociar con Piérola. El armisticio debía durar hasta la medianoche del 15 pero no fue respetado por el enemigo, que el mismo 14 movilizó sus tropas en disposición de ataque sobre Miraflores.

La línea de Miraflores

Según Cáceres, en Batalla de San Juan y Miraflores el ejército peruano no fue enteramente aniquilado sino más bien disperso. En realidad, para defender Miraflores, Piérola pudo reorganizar 10000 hombres de los restos de San Juan y Chorrillos, más 6000 de la reserva y otros 2500 que pudo solicitar al Callao. Pero sólo reorganizó 500 del ejército de línea y trajo del Callao apenas 800. Ellos, con la Reserva, sumaron los 12000 que se formaron contra los 22000 chilenos.

Reducto Nº 1 tomado por tropas chilenas el 15 de enero de 1881, este Reducto se ubicaba cerca al hoy malecón de la Reserva entre el malecón y la avenida Paseo de la República. Fue defendido por el coronel Andrés Avelino Cáceres Dorregaray, hasta que se quedó sin municiones y sin esperanza que llegara refuerzo alguno.

La línea de Miraflores se organizó en tres sectores de defensa. El de la derecha quedó a órdenes de Andrés A. Cáceres Dorregaray, el centro a las de Belisario Suárez y la izquierda a las de Justo Pastor Dávila. En los diez reductos desparramados en una extensión de doce kilómetros, intervalos de 800 a 1000 metros, se montaron algunas piezas de artillería, guardadas por tropas de reserva. Quedaron a las órdenes de Cáceres los batallones Juan Fanning, Arias y Aragüez, Carlos Arrieta, Augusto Seminario, Maximiliano Frías, Noriega, Frisancho, Porras, Garay, Crespo y Zevallos.

Por el triunfo o por el sacrificio

En la mañana del 15, Cáceres recorrió todo su sector, dictando diferentes disposiciones de combate, y, principalmente arengando a sus soldados para combatir con honor por el triunfo o el sacrificio. Al percatarse que las guerrillas enemigas se situaban a 500 metros de su frente, Cáceres hizo notar al General Pedro Silva que la tregua era violada, obteniendo por respuesta que por nuestra parte teníamos que cumplirla rigurosamente. Pero casi de inmediato, cuando empezaba la tarde, se dió inicio a la batalla, al contestar las tropas de Cáceres al ataque frontal de la división Lagos al tiempo que de flanco eran bombardeadas por la escuadra enemiga. Desde el principio la lucha fue desigual, pero con todo, los peruanos hicieron allí prodigios de valor, haciendo honor a la tradición de su heroico conductor.

Piérola a buen recaudo

Ninguna respuesta favorable obtuvieron las ayudantes que envió Cáceres ante Piérola demandándole refuerzos. El generalísimo, escribió el héroe, en ningún momento se presentó en la línea y permaneció en Vásquez con sus ayudantes y el coronel Echenique, jefe del Ejército de Reserva (Memorias, Lima, 1980, tomo I, pp. 144 y 145)

Relata un reservista de Piérola, como trastornado, procuraba alejarse a galope de los sitios peligrosos al tiempo que el coronel Cáceres dirigía su anteojo sobre las polvaredas que pudieran indicar opas en marcha. Refuerzo, ninguno. Eran, mientras tanto, las 4 p.m y el fuego enemigo continuaba con gran vivacidad…. Hacía más de tres horas que combatíamos y sin embargo ¡no recibíamos ningún refuerzo! Cáceres, desesperado, decía confidencialmente en un grupo (No tenemos ya municiones; estamos perdidos),(Apuntes de un reservista sobre las jornadas del 13 y 15 de enero de 1881, documento inserto en la Recopilación de Ahumada Moreno, tomo VI, pp. 190-196).

Cáceres es herido en heroica retirada

Pese a tanta desventura, el héroe alentaba sin cesar a soldados y reservistas, reclamándoles un último esfuerzo y ellos, según refiere quien los vió nimbados de gloria en tan terribles momentos, al reconocer a nuestro comandante general recorriendo la línea, se electrizaban con su presencia, como si ella les inspirara mayor confianza ¡ Viva el Peru ! , Gritaba Cáceres al pasar ¡ Pararse muchachos ! , ¡ Viva el Peru ! contestaban todos, pero con una voz tan unida, Pero con tanto brío y frenesí que era preciso ser de piedra para no conmoverse y conservar la serenidad.(Lo que yo ví, crónica publicada en el periódico El Orden, Lima, 1881).

Sin apoyo y extenuada su hueste, Cáceres ordenó un primer repliegue, unió los restos de su ejército con la reserva que a las órdenes del coronel Correa y Santiago se puso a sus órdenes. Hubo un momento de tregua, pero porque el enemigo suspendió momentáneamente los fuegos para reagruparse y emprender la ofensiva final, con superioridad de fuerzas.

Los valientes de Cáceres se defendieron en los reductos, pero al observar el jefe que era imposible y hasta inhumano continuar la resistencia sin municiones, perdida ya la esperanza de ver aparecer refuerzos, ordenó la retirada.

Fue en esa circunstancia que dos balazos atravesaron su kepis sin herirlo, pero al detenerse para encabezar una postrera resistencia en la izquierda, recibió un balazo en la pierna al tiempo que su caballo era también alcanzado. Dice un testigo que entonces perdimos al jefe que hubiese podido salvar en orden los restos del ejército y gran parte del parque. Ello sucedió alrededor de las seis. Caído Cáceres nadie pudo contener la dispersión de las diezmadas tropas.

Detalles de la Batalla de Miraflores

Todos sabemos el resultado desgraciado de esta batalla: la toma de Lima por la soldadesca chilena. Pero esta derrota no se debió a la cobardía de los soldados peruanos, pues los batallones que opusieron resistencia lejos de abandonar el campo, descansaron para siempre en él existieron muchos reductos desde el mar hasta Monterrico; pero sólo tres, el que se ubicaba en el malecón (Reducto Nº 1), el de Miraflores (Reducto Nº 2) y el situado en La Palma (Reducto Nº 3, hoy Surquillo), fueron los que llevaron el peso del ataque chileno, que rehuyó el combate en los otros frentes.

Regimiento Chillán formado en Lurín antes de las batallas por Lima. Combatió en Miraflores como parte de la brigada Gana
El 13 de enero de 1881, Nicolás de Piérola el Dictador (según Guillermo Thorndike, su verdadero nombre era Nicolás Fernández Villena, pero prefería llamarse a sí mismo, Nicolás de Piérola: quizá le sonaba más aristocrático), a quien le atribuye la derrota Paz Soldán, reunía en Junta de Guerra a los Jefes de su Ejército en su regia mansión de Miraflores ubicada en la quinta del banquero Schell, rodeada de amenísimos jardines (Benjamín Vicuña Mackenna). Asistieron a ella entre otros, los generales Montero, Buendía y Segura,los coroneles Dávila, Montero, Cáceres, Suárez, Iglesias, Noriega, Figari, Pereyra, Derteano, La Fuente y Echenique (Rosa Allison de Broggi, Lib. cit.).

Piérola les manifestó la causa de la reunión: conocer el espíritu que animaba a las tropas y si podían éstas hacer una seria resistencia, pues como primer paso para negociaciones de paz, los chilenos querían la entrega de la línea de Miraflores.

El Coronel Aguirre ensangrentado, por una herida recibida en la sien, se manifestó resuelto a presentar combate y su opinión fue seguida por casi todos los presentes (Rosa Allison de Broggi). La reunión terminó acordando la batalla y dictando las medidas para construir las obras de defensa.

A las nueve y media del día siguiente (14 de enero de 1881), se presentó en la casa de Piérola, un parlamentario chileno que fue echado por carecer de suficiente autoridad.

Dos horas después el coronel Iglesias, prisionero de los chilenos, mantenía con Piérola una larga conferencia. Este coronel había sido encargado por el General en Jefe Chileno, Baquedano de proponer una capitulación sobre la base de una entrega incondicional de los buques y fuertes del Callao y de la Capital. Aceptada la proposición de negociar, Iglesias regresó alrededor de las cuatro, al campamento chileno, como lo había prometido.

A las dos y media de la tarde, recibió Piérola un despacho telegráfico del Ministro de Relaciones Exteriores, por el cual se le informó que el cuerpo diplomático acreditado en Perú, ofrecía su ayuda en las negociaciones con los chilenos. A esto contestó Piérola que, el asunto traído por el parlamentario chileno permitía la intervención del cuerpo diplomático, que se aceptaba.

La primera labor de dichos funcionarios fue proponer un armisticio que vencía en la medianoche del día 15, a fin de poder entablar negociaciones. Este armisticio, fue aceptado tanto por Baquedano como por el Dictador peruano.

El 15, por la tarde, de Piérola se hallaba almorzando en su casa de Miraflores con los jefes peruanos y los comandantes de las escuadras extranjeras, cuando llegó la Comisión Diplomática.

Acababa de salir Piérola a recibirla y estaba cambiando saludos cuando los disparos del campo de batalla comenzaron a oírse. Resultaba que el General Baquedano en un reconocimiento había sobrepasado las líneas peruanas y éstas rompieron fuego. Los chilenos contestaron de tierra y del mar y se entabló así, la Batalla de Miraflores en medio del desconcierto de los que confiaban en una tregua y en las negociaciones hechas al amparo de esa calma.

El Cuerpo Diplomático quedó sólo en la casa de de Piérola, pues éste, tras un ligero saludo de despedida, había corrido a su caballo y marchado en compañía de los Jefes. No teniendo vehículos y bestias en qué regresar a Lima, los diplomáticos debieron emprender la marcha a pie en medio de la batalla.

A las dos y cuarto, del día 15 de enero de 1881, se había iniciado la batalla. Los chilenos, lejos de imitar a los peruanos en su extensa línea de defensa, concentraron el ataque contra los primeros reductos de la derecha peruana, es decir, del mar a la línea del tranvía.

Las dos divisiones atacadas, estaban al mando del Coronel Mariano Noriega y del Coronel Mariano Zevallos, bajo las órdenes del Comandante en Jefe, Coronel Andrés A. Cáceres. Las tropas de reserva situadas en los reductos estaban formadas por los profesionales, políticos y comerciantes de Lima. Las tropas de línea, cubrían el espacio entre reducto y reducto. En total eran 5 500 hombres contra 22000 vencedores chilenos.

Resulta que a la sorpresa del ataque chileno, se unió el abandono del campo por el señor de Piérola, para producir gran desconcierto en las tropas, las cuales sin órdenes de un comandante, actuaban por iniciativa propia.

A pesar de esto, a las cuatro los peruanos rechazaban el avance chileno y dominaban en el campo hasta las cinco. Pero habiendo recibido los combatientes de primera línea municiones que no correspondían a sus armas y cansados de no recibir refuerzos, abandonaron sus posiciones siendo seguidos por los demás soldados en esta retirada. La victoria se torno entonces intempestivamente para los chilenos cuando la sola visión de tropas peruanas de refuerzo, los hubiera desbandado, según la misma opinión chilena.

Lo triste de esta batalla fue que mientras el heroísmo de los batallones de reserva formados por lo mejor de la Capital como ya se dijo, acababa con sus vidas, cerca de ocho mil hombres de tropa, permanecían inactivos a la izquierda de la línea peruana, haciendo infructuoso el sacrificio de nuestros civiles.

El chileno Fuenzalida, ocupó el pueblo de Miraflores al vencer a los últimos defensores del Reducto Nº 1, y acto seguido el bello balneario se vio envuelto en llamas, siguiendo la suerte de sus hermanas Chorrillos y Barranco y rodeando esta salvaje hoguera yacían en el campo, los que entregaron sus vidas antes de entregar sus hogares.

Guillermo Thorndike, sobre la Batalla de Miraflores, nos dice:

"Andrés A. Cáceres y los coroneles Noriega y Zevallos se encontraron en la estación ferroviaria a las 2 de la tarde. Piérola convocaba una urgente Junta de Jefes. Pasadas las doce, Iglesias regresó al encuentro del Parlamentario chileno... Don Isidoro Errázuriz, carecía de poderes para preparar un armisticio. Manda decir, su Excelencia que está dispuesto a recibir a un Plenipotenciario chileno y a discutir la paz, siempre y cuando venga premunido de las debidas credenciales."

A cien metros de la quinta de Schell el Señor Cáceres se volvió al escuchar un trote largo de caballo. Tardó en reconocer al Coronel Buenaventura Aguirre.

Desmontaron frente a la quinta que ocupaba su Excelencia.

Caballeros, los he reunido no para conocer sus ideas personales sobre la situación ni para preguntar si están listos para dar sus vidas si fuera necesario, sino, para que me manifiesten cuál es el espíritu de sus tropas y si podemos depender de ellas para librar una segunda batalla.

Es necesario que conozca si nuestros soldados pueden ofrecer una seria resistencia. Quiero añadir que, como condición previa para entrar en negociaciones de paz, el Jefe chileno pide que le entreguemos la Línea de Miraflores con todos sus reductos y defensas. He rechazado tan humillante proposición.

Saint John expresó preocupación que el comando chileno ignorara las advertencias de los neutrales. En este caso, tendría que usar la fuerza.

Si los chilenos pretenden saquear Lima, tendremos que impedírselo, dijo Viviani. ¿Qué dicen nuestros marinos?.

El británico Sterling y el italiano Sabrano dejaron que hablara Bergase Du Petit Thouars. Era el almirante más antiguo y por esa razón comandaba la Escuadra neutral.

Si es necesario, podemos echar a pique a la Escuadra chilena, anunció Petit Thouars, eso bastaba.

Por unanimidad, los ministros otorgaron autorización al almirante francés para usar la fuerza de todos los buques neutrales, si es preciso impedir otra jornada de barbarie.

Señorías, si bien lo que hemos acordado merece calificarse de un indispensable acto de civilización, no me parece suficiente, intervino el doctor Uriburu, ministro de Argentina. Debemos tomar la iniciativa para que se celebren inmediatas conversaciones de paz. Hay que impedir otra batalla.

Contempló la ruina de Chorrillos, respiró su pestilencia a muerte y carbón. La magnitud del ultraje recibido no sólo la muerte, también el degüello de prisioneros, la multitudinaria violación de mujeres, el incendio a traición y los cadáveres profanados y el saqueo admiraban la hombría de Iglesias para desafinar en un torrente de reproches. ¿Quién se equivocó, quién permitió el error?.

Hoy no habrá batalla en Miraflores. Hace un rato, el Estado Mayor General informó que se ha pactado una tregua hasta medianoche. Baquedano se compromete a no avanzar más allá del terreno ocupado por su gran guardia en Barranco. Tampoco los peruanos deben salir de los reductos.

Sin embargo, los chilenos abusando de la honorabilidad de los jefes peruanos, aprovechan la tregua para ubicar a las tropas en posiciones de asalto.

Números

Archivo:Pedrolagos.jpg
La división de Pedro Lagos fue la que sufrió las mayores bajas chilenas.
El historiador peruano Jorge Basadre indica que en la defensa de Miraflores participaron 2500 hombres del ejército de reserva y 3000 soldados del ejército activo, sumando 5500 defensores desde el Reducto 1 al 4. Los batallones de los reductos ubicados en Surco y Ate fueron disueltos por órdenes de Piérola y no participaron en la batalla. En el ataque chileno Lagos empleó 8.000 soldados con el apoyo de la artillería de las naves Blanco Encalada, Cochrane y Huáscar. Las bajas peruanas fueron 3000 y las chilenas 2214 hombres.

El historiador chileno Gonzalo Bulnes indica asimismo, que en la línea defensiva desde Miraflores en dirección a Surco y finalizando en Ate se encontraban 11000 peruanos, compuestos por 1000 hombres de dos batallones de la guarnición del Callao, 6000 soldados retirados de la línea de San Juan y 4000 hombres del ejército de reserva.

Véase También

Fuentes