Ernesto Lecuona

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Ernesto Lecuona
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Músico cubano
NombreErnesto Sixto de la Asunción Lecuona Casado
Nacimiento6 de agosto de 1895
Guanabacoa, Ciudad de la Habana, Bandera de Cuba Cuba
Fallecimiento29 de noviembre de 1963
Santa Cruz de Tenerife, Bandera de España España
OcupaciónCompositor y pianista
Obras destacadasDamisela encantadora, La comparsa y Siempre en mi corazón

Ernesto Lecuona. (Ernesto Sixto de la Asunción Lecuona Casado). Compositor y pianista. Nació en el municipio Guanabacoa, Ciudad de La Habana, el 6 de agosto de 1895 y murió el 29 de noviembre de 1963. Es considerado un músico excepcional y el compositor cubano más difundido en el mundo, no sólo por la cantidad de obras preparadas, sino además por su calidad.

Contenido

Vida

Inició sus estudios con su hermana la pianista y compositora Ernestina Lecuona. En 1904 ingresa en el Conservatorio Carlos Alfredo Peyrellade, donde además del piano, estudió solfeo con Rafael Carreras; posteriormente recibió clases de piano de Antonio Saavedra –discípulo de Ignacio Cervantes— y de Joaquín Nin Castellanos; más tarde, en el Conservatorio Hubert de Blanck, sería alumno de este pianista y compositor de origen holandés, con el que concluyó sus estudios en 1913.

En 1909 comenzó a trabajar como pianista en los cines Fedora, Parisién, Norma y Turín; en 1912 ingresó en la compañía de Arquímedes Pous, que actuaba en el Politeama; ese mismo año compuso y estrenó La comparsa; es decir, un año antes de graduarse, y, según Jesús Gómez Cairo, esta obra «es reveladora del genio de su autor, de su condición de compositor nato y de cuáles eran las primicias que devinieron los fundamentos de su pensamiento musical». Y en otra parte agrega: «Y es que Ernesto Lecuona supo desde muy temprano intuir y fijar estructuras de lenguaje, así como desarrollar toda una sintaxis musical que le sirvió de código a los contenidos expresivos de sus obras. En esas estructuras de lenguaje musical, se integran los factores de la tradición —que Lecuona había asimilado mediante una percepción sumamente desarrollada—, con la real inventiva e imaginación propias, desarrolladas a través del estudio interpretativo de la música y la práctica composicional, que ejerció desde adolescente, con extraordinarias facultades. La Comparsa es una muestra de ello.» Concluye Gómez Cairo: «Desde el punto de vista ideotemático, La Comparsa pudiera ser ubicada rápidamente en un tipo de música descriptiva y programática. Lo primero porque evoca las imágenes de una comparsa del carnaval habanero y lo segundo, porque esa comparsa carnavalesca es percibida por el oyente, en su verdadero carácter de baile traslaticio; es decir, se escucha la comparsa, cómo surge desde la lejanía, se desplaza y acerca hasta el momento climático en que se encuentra justo a nuestro lado y continúa su paso para irse alejando en la distancia y desaparecer. Nada puede haber más simple; casi simplón e ingenuo. ¿En qué estriba entonces tanta estimación por esa obra? La Comparsa responde efectivamente a un programa brillantemente trazado por el autor, que es el verdadero esquema de la forma en la obra y, a la vez, uno de sus principales recursos de expresión semántica. Es decir, el factor desencadenante de la estructura en este caso, es el diseño que describen los parámetros dinámico y tímbrico en las coordenadas espacio-tiempo y su correlación con la forma binaria de la danza.»

En 1916 obtuvo una beca para estudiar en Estados Unidos, donde recibió clases magistrales de Ernesto Berumen, e hizo su primera presentación en el Aeolian Hall, y en los teatros Capitol y Rialto. Este fue el inicio de su carrera internacional, de allí regresó a Cuba.

En 1918 fundó, junto al compositor José Mauri Esteve, el Instituto Musical de La Habana. Según José Piñeiro Díaz: «El teatro lírico atrae a Lecuona, y la revista, el sainete y la zarzuela tuvieron en él un inspirado cultivador. Su primera obra, Domingo de piñata, fue estrenada en el teatro Martí en 1919 y marcó un hito en la historia de ese coliseo, al alcanzar cerca de doscientas representaciones; también consagró a Lecuona como un inspirado compositor de fácil vena melódica [...].» De este período datan sus primeras obras con textos de Gustavo Sánchez Galarraga, de quien diría años después, según Guillermo Villarronda: «Gustavo y yo éramos el complemento, la síntesis, el resumen del entusiasmo. Ello nos dio la oportunidad de identificarnos íntimamente. Empezamos componiendo canciones, después emprendimos nuestra labor mejor: la zarzuela.»

En 1922, Lecuona, junto a Gonzalo Roig, César Pérez Sentenat, Joaquín Molina Torre, Virgilio Diago y David Rendón, fundó la Orquesta Sinfónica de La Habana, la cual ofreció su concierto inaugural el 29 de octubre de ese año, en el que Lecuona actuó como pianista solista, con el Concierto núm. 2, en sol menor, op. 32 para piano y orquesta, del compositor francés Camilo Saint-Saëns, bajo la dirección de Gonzalo Roig.

En 1923 Ernesto Lecuona organiza y dirige en los teatros Payret y |Nacional, los Conciertos Típicos Cubanos, en los que se ofrecieron obras de compositores cubanos contemporáneos, y en los que actuaron, entre otros, Caridad Suárez, María Fantoli, María Ruiz,Luisa María Morales, Carmen Burguette, Dora O’Seil, Hortensia Coalla, Nena Planas, Tomasita Núñez, Rita Montaner, Alberto Márquez, Gustavo Carrasco y René Cabell. Ese mismo año realizó una gira por Nueva York y Puerto Rico.

En 1924 lo hace a España, donde se presentó como pianista acompañante de la violinista Martha de la Torre, en el teatro Apolo de Madrid; además estrenó las revistas musicales Radiomanía, La revista del Eslava y Levántate y anda, después, regresó a Cuba. El 29 de septiembre de 1927, Lecuona estrenó en el teatro Regina (más tarde cine Jigüe), Niña Rita o La Habana de 1830, con libreto de Riancho y Castells, con música de Eliseo Grenet y Lecuona, y La tierra de Venus, con libreto de Carlos Primelles. En Niña Rita, hizo su debut Rita Montaner en el personaje del negrito calesero, e interpretó ¡Ay, mamá Inés!, de Grenet, y Canto siboney, de Lecuona. Sobre este período creador de Lecuona, dice Piñeiro Díaz: «...En esta nueva etapa de su carrera de compositor escénico, Lecuona exige condiciones vocales a los cantantes y emplea un tratamiento y desarrollo orquestal más amplios. La partitura deja de ser una mera sucesión de canciones simples, para dar paso a dúos, tríos, concertantes y la inclusión de la masa coral.»

En 1928 Lecuona viaja a París, donde se presentó en las salas Gaveau y Pleyel, con la presencia entre el público de los cubanos Joaquín Nin Castellanos, Alejo Carpentier, y de personalidades del mundo cultural parisiense, como Alfred Cortot, Edgar Varèse, Marius François Gaillard, Maurice Ravel, Joaquín Turina y José Iturbe.

Lecuona realizó otras importantes giras por el extranjero; así, en 1930 viajó a Panamá y Costa Rica; en 1931 va por vez primera a México y Hollywood, Los Ángeles, Estados Unidos, contratado por la Metro Goldwyn Mayer, para musicalizar el filme El manisero, con los músicos de la orquesta Hermanos Palau, y los cantantes Carmen Burguette, Sol Pinelli y Armando Mario. En esta ocasión, Lecuona interpretó en el Hollywood Bowl, Rhapsody in Blue, del compositor norteamericano George Gershwin, quien estuvo presente en este concierto. En 1932 viajó con María Fantoli a España, y en 1934, con su compañía lírica, a México, donde estrenó el 22 de marzo en el teatro Felipe Carrillo Puerto, de Veracruz, Julián el Gallo, con libreto de Sánchez Galarraga.

El musicólogo español Adolfo Salazar, escribió en 1932: «En Ernesto Lecuona, en efecto, se une un intenso amor a la canción criolla, a la música de rico pasado nacional, con un palpitante interés por los ritmos netamente cubanos, o mejor dicho, afrocubanos, según gustan denominarlos los intelectuales del país. Su técnica, enseguida, es una oportuna combinación de lo tradicional (pues no podría tratarse de otro modo lo criollo) con lo más netamente moderno (y no podría tratarse lo afrocubano sin este concepto avanzado), mientras que el resultado final de su arte, lo que Lecuona consigue, es un tipo de obra que participa de lo popular y del arte de concierto en hábil proporción. Una música que no es estrictamente folklorista, pero que se basa en lo popular para confeccionarla en una forma de general alcance, no limitada al estrecho círculo de las modernidades a todo trance, sino que busca un ancho círculo de auditores, es decir, una música que parte de lo popular, busca lo popular y sabe guardarse de caer en lo populachero. No difícil; sin embargo, distinguida. No popularista; sin embargo, fácilmente accesible.»

Lola Cruz, con libreto de Sánchez Galarraga, es estrenada el 13 de septiembre de 1935 en el teatro Auditorium (hoy Teatro Auditorium Amadeo Roldán), en la que debuta en el ámbito teatral Esther Borja, con el tenor cómico Pedrito Hernández. Este mismo año, Lecuona fundó la Orquesta de La Habana, con Virgilio Diago, Catalino Arjona y David Rendón, violinistas; Roberto Ondina, flauta; Modesto Bravo, clarinete, Ignacio Villa (Bola de Nieve) y David Rendón, hijo, pianistas.

En 1936 realiza su primera gira a Argentina, en compañía de Ernestina Lecuona Casado, Esther Borja y Bola de Nieve, visita que repitió en 1937, 1938 y 1940. En 1938 visita Perú y Chile, y ese mismo, año, participa en Argentina, junto a Esther Borja y Bola de Nieve, en el filme Adiós, Buenos Aires.

Sus relaciones con numerosos artistas extranjeros, permitieron a Lecuona traer a Cuba a algunos de los más destacados del momento, Pedro Vargas, José Mojica, Margarita Cueto, Azucena Maizani, Carmen Torres, Charlo y Eugenia Zuffoli.

El 10 de octubre de 1943, Lecuona estrenó en el Carnegie Hall de Nueva York, Rapsodia negra, bajo la dirección de Gonzalo Roig y Carmelina Delfín como pianista; en este programa actuaron, además, Esther Borja, Carolina Segrera, Luisa María Morales, cantantes, y Ernestina Lecuona, pianista acompañante.

Hacia la década del 50, visitó Saint Thomas, Islas Vírgenes, Casablanca, Marruecos, Islas Madeira, Madrid, donde cumplió un contrato durante varios meses.

El 23 de enero de 1959, Lecuona volvió para Cuba, donde ofreció un espectáculo en el Stadium Universitario, con un elenco artístico integrado por María de los Ángeles Santana, Zoraida Beato, Miguel D’Grandy, Gladys Puig, Pedrito Fernández, Mimí Cal, Leopoldo Fernández, Margot Tarraza y Ángel Vilches. En el teatro Auditorium presentó María la O, El batey y La flor del sitio.

El 6 de enero de 1960, Lecuona viajó a Nueva York, y de ahí a España, donde, ya enfermo, se radicó definitivamente.

Obras

Lieder

Piano

Teatro Musical

Bibliografía

Fuente