Saltar a: navegación, buscar

Psicólogo

Revisión a fecha de 08:38 27 feb 2012; Ariagna idict (Discusión | contribuciones)

(dif) ← Revisión anterior | Revisión actual (dif) | Revisión siguiente → (dif)
Psicólogo
Información sobre la plantilla
Imagpsicologo.jpg
Concepto:es aquel profesional especializado en un área determinada de la psicología "actividad mental", y que es la ciencia que estudia los procesos mentales.
Un Psicólogo es aquel profesional especializado en un área determinada de la psicología (psico, del griego ψυχή, "alma" o "actividad mental", y -logía, -λογία, "tratado", "estudio" o "ciencia"), que es la ciencia que estudia los procesos mentales en sus tres dimensiones: cognitiva (pensamiento), afectiva (emociones) y comportamental (conducta).


En España, los títulos de Grado en Psicología especifican las competencias adquiridas. En el caso de Licenciados en Psicología, el suplento europeo para títulos (que recibe cada licenciado para mostrar sus competencias fuera de España) especifica:

Esta titulación capacita para el abordaje científico del comportamiento humano, el análisis de los procesos y relaciones en los grupos sociales y el diseño y realización de actividades de orientación, diagnóstico, prevención e intervención relacionadas con trastornos comportamentales y comportamientos que influyan en la salud” Es necesario matizar que un psicólogo es como tal cuando está en posesión de un título universitario acreditativo, en España procedente de la licenciatura en Psicología o el grado en Psicología, sólo impartidos en universidades. Es por ello que no debe confundirse con otros términos de uso popular que aunque puedan parecer que ejercen competencias similares, son ampliamente distintos. Éstos son: Psiquiatra: Persona licenciada en Medicina cuya especialización ha sido el estudio de la psicopatalogía a través del abordaje médico, son médicos especialistas en psiquiatría. Los psicólogos son licenciados en Psicología, que pueden especializarse en varias ramas como la psicología clínica y de la salud, psicología de la educación o psicología del trabajo y las organizaciones. El psiquiatra utiliza principalmente la farmacología para mejorar los síntomas más incapacitantes de los trastornos psicológicos, aunque en algunos casos también realizan intervención o tratamientos psicoterapeúticos después de una formación posgrado en estos campos. Psicoanalista: Persona similar en funciones al psicólogo clínico, pero cuya especialidad es el psicoanálisis en alguna de sus muchas vertientes. Los psicoanalistas por tanto no practican activamente la psicología, sino el psicoanálisis, de supuestos diferenciados a la psicología predominante hoy en día. Actualmente algunos países ofertan esta titulación en sus universidades como rama dentro de la carrera de psicología; en España no se oferta tal titulación universitaria. Trabajador social: Persona encargada de facilitar una óptima inserción social a otras personas en situaciones de riesgo o potencialmente desfavorecidas. Aunque su aplicación profesional se apoye en los supuestos de la psicología, sobretodo en su vertiente más social, éstos no se limitan a ella, por lo que los trabajadores sociales pueden estar en posesión del título de psicólogo o no estarlo. En ocasiones su labor profesional se ve cubierta con titulaciones parcialmente afines a la Psicología, como pueden ser Antropología o Sociología, o ciclos formativos como Trabajo Social, por lo que su labor terapéutica se limita a la inserción del sujeto a un entorno favorable y emocionalmente positivo para él. Terapeuta: Persona que procura el bienestar mental de otra persona de forma profesional, aún sin estar en posesión del título universitario que le acredita como psicólogo. Muchos son los cursos, ciclos formativos y oferta formativa no oficial en general que pueden conducir a la formación de un terapeuta, pero es necesario no confundirlo con el psicólogo, dado que no poseen la misma formación ni las mismas obligaciones. Un terapeuta no necesita acreditar titulación alguna para autocategorizarse como tal, por lo que tanto académica como profesionalmente no están capacitados para ejercer las competencias de un psicólogo clínico. Orientador: Persona que se ofrece a sí misma como guía para que otra persona pueda alcanzar algún objetivo, lo cual le reportará bienestar. Al igual que en el caso anterior, excepto en el ámbito educativo, no es obligatorio que un orientador posea el título de psicólogo, por lo que sus conocimientos quedan reducidos a lo que él mismo haya considerado oportuno, como cursos o ciclos no oficiales. Parapsicólogo: Persona que estudia los fenómenos paranormales experienciados por otras personas. Los parapsicólogos nada tienen que ver con la psicología, ni lo pretenden, a excepción de que parte de sus estudios se basan en percepciones vividas por seres humanos, por lo que no poseen la titulación universitaria en Psicología. No obstante, la parapsicología, al basarse en el estudio de fenómenos paranormales sin base científica, no puede ser catalogada de ciencia ni puede asociarse a la psicología más de lo que se puede asociar al espiritismo, la telequinesia, la clarividencia o a fenómenos fantásticos similares. Por tanto, aunque sean muchas las personas que intentan trabajar en el ámbito de la psicología clínica con fines lucrativos, es imprescindible hacer una distinción entre los que realmente se encuentran capacitados para ello (los psicólogos clínicos) y los que simplemente les emulan, en ocasiones satisfactoriamente, aún sin poseer los conocimientos indispensables acreditados con la titulación universitaria.

Áreas de especialización

La psicología es una ciencia compleja, con muchas maneras diferentes de observar e interpretar la mente y la conducta humana y de aplicar los conocimientos obtenidos. A medida que se ha ido desarrollando como disciplina científica y profesional, se ha producido también una creciente especialización, tanto en interés por la investigación como en términos de formación. Tras finalizar su formación universitaria fundamental, el psicólogo debe especializarse en una o varias de estas áreas concretas de la psicología aquellas que mejor se adapten a sus intereses y capacidades— para poder desarrollar eficazmente una actividad profesional productiva. Algunas de las ocupaciones profesionales del psicólogo con más tradición y población son las siguientes:

Psicólogo experimental

La psicología experimental es, históricamente, la especialidad más antigua dentro de la psicología desde su nacimiento como ciencia a finales del siglo XIX. La labor primordial del psicólogo experimental comprende el desarrollo de habilidad y metodología para la investigación científica y la ampliación del conocimiento existente sobre los fenómenos psicológicos. Para ello, realizan investigaciones sobre todos los procesos psicológicos, desde los más básicos —como el aprendizaje, la memoria, la sensación, la percepción, la cognición, la motivación y la emoción— a los más complejos. En la actualidad, la mayor parte de estas investigaciones se realizan en las Universidades, aunque también se desarrollan en laboratorios privados.

Es el profesional de la psicología especializado en el campo de la psicopatología (tradicionalmente también conocida como psicología anormal o psicología de la anormalidad), se interesa por el estudio de las irregularidades psíquicas y las conductas anormales, interpretando dichas anormalidades como desviaciones cuantitativas de la conducta normal, abarcando así desde las frecuentes divergencias de menor importancia a las grandes desviaciones de la normalidad que, aunque más excepcionales, suponen un problema de enorme importancia social. La tarea primordial del psicopatólogo consiste en proporcionar cuenta y razón descriptiva sistemática de todas las irregularidades de la conducta, cualquiera que pueda ser su grado de severidad, en clasificarlas y en tratar de explicar cómo aparecieron. Su tarea está, por tanto, más bien orientada hacia la teoría, centrada en la ampliación del conocimiento existente sobre las diversas afecciones mentales. El psicopatólogo puede optar por dos clases posibles de interpretación de dichas anormalidades:

Concepción estructural: Puesto que toda conducta tiene como sustrato un complejo mecanismo fisiológico, en el cual los sistemas nervioso y glandular desempeñan un importante papel, la interpretación neurofisiológica supone que las fallas de operación normal deben poder atribuirse directamente al desarreglo orgánico de estos sistemas. Así, la lesión o enfermedad nerviosa, el subfuncionamiento o sobrefuncionamiento de los mecanismos glandulares, o una combinación de ambos, deben ser la causa fundamental de las desviaciones de la conducta. Concepción funcional: hace hincapié en el papel desempeñado por el condicionamiento y el aprendizaje en la génesis de la personalidad y la conducta. Las desviaciones respecto de la conducta normal pueden ser resultado de un reforzamiento, ya sea accidental o intencional, de las respuestas socialmente desadaptativas. A pesar de estas diferencias interpretacionales, no se debe pensar en el estudio de la anormalidad psicológica como una visión dicotómica de la naturaleza del desequilibrio mental, sino más bien como un continuo que observa estas desviaciones de la normalidad en distintos niveles, siendo esperable que todas las anormalidades estudiadas queden sujetas a descripciones opcionales no conflictivas, algunas de las cuales harán hincapié en la psicogénesis y otras en la neurogénesis.

Psicólogo clínico

Los psicólogos clínicos se interesan fundamentalmente en el diagnóstico, causa y tratamiento de los trastornos psicológicos, que fluctúan de leves a muy graves. Es decir, el psicólogo clínico hace de la personalidad y la conducta mal ajustadas su campo de estudio y, mediante el uso de procedimientos terapéuticos —principalmente las diversas modalidades de psicoterapia—, trata de cambiar su medio de manera que se restablezca su equilibrio psíquico. En esto se diferencia de la especialidad afín de la psicopatología, en su orientación más práctica. Además, la mayor parte de los psicólogos clínicos están formados para llevar a cabo investigaciones, retroalimentando, de esta manera, las teorías psicopatológicas sobre las que se apoyan. Es conveniente aclarar que los psicólogos clínicos no están autorizados para prescribir fármacos; no obstante, en algunos estados de EEUU han adquirido este derecho, sólo después de realizar una formación de posgrado. Los psicólogos clínicos trabajan en hospitales para trastornos mentales, instituciones para discapacitados, clínicas de salud mental, prisiones y en la práctica privada. También son contratados por la Sanidad Pública, pasando necesariamente para ello por una oposición denominada PIR (Psicólogo Interno Residente) y que ofrece un número bastante reducido de plazas.

Asesor psicológico

Estos psicólogos orientadores, al igual que los clínicos, efectúan —e interpretan— pruebas psicológicas, entrevistan y observan a aquellos que vienen a pedirles ayuda y les dan consejos prácticos para resolver el problema que les trajo inicialmente. Trabajan primordialmente con los problemas de adaptación que pueda sufrir la persona "normal". Debido a la naturaleza de esta orientación profesional, la población que acude mayoritariamente al orientador psicológico son jóvenes que sufren problemas de adaptación educativa, vocacional o social , debido a lo cual en todo colegio y universidad existe un servicio de tención y orientación psicológica a disposición del estudiante.

A diferencia de los psicólogos clínicos y los psicopatólogos, estos psicólogos se interesan principalmente por los problemas "normales" de ajuste que la mayoría de nosotros enfrenta en algún momento de su vida, como el estrés ocasionado por el trabajo, las disputas conyugales, los problemas de desarraigo, etc. Normalmente, tanto los psicólogos clínicos como los consejeros reparten su tiempo entre atender a pacientes e investigar sobre las causas de los trastornos y desajustes psicológicos y la efectividad de diferentes tipos de psicoterapia y consejería. Entre las principales salidas profesionales de un psicólogo, podemos encontrar: la clínica (consulta privada u hospital: necesariamente pasando por una oposición denominada PIR (Psicólogo Interno Residente) y que ofrece un número reducido de plazas; en 2009 126 plazas a nivel nacional; la laboral (empresa, generalmente en Recursos Humanos) investigación en el área de Psicobiología y Neurociencias. la educativa (colegios y centros infantiles); neuropsicología (centros de rehabilitación de daños cerebrales) intervención social (por ejemplo en servicios sociales); no obstante también existe la posibilidad de dedicarse al ámbito de la investigación en Universidades o laboratorios privados. Recientemente, aproximadamente unos 25 años, se desarrolló una nueva rama de la psicología: la psicología jurídica. Dicha vertiente incorpora a todos aquellos profesionales que se dedican a conjugar el derecho con la psicología. Comprende el comportamiento legal de las personas. Dentro de la psicología jurídica se encuentran, a su vez: la psicología aplicada al trabajo realizado en los tribunales; la psicología penitenciaria; la psicología de la delincuencia; la psicología judicial (testimonio, jurado); la psicología policial y de las fuerzas armadas; la victimología; la mediación; También podemos encontrar la psicología del deporte, la psicología de la percepción (muy usada en seguridad vial) y la psicología de la atención (utilizada por controladores aéreos, por citar un ejemplo).

La actividad profesional del psicólogo lleva consigo necesariamente implicaciones éticas, estando sometida, por tanto, a exigencias y obligaciones profesionales de carácter deontológico. Estas consideraciones morales son normalmente acordadas y divulgadas por los colegios profesionales de psicólogos. En el preámbulo de la Declaración sobre las Normas Éticas de la Profesión Psicológica, adoptadas por la Asociación Psicológica Estadounidense (APA), se señala que: "El psicólogo cree en la dignidad y en la valía del ser humano individualmente considerado. Queda comprometido a aumentar la comprensión que el hombre tiene de sí mismo y de los demás. Mientras prosigue esta empresa, procura el bienestar psicológico de cualquier persona que puede buscar sus servicios o de cualquier sujeto, humano o animal, que pueda ser objeto de su estudio. No emplea su posición ni sus relaciones profesionales para finalidades que no vayan de acuerdo con estos valores, ni debe permitir que ello suceda cuando sus propios servicios son empleados por otros. Si bien demanda para sí mismo la libertad de investigación y de comunicación, acepta también la responsabilidad que confiere esta libertad: de competencia, cuando la reclama; de objetividad, en el informe de sus hallazgos, y de consideración para los mejores intereses de sus colegas y su sociedad." Algunas de las exigencias éticas más destacadas por los colegios profesionales de psicólogos de España son las siguientes: La intervención del psicólogo, ya sea por petición de asesoramiento de una persona o por parte de una sociedad, implica una confianza plena, y exige como contrapartida el secreto profesional. La intervención del psicólogo nunca ha de pretender obtener información o conocimiento para conseguir beneficios sobre los sujetos a los que presta sus servicios. El código ético del psicólogo exige siempre, como objetivo último, el servicio a la persona, la búsqueda de su salud mental y de su equilibrio psíquico. El psicólogo nunca puede imponer sus objetivos, sino ayudar a descubrirlos al sujeto cliente de su intervención, puesto que todo sujeto es un ser libre. El psicólogo no puede imponer pautas o normas de conducta a los sujetos sobre los que interviene, porque todo sujeto, además de ser libre, es responsable de sus actos. El psicólogo no debe ayudar a los sujetos de su intervención a eludir sus responsabilidades, sino ayudarles a ser conscientes de ellas. En situaciones de conflicto en su ejercicio profesional, como, por ejemplo, atender a los intereses de una empresa para la que trabaja al tiempo que debe preocuparse por los intereses de personas contratadas por dicha empresa y de las que también se encarga, debe atender principalmente al beneficio psicológico de las personas. El psicólogo debe ser consciente de sus propios límites y carencias, tanto de sus limitaciones como persona como de los límites y lagunas de su formación, teniendo obligación moral de estar al día y perfeccionar sus conocimientos. Nunca debe prometer nada que no esté seguro que pueda cumplir y debe advertir sobre sus limitaciones siempre que la sociedad le pida más de lo que efectivamente pueda ofrecer. El psicólogo no debe buscar entrar en conflicto con sus colegas, y en caso de producirse no ha de pretender hacerlo público y notorio, sino acudir al papel conciliador del Colegio Profesional. El psicólogo ha de evitar rebajar o banalizar su profesión con sus actuaciones o con la imagen que de ella ofrece al público, máxime cuando se le solicite en medios públicos para interpretar acontecimientos y comportamientos o para ilustrar determinadas terapias psicológicas. Jamás debe ofrecer una imagen ligera de la profesión psicológica que la confunda con prácticas parapsicológicas de clarividencia, espiritistas y sensacionalistas sin base psicológica científica, actividades que, sin lugar a duda, no son respaldadas por los colegios profesionales de psicólogos.

Intervención del Colegio Profesional de Psicólogos

La autoridad que debe salvaguardar el cumplimiento de esta deontología profesional es el llamado Colegio Profesional de Psicólogos. Esta instintución es la encargada de intervenir en caso de que un profesional viole el código ético al que está atado la actividad psicológica profesional, además de tener ciertas obligaciones para con sus afiliados: Los colegios profesionales de psicólogos deben estar atentos y tomar medidas en el caso de que algún psicólogo sufra desequilibrios personales que afecten a su ejercicio profesional. Deben intervenir, siguiendo las directrices del código deontológico, cuando se produzcan conflictos y escándalos públicos a consecuencia de informes y diagnósticos que interfieran en los derechos e intereses de otras personas, o entren en conflicto con informes emitidos por otros profesionales de la psicología, adoptando los procesos administrativos que consideren adecuados. Deben denunciar las prácticas de banalización y de ambigüedad profesional en el ejercicio de la psicología, así como recordar a sus afiliados la responsabilidad de ofrecer una imagen adecuada de su profesión. Tienen la obligación de recordar a los profesionales de la psicología su responsabilidad de ofrecer ayuda eficaz, para lo cual es necesario mantener al día su formación y evitar el anquilosamiento en el ejercicio de la profesión psicológica, puesto que las técnicas profesionales no son inamovibles. Para ello, deben procurar que sus afiliados reciban una especie de formación continuada, ofreciéndoles una actualización periódica de su formación teórica y práctica.

Fuentes