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Sectarismo

Sectarismo
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El llamado Sectarismo fue una corriente política que se originó dentro de un grupo de antiguos militantes comunistas cubanos del Partido Socialista Popular. Los principales dirigentes de la misma buscaban copar los principales puestos de dirección del Estado y la economía del país, apartando de los mismos a los miembros del Movimiento 26 de Julio y el Directorio Revolucionario 13 de Marzo, a los que identificaban como elementos pequeños burgueses. Los sectarios pretendían que Cuba quedará completamente controlada por la Unión Soviética, ignorando las condiciones objetivas y subjetivas de la Revolución Cubana. Esta situación creó descontento dentro del Directorio y el Movimiento 26 de Julio y amenazó la unidad que se buscaba entre las principales fuerzas revolucionarias que habían combatido contra la dictadura de Fulgencio Batista.

Tras una fuerte crítica al sectarismo los principales promotores del mismo fueron removidos de sus altas responsabilidades y la máxima dirección de la Revolución comenzó por rectificar las concepciones erróneas en la organización del futuro Partido y en su vínculo con las masas populares. Con toda altura y con la unidad dentro de los principios, la corriente sectaria fue superada en un corto tiempo.

Sectarismo

Teniendo en cuenta su experiencia organizativa, la dirección de la Revolución encargó a Aníbal Escalante, dirigente del Partido Socialista Popular dar los primeros pasos para estructurar las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), conformada por las principales organizaciones y movimientos que lucharon contra la dictadura de Fulgencio Batista y consolidar la unidad de todo el pueblo. Sin embargo, las ambiciones y vanidades personales de éste y un pequeño grupo de sus seguidores los llevaron a aplicar métodos de trabajo erróneos que promovieron un avance del sectarismo en numerosos sectores de la vida nacional, entre ellos la prensa, lo que llevó en sí a un aislamiento temporal de las masas populares de la vanguardia revolucionaria.

Entre los principales métodos aplicados por los sectarios se encontraban desconfiar de todo aquel que no tuviese una vieja militancia marxista, sin importar su trayectoria revolucionaria e integración a la Revolución, y no considerarlos aptos para ocupar cargos y responsabilidades.

Se desconocieron e ignoraron las ideas y orientaciones que Fidel Castro, máximo líder de la Revolución, había expuesto sobre quienes debían integrar las ORI y el futuro PURSC, donde cabía todo ser humano honrado y verdaderamente revolucionario, con méritos, que estuviese dispuesto a cumplir las normas y aceptar voluntariamente el programa de la vanguardia revolucionaria.

Proceso contra el Sectarismo

El 13 de marzo de 1962 en el discurso por el quinto aniversario del Asalto al Palacio Presidencial, el Primer Ministro del gobierno revolucionario, Fidel Castro Ruz realizó una fuerte crítica a los elementos sectarios por haber omitido durante la lectura del testamento de José Antonio Echeverría un párrafo en el que invocaba a Dios. En ese discurso, Fidel planteó la necesidad de que la juventud fuese formada de acuerdo a una concepción marxista del mundo, pero sin ocultar ni falsear la verdad histórica y analizando a cada figura en su momento histórico[1].

El proceso contra el sectarismo se inició pocos días después cuando el 26 de marzo el mismo Primer Ministro, Fidel Castro, ante las cámaras y micrófonos de la televisión y la radio, denunció la corriente, que había surgido al darse los pasos iniciales para estructurar las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), integrada por las principales organizaciones y movimientos que lucharon contra la dictadura de Batista.

Tres semanas después de la denuncia hecha por Fidel, el comandante Ernesto Guevara, en una conferencia que dictó ante los miembros del Departamento de Seguridad del Estado, hizo alusión a algunos hechos ocurridos, en esa etapa sectaria, para mostrar los peligros que empezaron a brotar en el seno de la Revolución por caminar por senderos erróneos y de alejamiento de las masas populares. Ante la ausencia de control popular y la supresión de la vigilancia crítica por quienes debían hacerlo, en primer lugar el Partido, medraron las medidas arbitrarias y absurdas, y el oportunismo[2].

Referencias