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	<title>EcuRed - Contribuciones del colaborador [es]</title>
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	<subtitle>Contribuciones del colaborador</subtitle>
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		<id>https://www.ecured.cu/index.php?title=Hotel_Miramar&amp;diff=2201890</id>
		<title>Hotel Miramar</title>
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		<updated>2014-04-08T20:40:11Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Edeysjccmg: Página creada con '''' Hotel Miramar ''' Aunque ya no existe, estaba situado en la esquina de Prado y Malecón y tanto el establecimiento hotelero como su restaurante fueron muy famosos du...'&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;''' Hotel [[Miramar]] '''&lt;br /&gt;
Aunque ya no existe, estaba situado en la esquina de Prado y [[Malecón]] y tanto el establecimiento hotelero como su restaurante fueron muy famosos durante los años iniciales de la República. Su propietaria lo era también del hotel Telégrafo, en Prado y San Miguel, aquella que, en su momento, regaló al general José Miguel Gómez la silla que usaría durante su mandato presidencial; por lo que durante mucho tiempo se dijo que los mandatarios [[Cuba]]nos se sentaban en la silla de doña Pilar.&lt;br /&gt;
Los más añejos recuerdan el caserón oscuro y vacío de este hotel que desafiaba al tiempo en una de las esquinas más codiciadas de la ciudad.  Se descomercializó en una fecha que el cronista no puede precisar, como también se descomercializó El Telégrafo, para desdicha de su propietaria. Los datos que sobre el hotel [[Miramar]] posee el autor de esta página son bien escasos. El poeta nicaragüense [[Rubén Darío]], en 1910, durante su última estancia en La [[Habana]], salió de su restaurante, luego de haber comido con amigos, entre ellos el poeta Mondelo, embajador italiano en [[Cuba]],  para perderse en la noche  hasta recalar en el único sitio que, ya de madrugada, encontró iluminado, un «círculo de hombres de color», dijo el poeta, donde se le declaró «negro honorario».&lt;br /&gt;
Conoce también este cronista que en uno de sus locales radicó la oficina de Sergio Carbó, director de la revista La Semana y uno de los periodistas más populares de la [[Cuba]] de entonces, siempre con más éxitos empresariales que profesionales. Carbó fue,  tras el golpe de Estado del 4 de septiembre de 1933, uno de los cinco miembros de la Comisión Ejecutiva o Pentarquía que se hizo  cargo del poder. Para  entonces andaba en el automóvil blindado que fuera del dictador Machado, mientras que el ya coronel Batista se movía en el del general Alberto Herrera, jefe del Estado Mayor del Ejército hasta el 12 de agosto del año mencionado. Otra información sobre el [[Miramar]] acumula el autor: fue escenario, al dejar de funcionar como hotel, de no pocos topes de boxeo.&lt;br /&gt;
Frente al hotel se ubicaba la célebre glorieta del [[Malecón]]. Desapareció la glorieta en 1926, cuando se inició la construcción de la Avenida del Puerto. Existe la idea de  asentar un nuevo hotel en la esquina de Prado y [[Malecón]]. El proyecto de la obra se encomendó a la oficina de arquitectos del afamado José Antonio Choy, autor, entre otros trabajos, del hotel Santiago.&lt;br /&gt;
==Brenda==&lt;br /&gt;
Era una bailarina uruguaya que se estableció en [[Cuba]] en los años 40 del siglo pasado y que la reapertura del Teatro Martí hizo volver a la actualidad.&lt;br /&gt;
Brenda bailaba desnuda o casi, lo que constituía un atractivo adicional a su bien ganada fama como artista. Protagonizó, en esos años, un espectáculo sonado en el Teatro Nacional. Se titulaba Cocaína, sustancia que pululaba bastante en ciertos sectores de las clases adineradas de entonces, mientras que la mariguana, la llamada «yerba del diablo», corría entre los sectores populares. Hubo protestas. Protestó la Liga de la Decencia, que radicaba en el número 30 de la calle [[Obispo]]; protestaron instituciones religiosas y las clases vivas; protestó la prensa, calificada entonces como el cuarto poder. ¿Por el espectáculo que protagonizaba la uruguaya? No. Motivaba el desacuerdo el título de la obra. Decidieron  cambiárselo sus productores. Y en la cartelera del Teatro Nacional apareció el nuevo título: Sensación. Y bajo esa palabra, entre paréntesis, Antes cocaína, lo que no eliminó, sino que dio realce al motivo de la discordia.&lt;br /&gt;
Brenda trabajó asimismo en el Teatro Martí.  Digamos, como cosa curiosa, que no pocas niñas nacidas entonces, y no solo en [[Cuba]], llevaron su nombre. De su larga etapa de reportero, recuerda el escribidor un recorrido por las montañas del Escambray, en el centro del país, en los años 80. Conoció entonces a una joven estudiante de Agronomía que cursaba la carrera en la Universidad enclavada en la zona. La muchacha se llamaba Brenda, y no solo sabía de la bailarina, pues el recuerdo de la artista se había transmitido en su casa de padres a hijos, sino que debía su nombre a la uruguaya.&lt;br /&gt;
==Seis presidentes==&lt;br /&gt;
Acerca de los políticos que ocuparon la presidencia de la nación entre la defenestración de Ramón Grau San Martín, en enero de 1934, y el inicio del mandato constitucional de [[Fulgencio Batista]], el 10 de octubre de 1940, he escrito bastante en esta misma página. Aun así, para complacer al lector R. M. Martínez, que solicita esa información, diré que fueron seis: Carlos Hevia, Manuel Márquez Sterling, Carlos Mendieta Montefur, José Agripino Barnet Vinageras, Miguel Mariano Gómez Arias y Federico Laredo Bru.&lt;br /&gt;
Era la época en la que el coronel Batista, desde el campamento militar de Columbia, ponía y quitaba presidentes a su antojo. Hevia y Márquez Sterling no le convinieron y estuvieron apenas horas. Colocó y descolocó a Mendieta, que ocupaba la primera magistratura en los días de la huelga de marzo de 1935. Se valió de Barnet para que encabezara los comicios que dieron el triunfo a Miguel Mariano, y presionó al Senado a fin de que juzgara y destituyera a Miguel Mariano a siete meses escasos de su arribo al poder. El vicepresidente Laredo Bru se calzó entonces la presidencia en propiedad.&lt;br /&gt;
Se insiste mucho en que Laredo fue un tipo incoloro e insípido. Unas décimas burlescas que recuerda el escribidor desde su infancia, lo conceptuaba como un aprovechado que, decía el poema en cuestión, «no disparó ni un cartucho —hasta entregarle a Batista». Hay que decir, sin embargo, que la intervención de Laredo, villareño, abogado, coronel de la Guerra de Independencia, fue decisiva en el proceso político que antecedió a la asamblea constituyente de 1940. Encabezó las conversaciones que celebraron representaciones del Gobierno y de la oposición y que tuvieron lugar en la finca de los [[Párraga]], en La [[Habana]]. Arduas y largas negociaciones en la que cada parte trató de imponer sus puntos de vista. Mientras que Batista exigía «elecciones primero y constituyente después», la oposición clamaba precisamente por lo contrario: «constituyente primero; elecciones después», que fue, al cabo, la fórmula triunfadora.&lt;br /&gt;
==La cuna del santo==&lt;br /&gt;
Sobre [[Guanabacoa]], tierra de tradiciones y leyendas, pregunta un lector que firma su mensaje electrónico como Javierdp. Surgió como un sitio donde los colonizadores españoles asentaron indios dispersos. Por breve tiempo fue la capital de [[Cuba]] y muy pronto lugar de descanso de la nobleza habanera, que gustaba de sus verdes colinas y la pureza de sus manantiales. [[Guanabacoa]] quiere decir eso: tierra alta, con mucha agua.&lt;br /&gt;
Para algunos es una voz que se traduce como «localidad situada entre lomas de las que brota un manantial». Otros aseveran que el término proviene de los aborígenes de la Isla y lo interpretan como «lugar alto donde abunda el guano» o «sitio de palmas altas» o «lugar de mucha agua». Esta es la acepción más divulgada y se basa en la prodigalidad de los manantiales de la zona. Pero [[Guanabacoa]] es también, se asevera, tierra de santeros, la tierra del santo.&lt;br /&gt;
Su centro histórico tiene el aire de las viejas ciudades de [[Cuba]], y su arquitectura remeda la de las villas que fundó el Adelantado Diego Velázquez, primer gobernador de la Isla. Se dice que fue fundada el 12 de junio de 1550.&lt;br /&gt;
Antes de 1600 la villa era el espacio comprendido por cuatro manzanas totalmente irregulares que se ubican entre las calles Barreto, Potosí, San Antonio, Máximo Gómez y Cruz Verde, que son atravesadas por la de Corral Falso, y también el área que ocupan las manzanas enmarcadas por las calles Pepe Antonio, Santo Domingo, Amargura y Soledad. Esa villa primitiva creció mucho durante el siglo XVIII, y mucho más a lo largo del siglo XIX.&lt;br /&gt;
Fue la capital de [[Cuba]] por un día, en 1555, cuando el gobernador Gonzalo Pérez de Angulo halló refugio en [[Guanabacoa]] al no poder contener el empuje del corsario francés Jacques de Sores, quien terminó apoderándose de La [[Habana]]. En 1743, Felipe V, de España, le concedió el derecho de lucir el Pendón Real y le otorgó además, avalado con el escudo correspondiente, el título de villa: Villa de la Asunción de [[Guanabacoa]].&lt;br /&gt;
En 1762, José Antonio Gómez y Bullones, alcalde mayor de la ciudad, enfrentó, al mando de 70 hombres mal armados, a los invasores británicos y dirigió exitosamente la primera carga al machete que se registra en la historia de [[Cuba]]. En unas 50 acciones combativas, y siempre machete en ristre,  Pepe Antonio ocasionó más de 300 bajas al enemigo.&lt;br /&gt;
Alejandro de Humboldt, el sabio naturalista alemán, estuvo en [[Guanabacoa]], cuyo clima lleno de bondades y sus aguas puras atrajeron a la nobleza [[Cuba]]na, que escogió la villa para vivir o como lugar de veraneo. De ese lejano ayer llegan hasta hoy la Casa de las Cadenas y la Ermita del Potosí, una de las iglesias más antiguas del país, y los conventos de Santo Domingo y de San Francisco, donde funcionó, a partir de 1857, la primera Escuela Normal para Maestros que existió en [[Cuba]]. También el Liceo de [[Guanabacoa]], construido en 1861, el cual guarda una rica historia: allí José Martí, el 22 de enero de 1879, habló en público por primera vez en [[Cuba]]. En [[Guanabacoa]] nacieron tres grandes de la música [[Cuba]]na: Ernesto Lecuona, Rita Montaner y Bola de Nieve.&lt;br /&gt;
Mucho hay que ver en [[Guanabacoa]]. Iglesias, antiguos conventos, el cementerio viejo, los cementerios judíos, casas coloniales aún en pie o que muestran la poesía de sus ruinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Referencias  ==&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
== Fuentes:  ==&lt;br /&gt;
*[http://mipais.Cuba.cu/cat.php?idcat=41&amp;amp;idpadre=138&amp;amp;nivel=3 Mi país Cuba] &lt;br /&gt;
*[http://www.sancristobal.cult.cu/ San Cristobal] &lt;br /&gt;
*[http://www.Habana]enlinea.cu/mi[[[[Habana]]]]/index.html Mi [[[[Habana]]]]] &lt;br /&gt;
== Enlaces externos  ==&lt;br /&gt;
*[http://www.juventudrebelde.cu/columnas/lectura/2013-10-19/otras-leyendas-[[Cuba]]nas/] &lt;br /&gt;
*[http://mipais.[[Cuba]].cu/cat.php?idcat=41&amp;amp;idpadre=138&amp;amp;nivel=3 La [[[[Habana]]]] en el Portal de [[Cuba]]] &lt;br /&gt;
*[http://www.radiometropolitana.cu/ Radio Metropolitana: Emisora de la  Capital de [[Cuba]]]&lt;br /&gt;
[[Category:Historia de Cuba]] [[Category:Capitales]]&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Edeysjccmg</name></author>
		
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		<id>https://www.ecured.cu/index.php?title=Sangre_en_la_Constituyente&amp;diff=2187926</id>
		<title>Sangre en la Constituyente</title>
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		<updated>2014-03-21T22:27:09Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Edeysjccmg: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;''' Sangre en la Constituyente '''&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Aquel 1ro. de marzo pudo haber sido como cualquier otro día en la vida de Orestes Ferrara y Marino. Cuando salió de la cama a la hora de costumbre nada hacía avizorar el dramático desenlace de la jornada. Tras el desayuno, el ex canciller cubano —ocupó la Secretaría de Estado en el gabinete del dictador Gerardo Machado— hizo y atendió varias llamadas telefónicas y recibió en la sala de armas de su palacete de San Miguel y Ronda, aledaño a la Universidad, que había vuelto a ocupar a su regreso del exilio, a las personas que tenía citadas. Poco antes de la una de la tarde subió a cambiarse. Almorzaría con una importante figura de la llamada Ciencia Cristiana, de paso por La Habana, a la que su esposa había invitado, y una vez concluida la comida, que esperaba no se extendiese demasiado, participaría, al igual que en los días anteriores, en la sesión correspondiente de la Convención Constituyente para la cual había sido electo, pese a su pasado machadista, y que sesionaba en el [[Capitolio]]. Pero Orestes Ferrara y Marino no llegaría esa tarde al Palacio de las Leyes. El auto de alquiler que lo transportaba fue tiroteado desde otro vehículo en marcha y los balazos que impactaron su cuerpo lo pusieron al filo de la muerte.&lt;br /&gt;
Su vida ciertamente pendía de un hilo desde su regreso a Cuba. Había salido de La Habana el mismo día de la caída de Machado, el 12 de agosto de 1933, para vivir, a horcajadas entre Nueva York y París, un exilio «dorado» gracias a sus vínculos —como abogado y como accionista— con grandes capitales norteamericanos, entre estos la International Telephone and Telegraph (ITT) que había contribuido a fundar. El periodista Ramón Vasconcelos, presidente entonces del Partido Liberal, instigado por el embajador estadounidense [[Jefferson Caffery]], gestionó su regreso a Cuba, pero Ferrara se negó a aceptar lo que sería un retorno condicionado por su silencio y la obligación de mantenerse alejado de la vida política.&lt;br /&gt;
Era el único machadista que no había vuelto a la Isla cuando decidió hacerlo pasara lo que pasara, y ya aquí procedió a su forma, renuente a las presiones y, lo que es peor, a los consejos. Rehuyó la sugerencia del presidente Federico Laredo Bru de domiciliarse lejos de la Universidad a fin de evitar incidentes con los estudiantes, como el ocurrido en Infanta y San Lázaro, donde un alumno de Medicina intentó agredirlo a golpes ante la mirada indiferente de un policía. En Santiago de Cuba, Orlando León Lemus, un caballero del gatillo alegre que hizo célebre el seudónimo de El Colora’o, lo esperó en las afueras del club San Carlos, donde Ferrara pronunciaba una conferencia, con intención de pasarle la cuenta, pero la directiva de la institución lo hizo salir por una puerta trasera. El «bonche» campeaba por sus respetos en la colina universitaria e imperaba en la calle la escopeta recortada. Ramiro Valdés Daussá, en la propia casa de Ferrara, ajustició a uno de sus empleados, policía en tiempos de Machado vinculado al asesinato de sus hermanos. Días más tarde asesinaban a un sujeto que salía de la residencia y luego al chofer. Eran avisos. No conseguían sin embargo cerrar la boca a este italiano nacido en [[Nápoles]] en 1876 y que había ganado el grado de coronel en el [[Ejército Libertador]]. En un discurso en [[Camagüey]] atacó al defenestrado mandatario Miguel Mariano Gómez y calificó la actitud del ex presidente Grau San Martín como «la de una elegante peripatética de costumbres ligeras, que se recrea en una atmósfera de malos perfumes». Criticó a los partidos surgidos de la Revolución del 30 y en especial al Auténtico.&lt;br /&gt;
La violenta diatriba motivó que el coronel [[Batista]] declarara a la prensa que dada la actitud de Ferrara resultaría muy difícil al poder público garantizarle la vida. Muchos años después escribía en sus memorias el astuto italiano: «Ya sabía que el poder público no me podía defender. Me defendía con mi vida, sin necesidad de policías ni soldados». Sus alardes de civismo poco valían en un país en el que las ametralladoras se usaban impunemente. En cambio, la declaración del Jefe del Ejército era una invitación al asesinato. Ferrara lo sabía.&lt;br /&gt;
==Me quedo. No me quedo==&lt;br /&gt;
A fin de rehuir atentados más o menos inminentes, hacía Orestes Ferrara viajes breves a Estados Unidos. Iba y volvía, pero en esos trasiegos sus enemigos hubieran podido cazarlo con facilidad.&lt;br /&gt;
===Antes===&lt;br /&gt;
Corre el año de 1939 y se convoca a la convención que elaboraría la Constitución de 1940. El 15 de noviembre se celebran las elecciones para la Asamblea Constituyente. Triunfa la oposición. De 76 actas, 35 corresponden al Gobierno; 41 a sus contrarios. Hombres son 73 y tres mujeres. Por los auténticos están Grau San Martín, [[Eduardo Chibás]], Alicia Hernández de la Barca, Emilio (Millo) Ochoa, Eusebio Mujal y Carlos Prío. Los comunistas se hacen representar por Juan Marinello, Blas Roca, Salvador García Agüero, Romárico Cordero, Esperanza Sánchez Mastrapa y César Vilar, dos nombres, estos dos últimos, malditos después en el comunismo insular. Jorge Mañach, Francisco Ichaso y Joaquín Martínez Sáenz figuran entre los abecedarios. Hay demócratas y republicanos, como Miguel Mariano Gómez, Pelayo Cuervo, Carlos Márquez Sterling, Santiago Rey… Por los liberales están José Manuel Cortina, Rafael Guas Inclán, Alfredo Hornedo, Emilio Núñez Portuondo, Orestes Ferrara…&lt;br /&gt;
Los liberales de [[Las Villas]] insistieron en que aspirara por esa provincia del centro de la Isla. Hubo júbilo por su elección en las filas de esa organización política y Ferrara recibió complacido las congratulaciones de correligionarios y amigos, pero había tomado la determinación de renunciar o, más bien, de no aceptar la representación. Por eso el día de la convocatoria de la asamblea, en lugar de presentar sus credenciales, envió sus dimisiones. La carta de renuncia fue leída en el plenario y se acordó reproducirla en el Diario de Sesiones.&lt;br /&gt;
¿Qué pasaba? Una corriente le soplaba en contra. ¿Debía un machadista connotado figurar entre los redactores de la nueva Ley de Leyes? Paradójicamente, un hombre que combatió frontalmente a Machado se alzó en su defensa. Fue [[Eduardo Chibás]]. Se puso a votación el caso. Setenta y cinco convencionales votaron a su favor. Hubo una abstención. Nadie votó en contra.&lt;br /&gt;
Sangre en [[San Rafael]]&lt;br /&gt;
Vuelve ahora el escribidor a aquel 1ro.  de marzo de 1940. El almuerzo con el representante de la Ciencia Cristiana se prolongaba demasiado. El inicio de la sesión del día estaba marcado para las tres de la tarde, y Ferrara, puntual por hábito, se resistía a llegar fuera de hora. Fue entonces que decidió despedirse de su invitado en lugar de esperar que su invitado se despidiera. Al abandonar el comedor, un sirviente le comunicó que el doctor Cortina había telefoneado con el ruego de que lo esperara para acudir juntos al [[Capitolio]]. Sabiéndolo impuntual, pidió al sirviente que dijera al amigo y colega cuando llegara que no había podido esperarlo. Pidió con urgencia su automóvil, y el chofer le dijo que el vehículo no tenía gasolina. Decidió Ferrara no discutir, al menos en ese momento, lo extraño de la situación y ordenó que llamaran a un taxi. Al subir al automóvil dijo al taxista que tenía prisa. Le indicó que ganara la calzada de Infanta, doblara a la izquierda en [[San Rafael]] y avanzara hasta el [[Capitolio]]. El policía que lo acompaña desde su elección se sentó al lado del chofer. Ferrara ocupó el lado izquierdo del asiento trasero y su secretario se sentó a la derecha.&lt;br /&gt;
Recuerda Ferrara en su libro Una mirada sobre tres siglos: «A por pocos metros de rodar por [[San Rafael]] oí el ruido de un auto que frenaba con violencia para dar una vuelta inesperada, y casi al mismo tiempo descargas repetidas de ametralladoras o escopetas largas. Un auto desfilaba a la izquierda haciéndonos víctimas de sus disparos. Lo primero que vi fue el cráneo abierto del pobre chofer, que bajo el sol me hizo el efecto de un crisol en ebullición. El automóvil asaltante hizo las descargas desde atrás y rodó rápido a nuestro lado izquierdo. Yo me incliné hacia un lado y saqué mi revólver, pero cuando pude haber hecho uso de él, los asaltantes estaban ya muy lejos…».&lt;br /&gt;
El auto, libre de todo control, siguió su marcha [[San Rafael]] abajo hasta que un joven vigoroso que presenciaba la escena subió al vehículo y lo frenó. El policía que desde días antes tenía la encomienda de defender al delegado a la Constituyente se alejó del lugar del suceso en busca de ayuda. Ferrara creía haber salido ileso; solo sentía un «toquecito» en la parte alta de la espalda.&lt;br /&gt;
No aparecía la policía, pero el lugar se fue llenando de vecinos. Algunos automovilistas detuvieron sus vehículos. Alguien se ofreció para conducir al hospital al astuto político. Ferrara se negó. Alegó no estar herido, pero los que lo rodeaban lo convencieron de lo contrario. Empezaba a sentir, en efecto, la espalda mojada. Tenía dos balas alojadas sobre la tercera costilla, tres en el hombro izquierdo, otra en la parte más alta de la espina dorsal y otras más diseminadas aquí y allá, en lugares del cuerpo que parecían peligrosos, pero que la naturaleza, benévola, pudo detener como en situación de espera.&lt;br /&gt;
Lo hicieron subir a un automóvil y tres o cuatro de los jóvenes que presenciaron el hecho se prestaron a acompañarlo hasta el hospital de Emergencias, pero no entraron con el herido a la casa de salud. Ferrara, que no llevaba dinero suelto, dio un peso al chofer por la carrera, pero el hombre se negó a aceptarlo y le deseó buena suerte.&lt;br /&gt;
La noticia corrió como la pólvora. María Luisa, la esposa, se enteró cuando ya lo sabía la familia de Ferrara en [[Nápoles]]. Su cuñada italiana tenía la radio abierta cuando la programación se interrumpió para informar que el doctor Orestes Ferrara había muerto en una calle de La Habana.&lt;br /&gt;
Pronto el hospital se colmó de amigos y correligionarios. Llegaron a la instalación sanitaria casi todos los delegados de la Convención Constituyente. No demoró en hacer acto de presencia el Presidente de la República y el coronel [[Batista]] envió un caluroso mensaje. Lo operarían en el Hospital Militar de [[Marianao]]. La bala que se le alojó en el cuello se la sacarían, años después, en España. Ferrara demoraría dos meses en volver a la Constituyente.&lt;br /&gt;
¿Quién fue?&lt;br /&gt;
Como casi todos los atentados perpetrados en Cuba entre 1933 y 1944, y luego durante los mandatos auténticos de los presidentes Grau y Prío (1944-52) la agresión a Ferrara quedó en el misterio. No se halló al culpable.&lt;br /&gt;
Muchos años después, en Miami, el ex general Manuel Benítez, jefe de la Policía Nacional cubana, dijo a Max Lesnik, director entonces de la revista Réplica —y así lo contó Lesnik a este escribidor—, que el autor del ataque fue Emilio Tro, que andando el tiempo, luego de su regreso de la II Guerra Mundial, en la que combatió como parte del ejército norteamericano, fundaría la Unión Insurreccional Revolucionaria (UIR) y encontraría la muerte en los llamados sucesos de Orfila, en septiembre de 1947.&lt;br /&gt;
Dijo Benítez que el coronel [[Batista]] supo del papel de Tro en el atentado a Ferrara y quiso quitárselo del medio. Mandó a decirle con Benítez, que no se le escondiera porque lo encontraría y le ofreció un pasaje para Estados Unidos, la posibilidad de hacerse un pasaporte y diez mil dólares para gastos. Precisaba Benítez en su conversación con Lesnik un hecho que habla de la honestidad de Tro. Decía Benítez: «Debo decir, en honor a la verdad, que Tro aceptó el pasaje y los papeles para el pasaporte, pero rechazó el dinero… Diez mil dólares que, ¡mira!, me los metí yo en el bolsillo».&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
== Referencias  ==&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
== Fuentes:  ==&lt;br /&gt;
*[http://mipais.[[Cuba]].cu/cat.php?idcat=41&amp;amp;idpadre=138&amp;amp;nivel=3 Mi país [[Cuba]]] &lt;br /&gt;
*[http://www.sancristobal.cult.cu/ San Cristobal] &lt;br /&gt;
*[http://www.[[[[Habana]]]]enlinea.cu/mi[[[[Habana]]]]/index.html Mi [[[[Habana]]]]] &lt;br /&gt;
== Enlaces externos  ==&lt;br /&gt;
*[http://www.juventudrebelde.cu/columnas/lectura/2013-10-19/otras-leyendas-[[Cuba]]nas/] &lt;br /&gt;
*[http://mipais.[[Cuba]].cu/cat.php?idcat=41&amp;amp;idpadre=138&amp;amp;nivel=3 La [[[[Habana]]]] en el Portal de [[Cuba]]] &lt;br /&gt;
*[http://www.radiometropolitana.cu/ Radio Metropolitana: Emisora de la Capital de [[Cuba]]]&lt;br /&gt;
[[Category:Historia de Cuba]] [[Category:Capitales]]&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Edeysjccmg</name></author>
		
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		<summary type="html">&lt;p&gt;Edeysjccmg: Página creada con ' ''' Sangre en la Constituyente ''' Aquel 1ro. de marzo pudo haber sido como cualquier otro día en la vida de Orestes Ferrara y Marino. Cuando salió de la cama a la hora de co...'&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;&lt;br /&gt;
''' Sangre en la Constituyente '''&lt;br /&gt;
Aquel 1ro. de marzo pudo haber sido como cualquier otro día en la vida de Orestes Ferrara y Marino. Cuando salió de la cama a la hora de costumbre nada hacía avizorar el dramático desenlace de la jornada. Tras el desayuno, el ex canciller cubano —ocupó la Secretaría de Estado en el gabinete del dictador Gerardo Machado— hizo y atendió varias llamadas telefónicas y recibió en la sala de armas de su palacete de San Miguel y Ronda, aledaño a la Universidad, que había vuelto a ocupar a su regreso del exilio, a las personas que tenía citadas. Poco antes de la una de la tarde subió a cambiarse. Almorzaría con una importante figura de la llamada Ciencia Cristiana, de paso por La Habana, a la que su esposa había invitado, y una vez concluida la comida, que esperaba no se extendiese demasiado, participaría, al igual que en los días anteriores, en la sesión correspondiente de la Convención Constituyente para la cual había sido electo, pese a su pasado machadista, y que sesionaba en el Capitolio. Pero Orestes Ferrara y Marino no llegaría esa tarde al Palacio de las Leyes. El auto de alquiler que lo transportaba fue tiroteado desde otro vehículo en marcha y los balazos que impactaron su cuerpo lo pusieron al filo de la muerte.&lt;br /&gt;
Su vida ciertamente pendía de un hilo desde su regreso a Cuba. Había salido de La Habana el mismo día de la caída de Machado, el 12 de agosto de 1933, para vivir, a horcajadas entre Nueva York y París, un exilio «dorado» gracias a sus vínculos —como abogado y como accionista— con grandes capitales norteamericanos, entre estos la International Telephone and Telegraph (ITT) que había contribuido a fundar. El periodista Ramón Vasconcelos, presidente entonces del Partido Liberal, instigado por el embajador estadounidense Jefferson Caffery, gestionó su regreso a Cuba, pero Ferrara se negó a aceptar lo que sería un retorno condicionado por su silencio y la obligación de mantenerse alejado de la vida política.&lt;br /&gt;
Era el único machadista que no había vuelto a la Isla cuando decidió hacerlo pasara lo que pasara, y ya aquí procedió a su forma, renuente a las presiones y, lo que es peor, a los consejos. Rehuyó la sugerencia del presidente Federico Laredo Bru de domiciliarse lejos de la Universidad a fin de evitar incidentes con los estudiantes, como el ocurrido en Infanta y San Lázaro, donde un alumno de Medicina intentó agredirlo a golpes ante la mirada indiferente de un policía. En Santiago de Cuba, Orlando León Lemus, un caballero del gatillo alegre que hizo célebre el seudónimo de El Colora’o, lo esperó en las afueras del club San Carlos, donde Ferrara pronunciaba una conferencia, con intención de pasarle la cuenta, pero la directiva de la institución lo hizo salir por una puerta trasera. El «bonche» campeaba por sus respetos en la colina universitaria e imperaba en la calle la escopeta recortada. Ramiro Valdés Daussá, en la propia casa de Ferrara, ajustició a uno de sus empleados, policía en tiempos de Machado vinculado al asesinato de sus hermanos. Días más tarde asesinaban a un sujeto que salía de la residencia y luego al chofer. Eran avisos. No conseguían sin embargo cerrar la boca a este italiano nacido en Nápoles en 1876 y que había ganado el grado de coronel en el Ejército Libertador. En un discurso en Camagüey atacó al defenestrado mandatario Miguel Mariano Gómez y calificó la actitud del ex presidente Grau San Martín como «la de una elegante peripatética de costumbres ligeras, que se recrea en una atmósfera de malos perfumes». Criticó a los partidos surgidos de la Revolución del 30 y en especial al Auténtico.&lt;br /&gt;
La violenta diatriba motivó que el coronel Batista declarara a la prensa que dada la actitud de Ferrara resultaría muy difícil al poder público garantizarle la vida. Muchos años después escribía en sus memorias el astuto italiano: «Ya sabía que el poder público no me podía defender. Me defendía con mi vida, sin necesidad de policías ni soldados». Sus alardes de civismo poco valían en un país en el que las ametralladoras se usaban impunemente. En cambio, la declaración del Jefe del Ejército era una invitación al asesinato. Ferrara lo sabía.&lt;br /&gt;
Me quedo. No me quedo&lt;br /&gt;
A fin de rehuir atentados más o menos inminentes, hacía Orestes Ferrara viajes breves a Estados Unidos. Iba y volvía, pero en esos trasiegos sus enemigos hubieran podido cazarlo con facilidad.&lt;br /&gt;
Corre el año de 1939 y se convoca a la convención que elaboraría la Constitución de 1940. El 15 de noviembre se celebran las elecciones para la Asamblea Constituyente. Triunfa la oposición. De 76 actas, 35 corresponden al Gobierno; 41 a sus contrarios. Hombres son 73 y tres mujeres. Por los auténticos están Grau San Martín, Eduardo Chibás, Alicia Hernández de la Barca, Emilio (Millo) Ochoa, Eusebio Mujal y Carlos Prío. Los comunistas se hacen representar por Juan Marinello, Blas Roca, Salvador García Agüero, Romárico Cordero, Esperanza Sánchez Mastrapa y César Vilar, dos nombres, estos dos últimos, malditos después en el comunismo insular. Jorge Mañach, Francisco Ichaso y Joaquín Martínez Sáenz figuran entre los abecedarios. Hay demócratas y republicanos, como Miguel Mariano Gómez, Pelayo Cuervo, Carlos Márquez Sterling, Santiago Rey… Por los liberales están José Manuel Cortina, Rafael Guas Inclán, Alfredo Hornedo, Emilio Núñez Portuondo, Orestes Ferrara…&lt;br /&gt;
Los liberales de Las Villas insistieron en que aspirara por esa provincia del centro de la Isla. Hubo júbilo por su elección en las filas de esa organización política y Ferrara recibió complacido las congratulaciones de correligionarios y amigos, pero había tomado la determinación de renunciar o, más bien, de no aceptar la representación. Por eso el día de la convocatoria de la asamblea, en lugar de presentar sus credenciales, envió sus dimisiones. La carta de renuncia fue leída en el plenario y se acordó reproducirla en el Diario de Sesiones.&lt;br /&gt;
¿Qué pasaba? Una corriente le soplaba en contra. ¿Debía un machadista connotado figurar entre los redactores de la nueva Ley de Leyes? Paradójicamente, un hombre que combatió frontalmente a Machado se alzó en su defensa. Fue Eduardo Chibás. Se puso a votación el caso. Setenta y cinco convencionales votaron a su favor. Hubo una abstención. Nadie votó en contra.&lt;br /&gt;
Sangre en San Rafael&lt;br /&gt;
Vuelve ahora el escribidor a aquel 1ro.  de marzo de 1940. El almuerzo con el representante de la Ciencia Cristiana se prolongaba demasiado. El inicio de la sesión del día estaba marcado para las tres de la tarde, y Ferrara, puntual por hábito, se resistía a llegar fuera de hora. Fue entonces que decidió despedirse de su invitado en lugar de esperar que su invitado se despidiera. Al abandonar el comedor, un sirviente le comunicó que el doctor Cortina había telefoneado con el ruego de que lo esperara para acudir juntos al Capitolio. Sabiéndolo impuntual, pidió al sirviente que dijera al amigo y colega cuando llegara que no había podido esperarlo. Pidió con urgencia su automóvil, y el chofer le dijo que el vehículo no tenía gasolina. Decidió Ferrara no discutir, al menos en ese momento, lo extraño de la situación y ordenó que llamaran a un taxi. Al subir al automóvil dijo al taxista que tenía prisa. Le indicó que ganara la calzada de Infanta, doblara a la izquierda en San Rafael y avanzara hasta el Capitolio. El policía que lo acompaña desde su elección se sentó al lado del chofer. Ferrara ocupó el lado izquierdo del asiento trasero y su secretario se sentó a la derecha.&lt;br /&gt;
Recuerda Ferrara en su libro Una mirada sobre tres siglos: «A por pocos metros de rodar por San Rafael oí el ruido de un auto que frenaba con violencia para dar una vuelta inesperada, y casi al mismo tiempo descargas repetidas de ametralladoras o escopetas largas. Un auto desfilaba a la izquierda haciéndonos víctimas de sus disparos. Lo primero que vi fue el cráneo abierto del pobre chofer, que bajo el sol me hizo el efecto de un crisol en ebullición. El automóvil asaltante hizo las descargas desde atrás y rodó rápido a nuestro lado izquierdo. Yo me incliné hacia un lado y saqué mi revólver, pero cuando pude haber hecho uso de él, los asaltantes estaban ya muy lejos…».&lt;br /&gt;
El auto, libre de todo control, siguió su marcha San Rafael abajo hasta que un joven vigoroso que presenciaba la escena subió al vehículo y lo frenó. El policía que desde días antes tenía la encomienda de defender al delegado a la Constituyente se alejó del lugar del suceso en busca de ayuda. Ferrara creía haber salido ileso; solo sentía un «toquecito» en la parte alta de la espalda.&lt;br /&gt;
No aparecía la policía, pero el lugar se fue llenando de vecinos. Algunos automovilistas detuvieron sus vehículos. Alguien se ofreció para conducir al hospital al astuto político. Ferrara se negó. Alegó no estar herido, pero los que lo rodeaban lo convencieron de lo contrario. Empezaba a sentir, en efecto, la espalda mojada. Tenía dos balas alojadas sobre la tercera costilla, tres en el hombro izquierdo, otra en la parte más alta de la espina dorsal y otras más diseminadas aquí y allá, en lugares del cuerpo que parecían peligrosos, pero que la naturaleza, benévola, pudo detener como en situación de espera.&lt;br /&gt;
Lo hicieron subir a un automóvil y tres o cuatro de los jóvenes que presenciaron el hecho se prestaron a acompañarlo hasta el hospital de Emergencias, pero no entraron con el herido a la casa de salud. Ferrara, que no llevaba dinero suelto, dio un peso al chofer por la carrera, pero el hombre se negó a aceptarlo y le deseó buena suerte.&lt;br /&gt;
La noticia corrió como la pólvora. María Luisa, la esposa, se enteró cuando ya lo sabía la familia de Ferrara en Nápoles. Su cuñada italiana tenía la radio abierta cuando la programación se interrumpió para informar que el doctor Orestes Ferrara había muerto en una calle de La Habana.&lt;br /&gt;
Pronto el hospital se colmó de amigos y correligionarios. Llegaron a la instalación sanitaria casi todos los delegados de la Convención Constituyente. No demoró en hacer acto de presencia el Presidente de la República y el coronel Batista envió un caluroso mensaje. Lo operarían en el Hospital Militar de Marianao. La bala que se le alojó en el cuello se la sacarían, años después, en España. Ferrara demoraría dos meses en volver a la Constituyente.&lt;br /&gt;
¿Quién fue?&lt;br /&gt;
Como casi todos los atentados perpetrados en Cuba entre 1933 y 1944, y luego durante los mandatos auténticos de los presidentes Grau y Prío (1944-52) la agresión a Ferrara quedó en el misterio. No se halló al culpable.&lt;br /&gt;
Muchos años después, en Miami, el ex general Manuel Benítez, jefe de la Policía Nacional cubana, dijo a Max Lesnik, director entonces de la revista Réplica —y así lo contó Lesnik a este escribidor—, que el autor del ataque fue Emilio Tro, que andando el tiempo, luego de su regreso de la II Guerra Mundial, en la que combatió como parte del ejército norteamericano, fundaría la Unión Insurreccional Revolucionaria (UIR) y encontraría la muerte en los llamados sucesos de Orfila, en septiembre de 1947.&lt;br /&gt;
Dijo Benítez que el coronel Batista supo del papel de Tro en el atentado a Ferrara y quiso quitárselo del medio. Mandó a decirle con Benítez, que no se le escondiera porque lo encontraría y le ofreció un pasaje para Estados Unidos, la posibilidad de hacerse un pasaporte y diez mil dólares para gastos. Precisaba Benítez en su conversación con Lesnik un hecho que habla de la honestidad de Tro. Decía Benítez: «Debo decir, en honor a la verdad, que Tro aceptó el pasaje y los papeles para el pasaporte, pero rechazó el dinero… Diez mil dólares que, ¡mira!, me los metí yo en el bolsillo».&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
== Fuentes:  ==&lt;br /&gt;
*[http://mipais.[[Cuba]].cu/cat.php?idcat=41&amp;amp;idpadre=138&amp;amp;nivel=3 Mi país [[Cuba]]] &lt;br /&gt;
*[http://www.sancristobal.cult.cu/ San Cristobal] &lt;br /&gt;
*[http://www.[[[[Habana]]]]enlinea.cu/mi[[[[Habana]]]]/index.html Mi [[[[Habana]]]]] &lt;br /&gt;
== Enlaces externos  ==&lt;br /&gt;
*[http://www.juventudrebelde.cu/columnas/lectura/2013-10-19/otras-leyendas-[[Cuba]]nas/] &lt;br /&gt;
*[http://mipais.[[Cuba]].cu/cat.php?idcat=41&amp;amp;idpadre=138&amp;amp;nivel=3 La [[[[Habana]]]] en el Portal de [[Cuba]]] &lt;br /&gt;
*[http://www.radiometropolitana.cu/ Radio Metropolitana: Emisora de la Capital de [[Cuba]]]&lt;br /&gt;
[[Category:Historia de Cuba]] [[Category:Capitales]]&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Edeysjccmg</name></author>
		
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		<title>Tres leyendas cubanas del siglo XIX</title>
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		<updated>2014-02-07T20:35:37Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Edeysjccmg: Página creada con ' '''Leyendas Cubanas'''.  En lo que a pescado relleno se refiere, nada supera en Cuba al pargo que don Francisco Marty Torrens obsequió, el 2 de octubre de 1840, a doña Ma...'&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;&lt;br /&gt;
'''Leyendas Cubanas'''. &lt;br /&gt;
En lo que a pescado relleno se refiere, nada supera en [[Cuba]] al pargo que don Francisco Marty Torrens obsequió, el 2 de octubre de 1840, a doña María del Rosario Fernández de Santillán, sevillana, hija de los marqueses de Motilla y esposa del Capitán General de [[Cuba]], don Pedro Téllez Girón, Príncipe de Anglona. La anécdota la cuenta el escritor Álvaro de la Iglesia en sus Tradiciones Cubanas.&lt;br /&gt;
¿Quiénes eran esos personajes? Don Pedro era hijo segundón del Duque de Osuna, y, como tal, la ley de mayorazgo —que reservaba toda la fortuna y la dignidad para los primogénitos— lo condenaba a la miseria, pero tuvo el favor de un rey que lo hizo cadete a los tres años de edad, capitán a los siete y teniente coronel a los nueve, y en su juventud conquistó gloria y dinero. Gobernó la Isla durante 14 meses.&lt;br /&gt;
Don Pancho Marty Torrens llegó a [[Cuba]], como muchos españoles, en alpargatas y con un baúl enorme de ilusiones que logró materializar, pues se convirtió en uno de los hombres de mayor caudal e influencia de su tiempo, con acceso libre y directo al entorno íntimo de los gobernadores generales. Estos cambiaban de cuando en cuando, pero la ascendencia de don Pancho no sufría menoscabo. Y es que fue uno de los más grandes comerciantes de esclavos y una concesión del Gobierno colonial le permitía explotar en su provecho el trabajo de los reclusos de la Cárcel de La [[Habana]].&lt;br /&gt;
Con trabajo de presos, precisamente, edificó el [[Teatro Tacón]], el más importante y concurrido de la capital, y se convirtió en su empresario, lo que le permitió esquilmar a los autores que allí veían representadas sus obras.&lt;br /&gt;
Poseía, entre otros bienes, varias fincas rústicas y extensas, propiedades inmuebles, así como dos astilleros, donde se reparaban buques destinados a la trata negrera. Ahí no acababa la cosa: don Pancho ejercía asimismo el monopolio del pescado en La [[Habana]], privilegio vitalicio, pese a las protestas del Ayuntamiento habanero.&lt;br /&gt;
Muchos se sorprenderán al saber que la hermosa Plaza de la [[Catedral ]]fue, años ha, una ciénaga formada por las aguas que se derramaban de la llamada [[Zanja Real]], en el [[Callejón del Chorro]], el primer acueducto de la capital. Era precisamente detrás de la [[Catedral ]]donde Pancho Marty tenía la sede principal de su negocio de pescado, la llamada pescadería [[El Boquete]], con nevería y locales para el expendio de avíos, y donde, pese a todo su dinero, residía, tal vez por aquello de que «el ojo del amo engorda el caballo» o, en este caso, los peces. [[El Boquete]] abrió sus puertas por indicaciones del capitán general [[Miguel Tacón ]]en 1836 y allí estuvo hasta 1895.&lt;br /&gt;
La víspera del 2 de octubre, día de la fiesta de la Virgen del Rosario, don Pancho preguntó a la [[Princesa de Anglona]]qué quería que le regalase por su santo. La dama no supo qué contestar, pero ante la insistencia del catalán, se decidió. —Pues bien, Marty, mándeme un pargo para el almuerzo— dijo.&lt;br /&gt;
Se comprometió don Pancho y al día siguiente, temprano en la mañana, llegó al palacio de los Capitanes Generales un negro de su dotación que portaba, en una bandeja de plata maciza y cubierto por una servilleta de fino encaje, un ejemplar magnífico de los llamados pargos de San Rafael.&lt;br /&gt;
Lo acompañaba este mensaje: «Doña Rosario: Que los pase muy felices. Ábrale la barriga al pargo».&lt;br /&gt;
El texto de la nota provocó primero la carcajada de los príncipes de Anglona y luego la curiosidad. Examinaron el pargo de un extremo al otro, lo sopesaron. Algo raro había en aquel animal: pesaba mucho, parecía de plomo.&lt;br /&gt;
«Este pargo tiene algo dentro», comentó entre dientes don Pedro y ordenó que lo abrieran.&lt;br /&gt;
¡Y vaya si lo tenía! De su interior cayeron en la bandeja no se sabe ya cuántas onzas de oro, peluconas legítimas, que dejaron con la boca abierta a la encumbrada pareja.&lt;br /&gt;
== El Cristo de la cueva  ==&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Se llamaba don Pedro… Su apellido se perdió en el tiempo, en la bruma de la leyenda. Corría el primer tercio del siglo XIX en la ciudad de Matanzas, y en una casona palaciega de la calle Del Río vivía don Pedro. Tenía 48 años de edad, lo servían muchos esclavos y eran cuantiosos sus bienes. Su hijo de 17 años, Fernando, estudiaba en La [[Habana]].&lt;br /&gt;
Era el sujeto lo que se ha dado en llamar un hombre de cáscara amarga y corazón de oro. Recto, cumplidor de sus deberes, bondadoso, de mano abierta para el pobre y cristiano de misa diaria y comunión semanal. En realidad, había dos don Pedro, el bueno y el irascible. Se dice que lo único que alteraba la placidez de aquella casona era la irascibilidad del amo, escribe Américo Alvarado Sicilia en una de sus Leyendas matanceras.&lt;br /&gt;
Goyo, uno de los esclavos de la casa, se había convertido en la mano derecha de don Pedro. Era un negro cincuentón, también viudo, y padre de una muchacha de 14 años, Isabel; cuerpo de mujer escultural, cara de niña traviesa y ojos donde la alegría ponía a diario su luz cascabelera. Don Pedro la había visto crecer en su casa y la favorecía. Cuando en las mañanas ella entraba a su cuarto para servirle el desayuno, don Pedro trataba siempre de demorarla con cualquier pretexto y conversaba con ella en tono paternal.&lt;br /&gt;
Llegó el verano y regresó el niño Fernando, de vacaciones, y volvió a ser lo que había sido siempre para su padre: el centro de la vida; la vida misma. Y la alegría de Isabel, la esclava mimada, apuntó hacia el niño Fernando. El desayuno diario en la cama… La belleza de la muchacha… Los 17 años de él, los 14 de ella… Las ocasiones propicias… Todo se hizo laberinto de amor y la esclava terminó entregándose al imposible. Un hijo de Fernando quedó en el vientre de Isabel cuando él regresó a sus estudios en La [[Habana]].&lt;br /&gt;
A partir de ahí la alegría de Isabel se convirtió en escondido llanto. Nadie sospechó de su embarazo. Confesó, sí, sentirse enferma, con el vientre lleno de agua. Quiso don Pedro traer al médico, pero la muchacha se las arregló para aplazar la consulta. Cuando llegó la hora, huyó de la casa. Sabía que en la cueva del Indio, en el abra del río [[Yumurí]], encontraría refugio.&lt;br /&gt;
Caía la tarde. La cueva se llenaba de sombras cuando Isabel sentía los dolores de parto. Tuvo miedo. De rodillas, apretada contra una de las paredes de la caverna, ovillada de dolor, pidió ayuda a Dios. Y el pedido fue escuchado. Sobre la cabeza de la muchacha apareció, incrustada en la roca, una cruz negra, y clavado en ella, un Cristo de blancura deslumbrante. Desclavó Cristo sus manos y las extendió sobre Isabel. No temas, dijo. Yo estoy aquí.&lt;br /&gt;
Mientras, en la casa de la calle Del Río, don Pedro, hecho una furia, supo que Isabel se hallaba escondida en la cueva. Él mismo la buscaría y le daría su merecido. Látigo en mano entró en la caverna y, cegado por la ira, avanzó hacia la muchacha que imploraba perdón con voz llorosa. De repente, don Pedro vio la cruz negra incrustada en la piedra y, clavado en ella, el Cristo blanquísimo. El látigo cayó al suelo y don Pedro, arrodillado, sintió esperanza, miedo y amor en su corazón. Esta mujer te ha dado un nieto, dijo Cristo. Obligado quedas a velar por ella y por el niño.&lt;br /&gt;
==  La gaviota de San Juan ==&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Esta es una historia de amor y de odio. De ambición y egoísmo. Transcurre en [[Matanzas ]]y, como toda buena historia, comienza en invierno. En el ya lejano invierno de 1795, cuando la ciudad yumurina contaba apenas con unos 6 000 habitantes. En ese entonces, en una casucha de tabla y guano que se alzaba a orillas del río San Juan, vivía una vieja esclava a la que todos conocían por [[Ma Teresa]]. La acompañaba su nieta. Se llamaba Julia Rosa y tenía una piel de seda y un rostro que, de lindo, daba gusto vérselo. Un rostro subrayado por la perfección de unos ojos verdes que echaban al mundo la alegría de los 17 años de su edad. [[Ma Teresa]] no era una esclava cualquiera. Vivía como una negra libre, fuera de la casa familiar, sin más obligación que la de cuidar de Julia Rosa, y gracias a la pensión que, sin faltar una sola vez, le hacía llegar don Sebastián, opulento vecino de la villa, con residencia en una espléndida mansión de la Calle del Medio. Don Sebastián también tenía los ojos verdes y decían las malas lenguas que Julia Rosa, la nieta de [[Ma Teresa]], era hija suya.&lt;br /&gt;
Las interioridades del asunto las conocía bien doña Rosario, la hermana de Sebastián. No veía con buenos ojos que [[Ma Teresa]] viviera fuera de la casona. La verdad del caso es que doña Rosario sabía muy bien que las visitas frecuentes de su hermano a la casita del río San Juan con la intención de darle vueltas a «la niña», eran la causa de que siguiera vivo el escándalo que sacudió [[Matanzas ]]cuando don Sebastián lloró en público a Julia, muerta luego de haber dado a luz a Julia Rosa, aquella niña de ojos verdes que bien pasaba por blanca. A doña Rosario, por otra parte, le estorbaba la muchacha. Su hijo Felipe heredaría al tío Sebastián, y parte del capital y las propiedades bien podrían corresponder a Julia Rosa. Había que pensar en esas cosas, pues Felipe tenía ya 25 años y era el deseo de doña Rosario verlo casado con Elvirita, la hija de doña María Elvira.&lt;br /&gt;
Cuenta el ya aludido Alvarado Sicilia en otra de sus Leyendas matanceras, que la noticia llegó a la familia por dos vías. La supo doña Rosario en la mañana, al salir de la misa, y la supo don Sebastián por la tarde, mientras tomaba el fresco y veía y se dejaba ver en la plaza de La Vigía. Una noticia sorpresiva, desconcertante: el niño Felipe era visita diaria en la casa de la esclava [[Ma Teresa]] prendado, como estaba, de Julia Rosa, sin saber que era su prima. Si la noticia angustió a doña Rosario, más estragos causó en doña María Elvira, la madre de Elvirita, la novia de Felipe. ¿Qué hacer? María Elvira pensó que Tata Mongo, el esclavo más viejo de su casa, podía tener la solución. En efecto, Tata Mongo aseguró que resolvería el asunto del niño Felipe. Él tenía poderes secretos que le confirieron en su tribu cuando lo hicieron jefe de brujos, y que le permitían hablar con los dioses que seguían oyendo sus pedidos e invocaciones. Doña Rosario no lo pensó mucho y ordenó al viejo Tata Mongo que se esmerara en su trabajo.&lt;br /&gt;
Tata Mongo llegó a la casita del río San Juan ya cuando anochecía. [[Ma Teresa]] había salido y Julia Rosa estaba sola. Llevaba para ella un dulce de coco. Mientras la muchacha lo degustaba, Tata Mongo no dejaba de hablar. Hablaba sobre cómo en África los brujos convertían a las mujeres en pájaros. Él también podía hacerlo. Si te convierto en pájaro, dijo, no morirás jamás. Julia Rosa seguía sus palabras entre interesada e inquieta. Rió mucho, pero enseguida sintió miedo.&lt;br /&gt;
Don Sebastián andaba como enloquecido. [[Ma Teresa]] lloraba a toda hora. Felipe, desesperado, no sabía ya dónde buscar a Julia Rosa. Doña Rosario comenzó a sentir la mordedura de un remordimiento atroz. Julia Rosa había desaparecido…&lt;br /&gt;
Pasó el tiempo. Una noche [[Ma Teresa]] dijo saber lo que había pasado con su nieta. Un hechicero la había convertido en gaviota. Nadie la tomó en serio, pero días después, Felipe vio una gaviota que lo miró de un modo raro. Tenía los ojos verdes. Meses después Felipe moría loco, enamorado de una gaviota.&lt;br /&gt;
La gaviota de ojos verdes del río San Juan vuela muchas noches sobre la ciudad de Matanzas. No ha muerto. No puede morir.&lt;br /&gt;
== Referencias  ==&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
== Fuentes:  ==&lt;br /&gt;
*[http://mipais.[[Cuba]].cu/cat.php?idcat=41&amp;amp;idpadre=138&amp;amp;nivel=3 Mi país [[Cuba]]] &lt;br /&gt;
*[http://www.sancristobal.cult.cu/ San Cristobal] &lt;br /&gt;
*[http://www.[[Habana]]enlinea.cu/mi[[Habana]]/index.html Mi [[Habana]]] &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
== Enlaces externos  ==&lt;br /&gt;
*[http://www.juventudrebelde.cu/columnas/lectura/2013-10-19/otras-leyendas-[[Cuba]]nas/] &lt;br /&gt;
*[http://mipais.[[Cuba]].cu/cat.php?idcat=41&amp;amp;idpadre=138&amp;amp;nivel=3 La [[Habana]] en el Portal de [[Cuba]]] &lt;br /&gt;
*[http://www.radiometropolitana.cu/ Radio Metropolitana: Emisora de la  Capital de [[Cuba]]]&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
== Véase También ==&lt;br /&gt;
*[[Alejandro García Villalón]]&lt;br /&gt;
*[[Alejandro Darío Noda]]&lt;br /&gt;
*[[Alex Álvarez de Guisa]]&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
[[Category:Historia de Cuba]] [[Category:Capitales]]&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Edeysjccmg</name></author>
		
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		<id>https://www.ecured.cu/index.php?title=El_cieguito_de_Madrid&amp;diff=2159085</id>
		<title>El cieguito de Madrid</title>
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		<updated>2014-02-07T20:19:38Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Edeysjccmg: Página creada con ''''El cieguito de Madrid'''.  Anécdota es sinónimo de narración, historieta, chascarrillo, eco. Viene del griego anekdotos, que quiere decir inédito, y es la relación b...'&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''El cieguito de [[Madrid]]'''. &lt;br /&gt;
Anécdota es sinónimo de narración, historieta, chascarrillo, eco. Viene del griego anekdotos, que quiere decir inédito, y es la relación breve de un rasgo o suceso curioso y particular. Las hay que revelan, como otras pocas cosas, el carácter de su protagonista, y muchas que ponen de manifiesto una enseñanza. Otras hacen reír. A esta categoría pertenecen las que se insertan abajo. No encontré manera mejor de aligerar la página en medio de las fiestas por el fin de año.&lt;br /&gt;
==La línea de [[Claret]]==&lt;br /&gt;
Juan Emilio [[Friguls]] empezó muy joven el periodismo y se mantuvo vinculado a los medios durante muchos años, hasta el final de su vida.&lt;br /&gt;
En una ocasión me contó que cuando, siendo aún estudiante, fue aceptado para escribir la crónica católica en el periódico Información, su director y propietario, el doctor Santiago [[Claret]], le hizo sugerencias y recomendaciones. Entre ellas, que jamás elogiara ni resaltara el quehacer de ningún periodista que no perteneciera a la redacción de Información. Andando el tiempo, Sergio Carbó, director y propietario de Prensa Libre, ganó el premio Justo de Lara, el galardón más relevante en el periodismo cubano de la época, con un artículo sobre la Nochebuena cristiana, y [[Friguls]] se sintió obligado a reseñar el hecho en su columna.&lt;br /&gt;
Información era un periódico de 60 o 70 páginas, y [[Claret]] se lo leía de punta a cabo antes de que saliera para la imprenta. Leía no solo las noticias y los artículos de fondo, sino también los anuncios, los clasificados y las notas necrológicas. Redactores y dibujantes no podían abandonar la redacción hasta que no hubieran recibido la aprobación de [[Claret]] por su trabajo. El día en cuestión, [[Friguls]] esperaba el OK del director cuando fue llamado a la dirección. [[Claret]] estaba hecho una furia.&lt;br /&gt;
—¿Me puede explicar el porqué de este artículo? ¿Cómo es posible que usted se atreva a elogiar en mi periódico al director de un órgano de la competencia? —preguntó y, sin dar a [[Friguls]] tiempo para responder, inquirió si conocía el cuento del cieguito de [[Madrid]]. Ante la respuesta negativa del joven columnista, contó entonces que en los días de la invasión napoleónica a España, todas las mañanas, en la Puerta del Sol, un ciego anunciaba las victorias del ejército español sobre el enemigo.&lt;br /&gt;
Decía: «Hoy que nuestro ejército derrotó al abominable ejército francés, una limosnita por el amor de Dios». Y así un día tras otro el invidente pedía su limosna luego de proclamar la victoria española sobre los invasores. Pero en una ocasión, alguien que le escuchaba a diario pregonar aquellos triunfos detuvo su camino para preguntarle si el ejército francés no ganaba ninguna batalla.&lt;br /&gt;
—Sí, respondió el ciego. Las gana, pero esas victorias las anuncia el cieguito de [[París]].&lt;br /&gt;
Al fin accedió el director de Información a publicar el trabajo de [[Friguls]] sobre Carbó. [[Claret]] tenía ideas muy particulares de lo que era el periodismo. En su diario elogiaba sin reservas al gobierno de turno hasta que cesaba en el poder. Cuando eso sucedía, comenzaba a elogiar, con el mismo ímpetu, al gobierno siguiente. Decía que Información tenía una línea, una sola línea, y era una línea gubernamental, pero que Información no tenía la culpa de que cambiaran los gobiernos.&lt;br /&gt;
==Apetito de Lezama Lima==&lt;br /&gt;
Recordaba Nicolás Guillén que en cierta ocasión un evento auspiciado por la [[Uneac]] fue clausurado con un almuerzo en la propia casa de los creadores cubanos, en 17 esquina a H, en el Vedado. El poeta José Lezama Lima había terminado ya de comer cuando advirtió que en la bandeja quedaba un bistec y eso bastó para tentar su apetito insaciable. Dijo el autor de Paradiso a alguien cercano a él: «¿Sería usted tan amable de traspasar a mis predios ese pobre bistec que se ha quedado huérfano y que yo puedo ayudar con mis mandíbulas?».&lt;br /&gt;
==El brigadier Estrada Palma==&lt;br /&gt;
Se lanza la candidatura presidencial de Tomás Estrada Palma y contiende también por la presidencia de la República el Mayor General Bartolomé Masó. Una batalla entre «solitarios». El «solitario» de Central Valley —don Tomás— contra el «solitario» de La Jagüita —Masó—. Los directores de campañas políticas, confiados de la eficacia electoral de las virtudes, presentaban a sus candidatos como símbolos de pureza, honradez, patriotismo… Les llamaban «solitarios». Querían sintetizar así el recogimiento en que vivían, lejos del mundo, apartados de la pugna egoísta, limpios de ambición, pobres y humildes, y como olvidados de su grandeza y del papel ilustre que desempeñaban en la historia. Todavía en los años 30 del siglo pasado, el Coronel Carlos Mendieta era el «solitario» de [[Cunagua]].&lt;br /&gt;
El Mayor General Máximo Gómez recorrió el territorio de Las Villas en apoyo a la candidatura del «solitario» de Central Valley —título este que tomaba de la localidad cercana a Nueva York donde el candidato residía y tenía su escuela. Cuenta el gran periodista cubano Manuel Márquez Sterling, quien como una especie de jefe de prensa acompañó al Generalísimo en ese viaje, que cada vez que hacían un alto en el camino, la gente, en oleadas, se precipitaba hacia el tren y daba vivas al héroe de La Sacra y Palo Seco. Precisa Márquez Sterling en un artículo publicado el 10 de septiembre de 1916, en el periódico habanero La Nación, que ante esa muestra de cariño y respeto, Gómez salía a la plataforma del vagón donde viajaba, levantaba la cabeza en gesto de caudillo invicto y hablaba a la multitud con lenguaje paternal, sin adornos retóricos ni entonación tribunicia. Decía: «Cubanos, yo nunca los he engañado; tengo por eso autoridad para aconsejarles que voten por Tomás Estrada Palma para presidente…». La multitud alborotaba. Vivas, abrazos, empujones, discursos a medias. «Oigan, cubanos, añadía el General, y voten también por el doctor Luis Estévez para la vicepresidencia».&lt;br /&gt;
Ya rumbo a [[Sagua]] la Grande, al nombrar a Estrada Palma, Gómez le dio grados de brigadier y no mencionó a Luis Estévez. Prosiguió el tren su marcha y el periodista se le acercó para interrogarle acerca de la jerarquía militar de don Tomás. ¿Por qué darle trato de brigadier a un hombre que ni siquiera era sargento?&lt;br /&gt;
—¡Muchacho!, —exclamó Gómez y clavó en su interlocutor sus ojos fulgurantes—. ¿Tú no conoces a los cubanos? A cada uno es preciso decirle las cosas como mejor las entienda. En este lugar, que yo me sé de memoria, ser brigadier es lo más grande que se puede ser. Aquí brigadier significa ostentar el mando supremo. Aquí yo no soy mayor general, soy brigadier. Brigadier no solo representa poder, sino patriotismo y virtud, porque brigadier nombran únicamente en esta comarca al más valiente, al más sabio, al más bueno.&lt;br /&gt;
Hizo Gómez un alto. Se volvió hacia los que conformaban su comitiva. «Estos muchachos solo conocen La Habana» —dijo— y, como para endulzar la censura, añadió con los ojos puestos de nuevo en Márquez Sterling: «Y eso que tú eres de los más enterados. Al menos conoces [[Camagüey]], aunque no tanto como yo».&lt;br /&gt;
==Momento embarazoso de [[Prío]]==&lt;br /&gt;
Un día, ya en Miami, el periodista Max Lesnik preguntó a Carlos [[Prío]] Socarrás cuál era el momento más embarazoso de su vida. El ex mandatario no lo pensó mucho. Refirió que en 1948, durante su visita a México como presidente electo, debió encontrarse con Miguel Alemán Valdés, presidente de ese país. Tras la charla, quiso el anfitrión mostrar al visitante algunos de los lugares más atractivos de la ciudad capital. Alemán, [[Prío]] y su esposa, Mary Tarrero, harían el recorrido en un automóvil descapotable que pese a las motocicletas de la Policía, que le abrían paso con sus sirenas, avanzaba con dificultad en medio del tumulto citadino, deteniéndose en cuanta luz roja encontraba a su paso.&lt;br /&gt;
Aprovechando la parada ante un semáforo, un mexicano de a pie se acercó al vehículo presidencial. Dijo al Presidente: «Óigame, don Miguel, suelte a esa fea que tiene por mujer y búsquese otra tan linda como doña Mary».&lt;br /&gt;
Alemán Valdés, recordaba [[Prío]], quedó sin palabras, apenado, con los ojos clavados en un punto lejano. El cubano tampoco hallaba nada que decir, ni a mirar a su anfitrión se atrevía. [[Prío]] estaba más apenado que Alemán.&lt;br /&gt;
==Márquez Sterling y el digestivo [[Mojarrieta]]==&lt;br /&gt;
La buena amistad que existía entre Manuel Márquez Sterling y Gustavo Robreño estuvo a punto de romperse a causa de una broma.&lt;br /&gt;
Corrían los años iniciales del siglo XX y don Manuel daba a conocer un libro cuya contraportada mostraba una franja roja en diagonal en la que se leía, en grandes letras blancas: «Tome el digestivo [[Mojarrieta]]», de seguro porque la empresa productora de ese fármaco había contribuido al pago de la publicación de la obra.&lt;br /&gt;
Márquez Sterling envió ejemplares de su nuevo título a la redacción de todos los periódicos habaneros, en busca del consabido comentario, y lo remitió también a La Política Cómica, que dirigía Ricardo de la Torriente, el célebre caricaturista de Liborio; un semanario que contaba solo con dos redactores: Pedro González Muñoz y Gustavo Robreño.&lt;br /&gt;
Torriente, fiel a los deberes del compañerismo, encargó a González Muñoz una nota sobre el libro, y González Muñoz, que presumía de ser copropietario del periódico, lo que no le constaba a nadie, pasó el encargo a Robreño, que se resistió a cumplirlo porque hacerlo equivalía a meterle el diente a una obra de más de 400 páginas cuando el tiempo apremiaba y hacía falta para otras cosas menos serias y más en consonancia con la línea editorial de La Política Cómica.&lt;br /&gt;
Insistió Torriente en su determinación de que se diera a conocer el comentario, aunque convino al fin en que un juicio crítico, y más de una obra como esa, no encajaba en el perfil de su publicación. Aun así, quiso que se publicara el acuse de recibo y confió a Robreño, como lo había hecho González Muñoz, la tarea de redactarlo.&lt;br /&gt;
Robreño, puesto en tres y dos, decidió asumir su trabajo sin pensarlo mucho. Mojó la pluma en el tintero y escribió: «Hemos recibido la última obra del ilustre escritor Manuel Márquez Sterling, cuya lectura aplazamos por falta de tiempo…». Levantó la pluma del papel, vaciló un instante y añadió una mentira piadosa: «… pero de la que nos ocuparemos más adelante».&lt;br /&gt;
Releyó Robreño lo escrito y le pareció demasiado frío e impersonal. Volvió a mojar la pluma, la pasó lentamente por los bordes del tintero a fin de escurrirla de tinta, echó otra mirada al volumen y añadió: «Una pregunta. El digestivo [[Mojarrieta]] que se anuncia en la contraportada, ¿hay que tomarlo antes o después de leer el libro?».&lt;br /&gt;
Años después Gustavo Robreño confesaría que esa broma digestiva indigestó a don Manuel, que la atribuyó a falta de compañerismo y llegó a enfurruñarse con él durante más de un año. Pero —manos dadas y pelillos a la mar— el disgusto pasó y un buen día, al encontrarse de manera casual en la calle, don Manuel tuvo el buen gusto de no recordar el incidente y reanudaron la amistad. Cuando Márquez Sterling fundó en 1913 su periódico Heraldo de Cuba, solicitó la colaboración de Gustavo Robreño, que dio a conocer en sus páginas la columna humorística Aquelarres del sábado.&lt;br /&gt;
== Referencias  ==&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
== Fuentes:  ==&lt;br /&gt;
*[http://mipais.[[Cuba]].cu/cat.php?idcat=41&amp;amp;idpadre=138&amp;amp;nivel=3 Mi país [[Cuba]]] &lt;br /&gt;
*[http://www.sancristobal.cult.cu/ San Cristobal] &lt;br /&gt;
*[http://www.[[Habana]]enlinea.cu/mi[[Habana]]/index.html Mi [[Habana]]] &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
== Enlaces externos  ==&lt;br /&gt;
*[http://www.juventudrebelde.cu/columnas/lectura/2013-10-19/otras-leyendas-[[Cuba]]nas/] &lt;br /&gt;
*[http://mipais.[[Cuba]].cu/cat.php?idcat=41&amp;amp;idpadre=138&amp;amp;nivel=3 La [[Habana]] en el Portal de [[Cuba]]] &lt;br /&gt;
*[http://www.radiometropolitana.cu/ Radio Metropolitana: Emisora de la  Capital de [[Cuba]]]&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
[[Category:Historia de Cuba]] [[Category:Capitales]]&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Edeysjccmg</name></author>
		
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		<title>Monarcas en La Habana</title>
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		<updated>2011-06-02T17:58:15Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Edeysjccmg: Página creada con ''''Monarcas en La Habana ''' == A modo de introducción == Dos monarcas británicos visitaron La  Habana en diferentes épocas. El primero de ellos, el entonces joven pr...'&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''Monarcas en [[La Habana]] '''&lt;br /&gt;
== A modo de introducción ==&lt;br /&gt;
Dos monarcas británicos visitaron [[La  Habana]] en diferentes épocas. El primero de ellos, el entonces joven príncipe [[Guillermo de Lancaster]], cuando vino, no soñaba siquiera con que un día terminaría ciñéndose la corona de su país. El otro, el [[Duque de Windsor]], después de llevarla durante varios meses, había ya renunciado a ella y era protagonista de lo que muchos han considerado la más grande historia de amor de todos los tiempos. Por el amor de una mujer Eduardo VIII renunciaba al reinado más poderoso del mundo; rey y emperador de la cuarta parte de la superficie de la Tierra.&lt;br /&gt;
=== Primeras viviendas ===&lt;br /&gt;
Eduardo tenía 15 años cuando recibió el título de [[Príncipe de Gales]]. Era ya Duque de Cornualles, Duque de York y Duque de Rothesay y se le daba tratamiento de Alteza Real. Se enroló en el ejército durante la I Guerra Mundial, aunque se dice que no tomó parte en ninguna acción comprometedora. De cualquier manera, sus fotos como piloto de combate le granjearon una popularidad enorme. Cuando su padre, el rey Jorge V, falleció en enero de 1936, el Príncipe ascendió al trono con el nombre de Eduardo VIII. Era el segundo monarca de la Casa de Windsor, que así había empezado a llamarse en 1917 la vieja Casa de Sajonia-Coburgo-Gotha.&lt;br /&gt;
=== Muy Importante ===&lt;br /&gt;
Es entonces que se hace pública la intención de Eduardo de contraer matrimonio con [[Wallis Simpson]]. A la realeza británica le pareció inaceptable aquella plebeya norteamericana como reina consorte. Para remate era católica y por añadidura divorciada por partida doble. Tampoco pareció conveniente al Gobierno de Londres ni a la  Iglesia Anglicana. Y el pobre Eduardo puesto a escoger entre Wallis y el trono, decidió quedarse con la mujer que amaba y en diciembre de 1936, apenas diez meses después de que el Arzobispo de Canterbury le colocara la corona en la Abadía de Westminster, durante la más impresionante y espectacular ceremonia que heredó el mundo moderno de los siglos pasados, renunciaba a sus poderes y privilegios como rey de Gran Bretaña, Irlanda, Canadá, Austria, Nueva Zelanda y la Unión Africana del Sur y sus posesiones y territorios, y emperador de la India.&lt;br /&gt;
Aunque algunos autores aseguran que la renuncia tuvo un trasfondo político, Eduardo VIII pasó a la historia como el hombre que dio el trono por el amor de una mujer. Dijo a sus súbditos:&lt;br /&gt;
«Todos vosotros conocéis las razones que me han inducido a renunciar al trono. Quisiera haceros comprender que, al tomar esta decisión, no olvido en absoluto al país y al Imperio, a los cuales, primero como [[Príncipe de Gales]] y más tarde como Rey, he dedicado 25 años de servicio. Pero podéis creerme si os digo que me ha resultado imposible soportar la pesada carga de la responsabilidad y desempeñar mis funciones como Rey, en la forma en que desearía hacerlo, sin la ayuda y el apoyo de la mujer que amo».&lt;br /&gt;
Abdicó Eduardo a favor de su hermano, que ascendió al trono como Jorge VI —es el padre de la actual reina Isabel— y salió al extranjero. En Francia contrajo matrimonio con la  Simpson. Treinta y ocho personas, entre ellas cinco periodistas, asistieron a la ceremonia nupcial que tuvo lugar en el salón de música del viejo castillo de Cande, en la localidad de Monts. Ningún miembro de la familia real asistió al enlace y por parte de la novia solo lo hizo una vieja tía, su acompañante y confidente en los días de prueba que siguieron a su divorcio, en Londres. Se dice que el ya [[Duque de Windsor]] estaba muy nervioso, carraspeaba de continuo y ni siquiera pudo controlar sus emociones cuando, finalizada la boda, los presentes pasaron al salón donde se les sirvió un espléndido breakfast.&lt;br /&gt;
Momentos antes, cuando [[Robert A. Jardine]], vicario de la capilla de St. Paul, en [[Darlington]], le preguntó si deseaba contraer matrimonio con Wallis, Eduardo respondió con un sí tan fuerte y rotundo que asustó a no pocos de los convidados. Vestía un traje negro de mañana, con pantalón a rayas, cuello de pajarita y corbata negra con cuadros blancos, y llevaba un clavel en el ojal. La novia vestía un traje azul, el color preferido del exrey, y líneas sencillas. Lucía en el cuello un broche de diamantes y zafiros, y brazalete y colgantes en combinación. Daba muestras Wallis de su vigorosa personalidad y de su actitud maternal hacia Eduardo, que pese a sus 42 años de edad parecía depender de ella más que nunca.&lt;br /&gt;
Con la boda, [[Wallis Simpson]] obtenía de manera oficial el rango de Duquesa de Windsor, distinción que la iglesia anglicana y el Gobierno londinense trataron de impedirle. La iglesia había prohibido incluso que alguno de sus miembros casara al exmonarca. El vicario Jardine pasó por alto la disposición por estimarla una medida persecutoria contra Eduardo. Carlos Tercien, alcalde de Monts, casó a los novios por la parte civil, y al final les entregó el regalo que por lo menos entonces hacía a todos los recién desposados el Gobierno francés, un folleto sobre la mejor crianza de los niños. El matrimonio siguió rumbo a Austria a fin de pasar la luna de miel en el castillo de Wasserleonburg. Eduardo y Wallis no tendrían hijos. En varias ocasiones estuvieron en [[La Habana]].&lt;br /&gt;
== Bailes y convites ==&lt;br /&gt;
En abril de 1783 la escuadra inglesa mandada por el almirante [[Samuel Hood]], destacada en Jamaica, recibió órdenes de dirigirse a Inglaterra. El príncipe Guillermo, hijo del entonces rey británico Jorge III, servía como guardiamarina en la nave almirante, el navío Barflour.&lt;br /&gt;
Asegura [[Gustavo Placer Cervera]], miembro de la [[Academia de la Historia de Cuba]], que la escuadra se puso en movimiento en los primeros días de mayo y, como era usual en aquellos tiempos de navegación a vela, puso rumbo al [[cabo de San Antonio]], en la porción occidental de la Isla, a fin de bordearlo y pasar por el [[Estrecho de la Florida]] con la ayuda de la [[Corriente del Golfo]]. Esa ruta llevó a las embarcaciones mandadas por el almirante Hood a pasar frente a [[La Habana]].&lt;br /&gt;
Al observar desde el mar la capital de la [[Gran Antilla]], añade Placer Cervera, el príncipe Guillermo manifestó a Hood su deseo de conocer nuestra ciudad, sobre la que tanto había oído hablar. [[La Habana]], unas dos décadas antes, había caído en manos de los británicos, que la mantuvieron ocupada durante 11 meses. El Almirante accedió a la solicitud del hijo del monarca y el Príncipe, en compañía de un selecto grupo de oficiales, entre ellos Horatio Nelson, después almirante y Héroe Nacional británico, enfiló en la [[fragata Fortune]] hacia la boca de la bahía habanera. Mientras, Hood permanecía con el resto de la escuadra a prudente distancia del litoral.&lt;br /&gt;
Precisa el historiador Placer Cervera que la inusitada visita sorprendió a las autoridades españolas de [[La  Habana]], quienes colmaron a los recién llegados de honores y agasajos. El gobernador, Luis Urzaga, los hospedó con toda la suntuosidad que le fue posible y durante los tres días que permanecieron en la ciudad se organizaron otros tantos bailes y convites.&lt;br /&gt;
Se cuenta que el visitante, que en su juventud dio más de un dolor de cabeza a la Corona, conquistó a la hija de una de las principales autoridades coloniales. La sociedad se escandalizó y hubo quien quiso lavar la deshonra con sangre. El incidente no llegó a mayores.&lt;br /&gt;
Guillermo y sus acompañantes se divertían, y Hood se impacientaba a bordo de la nave almiranta. Consideró que el joven se demoraba demasiado en [[La Habana]] y le envió a un mensaje en el que le advertía que si no reembarcaba de inmediato, proseguiría viaje dejándolo en tierra por muy príncipe e hijo de monarca que fuera. Afirma Placer Cervera que Guillermo, que conocía la severidad del Almirante, regresó a bordo sin chistar y la escuadra continuó la travesía.&lt;br /&gt;
[[Guillermo de Lancaster]] se mantuvo en la carrera naval. En 1789 pasó a ser Duque de Clarence y en 1830, al fallecer su hermano, el rey [[Jorge IV]], ocupó el trono con el nombre de [[Guillermo IV]], hasta su muerte, en 1837.&lt;br /&gt;
== Imán para la realeza ==&lt;br /&gt;
Los duques de Windsor estuvieron más de una vez en [[La Habana]] y, dicen Luis Báez y Pedro de la Hoz en su libro Revelaciones de una leyenda, que se alojaron siempre en el [[Hotel Nacional]], un establecimiento que, al decir del narrador Lisandro Otero, «tiene imán para la realeza» porque «le hace olvidar su decadencia». Precisan Báez y De la  Hoz que estuvieron aquí por primera vez cuando, en los días de la [[II Guerra Mundial]], Eduardo fue nombrado Gobernador General de las Bahamas.&lt;br /&gt;
Volverían en 1948. En ese año también estuvieron en [[La Habana]] no pocos personajes ilustres de la nobleza europea, como la Duquesa de Alba, y Don Juan, conde de Barcelona, y su esposa María Mercedes de Borbón y Borbón, padres del rey Juan Carlos de España. En el [[Hotel Nacional]] se alojó [[Leopoldo II]], rey de [[Bélgica]], una cabeza coronada desgraciada y errante, oscurecida por su concubinato con el [[nazismo]], y después su hijo Balduino, que llegaría a ser rey de los belgas. El [[príncipe Ali Khan]], de origen paquistaní, vendría al año siguiente. Había contraído matrimonio con Rita Hayworth, y la belleza deslumbrante y la cabellera roja de la famosa actriz de Gilda eran admiradas por todos los huéspedes del Nacional mientras caminaba del brazo de su exótico y controvertido marido, dicen en su libro Báez y De la Hoz. Y concluyen: «Constituían una explosiva pareja».&lt;br /&gt;
En las páginas de Revelaciones de una leyenda se recogen algunos recuerdos que empleados del hotel guardaron de las estancias de Eduardo y Wallis en el establecimiento hotelero.&lt;br /&gt;
«El Duque era un hombre amable, elegante, con una sonrisa a flor de labios que contrastaba con el aire de tristeza de su mujer… Por suerte en aquellos años no se habían puesto de moda los [[paparazzi]], porque si no hubiera sido imposible contener al enjambre de fotógrafos de las revistas del corazón… Ellos, muy dispuestos a atender a la prensa en el hotel… no eran dados a la publicidad. Cada vez que cualquiera de nosotros se cruzaba con uno de ellos, tenían una atención, una reverencia, un gesto. Al Duque nunca se le escuchó la menor queja».&lt;br /&gt;
Eduardo fue uno de los árbitros de la elegancia de su tiempo en el mundo. Hay un nudo de corbata que lleva su nombre. En [[La Habana]] hizo buenas migas con el gallego Canciano, encargado de la tintorería del Nacional y mago del planchado en seco. Lo felicitaba en cada entrega de su ropa. En una ocasión se interesó por saber sobre el destino de Alicia Parlá, bailarina cubana que en [[París]] lo enseñara a bailar la rumba.&lt;br /&gt;
Volvieron los Duques a [[Cuba]] después de 1955. El [[Havana Biltmore Yatch and Country Club]] organizó una fiesta en honor del matrimonio. Amenizaba la orquesta Continental, de Rafael [[Monzote]], y todo era júbilo, risas y chinchín de copas en el patio de la instalación social. Sus socios no ocultaban su euforia por la presencia del exmonarca y su esposa cuando, de pronto, empezó a batir un viento extraño y sin hacerse anunciar se desencadenó un furioso aguacero. Corrió la concurrencia a refugiarse en la casa club, mientras que la distinguida pareja, sin saber qué hacer ni a dónde ir, quedó a merced del viento y del agua hasta que [[Monzote]] salió en su rescate.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
== Véase también ==&lt;br /&gt;
* [[Dictadura]]&lt;br /&gt;
* [[Sistema político]] &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Enlaces externos ==&lt;br /&gt;
* http://www.juventudrebelde.cu/columnas/lectura/&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
=== &amp;lt;br&amp;gt;Bibliografía&amp;lt;br&amp;gt;  ===&lt;br /&gt;
Escritos de Gustavo Placer Cervera, Academia de la Historia de Cuba.Periódico Juventud Rebelde, Sección Lectura, Ciro Bianchi.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
[[Categoría: Cultura]]&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Edeysjccmg</name></author>
		
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