Diferencia entre revisiones de «Creación de las escuelas para campesinas Ana Betancourt»

 
(Sin diferencias)

última versión al 22:17 30 jun 2020

Plantilla:Hechos

La creación de las escuelas para Campesinas Ana Betancourt fue un importante acontecimiento histórico que preparó en corte y costura a más de catorce mil féminas campesinas.

Preparación previa

En la historia de Cuba jamás había acontecido algo igual. Catorce mil jóvenes campesinas procedentes de las Sierras: Maestra, Cristal, Escambray y de los más inhóspitos rincones del país, llegaron a la capital para aprender corte y costura. Eran muchachas muy humildes, con edades que fluctuaban entre 14 y 20 años. Muchas de ellas fueron alfabetizadas y otras elevaron sus conocimientos de enseñanza primaria en dos o tres grados. Se les dio atención médica y estomatológíca y mejoraron su salud y aspecto físico. La mayoría de ellas calzaba, por primera vez, zapatos y veía el mar con ojos de asombro. Todavía asustadizas, fueron pasando por la peluquería para arreglarse el cabello y las uñas y hasta aprendieron a caminar y sentarse correctamente. ¨Eran cosas que nunca se nos ocurrieron que fuera necesario aprender¨¨, contó una de las alumnas que en grupo de miles le declaraban la guerra al atraso y a la incultura.

Captación

Ocurrió en 1961, año de grandes proezas y emociones, para la flamante Revolución en general y para la Federación en especial. Se creaban los Círculos Infantiles, la Escuela para Doméstica, se vencía en las arenas de Playa Girón y con la cartilla y el manual de la alfabetización. Fue justamente ese año, cuando ricachones y personeros de la tiranía, que devinieron palacios encantados para Las Anitas, como se les dio en llamar. Correspondió a la también estrenada Federación de Mujeres Cubanas la hermosa tarea de la educación masiva de las muchachas campesinas, encomienda que conllevó el abnegado esfuerzo de Vilma Espín, su Presidenta por siempre. No fue casual que se eligieran los territorios donde más analfabetos había. Como ya existían la Federación y la ANAP, las dos organizaciones coordinaron acciones conjuntas, como orientara Fidel. Así se inició el trabajo de captar a las muchachas para venir a las escuelas de campesinas a estudiar corte y costura, algo que no entendieron algunos y algunas entonces, porque decían que ello reafirmaba un papel tradicionalmente femenino y que la propia Vilma desmintió en su oportunidad, aduciendo que en aquellos momentos eso fue los que nos permitió sacar a las mujeres de sus casas y lo que hizo que las muchachas de zonas del Escambray o de Baracoa, donde la contrarrevolución estaba trabajando intensamente con las familias campesinas, vinieran a la capital, supieran qué cosa era la Revolución y se convirtieran en los primeros cuadros campesinos, en los primeros cuadros de la Revolución en aquellas zonas.

Las clases

Las clases de corte y costura resultaban muy interesantes para las mujeres del país, porque la mayoría de las familias eran pobres y humildes y el bolsillo no daba para comprarse la ropa ya confeccionada. Esta fue una posibilidad que se ofreció a las familias del campo y, en particular, a las jóvenes, quienes la recibieron con mucho interés. Elsa Gutiérrez, destacada Psiquiatra infanto-juvenil, tuvo a su cargo la dirección de aquella primera Escuela para Campesinas,. “Yo era médica, pero nunca había enfrentado un trabajo masivo con adolescentes, ni desarrollado tareas de dirección. Y de pronto era directora de una escuela con mil alumnas de características muy especiales. No solo era educarlas en un tiempo corto, sino protegerlas y prepararlas políticamente”, rememoró años después la Doctora Gutiérrez. Para la atención de la escuela, el Estado cubano destinó un millón de pesos. El propio Comandante en Jefe Fidel Castro,, principal gestor e impulsor del Plan, vivía pendiente del aquel ejército de jóvenes vestidas con pantalón beige y blusa rosada a cuadros que, mediante estudios de un año de duración, elevarían sus niveles educacionales y se prepararían como profesoras de corte y costura. El líder de la Revolución las visitaba periódicamente, conversaba con ellas, indagaba por su estado de salud, por si les gustaba la comida, cómo veían el desarrollo del curso y por cualquier inquietud que tuvieran. En esa primera etapa, la Escuela Ana Betancourt, funcionó en el emblemático Hotel Nacional,. Allí algunas Anitas pasaron todas las enfermedades infantiles: sarampión, papera, varicela. Muchas historias de desvelo y noches de insomnio, cuidándolas, puede contar Alicia Imperatori Gravi de Peralta,, que estuvo entre las organizadoras del aquel inédito plan.

La graduación

El curso inicial de la escuela concluyó en diciembre de 1961, con un desfile de modas como resultado de los estudios vencidos de corte y costura. Las propias estudiantes confeccionaron sus trajes de graduadas y hasta escenificaron un ballet. Las campesinas festejaron, junto a Fidel, su graduación. En su discurso resumen de aquel día, el líder Revolucionario agradeció a las muchas personas que trabajaron en la ardua tarea de organizar las Escuela para Campesinas. Por su parte, Vilma dijo que a partir de ese momento el país contaría con nuevos brazos para impulsar las tareas de la Revolución. Aquellas primeras egresadas fueron premiadas con una máquina de coser para que impartieran los conocimientos adquiridos a las campesinas de sus zonas de origen.


Fuentes

  • Revista Bohemia, No. 4 año 1985, Cuba.