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Revisión del 11:23 16 ene 2014

Lenguaje coloquial
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Concepto:Es la forma habitual de expresión de la mayoría de los hablantes.


Lenguaje coloquial. Se llama lengua coloquial al empleo del lenguaje en un contexto informal, familiar y distendido. Coloquio es sinónimo de conversación. Por extensión, el lenguaje coloquial es el que, independientemente de la profesión o estatus social del hablante, se utiliza en la conversación natural y cotidiana.

Definiciones

Es la forma habitual de expresión de la mayoría de los hablantes. Definiciones:

De Werner Beinhauer. “Entendemos el habla coloquial como brota, natural y espontánea, de la conversación diaria, a diferencia de las manifestaciones lingüísticas conscientemente formuladas y, por tanto, más cerebrales de oradores, abogados, conferenciantes… o las artísticamente empleadas de escritores, periodistas, poetas…”

Del DRAE. “Es el lenguaje propio de la conversación, que puede llegar a registrarse o no en la obra escrita.”

De Manuel Seco. “Cuando hablamos de lenguaje coloquial nos estamos refiriendo a una determinada forma de uso de la lengua. Se caracteriza por su variabilidad y su versatilidad, lo que se traduce en una gran riqueza de matices muy complejos cuya sistematización no ha de resultar fácil.

Conceptualización y análisis sobre el lenguaje coloquial

Durante años, el enfoque tradicional de la literatura ha establecido la existencia de un lenguaje pobre en expresiones, de baja calidad, usado por la gente de los bajos fondos para medio-expresarse. Se nos ha dicho que esta forma de expresión se denomina lenguaje coloquial y normalmente se definió de una manera muy vaga, que alentaba a pensar en una especie de caracterología clasista del idioma. Las carencias de este enfoque han hecho que se llegue a otorgar significados equívocos a la palabra coloquial, confundiéndola como sinónimo de pobre, vulgar, a la vez que la palabra vulgar se confunde con lo grotesco y con actitudes propias de quienes deambulan en los bajos fondos.

Pero lo cierto es que el concepto de lenguaje coloquial es mucho más amplio de lo que se suele suponer. Coloquio es sinónimo de conversación. Por extensión, el lenguaje coloquial es el que, independientemente de la profesión o estatus social del hablante, se utiliza en la conversación natural y cotidiana. Como en nuestras actividades cotidianas disponemos de apenas segundos para expresarnos, solemos incluir en el habla diversas expresiones-comodín que, aunque quizás no tengan un significado claro, se ajustan al contexto para completar el significado global de lo que decimos.

Todo grupo humano tiene sus propios contenidos de conversación. Tanto el hombre que vende perros calientes en una esquina como el abogado que sólo toma los casos más importantes. Es labor del escritor conocer las expresiones comunes de los grupos humanos que intenta reflejar en su obra, y amoldarlas al contexto general de manera que sean cubiertos dos objetivos básicos en relación con el lector: que el texto se entienda, y que el texto sea creíble.

En nuestra forma cotidiana de hablar solemos usar un lenguaje llano, carente de sofisticaciones y no necesariamente ceñido a la gramática castellana. Esto no es indicio de deficiencias culturales; al contrario, es un conjunto de herramientas que nos proporciona el idioma para lograr una comunicación rápida y directa con nuestros semejantes. Cuando se dispone sólo de segundos para expresar una idea, el lenguaje brinda todo un glosario de expresiones que igual sirven para denotar una acción como para adjetivar las características de algo.

Estas funcionales expresiones con múltiples posibilidades de uso serán llamadas aquí ''expresiones comodín''. En el juego, un comodín es una carta que sirve virtualmente para todo lo que el apostador necesite. Por extensión, se usa la palabra ''comodín'' para identificar cosas que cumplen varias funciones. En el lenguaje, las expresiones comodín son muy comunes y, por lo demás, sumamente útiles para efectos expresivos. La diversificación de los usos de una palabra que originalmente tenía un significado específico marca el inicio de la existencia de una expresión comodín. La palabra original puede ser un verbo, un sustantivo, hasta el nombre de una persona como veremos en un momento.

En Venezuela, la expresión comodín más difundida es ''vaina''. Originalmente entendemos como tal el estuche donde se guarda un objeto punzante, como un cuchillo o una espada, para mantener el filo ajeno a cualquier posibilidad de desgaste. También, la ''vaina'' es el cubrimiento natural en el que algunas plantas encierran sus semillas. La riqueza del idioma hablado ha extendido el uso de ''vaina'' a casi cualquier cosa que necesite el hablante. Cuando no recordamos el nombre de un objeto, decimos que es una ''vaina'': A esta ''vaina'' hay que ponerla de aquel lado. Igualmente, si queremos preguntar algo sobre un objeto cuyo nombre desconocemos, decimos: ¿Para qué sirve esta vaina? Podemos utilizar la palabra para definir una situación: En esa ''vaina'' todos fueron estafados. También puede usarse para hablar de una sensación, o igualmente de un sentimiento: No sé qué es esta vaina que me está pasando. Como interjección: ¡Ah, vaina! Con tantos usos, y tan arraigada como está la palabra en el habla común, ha sido relegada al terreno de las groserías o palabras soeces —expresiones de las cuales también hablaremos—, hasta el punto de que sólo ahora, y de una manera tímida, empieza a ser utilizada en la televisión. Esto nos parece hasta cierto punto gracioso, pues se trata de una expresión nacional, usada por la mayoría de nosotros, pero se la entiende como palabra prohibida.

Lo cierto es que se trata de una expresión comodín. Sirve para todo, siempre que el hablante la considere necesaria para completar su idea. Otras expresiones comodín no tienen un uso tan general, pero igualmente sustituyen una amplia gama de otras palabras. Es muy difundido en Venezuela el uso de la palabra coroto para denotar cualquier objeto, especialmente si se trata de enseres del hogar. Cuando la familia termina de comer, mamá friega los ''corotos''. Cuando la pareja de recién casados compra su casa, es preciso equiparla con el mobiliario y los objetos de uso doméstico, y entonces decimos Carlos y María están para la casa nueva, llevando sus coroticos. Como interjección, la palabra era muy usada en otros tiempos: ¡Adiós, coroto! Y también se la emplea para denotar una situación de poder: Caldera se montó de nuevo en el coroto. Una anécdota está ligada al origen de esta palabra. Se dice que el dictador venezolano Juan Vicente Gómez era afecto a adquirir obras de arte para aparentar una extensa cultura —algunos dicen que realmente la tenía, pero que la ocultaba por razones estratégicas, aunque eso es harina de otro costal—, y que entre esas obras se encontraban algunas del paisajista francés Jean Baptiste Camille Corot, muy conocido durante el siglo XVIII. Según la conseja, los criados de Gómez degeneraron el apellido del francés: descuelguen los Corotos y limpien esa pared. La verdad es que el origen cierto de la palabra se desconoce.

Nuestra juventud ha popularizado una palabra que, nacida relativamente hace poco tiempo de la necesidad de abarcar lo más posible con el mínimo de expresiones, sirve para sustituir cualquier verbo que se requiera. Es común entre los estudiantes que, al olvidar el verbo apropiado, usen el verbo-comodín bichar. Un bicho es, originalmente, cualquier insecto que nos pueda generar repulsión, como una araña o una cucaracha. Es una palabra de uso común en España y ni siquiera se la tiene como expresión inculta. En Venezuela el significado de bicho se ha extendido: bicho o bicha es cualquier persona de la peor calaña, sinónimo de malandro cuando se usa en masculino, y a mujer de la vida cuando en femenino (aunque no son éstas las únicas acepciones, pero sí están entre las más comunes). Pero además, el significado original (insecto repulsivo) ha sido combinado de manera que denote también cualquier cosa cuyo nombre verdadero desconocemos. Decimos, cuando no sabemos el nombre de un objeto: Tráeme acá el bicho ese. Por extensión, ahora se usa el verbo bichar como sustituto de todos los verbos posibles, cuando se ignora, o no se recuerda en el momento, el verbo que debe emplearse. En este caso se dice: Apúrate a bichar la máquina, que se está haciendo tarde. O también: ¿Ya fuiste a bichar el reloj? Bichar es, como decíamos al principio del párrafo, muy usual entre nuestros jóvenes.

Hay otras expresiones comunes en el lenguaje coloquial, que se forman cuando la necesaria rapidez de la palabra hablada así lo requiere, abreviando, acortando la expresión original. Para efectos de este trabajo las llamaremos abreviaturas, aunque formalmente no son tales. Volviendo a ejemplos tomados del habla de los jóvenes, se recuerda especialmente el uso de profe por profesor o profesora, así como borra por borrador y saca por sacapuntas. Es cada vez más común sustituir la larga y enredadiza palabra electrocardiograma por la más simple y rápida de recordar, electro, así como eco por ecosonograma, ambas abreviaturas usadas inclusive por los profesionales de la salud en el desempeño diario de su trabajo. También se suelen abreviar expresiones completas. Por ejemplo, los abogados venezolanos suelen decir el Inpre, expresión sencilla que sustituye al nombre del Inpreabogado (Instituto de Previsión Social del Abogado) y a su vez a la expresión número de inscripción en el Inpreabogado. Si se toma un taxi para ir a la Universidad Central de Venezuela, se le dice al conductor: Lléveme a la Central. Puede ser que en la ciudad haya una central azucarera o una central de trabajadores, pero todo el mundo ha aceptado que la Central se refiere a la mayor universidad venezolana. Un ejemplo parecido es el que aplicamos a las avenidas y urbanizaciones. Nadie dice: Caminaba por la avenida José Casanova Godoy. Con decir que se caminaba por la Casanova, basta para que cualquiera entienda, siempre que el interlocutor sepa de la existencia de una avenida llamada así. Cuando una empresa construye una urbanización, es muy común que los habitantes de la misma, y de la ciudad donde se encuentra, sustituyan el nombre de la urbanización por el de la urbanizadora. La urbanización Francisco de Miranda, construida por la empresa estatal Fundacagua, es denominada simplemente con el nombre de la urbanizadora. Ya este es un caso de sustitución total y no de abreviación de una expresión, tal como sucede con el nombre de ciertas avenidas, que pasan a tomar el nombre de algún elemento vecino. Por ejemplo, en Caracas pocos saben dónde queda la avenida Abraham Lincoln, pero todo el mundo podría indicar dónde queda el bulevar de Sabana Grande. Finalmente, el tipo más común de abreviaturas es el que se hace cercenando las expresiones más comunes: Vaya pá'que'je el médico es, entre nosotros, exactamente igual a Vaya para la casa del médico.

Un caso especial es el de las palabras soeces, que en Venezuela se llaman groserías y vulgaridades. El significado real de la palabra grosería es bastedad, ordinariez, y en ciertos casos exagerado. Vulgaridad, por su parte, es algo ubicado en el terreno de lo vulgar, basto, ordinario. Teóricamente, las palabras soeces no son aceptadas en las reuniones sociales, en el trato respetuoso ni mucho menos en los medios masivos de comunicación, donde se supone que debe usarse justamente un trato respetuoso en el habla. En la práctica, son usadas por casi todos, pues sirven de interjecciones y de comodines. Algunas palabras han llegado a ser soeces a través de extraños y enrevesados caminos. Se entiende que las palabras soeces que hacen escatológica referencia a ciertas partes del cuerpo humano sean rechazadas por el trato respetuoso, pero algunas palabras de uso común en el lenguaje hablado han llegado a ser consideradas palabras soeces sin que se entienda cuál es la razón. Es el caso de carajo: el diccionario define esta palabra como sinónimo de poco, pero en el lenguaje común la usamos como comodín que puede sustituir el nombre de alguien (Ese carajo no ha llegado todavía), como interjección (¡Carajo, me caigo!) o como un lugar indefinido (Me voy pá'l carajo). También mantiene su uso original cuando decimos, por ejemplo, no entiendo un carajo, o quién sabe qué carajo hace él aquí. Todavía hay quien se escandaliza cuando se afirma que, ante la retirada de sus hombres en batalla, el general Páez —prócer de la Independencia venezolana— no les increpó «¡Vuelvan caras!» sino «¡Vuelvan, carajo!». En cualquier caso, es extraño que esta palabra sea considerada una grosería. En Venezuela conocemos de un caso anecdótico y reciente relacionado con la palabra pendejo, comúnmente tratada como una palabra soez por hacer referencia a los vellos de cierta parte del cuerpo, pero que entre nosotros tiene una acepción adicional como persona que se deja engañar fácilmente. En alguna oportunidad, el escritor venezolano Arturo Uslar Pietri, reconocido a nivel mundial como uno de nuestros intelectuales más importantes, ganador de valiosos reconocimientos internacionales, se atrevió a pronunciar la palabra pendejo en una entrevista televisiva. La sorpresa general fue rápidamente sustituida por la aceptación de la palabra en todos los círculos sociales —hasta se organizó, poco después de la entrevista a Uslar, una muy concurrida marcha de los pendejos— y hoy en día no es raro oírla en los medios de comunicación.

Y es que el idioma se renueva constantemente, en un proceso que implica que las palabras varíen su significado y que adquieran nuevas y diversas acepciones según su uso es pasado de boca en boca y alterado por los hablantes. Ya hemos dicho que quien determina la creación de una nueva palabra no es la Real Academia Española de la Lengua, sino la real gana de los pueblos que hablan el castellano. Al empezarse a usar una palabra en un contexto distinto al que originalmente se le tiene asignado, o se crean nuevas palabras basadas en vocablos extranjeros, se asiste al nacimiento de un neologismo, palabra académica que sirve para denotar cualquier palabra en proceso de creación y delimitación de significados. Es el caso, ya comentado, de bichar, como ha sido también el caso, en su momento, de narcotráfico, palabra que no existía hace pocos años, pues no era necesaria para definir ninguna cosa específica. Un ejemplo de aparición de un neologismo lo tenemos en la palabra asegurar, que aunque originalmente significa preservar o afirmar, con el nacimiento de las pólizas de seguro y de las compañías que ofrecen este servicio ha ganado un significado derivado del primero mencionado. Quien asegura un bien mueble o inmueble, quien adquiere una póliza, lo hace para preservar el valor del bien asegurado, aunque éste sea robado, dañado o destruido. Muchos neologismos aparecen como consecuencia de un adelanto científico o tecnológico, de una nueva condición social, de una nueva manera de ganarse la vida o de la importación de palabras provenientes de otros idiomas. Pertenecen al primer caso las palabras televisor, computadora, voltio y las ya mencionadas encefalograma y ecosonograma. Son del segundo caso las expresiones clase media o chicano. Clase media es una expresión que denota una clase social que no existía formalmente hasta finales del siglo pasado, y que nace con el nacimiento de los conceptos de clases sociales. En la Edad Media, por ejemplo, era absurdo pensar en esta expresión. En la época de Simón Bolívar era absurdo pensar en esta expresión. Chicano, por su parte, es considerado cualquier mexicano nacido o residente en Estados Unidos, así como se llama latino a cualquier persona proveniente de países de habla hispana aunque no provenga realmente de Latinoamérica. Al tercer caso pertenecen las palabras mecanógrafo —que nace con la invención de la máquina de escribir—, electroauto —palabra que no existía antes de la invención del automóvil— o computista —aparecida cuando se masificó el uso de las computadoras personales. Al cuarto caso pertenece guachimán, que es una degeneración en la pronunciación de la expresión anglosajona watchman, hombre que observa y por extensión, persona que vigila, vigilante. Igualmente, el hoy popular kinder, también llamado kindergarden, debe su origen a una expresión germana (kindergartten) que significa jardín para niños. En el mundo actual, el castellano es bombardeado principalmente por palabras importadas del idioma inglés, pero es bueno recordar que todo idioma es el producto del uso del habla por parte de quienes habitan un espacio territorial determinado, y que cuando una realidad social cambia parcial o totalmente el entorno, cambia asimismo el significado de algunas palabras o nuevas palabras son creadas. Cuando los conquistadores españoles llegaron a tierras venezolanas, según comentaba el filólogo Ángel Rosenblat, aprendieron el uso de ciertos sillones rústicos de los aborígenes locales, cuya forma asemejaba al de una concha marina, y en el cual se adoptaba una posición a medio camino entre el sentarse y el acostarse, siendo muy efectivo para el descanso. La palabra con la que los aborígenes llamaban a esta pieza de su peculiar mobiliario era putaca. Como la conquista obligaba a los españoles a estar en permanente contacto con los aborígenes, y viendo el práctico uso de estos sillones, la palabra pasó a formar parte de nuestro idioma como butaca, expresión que hoy en día nadie reconocería como un neologismo.

Características generales

La oralidad. Al ser oral es un lenguaje más relajado y permisivo, ajeno, en ocasiones, a la norma lingüística. A veces puede ir acompañado de gestos.

La improvisación. La espontaneidad de este lenguaje hace que parezcan impropiedades, repeticiones de palabras, uso de un código poco elaborado, etc.

La imprecisión. Este rasgo se manifiesta con el uso de palabras poco precisas (ómnibus), y el poco uso de adjetivos y adverbios, ya que éstos precisan al sustantivo y al verbo.

Predominio de la función expresiva. Esto se debe a que es un lenguaje eminentemente afectivo y egocéntrico. Se utilizan oraciones exclamativas e interrogativas, diminutivos… (ver función expresiva). También aparecen la función conativa y la fática.

Nivel fónico

  • Entonación. Al ser oral adquiere gran importancia la entonación. Ésta suele ser variada (interrogativa, exclamativa y enunciativa). También es frecuente la entonación truncada (puntos suspensivos), porque nos se hallan las palabras para expresar algo o el receptor, que comparte la misma situación comunicativa que el emisor, las sobreentiende.
  • Onomatopeyas.
  • Rasgos dialectales. (Quiero `máh' `gayinah': yeísmo y aspiración de la `s' final)
  • Pronunciación relajada y, en ocasiones, ajena a la norma lingüística.
  • Contracciones. El uso de éstas obedece al principio de economía del lenguaje. (`Tele', `pa ca'…).

Nivel morfosintáctico

  • Predominancia de los sustantivos y verbos frente a los adjetivos y verbos, dada la imprecisión.
  • Empleofrecuente de pronombres personales y deícticos, debido a la expresividad y el antropocentrismo. (Deícticos: aquello, mí…)
  • Uso de sufijos aumentativos, diminutivos y despectivos.
  • Uso de indefinidos para referirse a la 1ª persona o a la 2ª (imprecisión). Uno no está para estos trotes. Alguno que yo me sé…
  • Uso de la 2ª persona con valor impersonal para generalizar.
  • Empleo del dativo de interés. La niña no me come.
  • Preponderancia de conjunciones coordinadas sobre las subordinadas.
  • Uso frecuente de intejecciones.
  • Empleo de artículo ante antropónimos. El Juan me ha dicho…
  • Periodos oracionales breves y oraciones cortas, propias de la oralidad.
  • Utilización del hipérbaton, debido a la espontaneidad.
  • Ruptura de las construcciones sintácticas provocadas por la espontaneidad o por que se sobrentienden.
  • Uso de frases nominales mediante elipsis de verbos.
  • Uso innecesario de nexos. Pero, pues, y
  • Laísmo, leísmo y loísmo.
  • Ordenación no siempre coherente del discurso, debido a la improvisación. Se caracteriza por los cambios de tema, los razonamientos inacabados.

Nivel léxico-semántico

  • Vocabulario común o estándar, pero con evidentes rasgos coloquiales. Chaval.
  • Pobreza léxica manifestada con repeticiones de palabras, que demuestran el uso de un código restringido.
  • Vocabulario poco preciso con palabras ómnibus. Eso, cosa, todo, tema…
  • Empleo de expresiones, giros o modismos propios de la lengua hablada, muchas veces procedentes de jergas (habla especial de un grupo social diferenciado usada dentro del mismo).
  • Empleo de palabras apocopadas. Profe, tele
  • Muletillas. Bueno…, o sea…, ¿me entiendes? …
  • Empleo de frases con valor interjectivo. ¡Anda, tu tía!
  • Aparición de términos del caló. Gachí, pinreles —pies—…
  • Expresiones.
  • Eufemismos.
  • Comparaciones. Eres más tonto que un burro.
  • Escasos recursos literarios.

El nivel coloquial constituye un registro porque una persona puede variar su uso y adaptarlo a la situación. Además, el nivel coloquial puede tender hacia el culto o hacia el vulgar.

Fuente