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Revisión del 16:33 27 sep 2010

Presencia Aborigen en Jaruco
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Piezas arqueológicas


Presencia Aborígen en Jaruco

Los grupos aborígenes antillanos comenzaron a poblar nuestra isla con remota antigüedad mucho más de lo que el mundo científico suponía hasta hace poco más de una década.

En Jaruco ha podido comprobarse la existencia de asentamientos aborígenes a través de las investigaciones realizadas por el grupo Habaguanex, siendo descubiertos los sitios arqueológicos: Jaruco I  y Jaruco II. Los hallazgos encontrados se encuentran atesorados en el Museo Municipal de la localidad como evidencias de que en tierras jaruqueñas habitaron también los primeros pobladores cubanos.



Descubrimiento del Sitio Arqueológico Jaruco I

En 1972 el Compañero Giraldo Mesa González notificó a la A.C.C el hallazgo de piezas de cerámica aborigen recuperadas en la ladera Sur y Oeste de una elevación conocida como “Loma del Jagüey “clasificándose como sitio agroalfarero al que denominaron Jaruco I.

En abril de 1985, debido al desbroce y preparación de tierras para la siembra de pastos se pone al descubierto en su cima un área de unos 1400 m2 conteniendo abundante material arqueológico aborigen. Se toman las medidas de preservación adecuada por el grupo Habaguanex y se solicita la inspección del lugar a los especialistas, Dres. Manuel Rivero de la calle y Ramón Dacal Mouré quienes en compañía del autor de este trabajo y del compañero Alfredo Curbelo Delgado realizaron un rescate de superficie por toda el área y cala en lugares de mayores incidencias que permitieron rescatar importantes y considerables volúmenes de restos arqueológicos, algunos únicos o de gran interés para el estudio de estas comunidades en la región occidental del país, consistentes en cerámicas, abundante dieta y materiales de la industria lítica y de la concha.

El 25 de Septiembre del propio año se inician excavaciones dirigidas por el Lic. Aída G. Martínez Gabino y Alfonso Córdova Medina del Centro de Antropología de A.C.C y en abril de 1992 se reinicia el estudio del sitio bajo la dirección del Lic. José Tomé y Rafael Robaina.

El montículo residual denominado Jaruco I se encuentra enclavado en una finca perteneciente a la Empresa Guaicanamar al W-NW de la Ciudad en la explanada de una Loma del Jagüey a unos 500m al oeste del Cementerio Municipal y muy próximo al Río "San Juan" de Jaruco, a 160m sobre el nivel del mar y a 17Km. de la costa norte con gran visibilidad hacia los cuatros puntos cardinales, resulta por tanto un sitio arqueológico mediterráneo.

Se puede comprobar que se trata de un grupo humano del período neolítico que se asentó de manera sedentaria en la región, que practicó la agricultura de manera intensa en los pequeños y fértiles valles intramontanos objeto de estudio. De igual forma la pesca estaba sistematizada de forma estable, no así la recolección y caza menor que la ejercieron, pero a menor escala.

Restos de Cerámica (fragmentos de vasija y burén)

El ajuar cerámico está compuesto por diferentes tipos de vasijas con una técnica de esgrafiado variada y que se ajusta a la conocida tradicionalmente para estos grupos, punteados, incisiones, decoraciones y figuras modeladas de manera exentas y aplicadas. Los tipos de bordes se presentan, rectos, invertidos, revertidos, etc. con algunos tipos de topes planos, redondeados, biselados y acuminados, también se detectaron crestas internas y externas con rebordes internos y externos, así como asas en lazo, tetón etc. Se destacan que los fragmentos de los paneles en las vasijas fueron decorados con cierta complejidad en los diseños, combinaciones de incisiones y punteados. La frecuencia de burenes es apreciable, presentan diferentes medidas de grosor y algunos decorados (burén marcado) lo que indica en uso superestructural para la confección de algún tipo de casabe con finalidad jerárquica.

La industria de la concha a pesar de tener sus particularidades se ajusta a las conocidas para estos grupos, o sea, se presentan un llamativo desbalance entre los artefactos dedicados a las actividades de la superestructura y los que intervienen en las actividades socioeconómicas como las herramientas de trabajo que resultan menos numerosos.

En la esfera superestructural se relacionan colgantes y cuentas de Olivas algunas sonoras, otras con incisiones consistentes en rayas y puntos; también ojo y dentaduras de ídolos, unos completos y otros en diferentes fases del proceso de elaboración.

Hachas petaloides

La industria lítica contiene varias hachas petaloides, algunos con reiteradas huellas de uso y poco pulimentadas; otras con excelentes terminación, al parecer de uso ceremonial.

La piedra tallada posee algunas herramientas complejas en lascas, de mala calidad con predominio de rocas apalizadas y otras tenaces donde los retoques son perceptibles. Es una industria en lasca de medianas proporciones destinadas fundamentalmente al trabajo en madera.

Restos de alimentación (huesos de Caguama, Jutía, vértebra de peces y caracoles)

El estudio de la dieta indica que más del 50% de su actividad económica estable representada por la fauna marina con más de 9 familias de peces; también la judía, reptiles y moluscos terrestres formaron parte de su dieta; incluidas especies desaparecidas como jutía enana y el “Almiquí”, de este último se conserva una parte del maxilar inferior, el resto de su base alimentaria lo constituía la agricultura.

Los reptiles están bien representados por varias especies, entre ellos el Epicrates a angulifer Bibron conocido como Maja de Santa María y el Tropidophis minclanurus Schlegel conocido como Majá bobo o amarillo; no aparecen restos de la Cyclura maclavi gray conocida como Iguana que según los pobladores más viejos fueron abundantes en las serranías.

Los queolinios resultan los más abundantes y frecuentes, aunque sólo aparecen restos del peto o caparazón inferior y algunos huesos de las extremidades, así como la Pseudemys decusata Gray o Jicotea.

La mayor variedad de especies corresponden al Phillum de los moluscos, representados por 8 especimenes marinos y 2 terrestres. De los crustáceos los más representativos son el Cardiosoma guanhumt Lat o más conocido como Cangrejo Azul y el Menipe Mercenaria Lin o más conocido como Cangrejo Moro Marino. Un animal muy abundante y presente en todos los niveles excavados fue la jutía.

En el lote de superficie general, se aíslo un fragmento de roca y dos premaxilares de pez loro, en el primer caso resulta perceptible un esgrafiado en bajo relieve mediante la técnica de incisión, por su morfología y simetría augiete una semejanza con la probablemente como objeto de uso superestructura.

El fragmento de petroglifo está logrado en una caliza tobácea margosa, compacta y fosilífera, propia de lugares de abundantes manantiales y actividad volcánica pretérita, caso típico de Jaruco. De acuerdo a la rotura de la pieza por la cabeza se puede inferir que se trataba de un petroglifo de mayores dimensiones y se fractura por recibir un golpe intenso parecido al que ejerce el arado, más teniendo en actuar sobre él y ponerlo en la superficie.

Dicha escultura presenta una escotadura que semeja muy bien la boca del pez, uno de los ojos es redondeado y ubicado en la parte superior de las aberturas nasales, próximo a la zona branquial, el otro ojo presenta forma de lagrima, lo que pudiera indicar una mutilación o falta de ese órgano, aunque en ocasiones resulta ser el tratamiento de motivo de ojos lagrimeantes o de otros tipos, muy difundidos en la cerámica aborigen de Cuba y Las Antillas.

También se recuperó en la misma muestra y nivel, dos premaxilares del género Scarus sp conocido como Pez Loro usado como colgantes; esta práctica es muy conocida desde hace tiempo entre los grupos aborígenes de Las Antillas, pero muy pocas veces detectados por los restos de suciedad que los acompaña.

El grupo humano que se radicó en el sitio arqueológico Jaruco I preparó con esmero y alto grado de pulimentación los citados premaxilares, cuestión poco usual en este tipo de piezas si no es para objeto corporal, además le practicaron entre una y dos perforaciones en la parte opuesta a la dentadura; en un caso, una central en forma cónica y otra desplazada hacia el extremo izquierdo, en la posición deseada, lo que no se descarta la posibilidad de que este objeto pudo formar parte de un artefacto más complejo como es el caso de los collares, dado el número de perforaciones, El otro colgante presenta cortes laterales inclinados hacia el centro y es encima donde tiene la perforación, incompleta por rotura pero incuestionablemente su uso fue para colgar la pieza.

Un tercer caso que debió corresponder a este lote, se obtuvo en los desechos del trabajo de campo al revisar de forma arbitraria los mismos, donde aparece una microcuenta de cuarcita bien lograda.

De acuerdo a los análisis y estudios de laboratorios realizados a una parte de las muestras exhumadas, se arribó a la conclusión preliminar con bastante precisión sobre algunos aspectos de la vida del grupo humano que se asentó en Jaruco I. El sitio presente evidencias materiales que indican haber sido ocupado por un grupo numeroso de “agroalfareros” con gran incidencia en la agricultura y la pesca, siendo de menor grado la caza y recolección.

Existen evidencias incuestionables en cuanto a la intención de elaborar semies de madera; el rápido deterioro de la misma impide confirmar esta hipótesis, pero la presencia de ojos y dentaduras demuestran su existencia e implican un desarrollo considerable de las ideas consmovisivas del grupo como expresión concreta de la superestructura.

El ajuar cerámico hallado en este sitio presenta características cercanas a otros sitios “agroalfareros de la provincia La Habana, de Matanzas y Cienfuegos, cuestión que permite establecer la posible migración de estos grupos neolíticos hacia el occidente del archipiélago cubano.

La gran cantidad y variedad de fragmento de burenes denotan su incidencia en las labores agrícolas e indican el alto desarrollo de la esfera superestructural del grupo.

De acuerdo a las evidencias y espesor de las capas culturales se trata de un grupo numeroso con una organización socio-económico bien definido y que al parecer no conocieron en el lugar los rigores de la conquista española, toda vez que no se ha encontrado la más mínima evidencia de origen colonial en este asentamiento de 1400m2.

Descubrimiento del Sitio Arqueológico Jaruco II

En la década del 50 en los alrededores del nacimiento del Río San Juan de Jaruco y 2 Km, más hacia el norte comenzaron a aparecer objetos de procedencia aborigen, lo cual despertó el interés a un reducido grupo de compañeros jóvenes a incursionar en el fascinante tema de la historia y la arqueología pero sin ningún tipo de apoyo o asesoramiento.

En 1973 Compañero Gerardo Mesa González y la Lic. Aída G. Martínez Gabino reportaron un sitio habitacional en la finca de Oscar Gómez al suroeste de la Ciudad Condal, precisamente donde renace el río.

El sitio arqueológico denominado Jaruco IIJaruco II resulta el más significativo de la etapa de economía de apropiación sin que hasta el momento se haya podido realizar un estudio profundo del mismo que permita ubicarlo en su correspondiente fase (acorde a la actividad económica, estudios arqueológicos, referencias historiográficas, etc.)

En aquel momento se reportaron evidencias materiales consistentes en fragmentos óseos humanos (del cráneo), restos de la dieta material lítico y de concha.

En el año 1992 se procedió a la reubicación de este sitio ya que a unos 500m por la hipotenusa que forma un ángulo del recorrido del río, se había reportado por el grupo Habaguanex otro sitio al que denominaron Los Chorritos de Jaruco por la proximidad de los manantiales homónimos que surtieron de agua a la población desde 1635 hasta 1930 que se terminó la construcción del acueducto municipal.

El trabajo de campo fue realizado por integrantes de este grupo bajo la supervisión del Lic. Gerardo Izquierdo Díaz de la A.C.C y se pudo determinar que el material colectado en los Chorritos había sido arrastrado por la corriente del río en sus crecidas; por otra parte se dedujo que la alteración sufrida en el paisaje a causa del movimiento de tierra realizado a mediados del siglo pasado al rellenar este valle intramontano con una longitud aproximada a las 250m; con una altura de 12m; y con base de 25m, procedente de dos pequeñas elevaciones en ambos extremos de E a W estando incluida la base de esta última en parte del sitio Jaruco II, para construir un elevado terraplén que diera paso a la línea de ferrocarril y un sólido puente para el paso de las aguas del río, el cual fue también desviado 10m hacia el este y dirigido más hacia el norte, modificó extraordinariamente el hermoso paisaje de la original población jaruqueña, contribuyendo todo ello a dispersar y hasta sepultar valiosas evidencias arqueológicas en uno de los mejores lugares del curso del río.

El sitio arqueológico Jaruco II se caracteriza por su industria lítica tallada de mediana a pequeñas dimensiones, en lasca con herramientas y restos pertenecientes a una industria lítica semejante a la de grupos mesolíticos. El trabajo de prospección mediante colas de pruebas demostró una considerable dispersión de las evidencias líticas producto de las reiteradas crecidas del río.

Las muestras recuperadas mediante las calas y las obtenidas en superficie fueron analizadas y diagnosticadas por el especialista Guillermo Baena de la A.C.C arribando a los siguientes resultados:

En la cala se exhumaron piezas, así como en el terreno arado definiéndose 7 géneros de herramientas, siendo las más representativas la clase lasca con retoque inverso en un borde y los raspadores en la lasca.

Se infiere a pesar de las limitaciones en muestras y del estudio de la zona, que la industria de este grupo se identifica con un grado de desarrollo de Mesólicos tardío.

La dieta está presente en varios caracoles terrestres y marinos así como restos óseos de jutías.

De los primitivos pobladores de Jaruco, también se encuentran rastros, aunque pobres por toda la zona Sur y de E a W del sitio que pudieran corresponder o no con el grupo asentado en las márgenes del río. En la cueva de la mosca de las Escaleras de Jaruco, no muy distante del sitio de referencia, en el salón que sirve de entrada (hay derrumbe en parte) con un área de unos 60 m2 hacia su pared norte que muestra unas manchas y tres figuras; dos antepromorfas y una zoomorfa, de color negro y textura gruesa dando la idea de ser pictografía.

También en la famosa Cueva de Aguirre de las Escaleras de Jaruco se planteaba la presencia de un petroglifo, además existen excelentes condiciones para habitación y comunicaciones por otras galerías existentes en el lugar Paso de los Vientos conocido por “Sitio Perdido”.

Otro lugar de interés, resulta los alrededores del Campamento Exploradores “Julito Díaz” enclavados en el lugar conocido como “Ojo de Agua” único lugar de las Escaleras donde brota constantemente este preciado líquido. Muy cerca de aquí hacia el Norte de la finca “Cuco de la Noval” se han encontrado fragmentos de concha, silex y una pequeña hacha petalside en perfecto estado que se encuentra en posición de la familia.

En el “Valle de la Victoria” que comprende las zonas de San Luis, Castilla, San Miguel, Don Martín, Portilla, Jiquiabo y Guaicanamar hasta los límites del municipio de Santa Cruz del Norte, también se han reportado hallazgos similares como son el caso de la finca de Barceló donde se halló un fragmento de hacha petaloide grande y en la desaparecida finca “Castillo” se encontró también un hacha petaloide grande que se exhibe en el Museo Municipal de Jaruco junto a otras más pequeñas, procedentes de la zonas mencionadas.

Resulta significativo que la totalidad de hallazgos encontrados en Jaruco se localicen al Oeste de la ciudad de Norte a Sur donde existen mayores posibilidades de recursos naturales hacia la región Este conocemos de un hacha petaloide hallada en la finca “Don Martín” cerca del poblado de Casiguas aparentemente de basalto rojo y de los percutores uno pequeño y otro grande del propio material en los terrenos de la ESBEC “Ho Chi Minh” próximo al poblado de Bainoa.

Todos estos hallazgos arqueológicos nos demuestran una larga presencia de grupos humanos precolumbianos en la zona de Jaruco aunque quedan muchas cuevas y solapas por estudiar en todo el territorio que comprende las “Escaleras de Jaruco”, la cueva “Guayabamay” del Perú, además las comprendidas al Noroeste que guardan estrechas relación con el sitio arqueológico Jaruco II.

Por el estudio que realizó la Lic. Aída G. Martínez Gabio en 34 cuevas de la costa norte del noroeste de la Habana, se cree que los aborígenes que habitaron en las cuevas que se encuentran en un poblado llamado “Boca de Jaruco”, perteneciente al municipio Santa Cruz del Norte, lugar por donde desemboca el río Jaruco sostuvieron relaciones de intercambio con los aborígenes que habitaron en el sitio arqueológico Jaruco II la cual mantenían a través del río.

Fuente

-Investigaciones atesoradas en el Museo Municipal de Jaruco realizadas por Osvaldo Correa, Historiador de la ciudad y la Lic. Damaris Arencibia.