Pueblos de Indios en Cuba. Segunda mitad del siglo XVI

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Pueblos de Indios en Cuba. Segunda mitad del siglo XVI
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Fecha:siglo XVI
Descripción:
Población autóctona cubana
País(es) involucrado(s)
Bandera de Cuba Cuba
Líderes:
indígenas residuales indocubanos

Pueblos de Indios en Cuba. Segunda mitad del siglo XVI

Historia

El siglo de la conquista cerró con una sensible merma en la población autóctona cubana que, desde medio milenio antes, había ocupado la porción más considerable del archipiélago. No obstante, y a pesar de ciertas apreciaciones repetidas sin manejo de todas las informaciones que existen, los pobladores autóctonos de filiación cultural aruaca, integraban la pirámide étnica colonial en la siguiente centuria, tal y como han evidenciado en conjunción algo tardía, realmente, las pruebas que la antropología ilustrada del siglo XIX y los estudios de los documentalistas contemporáneos atesoraron, cada cual por su lado, desde mucho, y que sólo en el último siglo se han venido combinando gradualmente hasta alcanzar la visión que poseemos hoy día, y que no descarta la existencia de un modesto, ciertamente, componente indígena en nuestros tiempos coloniales.

Los indígenas residuales indocubanos, para suscribir un término que ha sido establecido en otro lugar, y que creemos adecuado a falta de otro más gráfico, tras su liberación jurídica en la sexta década del siglo XVI, arribaron a una relativa “mayoridad” en la sociedad de entonces, bajo cierto condicionamiento preestablecido por la misma disposición que le daba fuerza legal a su exclusión de la servidumbre. Y el más señalado de los tópicos relativos lo constituía aquel concerniente a los asentamientos donde habrían de radicar, en condición de nuevos súbditos, los otrora condicionados. Tal la génesis de los pueblos de indios en Cuba, creados en la época colonial temprana, y que vale diferenciar de los asientos primarios, también y por naturales razones así denominados.

Comunidades indocubanas prehispánicas

Las comunidades indocubanas prehispánicas se estructuraban en agrupaciones poblacionales de base territorial y parentesco cercano, constituyendo aldeas o pueblos, tal como se les denomina en fuentes diversas, y que sirvieron como referencia inicial en los repartimientos, de los cuales fueron sus primeras víctimas, comienzo del desarraigo de los naturales. Todo el sistema poblacional indígena colapsó en la misma medida que su organización social y cultura entraron en declive y sujeción ante Castilla, o mejor sus representantes. Tal es así que, en un par de décadas, toda la multitud de los poblados que partiendo de las crónicas tempranas y las reconstrucciones modernas se han podido registrar -ascendiente a medio centenar de puntos, por lo menos-, había quedado disuelta y descontextualizada, y aún los fallidos experimentos de los Padres Jerónimos no lograron sino implantar artificiales conjuntos de pobladores, arrancados de regiones que una ocasión poseyeron cierta coherencia, que para la fecha, apenas mostraban un abigarrado resto de diversos poblados mezclados y disminuidos, tal como se registra en la cuenca del Cauto, región oriental de la isla, en la década del treinta del Quinientos.

A las leyes Nuevas siguió una regulación sobre la integración de los "Naturales emancipados", según la denominación corriente, en las cercanías de los pueblos de españoles, con preferencia en puntos lo suficientemente adecuada como para que conservaran cierta entidad propia, a la vez que domiciliados a corto alcance de las autoridades, llegado el caso. Así pues, crearonse pueblos en puntos donde previamente no existían, y reagrupáronse allí donde solamente hubo memoria o los avatares de la encomienda no quitaron del todo los antiguos fundamentos del lugar, que también se dio.

Enclaves como los caseríos de Ovejas, San Juan Evangelista, en San Salvador del Bayamo; Santa Ana en Puerto del Príncipe o Tarraco en la Habana, acogieron -verdaderos barrios rurales- gran parte de los aborígenes que aceptaron ser relocalizados a partir del 1554. Sitios de añosa presencia de los naturales del país, aún con todas las mermas consabidas, recuperaron población y regularidad en sus asientos Tales, Guanabacoa y Caneyes.

No obstante la generalidad de lo expresado, no todos los sujetos de ascendencia indocubana quedaron adscritos a este tipo de reagrupación, primero por las reales limitaciones que tuvo siempre la autoridad para ejercerse en todo confín de la isla, entonces harto dilatada; por otro, la evidente reluctancia, a veces más o menos hostil según los circunstancias, con que ciertos grupos de indios acogieron la implantación europea en sus lares. Asunto este que ha motivado determinadas apreciaciones y ciertamente argumentos que enriquecen las difusas definiciones -por naturaleza de las fuentes probablemente así queden- acerca de esta existencia paralela de individuos que se negaron, o se resistieron, al brutal cambio existencial impuesto. Grupos minoritarios, los más de las veces en precario, otros en franco desafío, lograron asentarse en aquellas extensas regiones que la geografía abrupta de la Cuba Oriental reservó más allá de todo requerimiento, edicto y sujeción, para custodio de aquellos desarraigados y desesperados, que dadas las condiciones imperantes no siempre ha sido muy claro distinguir, y por demás no creemos amerite detenernos en ello. Sus remotos asentamientos, los palenques más antiguos, y más desconocidos, ignorados, también,

en la relativa impunidad que siguió a las duras cacerías de las cuadrillas (indios leales contra indios bravos táctica socorrida, nada innovadora por demás) a fines de la cuarta década del siglo, fueron ganando en estabilidad y permanencia aunque, una considerable porción de las fuentes que (si llegado el caso les mencionan) conocemos, no los refieren como sitios muy poblados o especialmente significativos. Con todo, generaron otro tipo de asentamiento del indígena cubano, a finales del XVI, fundamentalmente, al margen de los principales núcleos poblados, pero no necesariamente desprovistos de vínculos, relaciones de mercadeo, y cruzamiento consanguíneo con los similares étnicos y eventualmente aunque menos acusado (por lo que sabemos e inferimos) que entre sus hermanos de los pueblos adjuntos a las villas y ciudades coloniales. Aunque no suelen aparecer conceptualizados como “pueblos”sí se les menciona, cuando da ocasión, como "lugares de indios", rango diminutivo, por demás ciertamente apropiado a su condición real.

Felipe Pichardo Moya

Medio siglo atrás, el historiador Felipe Pichardo Moya, en lúcida monografía, estableció las primicias para el entendimiento de tales patrones de asentamiento entre grupos indígenas cubanos del período post-encomienda, y a nuestro juicio esta apreciación hoy día sigue conservando su validez y avalada por la documentación indiana que desde entonces ha podido ser acopiada. En su criterio pueden establecerse dos variantes las cuales, y naturalmente, pueden estar sujetas a cualquier ampliación, si llegasen la circunstancia y el argumento:

"(...) Los oficialmente pueblos de indios escribió, que más tardíamente desaparecieron -Jiguaní y El Caney- desde mediados del siglo XIX perdieron todo carácter (...) en esos pueblos se recogieron los indios mansos que desde mucho antes de ser allí radicados, ya estaban en contacto con los castellanos y habían perdido sus principales características culturales. En cambio, en lugares de la isla sin antecedentes históricos conocidos, encontramos aún gentes que obstentan el origen indio y conservan algo de esta cultura (...), con organización social y modos de vida en que lo indio y lo español se mezclaron (...)" (1).

Ciertos informes que hemos seleccionado arrojan, ya desde épocas tempranas, referencias concernientes a las poblaciones reputadas como de indios a lo largo de la colonia. Las mismas evidencian un desplazamiento a lo largo de las décadas que hemos revisado, sin lugar a dudas, cada vez más hacia las localidades del departamento oriental, restando apenas un bolsón, en gradual mestizaje, hacia el Poniente de la isla. Escasamente inmediatas a la promulgación de las leyes que dieron la libertad a los indios de la isla, encontramos exponentes documentales utilísimos para el estudio de aquellas localidades donde se concentraban, conocidas, ciertas poblaciones de naturales, información que nos ha llegado, como en la mayoría de estos registros primarios, mediante las pesquisas de los obispos en sus recorridos por la diócesis. Tal, el caso de la azarosa visita del Obispo Bernardino de Villalpando, en la séptima década del siglo XVI, cuya relación ofrece ciertos apuntes valiosos para la comprensión de la situación de estas localidades y los habitantes autóctonos, entonces disminuidos en todo sentido.

Para 1561, los “pueblos de indios” existentes podían enumerarse como sigue: Guanabacoa, Caneyes (ambos establecidos después de 1553, en antiguos asientos patrimoniales ), Trinidad, Baracoa, locaciones estas últimas abandonadas por los vecinos castellanos prácticamente desde una treintena de años antes, que al momento subsistían con vecinos indios organizados a la usanza establecida por los conquistadores. Dice nuestro Obispo que los indios naturales de la villa de Trinidad habían sido amenazados por el vecindario de Sancti Spiritus de ser despojados y trasladados a la fuerza de su asentamiento para así emplearlos al servicio de la segunda villa, urgido aquel, al parecer, de mano de obra, y que por lo tanto, veíanse abocados a la pérdida de sus casas y labranzas, privándole cualquiera de sus bienes "(...) lo cual si así nos hiciese nosotros somos naturales de la villa de la Trinidad nacidos y crecidos en ella (...)", rezaba un pedimiento hecho por los representantes concejiles a la Corona, en la fecha.

Circunstancia que es frecuente encontrar en lo adelante en la documentación respectiva. La situación de las citadas localidades, compartida por otros asentamientos de indios "reducidos", como lo era Guanabacoa, resultaba tan reiterada que, tan tarde como en 1562, aun se obviaban los Reales mandatos por parte de no pocas de las autoridades capitulares y gubernativas del interior de la isla, lo que hacia clamar a los procuradores de los indios emancipados: "(...) Nosotros somos personas libres (y pedimos a Su Majestad) nos sostenga en la libertad que Su Majestad nos dio no consintiendo (...) nos muden ni quiten (de) nuestro pueblo y villa. (Y...) nos ampare en la posesión de dicho pueblo y villa (...) hemos tenido(...)" (2). Inclusive, la existencia cotidiana de estos indios naturales estaba moteada de incidentes violatorios del espíritu y la letra de la legislación nueva de Indias.

En el informe de su visita obispal, redactada para uso de la Corte, y desde Santiago de Cuba (Abril 14, 1563) el Dr.Bernardino de Villalpando menciona tres asentamientos que califica de pueblos de indios, uno de ellos Baracoa la cual es puerto de modesta compostura, con iglesia "...harto pequeña y de paxa...", y que recientemente había sufrido devastación de franceses, donde ganaron mucho mérito sus pobladores "(...) indios y españoles (...)" al hacerles frente. En este pueblo, halló un protector de indios, cuyo desempeño resultaba contraproducente y "(...) los pobres yndios son muy maltratados haziendoles servir y otras cosas contra razón", lo que trató de remediar a su llegada, con el consiguiente desagrado de las autoridades locales, quienes medraban con las prestaciones ilícitas a que forzaban a los indios, a los que predicó sus derechos. Condenaba tal oposición concejil, al estorbar su labor "(...) que es la conversión de los indios y la salvación de sus almas y asi cierto convernian (sic) que en estas cosas no se entrometían los gobernadores". (3)

Otro punto visitado, Guanabacoa, inmediato a la capital, lo registra como "(...)pueblo en que ay solo Indios y los desta tierra son tan pobres no pueden mantener sacerdote (...)" que aunque una real disposición había determinado que quedasen libres de contribuciones al clero, resolvía incumplirlo, en bien del servicio de almas en lo que estaba harto desamparado el lugar para sostener párroco, pues “(...) no abia ninguno allí que quisise ir a dezir misa sino era con esperanza de ganar alguna cosa (...)". En su concepto tal contribución aportaba al servicio de los naturales, con placer de sus conciencias "(...) y yo no puedo mas de dar noticia de ello a vuestra magestad (...)". A eso se reduce su relación, que a todas luces muestra una comunidad, si bien no escasa de gentes, ni al parecer excesivamente próspera, algún beneficio proporcionaría que facilitara la iniciativa del Obispo.

Trinidad, el tercero de los "(...) pueblos de indios (...)", considera que puede ser oportuno su traslado de su lugar en favor de Sancti Spiritus, pues al visitarle en 1562, halló estaba sin sacerdote ni hombre "español christiano" alguno y entre los indios "(...) tantas ceremonias supersticiosas y idolatras y que el demonio andaba entre ellos tan ordinario y afable como andaba agora cien años". Menuda observación la del Dr. Villalpando, y singular el énfasis. Naturalmente, así el argumento para la abolición de la villa y el traslado a la de españoles encontraba artículo de fe. Y buen contrapunto para la disposición gobernativa de aguardar la real consulta evitando el desarraigo de los indios trinitarios, pues para el Obispo la única forma de recuperar sus ánimas eran auxiliando a los venidos a menos vecinos de Sancti Spíritus "(...) que con ayuda que los yndios hacian se podra sustentar (...)", pero en vista de la oposición del gobernador “(...) no traté más de ella por parecerme que no conbiene que los indios y los demás entiendan que tenemos diferencias por sustentar cada uno su opinión". (4)

Se ha dicho que la validez de estas nuevas relocalizaciones de población respondía a un principio totalmente utilitario y no cabe duda, por el lado de las autoridades coloniales, que en su proceso de afianzamiento de los territorios consideraba reducir la población indígena residual en centros específicos, con fin no más -si bien se les reconocía estatutos de liberto- de mantener formas novísimas de sujeción, ya fuese aprovechando el ascendiente religioso, la cercanía que significaba su ubicación en la periferia de las villas españolas, oportuno expediente político para mantener sosegados los ánimos de los naturales, a la vez que contar con una comunidad eficaz en la producción y abastecimiento agrícola, cortes de madera, monterías, amén de prestaciones concejiles en materia de defensa. Este intento de organización, es el "acomodo" de los indígenas supervivientes, de sus asentamientos, para garantía de la presencia española.

"(...) Por estas razones, se formaron los pueblos de indios, síntesis de la estructura comunal precolombina y de la nueva organización impuesta por la voluntad política de la Corona Castellana." (5)

Definitivamente, el aporte de estos naturales residuales constituía una posición de recursos productivos en la sociedad colonial que no debe soslayarse, aunque en montos totales posea una resonancia mas atenuada, en términos comparativos.

Iniciada la octava década del siglo, la población indígena más significativa se concentraba, salvo los inevitables bolsones marginales, en varias localidades, cuya constancia histórica es difusa en la región central y oriental de la isla, aunque con un aún apreciable núcleo en el extremo occidental si bien realmente la información de que disponemos no en todo caso ofrece elementos cuantitativos que facilitarían la interpretación, puesto que en fuentes cronológicamente posteriores, habrán de retomarse para localidades que en este momento realmente son cortos los datos. Los asientos considerados de indios, por el proveedor de estas apreciaciones, Obispo Juan del Castillo, seguían siendo coincidentes con los que se expusieron antes: Guanabacoa, Trinidad y Baracoa, y ya citado también como poblado por naturales los Caneyes. (6)

Conceptuaba, Caneyes "(...) a legua y media de Santiago, como pueblo de indios"; Guanabacoa "(...) Pueblo de indios a una legua de la Habana"; Trinidad "(...) Despoblose de españoles porque los vecinos fueron como Cortés a conquistar Nueva España"; Baracoa "(...) Primer pueblo de esta isla (...)”. En opinión del Obispo, la población india original, como la de los españoles, había llegado a un caso crítico de cortedad a lo largo de toda la isla, en beneficio de negros y mestizos. (7)

A decir del geógrafo López de Velazco (1574), los indios bajo dominio real en la Isla de Cuba fueron sujetos a la política de agruparlos en pueblos "(...) para poderlos mejor doctrinar y poner en policía, se ha procurado siempre reducirlos a pueblos donde vivan con concierto y ordenados (...)". Venciendo su natural rechazo a tales reagrupaciones "(...) en muchas partes se han hecho y se van haciendo pueblos dellas de mas de los que antiguamente tenían en que van haciendo las casas con alguno más policía y forma de familia (...) y se dan ya a toda la crianza de ganado y labranzas de trigo y otras cosas de España, y así tienen sus tierras propias ya para sus sementeras (...)". Dato este acerca de la transculturación que no queremos pasar por alto, en especial su adscripción a prácticas de agricultura totalmente inusuales entre las comunidades prehispánicas insulares.

En toda la isla "(...) no hay mas de nueve pueblezuelos de indios (...) que no tributan ni están encomendados (...)". Como pueblo de indios menciona a los Caneyes; Trinidad, asumido como uno de los "pueblos despoblados" de españoles; Baracoa, donde se registraba entonces un número reducido de pobladores naturales; otro de ellos es el "(...) pueblezuelo de Guanabacoa (...)". López de Velazco, a diferencia de otros autores, admite la existencia de ciertos poblamientos “...que llaman cimarrones, en que deben haber ocho, los cuales no hay mención que tributen, ni estén en encomienda de nadie." (8). Es esta una de las primeras referencias a aquellos que en la periferia de la ocupación castellana, intentaban pervivir a su manera, sin adscribirse a los pueblos de agrupación forzada, o acatar alguna autoridad foránea.

Conocemos, para todo el territorio insular, de momentos comprendidos entre 1563 y 1576, donde las autoridad concejiles intentaron por diversas vías, desde el repartimiento tardío, a la cuadrilla "de montear", para integrar a las respectivas jurisdicciones aquellos grupos que ya fuese en las inexploradas fragosidades serranas del Oriente, en las boscosidades de la Ciénaga de Zapata, o aún en la aislada gran bahía de Jagua. Salvo el segundo de los ejemplos, que culminó en una costosa relocalización definitiva, la mayoría continuó permaneciendo al margen, en relativa autonomía, aunque no necesariamente preservados de todo contacto cultural con sus similares étnicos y las poblaciones castellanas. Ya se sabe que es harto difícil para una comunidad humana, por muy autárquica que pretenda ser su organización, sustraerse a la dinámica del intercambio de gentes y cosas, es decir evitar los factores de la transculturación, aún si territorialmente rehúsa incorporarse de buena gana a los naturales flujos de su tiempo. (9)

Para comienzos del siglo siguiente no habían de variar substancialmente los criterios diversos que hemos expuesto, a lo sumo destacar, por parte de los informantes con que contamos, el hecho de la "españolización" creciente de nuestros remanentes indígenas, es decir su integración humana y cultural en el contexto de la sociedad criolla-colonial, sin por ello hacer dejación de su particular condición de naturales y los privilegios que la Corona les aseguraba en tal caso, a la vez que cierta "especialización" ocupacional muy distinguible al revisar la documentación al respecto, en las que estos indios gozaron de determinado reconocimiento recurriéndose a sus servicios en los casos que así fuese considerado conveniente. (10)

Menciones a guisa de ilustración, las definidas funciones de proveedores de productos agrícolas a las villas principales (Guanabacoa y La Habana, los Caneyes a Santiago de Cuba); la confección de artículos artesanales para el mercadeo en las poblaciones de “españoles”, tales la cerámica utilitaria producida en Guanabacoa, las cesterías y tejidos de fibras en las reducciones de San Juan Evangelista (Bayamo) y Caneyes, artes en la que los aruacos insulares eran especialmente diestros, y de lo que hay constancia etnográfica y arqueológica. (11)

Agréguese a lo expuesto su empleo continuado en labores de protección litoral ante amenazas piráticas (servicios de velas y vigías) y el desempeño de funciones de correos oficiales merced al cabal conocimiento del país por parte de los integrantes del estamento indígena, y que cumplieron con regularidad, a lo largo de más de una centuria.

Contemplar históricamente esta poco considerada perspectiva de los indígenas y sus descendientes que integraban la sociedad criolla insular del siglo XVI tardío y aún el siguiente, añade elementos enriquecedores al conocimiento de los orígenes culturales de la sociedad colonial de Cuba.

Referencias

(1) volver Pichardo Moya, Felipe. Los indios de Cuba en sus tiempos históricos. La Habana, 1945, p. 51.

(2) volver Archivo General de Indias, Santo Domingo 99. "Luis de Cepeda, Álvaro Hurtado, Diego Levillén y Martín Carmena, Indios de Cuba. naturales al Gobernador de la isla de Cuba, Habana, mayo 11, 1562 ". Citado por Zerquera y Fernández de Lara, Carlos, "La villa india de Trinidad en el siglo XVI", Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, No. 2, Año 68, 3ra. época, Volumen XIX, Mayo-Agosto 1977, pp. 83-86.

(3) volver Archivo General de Indias, Santo Domingo 115. "El obispo de Cuba a S.M. Santiago de Cuba, Abril 4, 1562.

(4) volver Ibidem.

(5) volver Solórzano, Juan Carlos."Pueblos de Indios y explotación en la Guatemala colonial". Revista del Caribe, Año II, No. 5, 1985 Santiago de Cuba, pp.30-31.

(6) volver Hernández, P.J. "El componente aborigen en la población cubana a través de dos padrones eclesiásticos, 1569-70, 1608". Cuadernos de I.N.I.C.E., Universidad de Salamanca, Salamanca No. 49, Diciembre 1992, p.49-50.

(7) volver Marrero, Leví. Cuba: Economía y Sociedad. Editorial Playor, Madrid, 1974, Tomo 1, p.382.

(8) volver López de Velazco, Juan. Geografía y Descripción Universal de las Indias. Biblioteca de Autores Españoles, Editorial Atlas Madrid, 1971, pp.18-19, 57-59. Con respecto al concepto de "natural" para referirse a los indios de Cuba, en el trabajo se adopta este calificativo que se empleaba por los tiempos de la promulgacion de las Leyes Nuevas de Indias (1542-1543) para diferenciar la procedencia entre los indios aruacos cubanos, los "naturales de la isla", de aquellos traídos a ella después de la conquista, en condición o calidad de esclavitud o servicio, de otras porciones del archipiélago antillano (Bahamas) o de tierras continentales(Campeche, Honduras, Veragua). Al producirse la emancipación definitiva entre 1553 y 1554, bajo la gobernación de Pérez de Angulo, el término se revitalizó y mas adelante aparece en algunas referencias urbanas sobre indios residuales "reducidos". El ser calificado de indio "natural" entrañaba, después de 1555, ser considerado bajo los privilegios de vecindad que la legislación indiana concedía a los indios devueltos a su condición de súbditos de la Corona. Algo así como ser beneficiado hoy día de ciertas consideraciones legales y sociales so capa de minoría étnica.

(9) volver Harris, Marvin. Antropología Cultura. Alianza Universidad, Madrid, 1989, Capitulo 8.

(10) volver Archivo General de Indias, Santo Domingo 116, Ramo IV. “Memoria de lo que toca al Real Servicio al parecer del Obispo de Cuba, Junio 2, 1604". Véase también Rivero de la Calle, Manuel, "Supervivencia de descendientes de indoamericanos en la zona de Yateras, Oriente", Cuba Arqueológica, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1978, p.153.

(11) volver Excavaciones en sitios históricos del recinto antiguo de La Habana y de la vecina Guanabacoa han arrojado tiestos de cerámica de clara factura indo-hispana, presumiblemente del siglo XVI (Roger Arrazcaeta, comunicación personal, 1992). Los protocolos habaneros documentan, con bastante frecuencia, la actividad económica del indio residual (Rojas, María Teresa. Índice y extractos de protocolos. La Habana, 1947, 1950, 1957).

Fuentes