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Anexo:Intervenciones en el acto de homenaje a Fidel Castro Ruz en la Plaza de la Revolución José Martí

Intervenciones en el acto de homenaje a Fidel Castro Ruz en la Plaza de la Revolución José Martí
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Raul castro 29 de noviembre de 2016.jpg
Fecha:29 de noviembre de 2016
Lugar:Plaza de la Revolución José Martí
Descripción:
Intervención de personalidades en el acto de masas en homenaje póstumo al Comandante en Jefe de la Revolución Cubana Fidel Castro Ruz, en la Plaza de la Revolución , el 29 de noviembre de 2016, “Año 58 de la Revolución”
Intervenciones en el acto de homenaje a Fidel Castro Ruz en la Plaza de la Revolución José Martí. El 29 de noviembre de 2016, se realizó un multitudinario acto político cultural en la Plaza de la Revolución José Martí, en el que se rindió homenaje póstumo al líder de la Revolución Cubana. En este acto hicieron uso de la palabra jefes de Estado, de gobierno y personalidades, llegados a Cuba desde diferentes partes del mundo con el propósito de rendir tributo de respeto y recordación a Fidel.

Rafael Correa Delgado

Palabras de Rafael Correa Delgado, presidente de la República del Ecuador, en el acto de masas en homenaje póstumo al Comandante en Jefe de la Revolución Cubana Fidel Castro Ruz, en la Plaza de la Revolución , el 29 de noviembre de 2016, “Año 58 de la Revolución”[1].

Pueblos de Nuestra América y del mundo: Fidel ha muerto.

Murió invicto, solo el inexorable paso de los años lo pudo derrotar. Murió el mismo día en que 60 años antes, con 82 patriotas, partió de México para hacer historia.

Murió haciendo honor a su nombre: Fidel, digno de fe. La fe que puso en él su pueblo y toda la patria grande; fe que nunca fue ni siquiera decepcionada, peor aun traicionada.

Los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos.

Fidel seguirá viviendo en los rostros de los niños que van a la escuela, de los enfermos que salvan sus vidas, de los obreros dueños del fruto de su trabajo. Su lucha continúa en el esfuerzo de cada joven idealista empeñado en cambiar el mundo.

En el continente más desigual del planeta nos dejaste el único país con cero desnutrición infantil, con la esperanza de vida más alta, con una escolarización del ciento por ciento, sin ningún niño viviendo en la calle (Aplausos).

Evaluar el éxito o el fracaso del modelo económico cubano, haciendo abstracción de un bloqueo criminal de más de 50 años, es pura hipocresía (Aplausos). Cualquier país capitalista de América Latina colapsaría a los pocos meses de un bloqueo similar.

Probablemente, por tu formación jesuita, entendiste muy bien —como decía San Ignacio de Loyola— que en una fortaleza sitiada cualquier disidencia es traición.

Para evaluar su sistema político hay que entender que Cuba ha vivido una guerra permanente. Desde el inicio de la Revolución existe una Cuba del norte allá en Miami, asechando permanentemente a la Cuba del sur, la libre, la digna, la soberana, la mayoritaria en la tierra madre, no en tierras extrañas (Aplausos). No han invadido a Cuba porque saben que no lograrán vencer a todo un pueblo (Aplausos).

Aquí, en esta isla maravillosa, se han construido murallas, pero no de las que construyen los imperios, sino murallas de dignidad, de respeto, de solidaridad (Aplausos).

Cuba saldrá adelante por sus principios revolucionarios, por su extraordinario talento humano; pero también porque la resistencia está integrada en su cultura, y con el ejemplo de Fidel jamás el pueblo cubano permitirá que su país vuelva a ser colonia de ningún imperio (Aplausos).

No hay ser humano ni acción trascendente que no tenga detractores, y Fidel y su Revolución trascendieron en el espacio y trascenderán en el tiempo.

Contigo se cumple lo que nuestro viejo luchador, el general Eloy Alfaro, amigo de Martí, solía decir: Si en lugar de afrontar el peligro, hubiera yo cometido la vileza de pasarme al enemigo, habríamos tenido paz, mucha paz: la paz del coloniaje.

Cuba fue solidaria con la revolución liberal alfarista de fines del siglo XIX y ha sido solidaria con nuestra revolución ciudadana del siglo XXI.

Muchas gracias, Fidel; muchas gracias, pueblo cubano (Aplausos).

La mayoría te amó con pasión, una minoría te odió; pero nadie pudo ignorarte. Algunos luchadores en su vejez son aceptados hasta por sus más recalcitrantes detractores, porque dejan de ser peligrosos; pero tú ni siquiera tuviste esa tregua, porque hasta el final tu palabra clara y tu mente lúcida no dejaron principios sin defender, verdad sin decir, crimen sin denunciar (Aplausos).

Bertolt Brecht decía que solo los hombres que luchan toda la vida son imprescindibles. Conocí a Fidel y sé que jamás buscó ser imprescindible, pero sí que luchó toda la vida (Aplausos). Nació, vivió y murió con la necedad de lo que hoy resulta necio: la necedad de asumir al enemigo, la necedad de vivir sin tener precio.

Nosotros seguiremos jugando a lo perdido y tú seguirás vibrando en la montaña con un rubí, cinco franjas y una estrella (Aplausos).

Nuevas tormentas enfrenta Nuestra América, quizás más fuertes que aquellas que desafiaste durante 70 años de lucha, primero como estudiante y en el Moncada, luego como guerrillero en la Sierra Maestra, y, finalmente, al frente de una revolución triunfante.

¡Hoy más unidos que nunca, pueblos de Nuestra América! (Aplausos.)

Querido Fidel, tu honda convicción martiana te llevó a estar siempre no del lado en que se vive mejor, sino del lado en que está el deber.

Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas.”

Contigo, Comandante Fidel Castro Ruz, con Camilo Cienfuegos, con el Che, con Hugo Chávez Frías, aprendimos a creer en el hombre nuevo latinoamericano capaz de librar con organización y conciencia la lucha permanente de las ideas liberadoras para construir un mundo de justicia y de paz (Aplausos).

Por esas ideas seguiremos luchando, ¡lo juramos! (Exclamaciones de: “¡Juramos!”)

Un abrazo solidario a Dalia, a Raúl, a tus hijos.

Hasta la victoria siempre, Comandante (Aplausos).

Evo Morales Ayma

Palabras de Evo Morales Ayma, Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, en el acto de masas en homenaje póstumo al Comandante en Jefe de la Revolución Cubana Fidel Castro Ruz, en la Plaza de la Revolución , el 29 de noviembre de 2016, “Año 58 de la Revolución”[2].

¡Que viva Cuba! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)

¡Que viva Fidel! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)

¡Que vivan los pueblos antimperialistas! (Exclamaciones de: “¡Vivan!”)

Muchas gracias hermanas y hermanos.

Saludo al hermano Raúl; al Gobierno; al pueblo cubano:

La profunda admiración por esta unidad, esta fortaleza del pueblo cubano. En las últimas horas escuché de la prensa burguesa proimperialista que decía: “¿Ahora qué hará Cuba sin líder?” Y estamos viendo, está viendo el mundo entero al pueblo cubano más unido, más fuerte que nunca para seguir derrotando esa dominación imperialista (Aplausos y exclamaciones de: ¡Unidad, unidad, unidad!, y ¡Cuba, Cuba, Cuba!, ¡Yo soy Fidel, yo soy Fidel, yo soy Fidel!).

Hermanas y hermanos:

Vengo a nombre del pueblo boliviano, a nombre de los movimientos sociales: petroleros, mineros, fabriles, el pacto de unidad, el movimiento campesino indígena originario, vecinos, transportistas, prácticamente todos los sectores sociales, a expresar nuestro respeto, nuestro cariño, nuestra admiración y, sobre todo, nuestro reconocimiento al pueblo cubano, a su gobierno, a Fidel por tanta solidaridad, no solamente con Bolivia, sino con los pueblos del mundo (Aplausos). Decirles a nombre del pueblo boliviano: muchas gracias hermanas y hermanos, por ese trabajo, por esa línea política en la liberación de los pueblos del mundo desde Cuba.

Al pueblo abnegado del hermano Fidel, su lucha por la soberanía de los Estados y la dignidad de los pueblos del mundo. Uno de los mayores legados de Fidel es hacer que la política sea el arma moral más noble para la liberación de los pueblos del mundo.

Fidel puso a Cuba en el mapa del mundo, luchando contra la codicia del imperio y el mundo reconoce a Fidel como una epopeya inalcanzable en estos tiempos y lo será para toda la humanidad.

Fidel demostró al mundo que no hay imperio perpetuo ni poder imperial impune. Fidel derrotó en Naciones Unidas a Estados Unidos con la razón y por la justicia, porque Estados Unidos lo que consigue es con chantaje, condicionamientos e invasiones para la dominación de los pueblos del mundo.

Fidel no solo garantiza educación y salud para Cuba. Sacó del analfabetismo a muchos pueblos del mundo y con la salud les hizo milagros a los más humildes del mundo.

¡Muchas gracias, Fidel! (Aplausos.)

Fidel ha sido un verdadero padre de los excluidos, de los marginados, de los discriminados, de los más pobres del mundo. Fidel nos enseña que el único camino de nuestros pueblos es la unidad y la integración. Fidel es un verdadero constructor de la paz con justicia social.

Quiero decirles, hermanas y hermanos, Fidel no ha muerto, porque los pueblos no mueren, menos aquellos pueblos que luchan por su liberación, ese es Fidel (Aplausos). Fidel no ha muerto, porque las ideas no mueren, menos aquellas ideas que abonan el camino de la emancipación. Fidel no ha muerto, porque las luchas no cesan, menos aquellas luchas que están destinadas a dignificar a la humanidad. Fidel está más vivo que nunca, más necesario que nunca, está vivo, vigilante, pensando en seguir la lucha para preservar nuestra casa común, sembrando trincheras de esperanza; hablando de los grandes sueños, fijando metas, trazando rutas. Fidel no ha muerto, no puede morir, Fidel está por encima de su propia vida, está instalado para siempre en la historia de la humanidad (Aplausos).

América Latina y el mundo no se pueden comprender en el siglo XX sin Fidel ni sin Cuba. Fidel y Cuba cambiaron el mundo. Mientras haya un socialista de pie, luchando con la palabra, con las ideas y con la fuerza de la razón, Fidel estará entre nosotros y para siempre (Aplausos).

A Fidel intentaron matarlo de mil maneras durante más de medio siglo más de 10 presidentes norteamericanos y no lo lograron. Fidel venció todas las batallas frente al imperio: la batalla moral, porque Fidel luchó por la humanidad; la batalla política, porque las causas de Cuba son las causas de América Latina y del mundo; las batallas de ética, porque nunca renunció a las batallas, siempre vivió en la trinchera. Fidel es de esa clase de hombres que solo nacen de los brazos de un pueblo revolucionario y Cuba es la Revolución que el mundo sueña (Aplausos).

Cuba y Fidel iluminan al mundo ante la sombra tenebrosa del imperio. Fidel es sinónimo de lucha antimperial, porque significa que es sinónimo de lucha por la humanidad.

Quiero decirles hermanas y hermanos, seguramente en persona nunca más lo veremos físicamente, pero la lucha de Fidel, sus ideas serán para siempre, del Fidel Comandante (Aplausos).

Quiero decirles al pueblo cubano, a los pueblos del mundo, personalmente lo extrañaré, habrá una ausencia, quién me enseñará, quién me reflexionará, quién me cuidará, quiénes nos cuidarán.

Hermanas y hermanos: mi cariño y mi respeto, mi admiración a Fidel por tandas cosas que hizo por la humanidad. Por eso, hermanas y hermanos, decirle al pueblo de Cuba que el dolor que lleva, también es dolor del pueblo boliviano, de los antimperialistas del mundo. Estamos como nunca unidos para seguir luchando y para seguir liberando a los pueblos del mundo y a la cabeza el pueblo cubano y el Comandante.

Para terminar, ayúdenme a decir:

¡Gloria a Fidel! (Exclamaciones de: “¡Gloria!”)

¡Que viva Cuba! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)

¡Que vivan los pueblos antimperialistas del mundo! (Exclamaciones de: “¡Vivan!”)

¡Hasta la victoria siempre! (Exclamaciones de: “¡Venceremos!”

Muchas gracias (Aplausos).

Salvador Sánchez Cerén

Palabras de Salvador Sánchez Cerén, presidente de El Salvador, en el acto de masas en homenaje póstumo al Comandante en Jefe de la Revolución Cubana Fidel Castro Ruz, en la Plaza de la Revolución , el 29 de noviembre de 2016, “Año 58 de la Revolución”[3].

Excelentísimo señor presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba, compañero Raúl Castro;

Excelentísimos señores Jefes de Estado y de Gobierno;

Honorables delegaciones oficiales que nos acompañan;

Querido pueblo cubano:

Quiero expresar nuestras condolencias al pueblo de Cuba, al Gobierno y al Partido Comunista en estos momentos de tristeza y dolor. Nuestro pesar y cariño a los familiares de nuestro hermano de lucha por la vida y la dignidad de los pueblos, el Comandante Fidel Castro Ruz (Aplausos).

En el Salvador recibimos con mucho dolor la noticia de su partida, en especial, la militancia y la dirección de nuestro Partido FMLN, que ha mantenido a lo largo de la historia estrechos lazos de hermandad con Fidel y la Revolución Cubana.

Uno de los valores más preciados que nos enseñó Fidel es la unidad, y su llamado fue decisivo para que las fuerzas revolucionarias salvadoreñas un 10 de octubre de 1980 nos uniéramos bajo una sola bandera: la del FMLN.

Ha sido un largo y victorioso camino que hemos marchado juntos Cuba y El Salvador. En estas batallas se han forjado miles de hombres y mujeres dispuestos a luchar por el pueblo y hacer realidad sus sueños y esperanzas de una vida mejor. También se consolidó una entrañable amistad entre Fidel, Schafik Handal y el FMLN para mejorar la vida de nuestros pueblos (Aplausos).

Fidel tuvo un especial aprecio y respeto por el pueblo salvadoreño. Como miles de jóvenes salvadoreños, conocí a Fidel a través de Radio Rebelde. Escucharlo significó para nosotros el despertar de la conciencia política y la decisión de cambiar la triste realidad de nuestro pueblo, víctima de una cruel dictadura militar. Recuerdo aquel sentimiento solidario y apoyo a la lucha en la Sierra Maestra, y luego con la Revolución triunfante, una obra humana admirada por su resistencia y dignidad ante la permanente agresión estadounidense. No era solo un cambio social sino también una revolución moral, que llenaba de entusiasmo nuestros espíritus. Fue Fidel quien nos inspiró a vincularnos en cuerpo y alma a la lucha revolucionaria y al servicio de nuestro pueblo.

Tuvimos la oportunidad de compartir con Fidel en diferentes momentos de la historia. Escuchamos sus experiencias, sus consejos, pero además sus críticas, porque era un hombre honesto, justo, que decía las cosas por duras que fueran, y eso también nos ayudó mucho a madurar en nuestro pensamiento y en nuestra visión estratégica (Aplausos).

Las nuevas generaciones continuarán impulsando las ideas de Fidel y la Revolución Cubana para seguir transformando nuestras sociedades, volverlas más justas y solidarias. La dimensión humana de Fidel tiene que ver mucho con la grandeza de su pueblo, su generosidad y heroísmo. Cuba es un ejemplo de todo lo que es posible alcanzar por el bienestar y la felicidad de la gente, y lograrlo, incluso, en medio de un injusto bloqueo de más de 50 años impuesto por Estados Unidos (Aplausos).

El homenaje del pueblo cubano, del mundo entero, este cariño inmenso nos demuestra que Fidel y sus ideas viven en los corazones de millones de seres humanos que seguimos su ejemplo de luchador incansable por el bien de la humanidad (Aplausos).

Las ideas de Fidel se multiplicarán en la lucha de los pueblos por la justicia, el progreso, la libertad y la paz. Fidel desde su inmortalidad nos acompaña y guía en la construcción de un mundo mejor, que él nos demostró que sí es posible con su ejemplo, tenacidad y decisión de luchar para que las ideas se hagan realidad.

¡Muchas gracias, Fidel!

¡Muchas gracias, pueblo de Cuba! (Aplausos.)

Daniel Ortega Saavedra

Palabras del Comandante Daniel Ortega Saavedra, presidente de la República de Nicaragua, en el acto de masas en homenaje póstumo al Comandante en Jefe de la Revolución Cubana Fidel Castro Ruz, en la Plaza de la Revolución , el 29 de noviembre de 2016, “Año 58 de la Revolución”[4].

¿Dónde está Fidel? (Exclamaciones de: “¡Aquí!”) ¿Dónde está Fidel? (Exclamaciones de: “¡Aquí!”) ¿Dónde está Fidel? (Exclamaciones de: “¡Aquí!” Y de: “¡Yo soy Fidel!” “¡Yo soy Fidel!”)

Duele, claro que duele ese tránsito, tránsito a la inmortalidad (Aplausos). Fidel está en estos muchachos y muchachas, en esta juventud (Aplausos), viene creciendo con los niños. Fidel está en la conciencia y en el corazón de las mujeres cubanas (Aplausos), de los obreros, de los agricultores, de los técnicos, profesionales, científicos; está en la conciencia de ese gigantesco capital humano que forjó Fidel con el pueblo de Cuba (Aplausos).

En esta Plaza tuve el privilegio —y digo “gracias a la vida que me ha dado tanto”— en el año 1967, vine por el Frente Sandinista al IV Congreso Latinoamericano de Estudiantes, la OCLAE (Aplausos), y la gran sorpresa, no lo esperábamos, nos invitaron a esta Plaza y nos sentaron en la tribuna a pocos metros de Fidel. ¿Y quién acompañaba a Fidel en ese momento como invitado de honor? Salvador Allende, el presidente, héroe de Nuestra América (Aplausos). Claro, habló Allende y luego habló Fidel, y entonces Fidel que estaba más convencido que nadie que el camino para la liberación pasaba por la lucha armada revolucionaria, le estaba dando todo su apoyo a un luchador socialista, el doctor Salvador Allende, compañero, que en esos días más duros de la siembra estaba apostando por la vía pacífica para la toma del poder, y Fidel no dudó en apoyarlo.

Ya conocemos la historia, tiempos terribles, en ese largo período de dolor de Nuestra América en el siglo XX, donde todas las batallas que se venían librando en Nuestra América arrojaban el heroísmo, la combatividad, la dignidad de los pueblos; pero qué difícil era alcanzar la victoria.

Fidel con Raúl, con los 82 combatientes que se embarcaron allá en México, y luego con la conciencia de este pueblo, produjo el milagro de la primera Revolución Socialista en Nuestra América (Aplausos) y a 90 millas de Estados Unidos se produjo el milagro.

Y nuevamente la batalla del pueblo de Cuba con Fidel a la cabeza, la batalla para garantizar no solamente la sobrevivencia de la Revolución, sino también el desarrollo económico, social, cultural y deportivo del pueblo de Cuba, porque Fidel no dejaba un solo espacio descuidado en todos los campos.

Fue una batalla desigual: el imperio invadiendo, intentando asesinar e imponiendo ese bloqueo criminal, que no es más que un acto que se califica como un crimen de lesa humanidad, es un crimen de lesa humanidad, que debería estar siendo juzgado por la famosa Corte Penal Internacional (Aplausos), defendiendo el derecho de Cuba a desarrollarse; pero no en medio de la ley de la selva que impone el capitalismo salvaje, sino promoviendo esos principios que Marx con profundo espíritu humanista propuso para lograr que el paraíso se construyera aquí en la Tierra, en lugar de tranzar con dinero —decía Marx—, llegará el día y llegará el momento en que vamos a tranzar con amor. Cuando prevalecen los valores, cuando prevalecen los principios, cuando prevalece la conciencia, cuando se produce la transformación en ese hombre nuevo, así lo apuntaba Marx, y así fue sentando las bases Fidel.

Es cierto: Hay camino que recorrer para completar esa obra, no solamente en Cuba, sino en nuestro planeta. Y batallando por el desarrollo de Cuba, frente a las amenazas del imperio, frente a las agresiones del imperio, Cuba dándose por entero a todos los pueblos de nuestro planeta, incluyendo al pueblo norteamericano (Aplausos).

Fidel estableció ese principio, ese principio cristiano, y ahí recuerdo a Raúl, cuando el huracán Juana entró a Nicaragua con una fuerza de 285 kilómetros de viento, destruyendo pueblos enteros. Y con nuestras capacidades y con la colaboración de Cuba, que tenía una enorme experiencia en el enfrentamiento de los huracanes, desplazamos miles y miles de hermanos nicaragüenses en varias direcciones, y esto evitó que hubiese muertos, porque decíamos: se puede perder lo material, pero lo material luego se puede recuperar; lo que no se debe perder es la vida (Aplausos), y eso lo logramos con la colaboración de los hermanos cubanos que nos envió Fidel allá en brigadas, especialistas, que compartíamos allá en el puesto de mando, frente a lo que es un fenómeno para nosotros no tan común y con una fuerza tan grande que cruzó todo el país y destruyó el país entero.

Y luego, ahí viene mi recuerdo de ese profundo pensamiento cristiano de Fidel y de Raúl: manda Fidel a Raúl a Nicaragua después del huracán; llegó Raúl para ayudarnos a reconstruir, y no se me olvida esa frase de Raúl, cuando dijo allá en Managua: Nosotros estamos para compartir el pan (Aplausos y exclamaciones de: “¡Viva Raúl!”). Esa es la esencia, los valores, la ética, la moral de Fidel hecha pueblo y multiplicada luego en los pueblos del mundo, en los pueblos de nuestro planeta (Aplausos). Porque así como Fidel hoy está más firme que nunca aquí en el corazón de este pueblo, también está más firme que nunca en el corazón de los pueblos latinoamericanos y caribeños, en el corazón de los pueblos de Asia, de África y en el corazón de buena parte del pueblo norteamericano, de buena parte de los pueblos europeos que, en estos nuevos tiempos, y como bien con esa firmeza y sabiduría lo supo definir Fidel, entendiendo los cambios de los tiempos, que no es fácil, cómo traducir los cambios de los tiempos cuando se tenía una concepción que luego solo en la mente se repitió en nuestra América en Nicaragua, después de Cuba fue Nicaragua, y fue Fidel y Raúl y este pueblo entrando victorioso el 19 de julio de 1979 allá en Managua (Aplausos). Fue la última revolución triunfante del siglo XX.

Luego vino la desintegración de la Unión Soviética; la Unión Soviética generosa, noble, solidaria y punto de balance en nuestro planeta frente a las amenazas expansionistas del imperialismo. Y vino el período especial, y recuerdo que Fidel me invitó, allá por el año 1991, a Santiago a conmemorar, y luego conversando, y ya trabajando para enfrentar el período especial, con Raúl, con los cuadros de la dirección del Partido de todas las medidas que tendrían que tomar. Pero en todas esas medidas, en todos esos planteamientos que Fidel hacía y practicaba, ahí no existía la palabra un paso atrás, ahí no existía la palabra concesión, ahí no existía la palabra rendición, sino que se trataba de reafirmar este proyecto hermoso, solidario, socialista de afirmarlo, fortalecerlo, ser más creativos y avanzar, como lo ha logrado hacer Cuba, que ese fue un tránsito realmente heroico, una pequeña nación bloqueada, asediada, prácticamente sola en nuestra América; claro, con la solidaridad de los pueblos, pero prácticamente sola librando esa batalla.

Fue desde 1987 o 1988 que empezó ya a producirse la desintegración de la Unión Soviética, hasta aquella fecha también mágica, 1998, y lo que nadie se esperaba, y lo que los revolucionarios habíamos soñado por años, y es que se produjese una revolución en un país latinoamericano, caribeño, con más desarrollo económico, con más fortaleza que la que tenía Cuba y que la que tenía Nicaragua. ¡Cómo soñábamos! Y allí, en esos momentos, verdaderamente difíciles, dramáticos, cuando desde los años 1987, 1988, 1989 venían ya los fariseos anunciando el fin de la Revolución Cubana, 1988. Y digo yo, no son casualidades, era Fidel, antes de 1998... (Maduro le dice que el 4 de febrero de 1992, la parte armada. Primero fue el levantamiento el 4 de febrero de 1992, fue un momento que fue ya de terrible masacre del pueblo, que se conoció como el Caracazo, y allá irrumpió Chávez; pero luego la cárcel, y el tiempo corría, y parecía que aquello ya se había frustrado. Pero Fidel, con esa visión, con esa sabiduría, bueno, invitó al Comandante Chávez aquí a La Habana, estaba aquí en La Habana, en diciembre de 1994, cuando ya él había salido de la cárcel. No estaba aquí en La Habana. De pronto me avisan que Fidel me manda a buscar porque tenemos un acto allá en la Plaza Bolívar de La Habana Vieja. ¿Y con quién me encuentro? Con el Comandante Hugo Rafael Chávez Frías (Aplausos). Vino la batalla de Chávez, y vino la batalla de Chávez planteándose el camino que se había planteado Allende, y Fidel no titubeó en darle su respaldo, confiar en lo que le decía su sabiduría a Chávez que conocía bien a su pueblo, y finalmente la victoria por la vía electoral de la Revolución Bolivariana en las elecciones de 1998 y la toma del poder en enero de 1999 (Aplausos); pero está claro, a Chávez le intentaron también hacer lo que le hicieron a Allende, porque las elecciones son buenas, son justas, son democráticas cuando ganan las derechas proimperialistas y serviles; pero cuando las ganan los revolucionarios, entonces no son justas, no son democráticas y hay que hacerle la guerra, como se la hicieron a Allende, como se la hicieron a Chávez, como se la hacen hoy a Nicolás (Aplausos).

Y estamos viviendo un nuevo tiempo en nuestra América. En medio de una correlación de fuerzas que, digamos, se ha debilitado, se logró instalar con la Revolución Bolivariana un cambio profundo en nuestra región, y vino el ALBA, obra de Fidel y Chávez, y vino PETROCARIBE, obra de Fidel y Chávez (Aplausos), y vino la Misión Milagros, para que los que no podían ver pudiesen ver, obra de Fidel y Chávez (Aplausos).

Y empezaron a producirse cambios por la vía electoral en toda la región, y esto permitió, bajo esa fuerza de los pueblos, y la firmeza de todos los gobiernos independientemente de su ideología que se concretara el sueño de Bolívar con la Comunidad de los Estados Latinoamericanos y Caribeños, se hizo realidad (Aplausos). Primero la sede fue en Caracas, con Chávez, y luego, fue Chile, y luego fue Cuba, con Raúl presidiendo la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños; es decir, nació, nació lo que el imperio se había empeñado en dividir para dominar mejor. Finalmente nació y está viva y, es cierto, que en este nuevo período ha habido reveses, pero el cambio que ya se produjo en América Latina y el Caribe es cualitativo, es irreversible y no habrá amenazas, ¡no habrá amenazas! (Aplausos), ni sanciones, ni bloqueo que vengan a destruir esta unidad latinoamericana y caribeña que de por sí, ya significa una nueva actitud, una nueva bandera de independencia, de soberanía para los pueblos de nuestra América y el Caribe (Aplausos).

Yo le pido a Dios, le pido a Cristo que nos mantenga bien cerca a Fidel, con su sabiduría y con su firmeza en estos momentos en que tocan tambores de guerra. ¡Sabiduría y firmeza! ¿Para qué?, para que juntos los latinoamericanos y caribeños logremos seguir defendiendo el derecho a la paz, a la estabilidad, a la seguridad de nuestros pueblos.

Hoy más que nunca la unidad latinoamericana y caribeña se hace imprescindible, más allá de las ideologías, porque se trata de salvar el futuro de bienestar, de progreso de nuestros pueblos; se trata de salvar la soberanía de nuestros pueblos; se trata de salvar todo aquello que hemos logrado avanzar en todos los campos. Es cierto, no podemos hablar que se ha avanzado de forma totalmente satisfactoria en el campo económico, en el campo social, en el campo del comercio internacional, etcétera; pero se ha avanzado, y tenemos que salvar eso que hemos logrado avanzar, y tenemos que lograr unidos latinoamericanos y caribeños persuadir a los gobernantes norteamericanos, y estoy seguro de que tendremos ahí el entendimiento, el respaldo del pueblo norteamericano, que hacia atrás ya no se puede caminar, solo hacia adelante, a seguir construyendo paz, amistad y solidaridad (Aplausos).

A Raúl, a Dalia, a toda la familia de Fidel y a toda esta gran familia que es el pueblo de Cuba, familia de Fidel les quiero manifestar todo nuestro amor, amor infinito, sin claudicaciones y con toda la solidaridad para este pueblo heroico, para este pueblo valiente que estamos seguro de que seguirá defendiendo las ideas de Fidel (Aplausos).

¡Que viva el pueblo de Cuba! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)

¡Que viva el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)

Nicolás Maduro Moros

Palabras de Nicolás Maduro Moros, presidente de la República Bolivariana de Venezuela, en el acto de masas en homenaje póstumo al Comandante en Jefe de la Revolución Cubana Fidel Castro Ruz, en la Plaza de la Revolución , el 29 de noviembre de 2016, “Año 58 de la Revolución”[5].

Queridos compañeros, compañeras:

Es impresionante la manifestación de amor del pueblo cubano de La Habana y del pueblo de Cuba en esta noche gloriosa de historia grande de la Patria común (Aplausos). Se desbordó La Habana de amor de la juventud, de las mujeres, de los militares (Aplausos); de amor fideliano.

¡Fidel, Fidel, qué tiene Fidel! (Exclamaciones de: “¡Qué los imperialistas no pueden con él!”)

No pudieron, ni podrán. No pudieron con Fidel, ni podrán con el pueblo de Cuba, ni con los sueños de esperanza y de vida de la Patria grande (Aplausos y consignas) No me provoquen (Exclamaciones de: “¡Maduro, Maduro, a los yanquis dale duro!”)

¡Qué viva Fidel! (Exclamaciones de “¡Viva!”)

¡Qué viva Chávez! (Exclamaciones de “¡Viva!”)

¡Venceremos! (Exclamaciones de: “¡Venceremos!”)

Es impresionante de verdad, le estaba diciendo a Raúl, nuestro querido hermano mayor, general de Ejército, presidente del Consejo de Estado y de Ministros y presidente del corazón de Cuba, nuestro hermano Raúl Castro Ruz (Aplausos), que no había mejor forma de decirle hasta pronto, hasta siempre a Fidel, que lo que se ha hecho en esta plaza llena de energía histórica, de páginas escritas durante seis décadas de batalla, al escuchar la fuerza de las ideas de la diversidad cultural, política del mundo; líderes, lideresas, gobiernos, hombres y mujeres de cinco continentes han venido a decir en todos los idiomas del planeta Tierra: ¡Fidel, hasta siempre! ¡Fidel, presente! (Aplausos.)

Y nosotros hemos venido en una delegación llena de amor, de agradecimiento, porque nos consideramos hijos de Chávez, y ser hijos de Chávez es representar lo más grande de lo que asumió nuestro Comandante, porque él se asumió hijo de Fidel Castro Ruz, de sus ideas y de su ejemplo (Aplausos).

Como decía Daniel Ortega: Comandante invicto. Daniel acaba de romper el récord en una victoria electoral de casi 80% del voto del pueblo nicaragüense (Aplausos).

Cuando parecía que las luces se apagaban en el mundo surgió la fuerza de Bolívar otra vez, 4 de febrero de 1992, nuestro invicto Comandante Hugo Chávez, y no había terminado de salir de la cárcel de la dignidad, cuando lo primero que hizo fue preparar sus maletas y venirse hasta Cuba, 1994, a saludar al Comandante de la dignidad de América Latina y el Caribe, Fidel Castro (Aplausos). No hubo un día que desde aquella época la prensa burguesa e imperialista no le dijeran: Fidel, el abrazo de no sé qué cosa, le decían, y siempre Chávez nos decía: “La señal está marcada, la Revolución Bolivariana que apenas nace es hermana del alma y de la historia de la Revolución Cubana.” Así ha sido, así será por ahora y para siempre por designio de los gigantes que nos fundaron.

Hoy hemos venido en una delegación llena de esa carga, de ese amor, y quiero hablar en nombre de la voz de millones, está presente en la delegación de la República Bolivariana de Venezuela, el compañero hermano mayor del Comandante Chávez, Adán Chávez Frías; sus dos hijas: Rosa, María (Aplausos). Por nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana el general en jefe, Vladimir Padrino; la almiranta en jefa, Carmen Meléndez; el diputado Elías Jaua; el gobernador Tarek; el embajador Rafael Ramírez; el periodista Ernesto Villegas y Walter Martínez, que anda por ahí; una delegación cívico-militar y con ese espíritu.

Hemos venido aquí a este lugar sagrado para honrar al eterno joven, al eterno soñador, al eterno rebelde. De la Patria de Bolívar y de Chávez traigo una voz, Comandante, una voz que lleva en sí millones de voces para decirle con la mayor admiración y la mayor gratitud: ¡Comandante, misión cumplida, misión cumplida, sí, plena y espléndidamente cumplida! (Aplausos.)

Hoy con tu partida, Fidel, con su cambio de paisaje, como dijera nuestro cantor Alí Primera, puedo comprender cabalmente aquellas palabras que nos dijera a Evo y a mí el 13 de agosto del año 2015 cuando cumplía 89 años, y en una larga conversación de pronto nos vio a los ojos con su mirada de águila y nos dijo: “Maduro, Evo, yo los acompaño hasta los 90 años” (Aplausos). Y yo le dije sorprendido, porque Fidel todo lo que decía lo cumplía, le dije: “No, Comandante, no nos puede dejar.” Y él me miró con mirada compasiva como de un padre a un niño y me dijo: “Ya yo hice lo que tenía que hacer, ahora les toca a ustedes, Evo, Maduro, a ustedes.” (Aplausos). Contundente, inobjetable. Ahora nos toca a nosotros y a nosotras. ¡Es así, Fidel! (Aplausos.) Él sobrecumplió su misión en esta tierra, la sobrecumplió más allá de las expectativas más grandes que pudiera haber. Pocas vidas han sido tan completas, tan luminosas. Se va invicto, eso es mejor, como dicen ustedes, no se va, se queda invicto entre nosotros, absuelto, ¡absolutamente absuelto por la historia grande de la Patria! (Aplausos.)

Ahora también comprendo otras palabras suyas vertidas en una de las tantas lecciones que hasta ahora no hace mucho nos impartió y que fueron publicadas en el año 2007 bajo el título Reflexiones del compañero Fidel, y nos decía, sobre todo a la juventud, a los más jóvenes, a los niños y a las niñas que ya levantan con su conciencia este tiempo: “De no existir la convicción del valor de la conciencia y su capacidad de prevalecer sobre los instintos, no se podría expresar siquiera la esperanza de cambios en cualquier período de la brevísima historia del hombre.”

Fidel siempre estuvo seguro del valor de su propia conciencia, lo estuvo con fidelísima convicción para honrar así su propio nombre de pila, de tal seguridad venían su increíble coraje histórico, su valentía a toda prueba.

Quiero evocar en esta hora una frase de Víctor Hugo a la que tantas veces hizo referencia nuestro Comandante Supremo Hugo Chávez Frías, cito: “No hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo.” En realidad y en verdad Fidel se hizo una idea invencible a la que le llegó su tiempo y que se extendió en el tiempo de generación en generación en la Patria grande y en toda la humanidad (Aplausos).

Cuando digo Fidel, cuánta historia decimos, tantos nombres, tantos hombres, tantas mujeres, Moncada, Abel, Haydeé, Melba, Raúl, Vilma, Juan Almeida, Granma, Frank, Che, Camilo, Daniel, Sierra Maestra, Girón, las dos Declaraciones de La Habana, la Crisis de Octubre, Martí, Martí, Martí, ¡siempre Martí!, y pare usted de contar cuánta historia y tantos nombres que se agolpan, como vienen en memoria fervorosa de esta Revolución Cubana y de su líder histórico, de la obra magna de este inmenso adalid de su tiempo y de los tiempos que vendrán.

Cuando digo Fidel, digo, en letras mayúsculas: REVOLUCIÓN BOLIVARIANA DEL SIGLO XXI y digo CHÁVEZ, ¡siempre Hugo Chávez, su amado hijo, su entrañable discípulo! (Aplausos.)

Y recuerdo las palabras del Apóstol que usted, Comandante Fidel, Comandante del ALBA encarnó con infinito amor, con infinita generosidad: cuando el Apóstol visitó Caracas en 1881, no habiéndose secado y limpiado el polvo de los caminos, se presentó frente a la estatua del Libertado Simón Bolívar en el centro de Caracas para pronunciar su discurso y siempre recordamos su sentencia: “Deme Venezuela en qué servirla y ella tiene en mí un hijo”, dijo José Martí. Sí, Fidel, un hijo de Venezuela (Aplausos), sí, porque siempre estuvo listo para servirla, para que les llegaran los médicos a los humildes, para que llegaran los entrenadores deportivos a la juventud para sacarla de las drogas y la delincuencia; sí, para que llegaran los alfabetizadores a llevar la educación, la luz, la cultura a nuestro pueblo (Aplausos).

Hijo de Venezuela, Fidel, la gratitud no es tan debida como la admiración, porque sin el apoyo y la solidaridad de la Revolución Cubana en todos los terrenos, en los momentos más difíciles del golpe de Estado del año 2002, de los sabotajes petrolero y la guerra económica del 2003, del intento de intervención por parte del gobierno de George Bush, de los intentos de asesina