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Animación sociocultural

Para otros usos de este término, véase Animación (desambiguación).
Animación sociocultural
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Concepto:Es un instrumento para los animadores técnicos y profesionales que constituye la ocasión de trabajar en la cultura y de hacer productiva su creación, difundiéndola por intermedio de numerosas instituciones socioculturales.

Animación sociocultural. La realidad de la animación sociocultural se impone mediante el campo complejo y diversificado de sus prácticas, de sus instituciones y de sus agentes. La valorización social actual y su expansión reciente, a pesar de una historia antigua que se remonta a los orígenes de la educación popular, la hacen aparecer como una invención de las sociedades modernas y una auxiliar útil para afrontar ese test gigante de resultados inciertos que constituye la civilización técnica.

¿De qué se trata?

Para los tecnócratas de la cultura, es la criada para todo servicio; para los ediles locales, la ocasión de extender su poder o de perderlo. Resulta la manera de remediar las deficiencias socioculturales, de resolver los problemas de los grandes grupos y de evitar la delincuencia, las desviaciones y otras enfermedades del siglo, para aquellos que son médicos sociales, que se sitúan en una perspectiva ortopédica.

Es el instrumento privilegiado de la crítica social para los que proyectan sus esperanzas revolucionarias fracasadas y piensan crear un verdadero poder cultural. También aparece, particularmente desde 1981, como un nuevo sector económico, portador de innovaciones, tanto por la naturaleza de las empresas que se encuentran en él y las formas en las que se manifiestan, como por la originalidad de sus actores y de sus proyectos, que forman, con los movimientos mutualistas y cooperativos y la ecología, el tercer sector de la economía social.

Campo social de la animación

Asociaciones voluntarias, que forman legiones y que constituyen su base sociológica esencial, hasta el aparato del Estado, tan discreto como eficaz, que extiende su influencia, día a día, ayudando -o procediendo por sí mismo- a la institucionalización de la animación, la creación de formaciones y el otorgamiento de diplomas profesionales de animadores y alentando y controlando, por una política hábil de subvenciones, las iniciativas, experiencia y realizaciones compatibles con el mantenimiento de su dominio.

A veces son las colectividades locales las que desempeñan el papel esencial; en otras ocasiones, los organismos sociales y las federaciones socioculturales son las que disponen de equipos elaborados, de innumerables adherentes y de militantes voluntarios, que trabajan en unión con una verdadera multitud compuesta de millares de animadores profesionales. Se puede arriesgar una cifra próxima a los cincuenta mil, actualmente, la cual se acerca a la profecía del "grupo de reflexiones para 1985" del plan francés (estimación de la que algunos se habían burlado en su época, hace unos veinte años).

Si se incluyen los puestos de gestión y de responsabilidad y se extiende el campo de la animación a las asociaciones de turismo y de vacaciones ya los comités de empresa se llega, efectivamente, a una cifra de cincuenta mil animadores profesionales, mucho más aún si se considera comprendido en la animación sociocultural al sector, muy importante, de la animación del ocio de tipo comercial (actividades culturales de pago, vacaciones organizadas, turismo, actividades deportivas, clubes, etcétera).

Ahí también se encuentran los ministerios múltiples, que estimulan u organizan la animación, fundando la hipótesis de la creación de un verdadero aparato ideológico del Estado, a pesar de que algunos organismos privados controlan también el campo sociocultural mediante sus estructuras polivalentes y sus propios centros de formación de animadores. La legislación también progresa, instituyendo cursos, carreras, reglas deontológicas, planes y una verdadera política cultural que no siempre se manifiesta con su nombre, aunque numerosos grupos de base, sin institucionalización, realizan espontáneamente acciones culturales que no debemos ignorar en una definición amplia de la animación.

Los propios animadores, agentes esenciales de esta empresa, a menudo se encuentran divididos entre su ideal militante y las exigencias institucionales de competencia y de eficiencia técnica, entre las tareas de gestión y las tareas de animación, entre su papel de responsables y su rol de agentes de relación, entre las obras culturales y la creación, la difusión y el público. Aquí estamos en el centro de la animación y de su ambivalencia, que nos ha hecho decir que estos animadores Son también agentes dobles, como la propia animación, que 2es el campo de la ambivalencia y de la ambigüedad por excelencia, y cuyas numerosas contradicciones son la imagen de las del campo social, cuya transversalidad soporta.

Fundamentos

La animación es también el conjunto de miles de prácticas culturales, estéticas, deportivas y sociales que se desarrollan en los clubes, las casas de jóvenes, los hogares y centros sociales, los campamentos de vacaciones, el turismo social, las marchas y excursiones al aire libre, naturismo, manualidades, jardinería, conciertos, música pop y discotecas, bailes y reuniones, discusiones, clubes de la tercera edad, clubes de fotografía, cineclubes, actividades lúdicas en grupos pequeños, aficionados al juego de petanca, teatro, circo, espectáculos animados, debates, fiestas populares, clubes de lectura, cafés, ciclismo, judo, música, clubes de motociclismo, etc. Estas actividades se desarrollan con diferentes equipamientos, con la ayuda de animadores voluntarios o profesionales, formados "en la acción" o en centros especializados, animadores que se dirigen con técnicas y normas pedagógicas distintas, a públicos diferenciados.

  • Fundamentos de la animación. Un desarrollo económico rápido, fruto del desarrollo científico y técnico, que tras toca la estructura social, engendra la urbanización y exige la incorporación de poderosos en un contexto de crisis, de rigor y de modernización, este aspecto se refuerza.
  • Aparatos educativos y culturales que permiten el crecimiento y la adaptación social.
  • La masificación, resultante de los movimientos combinados de industrialización, urbanización, crecimiento demográfico y del desarrollo de los grandes conjuntos, conduce a fenómenos complejos de desorganización, inadaptación, desvío, que conviene curar o prevenir.
  • El tiempo libre; aunque la idea de civilización de ocios es sospechosa, no es menos cierto que en la sociedad contemporánea aparece la liberación de cierto tiempo que planteará problemas concretos a los individuos; se asiste a una creación muy importante de grupos y asociaciones que se fijan como objetivo "ocupar" este tiempo liberado, que llegará a ser el campo esencial de la animación.
  • La "presión " de ciertas categorías de la población: en este tipo de sociedad la ejercen algunas categorías de la población que reciben, más que en el pasado, la atención de los organizadores sociales y que son el "grupo de los jóvenes" y el "grupo de los viejos" -mientras disminuye la categoría de la población intermedia, formada por la población activado que plantea problemas serios para el futuro. Paralelamente, otras categorías desempeñan un nuevo papel: las clases medias, las mujeres, los inmigrantes, los jubilados, etc., que exigen de la animación sociocultural ciertas iniciativas privadas y públicas.
  • La normalización social: en este tipo de sociedad hiperorganizada, la normalización social está en acción y opera por medio de grandes estructuras de masa: Estado, escuela, planificación, cultura, medios masivos de comunicación, etc. El riesgo de despersonalización, de estereotipia, de ajuste a la norma media es real, y se nota tanto en las formas de consumo o en la moda, como en las mentalidades, los fantasmas colectivos, los prejuicios. La animación puede reforzar ese movimiento de normalización o detenerlo, reinstaurando actitudes activas y críticas, indispensables para la democracia.

Funciones sociales de la animación

En este tipo de sociedad, consentidora o manipulada, la animación sociocultural está llamada a desempeñar ciertas funciones sociales evidentes, que pueden resumirse así:

  • Una función de adaptación y de integración que tiende a asegurar la socialización de los individuos y los prepara para los cambios múltiples vinculados con la sociedad industrial, en el orden económico y en el cultural. Así se desarrolló la idea de una política cultural en Francia, desde hace veinte años, con la integración de equipos socioculturales y de animadores, que permiten mejorar el ambiente social, evitar las desviaciones, orientar las energías hacia la participación y favorecer el advenimiento de una sociedad pluricultural.
  • Una función de recreación ligada al ocio ya su organización. La sociedad industrial no tolera la falta de organización ni el derecho a la, pereza, ni siquiera en el tiempo libre. Se encarga de la diversión y de la actividad lúdica de los individuos, generalmente, también aquí, gracias 3a la ayuda de equipos socioculturales adaptados y de personal especializado {animadores). Los ocios culturales llegan a ser, asimismo, la ocasión para un desarrollo cultural e individual real, mediante la práctica de actividades que corresponden a los intereses culturales de las diferentes categorías.
  • Una función educativa: escuela paralela, contra- escuela, escuela complementaria, la animación permite, a veces, completar la formación rudimentaria, profundizar ciertos intereses culturales. Oscila entre dos modelos culturales, uno ligado a la cultura de élite, la de los creadores; el otro, que afirma la existencia posible de una cultura popular verdadera, fundada sobre otros criterios; modelos en conflicto, como las clases sociales.
  • Una función correctora: en la medida en que permite reparar ciertas carencias de tipo educativo o cultural, en la medida en que ayuda a enmascarar ciertos desequilibrios, prevenir posibles conflictos o limitar las desviaciones, la animación sociocultural aparece como ejercicio, una acción correctora que tiende a curar los males de una sociedad atacada por perturbaciones permanentes, y asegurar así la regulación de la vida social.
  • Una función crítica: si la animación puede ejercer una función de normalización, también puede permitir el ejercicio de un espíritu crítico y ser el ámbito de la investigación de nuevas relaciones entre los individuos y los grupos, la investigación de un nuevo modo de vida, más cualitativo, menos obsesionado por el productivismo, la carrera por el dinero, la comodidad, el estancamiento material y espiritual, y la pasividad. Con sus numerosas instituciones y sus marcos de referencia pluralistas puede permitir la elaboración de una crítica social que garantice el ejercicio de la democracia.

Funciones culturales

El paso de la educación popular a la animación sociocultural traduce no solamente un cambio lingüístico importante, sino que revela también una evolución sociológica fundamental: abandono de la referencia "popular", utilización de nociones más amplias y más neutras: animación y sociocultural.

La cultura misma prorrumpió en manifestaciones diversas, y se hablará, a menudo, de cultura de elite, cultura de masa, cultura de consumo, cultura escolar, cultura multiforme, cultura popular, cultura mediatizada, intercultural, lo que indica las diferentes concepciones y expresiones de la cultura, y el fin de un unanimismo simplista.

En este contexto, la animación aparece como un instrumento polivalente, utilizable para todos los tipos de cultura y para todos los públicos.

La animación sociocultural como estructura intermediaria

Entre la creación cultural, la difusión y el público; como estructura cultural intermediaria, desempeña necesariamente funciones ambiguas:

  • En relación con la creación: ya sea un instrumento de difusión de las obras culturales creadas, es decir, el instrumento de vulgarización de la cultura de los creadores reconocidos, considerados modelos, legitimados, socialmente aprobados y comercialmente situados en el mercado de la industria cultural; ya sea el instrumento de una cultura popular, elaborada "en la base", de una cultura "ascendente", que se opondría a una cultura "descendente" o de concepción malsana, en la cual, las casas de la cultura manifestaban, con el carácter imponente de, su arquitectura, la condescendencia y la sacralización. Nos encontramos aquí con dos concepciones antagónicas de la cultura, y las opciones no se hacen para siempre; la animación y los animadores deben elegir y situarse permanentemente entre estas dos concepciones, cuya oposición es fundamentalmente ideológica y reposa sobre dos sistemas criteriológicos diferentes, concernientes al análisis de la cultura y de la sociedad que la produce.

En relación con la difusión cultural

La función de la animación (y de los animadores) aún es ambigua; ¿la función de difusión es superior a la de creación? ¿El animador está llamado a ser sólo un transmisor de una cultura elaborada fuera de él y destinada a un público que tampoco ha participado en su elaboración? ¿Ha sido ésa la orientación de cierta política cultural y de creadores y directores de equipos culturales, más preocupados por su celebridad que por un desarrollo cultural real? Se plantea así la cuestión del contenido de la difusión: ¿difundir qué? .Aquí se evidencian las opciones que la animación sociocultural debe hacer de forma explícita y que remiten a criterios culturales: ¿Mozart o André Verschuren? ¿Por qué? Por otra parte ¿es conciliable, para los animadores, esta actividad de difusión con una concepción donde el animador es el que permite una "asimilación crítica" de la cultura, la expresión de las culturas populares puede ejercer un verdadero "poder cultural", como algunos lo desean?

En relación con los públicos de la animación

Dentro de este círculo cultural que relaciona los creadores, los que difunden y el público, la animación puede aparecer como un aparato técnico e ideológico que sirve para la difusión comercial de la cultura (pues ella es también -¿y ante todo?- una mercadería, que sirve asimismo para condicionar las mentalidades que se forjan ampliamente por la cultura, o que sirve para el desarrollo real de los individuos, al aumentar su capital de conocimientos, y les permite una mejor comprensión del universo que los rodea. Aquí también, la animación se instala en la ambigüedad y debe elegir entre los contenidos culturales que aspira a transmitir, las categorías de público que quiere interesar, el tipo de cultura que desea promover o difundir.

La animación y los animadores no pueden evitar las elecciones culturales que se les imponen cotidianamente; estas elecciones remiten a los valores que persiguen numerosas instituciones que actúan en el campo cultural. Hay muchas otras preguntas que se plantean a los animadores y que no pueden hallar respuestas fuera de los marcos de referencia diferenciadas de esas instituciones en las que el pluralismo no cesa de asombrar a los observadores atentos.

Se podría hacer notar que los marcos de referencia que se relacionan con la cultura son, en realidad, mucho más numerosos (¿y con más matices?) que los marcos de referencia de las organizaciones políticas y los modelos políticos y sociales que aquéllas proyectan sobre el hombre del mañana. ¿Puede ser que se encuentre ahí, a través de esa diversidad, el fundamento y la preferencia por un poder cultural específico, que escaparía a las organizaciones tradicionales y que explicaría el carácter "militante" y utópico de buena cantidad de animadores?

Pero, a su vez, este poder cultural plantea un interrogante sobre el poder social y político que sustentan: expresión autónoma, en apariencia, de las necesidades culturales de los individuos y de los grupos, en su tiempo libre ¿no es también la forma sutil y oculta de un control social reforzado de los últimos espacios de libertad posibles?

Fuente

  • Archer, D. y S. Cottingham (1997), Manual de base del método Reflect-action, Action-Aid, El Salvador.
  • Blackburn, J. (2000), "Understanding Paulo Freire: Reflections on the Origins,
  • CEAAL (Consejo de Educación de Adultos de América Latina) (1992), Construyendo poder, creando futuro. La educación popular para una cultura democrática y solidaria en América Latina, Encuentro de educadores populares latinoamericanos, Colombia, 1992.
  • Documentacion Social. Revista de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada, nº 110, enero-marzo 1998, monográfico: "Educación y transformación social", Madrid.