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Batalla de Salamina

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Batalla de Salamina
Información sobre la plantilla
Mapa-de-salamina.jpg
Fecha:Octubre de 480 a.C.
Lugar:La isla griega de Salamina
Resultado:
Victoria para el ejército griego.
País(es) involucrado(s)
Ciudades- estados griegos y el imperio persa
Líderes:
Jerjes I, Emperador de Persia y el Comandante Temístocles Euribíades

Batalla de Salamina. Fue el mayor combate naval de la Antigüedad, ocurrido en octubre de 480 a.C., que sentó las bases, tras el triunfo de la flota griega sobre fuerzas persas, del florecimiento de Grecia y Europa.

Historia

En vez de darse por vencidos los persas conformaron el ejército más grande de la Antigüedad. Para poder transportar más rápidamente a sus tropas, el rey Jerjes I de Persia (519 a. C.-465 a. C.) mandó construir un canal a través de la península de Athos, así como un puente sobre el río Helesponto y otro sobre el Estrimón. Estos enormes esfuerzos de los persas no pasaron inadvertidos por los griegos. Por el tamaño y despliegue del ejército persa estaba claro que Jerjes I de Persia tenía planeado llevar a cabo una guerra de conquista contra Grecia para después avanzar sobre el sureste de Europa. Para cualquier otra cosa su ejército era desproporcionado.

Temístocles había visitado el Oráculo de Delfi que le había dicho la siguiente frase: “¡Busca protección tras murallas de madera!” Ello que fue interpretado por Temístocles como que los griegos debían buscar el combate naval para entonces buscar refugio tras las paredes de madera de sus embarcaciones. Después de una inicial oposición en la Asamblea Popular, ésta consintió la construcción de más barcos de guerra.

Cuánta razón tenía Temístocles en su estimación de que las fuerzas persas eran invencibles en una batalla en tierra quedó demostrado poco después, en agosto de 480 a.C., en la llamada Batalla de las Termópilas, donde después de cinco días los persas derrotaron a los espartanos. Jerjes I avanzó hacia Atenas y la devastó. La ciudad no tenía protección ni quien la defendiera, pues los hombres aptos para el combate se habían replegado a los barcos de guerra. En vista de la ciudad destruida, tenían claro que se encontraban ante su última oportunidad.

Si perdían la batalla hubiera sido el fin de una Grecia libre. Los griegos tomaron posición ante los persas en el estrecho occidental frente a la isla de Salamina. Después de doce horas de combates los griegos ganaron la batalla, probablemente porque contaban con botes más pequeños capaces de maniobrar con rapidez en el estrecho de Salamina. El triunfo de Grecia evitó el sometimiento a Persia y detuvo el avance de sus fuerzas militares hacia Europa.

Figura Predominante

La figura política dominante en aquellos años era el estratega militar Temístocles Euribíades (aprox. 525 a.C.-459 a.C.). Ya desde el año 490 a.C. había comenzado a construir una muralla en torno a Atenas y el puerto de El Pireo. Al mismo tiempo fortaleció la flota naval para que estuviera preparada para repeler una eventual ofensiva persa.

Desde hacía años los reyes persas querían poner pie en el continente europeo. El primer intento en 490 a.C., conocido como la Batalla de Maratón, había fracasado. Aunque los persas tenían un ejército de invasión superior, fueron derrotados por una infantería griega bien capacitada que los obligó a replegarse.

Ejércitos

Griego:

Los griegos contaban con un total de 368 galeras, pertenecientes en su mayoría a los atenienses, pero también participaban naves espartanas, varias de Corinto, Egina, y otras que procedían de las islas de Calcis, Naxos, Melos y del Peloponeso (Sicione, Trezene, Epidauro y Hermione). Con estas mismas naves, se dedicaron a trasladar a toda la población ateniense a la isla de Salamina.

Persa:

Los persas habían llegado a Grecia por tierra y por mar. Por tierra pasaron de Asia a Europa cruzando el estrecho de Dardanelos sobre un puente de embarcaciones de más de kilómetro y medio avanzando por Europa hasta el paso de Las Termópilas donde se toparon con Leónidas y los suyos. Mientras tanto en cabo Artemisio, en el extremo norte de la isla de Eubea, los griegos habían situado su armada en una posición cercana al paso para evitar que éste fuera rodeado por mar. La armada persa se dirigió hacia allí; pero una terrible tempestad, que duró tres días, redujo el número de barcos persas de más de 1.300 a unos 900, aún así los asiáticos seguían siendo muy superiores numéricamente, máxime cuando parte de la flota griega se encontraba evacuando la población del Ática (Atenas y alrededores) ante la más que previsible llegada de los persas.


La armada persa se dividió en dos, unas 200 naves trataban de rodear la isla de Eubea, mientras que el resto de la flota avanzaba directamente hacia los griegos, pero éstos, informados de las intenciones del enemigo, decidieron enfrentarse al grueso de la armada persa, es decir, unos 270 barcos contra 700.

Concentración de tropas en Salamina

La flota griega se había congregado junto a Salamina. Las pérdidas sufridas en Artemision fueron subsanadas mediante la reparación de las naves dañadas y con los refuerzos provenientes de Egina y el Peloponeso. Las tentativas de Temístocles de incitar a los jonios que se hallaban en la flota persa, a que se pasaran a la alianza helénica no dieron resultado; sólo cuatro naves enviadas por Naxos, por orden del rey, para ayudar a la flota persa, se adhirieron a los griegos.

Según dice Esquilo, la flota griega que tomó parte en la batalla estaba formada por un total de 310 navíos, de los cuales 110 eran atenienses. La posición ocupada por los griegos en Salamina era excelente: no solo permitía defender la isla, sino que estaba en condiciones de impedir a los ejércitos terrestres persas el avance hacia las fortificaciones erigidas en el istmo de Corinto.

Estrategia Militar

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Embarcación utilizada en la Batalla de Salamina

Esparta apenas había enviado una veintena de trirremes, pero por tradición fue su almirante Euribíades, más veterano que Temístocles, quien tomó el mando. Esto originó una discusión entre entre Temístocles, que quería una batalla delante de Atenas, y el espartano, que preconizaba un repliegue hasta el istmo de Corinto. [...] De la gran armada persa del principio quedaban aproximadamente seiscientos barcos de combate, los demás estaban en el fondo del agua, por causas diversas, repetidas tormentas, combates desgraciados de unidades aisladas y otros accidentes.

Eran barcos poderosos que, siguiendo a la vez la retirada del ejército griego y el avance del ejército de Jerjes llegaron delante de Phaleres a contemplar las humaredas de la segunda destrucción de Atenas. En este punto al que la guerra había llegado, se produjo un verdadero suspense. Si Euribíades quería replegarse sobre Corinto, era sin duda porque se suponía que Jerjes atacaría el Peloponeso. Su plan de ataque sobre Citera apuntaba a la división de las fuerzas griegas. Y después de todo, ¿Qué les quedaba a los griegos del Atica, aparte del mar y de sus trescientas trirremes? Incluso sin el flojo apoyo de la escuadra espartana, todavía le quedaba a Temístocles algo con lo que cerrar el paso y combatir razonablemente a los persas. Todo el problema residía en saber si Jerjes pasaría el callejón sin salida o se olería la emboscada.

A pesar de ésto, según Heródoto, muchos estrategas proponían la retirada y que se eludiera la batalla. Triunfó la opinión de Temístocles que pensaba que era necesario atraer inmediatamente a los persas a una batalla naval. Heródoto cuenta como Temístocles se salió con la suya en este asunto. Para ello envió un emisario al rey persa, con el mandato de comunicar a Jerjes, en su nombre, que simpatizaba con los persas, y que entre los griegos reinaban el desánimo y la tristeza y la propensión a dispersarse, presas del más grande terror; y que, por ello, no había más que atacarlos inmediatamente, para que la victoria estuviera asegurada.

Jerjes se dejó seducir por la idea de terminar con la guerra de un solo golpe, en Artemison la armada griega había conseguido huir, pero aquí podía rodearla por todos los costados. En realidad, durante la batalla hubo menos discusiones entre la flota griega que entre los persas, que era más heterogénea que la de la coalición.

Desarrollo de la Batalla

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Batalla de Salamina

La armada helénica estaba anclada en una bahía que penetraba profundamente en la costa oriental de la isla, junto a la ciudad de Salamina. Una angosta franja de agua, entre la isla y el continente por el sur, casi encierra el islote de Psitalia, y allí a lo largo de las costas del Ática, se alinearon en tres filas las naves persas, y en la isla fue desembarcado un fuerte destacamento.

Hacia la salida occidental del estrecho, hacia la ciudad de Megara, Jerjes envió un destacamento naval auxiliar para cortar a los griegos la posibilidad de retirada. El ejército terrestre persa fue llevado a la costa, a la retaguardia de las principales fuerzas de la armada. Temistocles se obstinó en no salir de su pasillo a librar una lucha espectacular en otro lugar con facilidades para maniobrar. Durante un mes permaneció fondeado bajo la atenta -y quizá impaciente- mirada de Jerjes, que debió pensar que, a pesar de la elección griega del terreno, la ocasión era buena para liquidar la flota griega y librarse así de ella mientras ocupaba el resto de la Hélade. Sería el fin de las trirremes atenienses antes de las tormentas de otoño. Jerjes se ubicó en un alto cerro para poder seguir desde allí el desarrollo de la batalla. El 28 de septiembre del año 480, por la mañana temprano, la flota griega en formación de batalla, teniendo en el flanco izquierdo los navíos atenienses, y en el derecho los de Esparta y Egina, fue la primera en avanzar contra los persas, entablándose una encarnizada batalla. Los manineros persas combatieron con extraordinaria tenacidad y valentía. Pero muy pronto se produjo entre ellos la confusión; en el angosto estrecho, de poquísima profundidad, las filas posteriores de las naves estorbaban los movimientos de las anteriores. Fueron inútiles los esfuerzos de los expertos marinos fenicios, pues, cediendo al ataque de los navíos griegos, la enorme flota persa se amontonó en una masa desordenada.

Las naves penetraban ruidosamente en los cuerpos de las otras, encallaban en los bancos de arena y zozobraban en gran cantidad, hundiéndose. La reina Artemisa de Halicarnaso había intentado convencer a Jerjes de que no cayese en la emboscada. Durante la batalla su barco enarboló los colores griegos y se lanzó contra el del rey de Calindes para arreglar una vieja cuenta. Consiguió hundirlo y huir sin ser molestada. Los persas no utilizaron la fuerza de los remeros para rodear la isla por el paso sureste. Las unidades griegas consiguieron fácilmente rodear a las naves persas de imprecisos movimientos. Combatieron con gran lucidez y con la energía de los que se juegan todo en la última baza. Simultáneamente, Arístides, que había aprovechado la amnistía para regresar a su patria en vísperas de la batalla, desembarcó con un destacamento de hoplitas en Psitalia y aniquiló al destacamento persa.

Al llegar la noche todo había acabado: la enorme flota persa estaba deshecha, destruida casi por completo. Las naves restantes no se hallaban en condiciones de emprender ninguna operación seria. La flota creada por los atenienses había salvado la independencia de Grecia.

Importancia

La batalla de Salamina fue muy importante, fue una gran victoria para los griegos que obtuvieron acabar con una buena parte del enemigo y la retirada de Jerjes, esta batalla constituyo un momento crucial en el curso de la guerra. Después de esta solo quedo un destacamento que fue derrotado con facilidad en dos batallas el año siguiente, con esto lograron liberarse del yugo persa en todas sus ciudades y el dominio de los mares de la zona así como las islas.

Al termino de la guerra las condiciones que se habían tenido en Grecia propiciaron lo que fue una gran hegemonía de la armada naval.

Fuentes