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Hititas

Hititas
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Mapahititasss.jpeg
Mapa del Imperio hitita: en rojo oscuro, hacia el 1560 a. n. e.; en rojo claro, su máxima extensión, antes de la batalla de Kadesh (1295 a. n. e.).
Información
Periodo históricosiglos XVIII a XII a. n. e.
Idiomanesita
Principales ciudadesHatussa, Karkemish, Nesa
RegiónAsia Menor
Reyes/líderesHattusil I, Hantil II, Mursil II y Shubiluliuma II

Los hititas fueron un pueblo indoeuropeo cuya importancia en la historia de los orígenes de la civilización occidental fue revelada por excavaciones en Anatolia (Turquía).[1]

Ubicación geográfica

Sus límites comprendían:

Su imperio incluía parte (o la totalidad) de Chipre y diversos territorios en Siria, donde el reino hitita limitaba al este con Asiria y al sur con Egipto.

Sus ciudades más importantes fueron Jatusa (actual Bogazköy), Karkemish y Nesa.

Historia

Los hititas dominaron el Asia Menor entre los siglos XVIII y XII a. n. e.[2] El corazón del Imperio hitita ―llamado en esa época el país de Hatti― estaba situado en el recodo del río Kizil-Irmak (Marrasantiya en idioma hitita), donde se hallaba la capital, Hattusa.[2]

Gobernados por reyes, formaban una poderosa monarquía cuyo imperio alcanzó su máximo esplendor con el rey Shuppiluliuma, que coincidió con la decadencia de la XVIII dinastía egipcia.[2]

Algunos reyes importantes fueron Hattusil I, Hantil II, Mursil II y Shubiluliuma II.

Fueron denominados khettas (por los egipcios), khatti (por los asirios). En el Libro del génesis se los menciona como hijos de Heth (heteos) y se los creía una de las tribus locales de Palestina (cuando en realidad el centro de los heteos se encontraba en la península de Anatolia, unos 1000 km al noroeste de Palestina).

A fines de mayo del año 1274 a. n. e., el faraón Ramsés II batalló contra una coalición de príncipes hititas, a los que venció en la famosa batalla de Kadesh (en Siria). El Poema de Pentacor ―cuyo texto figura esculpido sobre los muros del templo de Karnak y se conoce también por escrituras en papiros― celebra el valor del rey en esta batalla que, sin embargo, no fue decisiva. La paz acordada quince años después dejó a los hititas el dominio de Siria, y su poder continuó hasta que ―hacia finales del siglo XIII a. n. e.― se inició el gran movimiento de pueblos a los que los documentos egipcios llaman los "pueblos del mar". Eran los egeos, que se establecieron en Asia Menor después de varias guerras, de las cuales constituyó un incidente el sitio de Troya, inmortalizado por Homero.

Comúnmente se divide la historia hitita en tres períodos:

Reino antiguo

Tratado de Kadesh (c. 1259 a. n. e.), primer tratado de paz escrito conocido. Museo Arqueológico de Estambul.

Poco se conocería de los primeros reyes de los hititas si uno de ellos, Telebino, no hubiese escrito 150 años después del inicio del reino antiguo, un edicto encaminado a justificar la necesidad de sus reformas, que incluye una introducción histórica al origen del poder hitita, en la que se menciona a tres monarcas: Labarna I, Hattusil I y Mursil I.[3]

Se desprende de este documento que el verdadero fundador del imperio hitita fue Labarna, que agrupó a las diferentes ciudades-estado y los pequeños reinos bajo una autoridad central y ensanchó las fronteras del recién creado reino hacia el oeste y hacia los mares Negro y Mediterráneo. También es posible que consolidara la institución de la monarquía al dictar disposiciones que garantizaran la sucesión. El nombre de Labarna se usó con posterioridad como sinónimo de "rey", lo que lleva a algunos historiadores a dudar de la existencia real de este monarca. Labarna conquistó prácticamente toda la Anatolia central y extendió sus dominios al mar Mediterráneo.[3]

Hattusil I pudo apoyarse en la base política que Labarna le legó, para lanzar numerosas campañas militares, principalmente contra el reino de Alepo y contra los hurritas. Por otra parte, estableció en Hattusas la capital de los hititas. Con Mursil I, nieto de Hattusil I, los hititas saquearon Babilonia y conquistaron la ciudad de Alepo. Tras el asesinato de Mursil siguió un periodo de luchas internas y debilidad externa que finalizó durante el reinado del rey Telebino (que reinó entre el 1525 y el 1500 a. n. e.). Para asegurar la estabilidad del reino, promulgó una estricta ley de sucesión y adoptó medidas contundentes para suprimir la violencia. De los sucesores de Telebino únicamente se conocen sus nombres.[3]

Reino medio

Durante los años que siguen al reinado de Telebino, se produce una disminución del poderío hitita. El gobierno estuvo en manos de reyes que no pudieron evitar el ascenso y consolidación del poder de Mitani, que llegó a constituir una seria amenaza para el imperio hitita, arrebatándole diversos territorios en Siria.Junto a esta relativa decadencia, se constata una escasez de documentación que impide conocer casi nada acerca de los reyes de la época: (Alluanna, Tahurwaili, Hantil II, Zidanta II, Huzzia II y Muwatallis I), aunque parece posible constatar que hubo una continua lucha por el trono y numerosos desórdenes dinásticos.[3]

Reino nuevo

Durante el Reino Nuevo, empezó a desarrollarse en Irán y Asia Central la equitación, que, unida al carro ligero de combate, revolucionó el campo de batalla, al proporcionar una nueva movilidad a todos los ejércitos. El carro de combate se convirtió en el arma principal de los hititas durante el Imperio Nuevo, como ocurrió en el resto de reinos de Oriente Próximo.

Relieve del último rey hitita, Shubiluliuma II, en Hattusa.

Los carros hititas, de dos ruedas de seis radios, estaban tirados por dos caballos, y eran manejados por lo que hoy conocemos como auriga. Sus ocupantes disparaban flechas antes de la carga, durante la cual usaban lanzas. En las ruinas de Hattusas se han encontrado unas tablillas que contienen el manual de hipología más antiguo de entre todos los conservados. El texto está firmado por un tal Kikkuli, del país de Mitani, por lo que se considera que algún rey hitita habría tomado el servicio de un hurrita para que le enseñara la técnica de la equitación.[3]

Tudhalia I sentó las bases del reino nuevo, al restaurar parte de la gloria del reino antiguo.Tras sofocar una serie de rebeliones y frenar la amenaza kaska, comenzó a recuperar terreno frente a Mitani, alcanzando Alepo. Arnuanda I intentó proseguir la guerra con Mitanni, pero tuvo que enfrentarse a una invasión kaska que sólo pudo ser derrotada en tiempos de Tudhalia II, quien, a su vez, logró someter gran parte de Anatolia Occidental al dominio hitita. Esta expansión permitió, durante el reinado de Shubiluliuma I (1344-1322 a. n. e.), una campaña militar decisiva contra Mitani, en la que se saqueó su capital. Después de algunos años de guerra, los hititas fueron capaces de apoderarse de gran parte de Mitani y convertir el resto en un estado vasallo. La debilidad de Egipto, Babilonia y una Asiria que comenzaba su renacimiento, facilitó a Shubiluliuma convertirse en la mayor potencia de la época, llegando a intentar una alianza matrimonial con Egipto, que fracasó al ser asesinado su hijo.[3]

Estas grandes conquistas, sin embargo, enfrentaron durante el reinado de Muwatallis II a los hititas con los egipcios durante el reinado de Ramsés II en la batalla de Kadesh, enfrentamiento del que los hititas salieron mejor parados, pero que permitió a Asiria recuperar su poder. Los siguientes reyes hititas intentaron oponerse a los asirios, hasta que Tudhalia IV fue derrotado en Nihriya. Sin embargo, Tudhalia IV compensó esta derrota llevando al Imperio a su máxima extensión.[3]

Shubiluliuma II, hijo de Tudhalia IV, se vio sorprendido por los ataques de los pueblos del mar, que no supo repeler, y que, junto a nuevas invasiones de los bárbaros gasgas, hicieron desaparecer al Imperio hitita de la historia durante más de 3000 años.[3]

Cultura

Sello real.

Los hititas utilizaron el sistema cuneiforme de escritura adoptado de los babilonios, aunque también emplearon un sistema de jeroglíficos para inscribir un idioma muy relacionado con el hitita, probablemente un dialecto luvita. Aunque los jeroglíficos se utilizaron durante el periodo del Imperio, la mayoría de las inscripciones pertenecen al periodo posterior a su caída. La literatura de los hititas estaba muy desarrollada, según muestran los documentos históricos y las narraciones.[3]

Idioma hitita

Es un idioma indoeuropeo que pervive en las inscripciones cuneiformes de unas estelas encontradas en excavaciones de Asia Menor, en la región que ocupó la antigua Hatti. El hitita, el luvio, el palaico (los tres utilizados antes del I milenio a. n. e.), así como el lidio y el licio (utilizados entre los años 500 y el 200 a. n. e.) forman la subfamilia anatolia de los idiomas indoeuropeos. Los textos hititas de escritura cuneiforme datan del 1600 a.C. y son los escritos más antiguos que se poseen de un idioma indoeuropeo (los indios todavía no habían inventado una escritura para escribir el sánscrito que hablaban). A pesar de ser considerado un idioma indoeuropeo, todavía hoy la lingüística no ha aclarado si fue el grupo anatolio el que se desprendió del idioma madre (el protoindoeuropeo) "antes de la existencia de los idiomas indoeuropeos conocidos", o si el hitita fue uno de los primeros idiomas en desprenderse del tronco y formar por sí misma un idioma independiente. Cada vez más la investigación científica encuentra en este idioma numerosas palabras indoeuropeas de lo que antes se suponía, pero el origen de otras muchas permanece sin ser identificado.[3]

Cuadriga con auriga armado.

Los hititas hablaban en idioma nesita (cuyo nombre proviene de la ciudad de Nesa) o hitita, un idioma derivado del indoeuropeo (tal como derivaban el avéstico ―hablado por los iranios en Irán, a unos 3000 km al este― y el sánscrito ―hablado por los arios en Pakistán, a unos 5000 km al este―.

La cultura hitita se caracteriza por su literatura ―escrita en caracteres cuneiformes―, su arte ―que, sin ser tan refinado ni avanzado como el de Egipto o Babilonia, demuestra gran impulso creador y poderosa imaginación― y sus famosos códigos. Durante el último reinado, los hititas usaron un sistema jeroglífico de escritura, tan oscuro y difícil que solamente en la actualidad se comienza a descubrir sus claves.

Religión

Ruinas del gran templo de Hattusa.

Los hititas poseían un panteón de divinidades algo amplio, algo que consta en muchos de los documentos de estado encontrados. En los cuales se suelen encontrar invocaciones a los "miles de dioses de Hatti", los expertos en el tema concuerdan en que el panteón hitita sufrió una gran influencia sumeria, babilónica, asiria, hurrita y luvita. Entre principales deidades se destacaba Teshub, el dios del trueno y la lluvia, cuyo emblema era un hacha y Arinna, la diosa del sol. Otros dioses importantes eran Aserdus (diosa de la fertilidad), su marido Elkunirsa (creador del universo) y Sausga (equivalente hitita de Ishtar). El rey era tratado como un escogido de los dioses y se encargaba de los más importantes rituales religiosos. Si algo no iba bien en el país, se le podía culpar a él si había cometido el más mínimo error durante uno de esos rituales, e incluso los propios reyes participaban de esta creencia.

Arte y arquitectura

Un rhyton hitita en poder del Museo Metropolitano de Arte (ciudad de Nueva York).

En las investigaciones realizadas se puede constatar que el arte y la arquitectura hitita estuvo influenciada por la mayoría de las culturas contemporáneas del antiguo Oriente Próximo, no obstante es relevante que los hititas alcanzaron una cierta independencia en su estilo, lo que a la postre distingue su arte pese a las similitudes. En la construcción de sus edificios solían emplear piedra y ladrillo, aunque también se han hallado evidencias de que hicieron uso de columnas de madera. Sus numerosos palacios, templos y fortificaciones eran adornados con frecuencia a base de relieves estilizados y complicados, que eran tallados en muros, puertas y entradas.

Fuentes

Referencias

Bibliografía

  • Enciclopedia ilustrada Cumbre. México: Cumbre, sexta edición, 1966.
  • García Pelayo, Ramón (1978): Pequeña enciclopedia temática Larousse (primer tomo: «Historia del mundo antiguo»). Buenos Aires: Larousse, 1978.
  • Grinberg, Carl (1986): Historia universal (primero tomo: «El alba de la civilización». Buenos Aires: Editorial Abril, 1986.
  • Grinberg, Carl (1986): Historia universal (segundo tomo: «Imperio de pirámides». Buenos Aires: Editorial Abril, 1986.
  • Sáez Fernández, Pedro (1988): Los hititas. Madrid: Akal, 1988.