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Jardín (Novela)

Jardín (Novela)
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Novela biográfica de la autora escrita primeramente en 1928.
Título originalJardín
Autor(a)(es)(as)Dulce María Loynaz
Editorial:Editorial Letras Cubanas, La Habana, Cuba, 1993
GéneroNovela
Primera edición1951
PaísBandera de Cuba Cuba
Jardín. Novela de Dulce María Loynaz, quien dice en el Preludio,
es "la historia incoherente y monótona de una mujer y un jardín."
Duró siete años para escribirla y la terminó en 1935. Fue publicada por la célebre Editorial Aguilar en España en 1951; luego revisada por la autora y publicada en Cuba en 1993.

Salida

Jardín se mantuvo guardada con llave en una gaveta, hasta que la tenacidad de María Teresa Aranda de Echeverría, fundadora de la sociedad de Artes y Letras Cubanas, hizo posible que se mecanografiara y se le entregara a la declamadora Aida Cuellar de Valdés de la Paz, la primera en escribir un ensayo sobre el libro, titulado Ala y raíz en el Jardín de Dulce María Loynaz, leído en dicha sociedad, el 3 de febrero de 1950.

Primera edición

La primera edición del libro se realizó por Ediciones Aguilar, España, 1951, con encendidos elogios de los más connotados escritores. Fue declarado unánimemente el acontecimiento literario más grande de los últimos cincuenta años. La novela y la autora llegaron a la cúspide.

Bárbara

El personaje de Bárbara, ha de quedar, como arquetipo de la mujer poética y la sensibilidad femenina que está en el mundo. Bárbara está encerrada en las paredes de su casa y de esta opresión desea salir, realizarse en otra realidad más abierta y vital. Su inadaptabilidad por estar habituada al silencio y a la soledad es asombrosa. Incluso su encuentro con el hombre que habría de sacarla de su encierro y trasladarla a otra realidad, que supuestamente le abriría nuevos horizontes y perspectivas, está matizado de silencios, incomunicación que define sus rasgos psicológicos. Los años anteriores al encuentro con el marino no han sido formativos, pues no prepararon a esta mujer para vivir en sociedad. La joven no puede escapar de su pasado y retorna al lugar de su infancia, con sus recuerdos y aislada de todo.

Ambiente

La acción de esta novela, es un ir y venir infatigable, hacer caminar infinitamente a una mujer por un jardín. No hay una alusión concreta que permita decir dónde está el jardín. Se dice que puede estar, lo mismo que la protagonista, o en cualquier meridiano del mundo, donde quiera que aliente sus suaves fragancias un corazón femenino.

La casa está rodeada por selva virgen, bosque tupido y enmarañado, rudo en plenitud natural. Dulce María lo describe así,
gran jardín de arboleda recia y compacta, con senderos mal trazados y acequias por donde se escurría un agua turbia arrastrando insectos y hojas secas… Era el jardín…Su mirada soñadora perdíase en aquella masa oscura y olorosa.

Novela autobiográfica

La obra es autobiográfica, en contra de la negativa de la autora. El jardín es el mismo de la casa situada en la calle Línea, esquina 16, en el Vedado. Un jardín selvático, que tiene largas y tentaculares raíces retorcidas, que van abarcándolo todo. Rodeado de altas rejas. Bárbara es Dulce María. Las cartas líricas y repletas de amor de Pablo Cañas están en la novela y Enrique de Quesada es el que absorbe, como una planta. Estos dos hombres, cada uno a su modo son inspiradores directos de esta magna obra.

Cartas y retratos

En la primera parte de su novela, Dulce María presenta a Bárbara junto a viejos retratos, que le hablan de un pasado que ella presiente como una profunda soledad en su vida y tiene una espiritual concordancia con las cartas, las más recientes y las más antiguas, las llenas de poesía y las más arrebatadas, tiernas, suaves y misteriosas cartas que pueden escribirse, a las que se dedica íntegra la tercera parte de Jardín.

El baño

El capítulo El baño es interpretado como un recuento de vida consumada en su doble vertiente espiritual y carnal. Por sus excelencias formales y conceptuales lo podemos tomar a manera de ejemplo de lo mejor logrado de Jardín y de sus filiaciones estéticas.

Filiaciones

Desentendida esta novela de modas y preocupaciones literarias, es posible señalar filiaciones modernistas y vanguardistas, las primeras sobre todo en la percepción de interiores y en las descripciones de ambientes, y las segundas en la incorporación de ciertos elementos de la vida moderna, en particular la máquina, como en las páginas que abren y cierran la novela.

Fuentes