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Julio Ramón Ribeyro Zuñiga

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Julio Ramón Ribeyro
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Escritor peruano.
NombreJulio Ramón Ribeyro Zúñiga
Nacimiento31 de agosto de 1929
Bandera de Perú Perú
Fallecimiento4 de diciembre de 1994
Bandera de Perú Perú
Causa de la muerteCáncer
CónyugeAlida Cordero

Julio Ramón Ribeyro. Escritor peruano, figura destacada de la llamada Generación del 50 y uno de los mejores cuentistas de la literatura hispanoamericana del siglo XX.

Síntesis biográfica

Infancia

Nació en un rincón de la capital de Lima, una tarde del 31 de agosto de 1929, ante la alegría familiar que no imaginaban que se convertirá en uno de los escritores peruanos más grandes de nuestro siglo, Venido de una típica familia de clase media, hijo de Julio Ribeyro y Mercedes Zúñiga, fue el primero de cuatro hermanos (dos varones y dos mujeres).no pasa mayores apuros económicos y afectivos durante su niñez. Tuvo una relación muy armoniosa con sus padres y hermanos, una infancia feliz.

Sus hermanos eran muy unidos. Sobre todo se llevaba muy bien con el que asistía al mismo colegio, tenían los mismos amigos, compartían juegos, viajes, aventuras, su infancia, fue en un ambiente despreocupado y sin apuros. Vivió en Santa Beatriz, un barrio de clase media limeño y luego se mudó a Miraflores, residiendo en el barrio de Santa Cruz, aledaño a la huaca Pucllana. Su educación escolar la recibió en el colegio Champagnat de Miraflores. La muerte de su padre lo afectó mucho y complicó la situación económica de su familia.

Juventud

Muy joven Ribeyro da muestras de su apego a las Letras, y ya para entonces afloran en su mente los primeros cuentos y relatos propios de su edad, ante el estupor de su familia que no ve con buenos ojos que se dedique a la literatura, quienes consideran que el oficio de escritor es denigrante y deshonroso. Para ellos la carrera de Derecho da mayor estatus y la seguridad de un futuro promisorio.

Estas contradicciones no son impedimento para que Julio Ramón Ribeyro pronto se vea involucrado en un círculo de escritores, que suelen publicar sus obras y obsequiarlas generalmente a sus amigos y familiares, además de presentarlas en bohemios lugares de la ciudad.

Fue allí donde Ribeyro comenzó en realidad su carrera literaria, frecuentando estos lugares donde sus cuentos y relatos eran escuchados con suma atención por los concurrentes que, en su mayoría, eran poetas, novelistas, cuentistas, etc. El especial carácter de Julio Ramón Ribeyro tal como los personajes de sus escritos, lo aleja del protagonismo; acostumbrado a una existencia algo marginal que en cierto modo privilegia. Es por eso que toma la decisión de separarse de los círculos literarios limeños y sacudirse de lo que más detesta: La popularidad, la fama porque no le permitía pasar desapercibido, lo sacaba del anonimato en el cual le gustaba vivir.

Enrumba entonces a Europa trasladándose de un país a otro sin establecerse en un sólo sitio, pasando las desventuras y miserias que significa estar alejado de su patria, sin conocer a nadie aislado por el idioma en un itinerario que incluye Francia, Alemania, Bélgica y España. En Lima en 1958. Trabajó como profesor en la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga, en Ayacucho, a cuya solicitud se dedicó a la creación de un Instituto de Cultura Popular, en 1959.

En octubre de 1960 regresó a Francia. En París trabajó como traductor y redactor de la agencia France Presse (1962-72). En 1972 fue nombrado agregado cultural peruano en París y delegado adjunto ante la UNESCO, y posteriormente ministro consejero, hasta llegar al cargo de embajador peruano ante la UNESCO (1986-90).

Finalmente se afinca en París, Francia. Es el inicio de la década de los sesenta cuando entra a trabajar como periodista en la Agencia France-Presse, donde permanece hasta 1971, año en que es nombrado Consejero Cultural del Perú ante la Unesco. Su vida transcurre entre París y Lima, específicamente en el distrito de Barranco, donde, cada vez que visita el Perú, suele recorrer sus antiguas casonas y tradicionales callejuelas junto a sus mejores amigos, envuelto en largas tertulias, para luego enfrentarse a la máquina de escribir. Se casó con Alida Cordero y tuvieron un único hijo.

Estudios

Realizó sus estudios escolares en el Colegio Champagnat de Lima, para posteriormente ingresar a la Universidad Católica del Perú (1946), donde siguió estudios de Letras y Derecho. Abandonó los estudios jurídicos en 1952, cuando se encontraba en el último año de la carrera, al recibir una beca para estudiar periodismo en Madrid, adonde se trasladó en noviembre del mismo año. Al culminarse su beca en 1953, viajó a París para preparar una tesis sobre literatura francesa en la Universidad La Sorbona.

En julio de 1953, y después de ganar un concurso de cuentos convocado por el Instituto de Cultura Hispánica, pero de nuevo decidió abandonar los estudios y permanecer en Europa realizando trabajos eventuales, y alternando su estancia en Francia con breves temporadas en Alemania (1955-1956, 1957-1958) y Bélgica (1957). Una colección de cuentos de temática urbana, considerado como uno de sus más logrados escritos narrativos. Pero abandonó los estudios y permaneció en Europa realizando trabajos eventuales, alternando su estancia en Francia con breves temporadas en Alemania y Bélgica.

Trayectoria

Ribeyro fue un narrador perteneciente a la Generación del 50, un grupo de escritores que buscó una renovación en la narrativa peruana, y que tuvo como tema preferente la descripción de los cambios producidos en la sociedad limeña, que comenzaba a sufrir por esos años un acelerado proceso de modernización. Ribeyro es uno de los cuentistas más admirados hoy de la literatura en lengua española. Los relatos aquí reunidos constituyen algo así como la esencia misma de su extensa obra como cuentista, hoy ya convertida en obra clásica de la literatura contemporánea. Ribeyro acostumbraba a colocar a sus personajes en situación, primero, de inaprensible desconcierto y, luego, de inevitable asombro.

Lo fantástico se desliza casi desapercibido por detrás de escenarios y circunstancias que suelen pertenecer a la vida cotidiana, a una existencia en principio sin sorpresas pero que, en realidad, parece asentarse sobre inesperadas tierras movedizas que la condenan a un permanente, aunque latente, estado de inquietud. Nada es lo que aparenta ser, y lo que es puede dejar de serlo en cualquier instante, por cualquier capricho del azar —o del escritor, quien incita así al lector a jugar con las piruetas de su propia imaginación.

Fue un narrador excepcional que, a lo largo de cuatro décadas, se ha entregado a la literatura sin aspavientos, alejado de modas y todo tipo de experimentalismos al día. Considerado uno de los mejores cuentistas hispanoamericanos. El espacio acotado por el autor es el de una burguesía limeña empobrecida, aunque incursiona a veces en ambientes marginales, manteniendo el esquema básico de la expectativa frustrada de los personajes, burócratas, seres grises y olvidados, sin voz, víctimas de la trama cruel de la expansión urbana y de una incipiente modernización. El trasfondo de estos relatos, a juzgar por la intención del narrador, es mostrar el fin del orden aristocrático en manos de una burguesía pragmática y vulgar.

En sus cuentos se percibe una constante argumental cíclica: el examen del entorno social y humano, que ratifica la certidumbre del fracaso de cualquier empeño; sus personajes, al final de cada historia, se encuentran siempre enfrentados a la frustración. Construyó así un mundo de poderosa coherencia interna, un universo dominado por un profundo escepticismo y un fatalismo derivados de la observación de la realidad. Este supuesto sustenta la sólida lógica interna de su cuentística, aún cuando es posible encontrar en ella matices de intensidad y tono. Cabe agregar que cultivó también relatos de corte fantástico, de excelente factura, pero que componen un conjunto menor.

Las fuentes literarias de Ribeyro se encuentran en los cauces del realismo del siglo XIX, y especialmente en la escritura de G. de Maupassant. A eso se debe, probablemente, que nunca se haya esforzado en ocultar una abierta preferencia por la concepción tradicional de la estructura y el lenguaje narrativos. Dueño de un estilo austero, calificado como tradicional por su afinidad con los modelos clásicos, evitó las técnicas experimentales de la novela moderna. Sin embargo, pese a este aparente conservadurismo formal, sus cuentos fueron una contribución decisiva para consolidar el paso de la narrativa indigenista a la narrativa urbana en el Perú.

Aunque es más conocido por sus cuentos, publicó también tres novelas. Ribeyro es también autor de conjunto de breves apuntes, digresiones y reflexiones sobre la actividad literaria, y de series. El ensayo y la crítica literaria están representados dentro de su obra por los artículos. Es autor además de ocho piezas de teatro (algunas muy breves).

Sus obras de teatro son retóricas y discursivas, construidas más sobre la palabra que sobre la acción, lo que ha restado posibilidades a su puesta en escena. Durante sus últimos años de vida comenzó la publicación de su diario personal con el expresivo título de La tentación del fracaso, del que se han publicado los tomos correspondientes a los años 1950-1960 (1992), 1960-1974 (1993) y 1975-1978 (1995). Póstumamente se dio a conocer la correspondencia que mantuvo con su hermano, de la que se ha publicado un volumen bajo el título Cartas a Juan Antonio. Tomo I: 1953-1958 (1996).

Desde el bohemio hasta el hombre casado y padre de familia, todo, casi todo, en la vida de Julio Ramón Ribeyro ha ocurrido como tratando de destruir al escritor que hay en él y nada, sin embargo, ha logrado destruirlo: su silenciosa terquedad creador ha alcanzado, absurdamente, el fruto que le estaba estrictamente prohibido, la Obra. Lentamente, casi a pesar suyo, ésta ha ido cobrando volumen, peso. Hoy sus cuentos están reunidos, en Perú, en tres extensos volúmenes de los cuales se publicó, en España, una selección con el título de Juventud en la otra ribera (Argos Vergara, 1982); y estas Prosas apátridas, que aparecieron en esta colección en 1975, vuelven a la luz, aumentadas y, al parecer del autor, finalmente completas, con 111 prosas más.

En sus prosas apátridas hay un autorretrato espiritual, la esencia que una experiencia literaria filtra de su fidelidad a la vida. Varios motivos centrales evitan la dispersión de la miscelánea. Estos motivos son: la literatura, el sexo, los hijos y la vida doméstica, la vejez y la muerte, la historia, la calle como espectáculo y la ventana como observatorio de la existencia.

La obra cuentística de Ribeyro está agrupada en La Palabra del Mudo, porque a través de la mayoría de sus cuentos se expresan los marginados, los olvidados, los condenados a una existencia sin sintonía porque en sus vidas están privados de la palabra. Ha restituido este hálito negado y ha permitido modular sus anhelos, sus arrebatos y sus angustias.

El estilo riberyano siempre fue clásico por la fineza con que constata los hechos humanos y por su lenguaje sutil, carente de voluptuosidades o retorcimientos. Pero aunque al principio no se salió notoriamente de los cánones del cuento realista ni experimento mucho con las técnicas narrativas modernas, si lo hizo después y bastante pronto. Ya en cuentos de circunstancias empezó a experimentar con lo fantástico (como en "Doblaje" o "La insignia"), y con técnicas nuevas, como en explicaciones a un cabo de servicio, que sin llegar a serlo plenamente, linda en el monólogo interior; el que también practicará luego en cuentos. Abandonó al impecable narrador omnipresente de su primer libro, para construir un narrador versátil (intercambiable), consiguiendo pasar del tono pesimista de Los gallinazos sin plumas, a un tono más bien escéptico, manifiesto en el sentido del humor y la ironía que, a partir de El banquete comienza a cobrar presencia; sentido del humor que a veces viaja de la sonrisa tenuemente burlona a la carcajada limpia.

Muerte

En 1974 se le detecta cáncer, enfermedad ocasionada claramente por su adicción al cigarro, amigo inseparable en largas jornadas de creatividad e ingenio que concluyen en cuentos y relatos que trasuntan lo inimaginable. Sobreviviente de recaídas y cirugías mayores, los dos últimos años son sin embargo los más felices de su vida, que se apagó el 4 de diciembre de 1994. Murió en el hospital de enfermedades neoplasia, días después de obtener el premio Juan Rulfo, para muchos el más importante en habla castellana, distinción que reafirma la resonancia de su obra no sólo para los peruanos sino para todos los hablantes en lengua española.

Obra

Cuentos

  • 1955 Los gallinazos sin plumas
  • 1958 Cuentos de circunstancias
  • 1964 Las botellas y los hombres
  • 1964 Tres historias sublevantes
  • 1972 Los cautivos
  • 1972 El próximo mes me nivelo
  • 1974 La palabra del mudo Compilación de sus cuentos completos. Existen varias ediciones.
  • 1977 Silvio en El Rosedal
  • 1987 Sólo para fumadores
  • 1992 Relatos santacrucinos

Novelas

  • 1960 Crónica de San Gabriel. Premio Nacional de Novela del mismo año.
  • 1965 Los geniecillos dominicales Premio de Novela del diario Expreso.
  • 1976 Cambio de guardia.

Teatro

  • 1975 Santiago, el Pajarero Obra de teatro basada en Santiago el Volador, parte de las Tradiciones Peruanas de Ricardo Palma.
  • 1981 Atusparia

Ensayos

  • 1975 La caza sutil (Ensayos).
  • 1975 Prosas apátridas (Sin clasificación).
  • 1989 Dichos de Luder (Sin clasificación)
  • 1992-1995 La tentación del fracaso (Diarios).
  • 1996-1998 Cartas a Juan Antonio (Correspondencia).

Características del autor

Entre 1929 y 1994, en un país de cuyo nombre sobradamente nos acordamos –Perú- vivió un escritor del boom latinoamericano, tan marginal como los personajes que desfilan a lo largo de su obra: sublime prolongación de la permanencia en el tiempo. La obra de Ribeyro es vasta y muy difícil de seleccionar. Elegir un cuento de Julio Ramón puede tomar tanto tiempo o más del que tomaría leer toda una obra.

Ribeyro no sólo es el más grande maestro del cuento y la narración corta del Perú, sino uno de los mayores de la lengua española del siglo XX y su nombre con toda justicia debe figurar al lado de Borges, Rulfo, Cortázar, Onetti y García Márquez, es un gran escritor no porque ahora su fama esté en crecimiento, o porque su publicidad después de muerto haya aumentado estrepitosamente. Porque en él comienza el valor de poner la obra del hombre por encima de cualquier moda o tendencia, sabiendo siempre que al hombre lo desfigura la transitoriedad y toda obra se configura en la permanencia.

Estilo

El estilo de Ribeyro es un estilo endeudado con los grandes narradores del siglo XIX, como Chejov, Maupassant o Balzac. Ribeyro es uno de los autores más representativos del nuevo objetivismo de mitad de siglo (es decir, un realismo desprovisto de sentimentalidad) y de un expresionismo aprendido de Kafka que destaca lo grotesco de ser marginado a través de melancólicos asomos biográficos.

La influencia de Kafka en Ribeyro ha sido señalada en multitud de ocasiones, sobre todo en los cuentos más fantásticos o en aquellos en los que la lógica del relato desborda el sentido común de la realidad cotidiana; es más, los cuentos fantásticos de Ribeyro no son un simple juego o divertimiento, sino que tienen un sentido profundamente metafísico y existencial, y recuerdan en cierta medida a ciertos aspectos de los relatos de Borges.

Premios

  • Premio Nacional de Novela (1960)
  • Premio de Novela del Diario Expreso (1963)
  • Premio Nacional de Literatura (1983)
  • Premio Nacional de Cultura (1993)
  • Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo (1994).

Fuentes