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Chicha Mariani

Chicha Mariani
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Chicha Mariani (1923-2018), activista argentina de las Abuelas de Plaza de Mayo.jpg
Activista argentina, cofundadora de las Abuelas de Plaza de Mayo. Sostiene dos fotografías de su nuera Diana Teruggi. Detrás puede verse un cuadro basado en la última fotografía conocida de su nieta, Clara Anahí Mariani-Teruggi.
NombreMaría Isabel Chorobik de Mariani
Nacimiento19 de noviembre de 1923
ciudad de San Rafael,
provincia de Mendoza,
República Argentina Bandera de Argentina
Fallecimiento20 de agosto de 2018 (94 años) 
ciudad de Buenos Aires,
República Argentina Bandera de Argentina
ResidenciaBuenos Aires
Nacionalidadargentina
Ciudadaníaargentina

María Isabel Chicha Chorobik de Mariani (San Rafael, 19 de noviembre de 1923 - Buenos Aires, 20 de agosto de 2018) fue una activista de derechos humanos de Argentina. En 1977, en plena dictadura cívico-militar argentina (1976-1983), fundó la asociación Abuelas de la Plaza de Mayo, de la que fue su segunda presidenta. Por diferencias con otras dirigentes se separó en 1989. En 1996 fundó la organización de derechos humanos Asociación Anahí. En 2007 recibió de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, diploma de honor por su labor en favor de los derechos humanos.[1]

El 24 de noviembre de 1976 ―durante la dictadura cívico-militar autodenominada Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983)― un grupo de militares atacaron la casa en la ciudad de La Plata de su hijo Daniel Mariani y su nuera Diana Teruggi, ambos militantes del grupo guerrillero peronista Montoneros, quienes tenían una hija de tres meses, Clara Anahí. En el ataque fue asesinada su nuera y otros cuatro militantes. La beba Clara Anahí desapareció.

El hijo de Chicha, Daniel Mariani, economista de 29 años, se salvó porque no se encontraba en el domicilio. Pero ocho meses más tarde, los soldados de Ramón Camps lo asesinaron y secuestraron su cadáver, hasta el día hoy. Entonces Chicha se derrumbó y solo atinó a enclaustrarse en la casa, hurgando entre escombros alguna ropita o juguete de la niña, a la que creía muerta.

Yo ya me estaba dejando morir cuando me llegó la noticia de que Clara Anahí vivía y quienes la tenían iban a vendérmela. Eso me levantó y me trajo de nuevo a la vida. Finalmente lo de la venta era falso, pero confidentes policiales confirmaron que Clara Anahí vivía y había sido colocada «muy alto».[2]

Nueve meses después (1977) también fue asesinado su hijo, Daniel Mariani.

Durante los juicios contra los terroristas de Estado llevados a cabo durante el Gobierno de Néstor Kirchner, Chicha Mariani fue citada a declarar en dos causas judiciales. Cada caso fue tratado por separado. Por ejemplo, el asesinato de Daniel Mariani no quedó incluido en ninguno de los dos expedientes:

No me resulta fácil separar los casos, yo sé que se juzga por la muerte de mi querida nuera Diana [Teruggi], pero yo no puedo separar a su hija Clara Anahí, que Diana salvó con su vida, y a los demás que murieron allí. Las sangres de los chicos están mezcladas en las paredes de esa casa, no sé cuál es de quién. Para mí es imposible separar. [...]
Yo estaba en mi casa, en la esquina de 44 y 21, tejiendo una batita para mi nieta, cuando escuché pasar los tanques. Me aterroricé, porque en esa época estaban matando mucha juventud, pero no me imaginé que se dirigían a la casa de mis hijos. Pensé: «¿A quién estarán matando ahora?». Más tarde ese día, tuve que salir de mi casa para ir a cuidar a mi padre enfermo. Cuando volví, al día siguiente, vi a todos los vecinos reunidos en la puerta de mi casa. Estaba destrozada: la casa había sido baleada y saqueada, había escombros por todas partes y muebles destruidos. Además se habían robado todo lo robable. En esa misma casa sufrí, un mes después, otro «allanamiento» violento. Entre los represores que lo perpetraron solo reconocí a uno, años después, en los diarios: el comisario Luis Abelardo Patti. Yo no llegué a enterarme de los asesinatos de la calle 30 hasta al día siguiente del operativo. Aunque no pude entrar a la vivienda hasta varias semanas después, porque la casa estuvo llena de policías de civil durante un año, hice una primera denuncia en la comisaría 5.ª, cuya jurisdicción abarcaba ese domicilio, para poder recuperar los cuerpos. Me dijeron: «No le vamos a entregar a su hija porque está carbonizada, no se la reconoce, nosotros nos vamos a ocupar de su cadáver». Cuando les pregunté por mi nieta, me dijeron: «¿Qué nieta?», y que no figuraba en ninguno de los papeles.
Chicha Mariani[3]

Un amigo que conocía al entonces comisario Osvaldo Sertorio, el titular de la comisaría 5.ª, «que ha pasado a la historia por el campo de concentración que tenía al otro lado del pasillo de su escritorio» le dio el primer dato respecto de Clara Anahí: había sobrevivido al ataque a la casa de sus padres. La abuela se dirigió entonces a la dependencia policial, para hablar con el comisario:

Me dejó parada en el medio de la habitación y él, sentado, empezó a expresar su desprecio por mí, que era la madre de unos subversivos. Pero como le debía un favor a aquel conocido en común, terminó diciéndome, en voz muy baja: «La nena está viva, búsquela por la ropa porque ya le deben haber cambiado la identidad. Y búsquela rápido, porque ha perdido demasiado tiempo». El policía me derivó a la unidad regional de la policía de la provincia, pero allí me negaron saber algo, y me sacaron con cara de nada.
Chicha Mariani

Las familias Teruggi y Mariani nunca pudieron recuperar el cuerpo de Diana. Recién en 1984 Chicha se enteró de una comunicación del director del cementerio de La Plata, según la cual la joven había sido enterrada como NN, y que en 1982 esa tumba había sido «levantada y tirada a la fosa común».[3]

Se filtró (desde los campos de concentración de la dictadura) la noticia de que su nieta Clara Anahí no había sido asesinada sino que había sido secuestrada. Chicha Mariani (de 54 años) comenzó a buscarla, completamente sola. Concurrió a cuarteles, comisarías, juzgados, pero sus consultas no lograban resultados. En varios casos fue maltratada por los funcionarios, policías y militares que la atendían, y la amenazaban por hacer demasiadas preguntas.

Por recomendación de un juez, Chicha y su marido realizaron una denuncia ante la Policía Federal. El policía que les tomó declaración, mientras redactaba el acta, «llamaba a los gritos a todos los que pasaban por ahí y les decía que vinieran a ver a los padres de los guerrilleros de la calle 30».

Cuando intenté corregir un error de ortografía en mi apellido, el policía me respondió: «Estoy acostumbrado a tomarle declaración a las prostitutas». Ahí mi marido se levantó y le tuve que pisar el pie para que se quedara callado. Cuando estábamos saliendo nos dijo: «No busquen a la nena, porque hizo puf y desapareció».
Chicha Mariani[3]

En la catedral de La Plata, Chicha tuvo varias entrevistas con «monseñor» Emilio Graselli (obispo de la Iglesia católica, cuya cúpula en general fue colaboracionista de la dictadura, debido a que todos sus líderes civiles y militares eran ultracatólicos). Este obispo le confirmó que su nieta Clara Anahí Mariani se encontraba viva, pero que había sido entregada a una familia de la oligarquía platense, a la vez que le comunicó que la Iglesia no estaba dispuesta a intervenir para su restitución.[3]

Unos meses después (ya en la segunda mitad de 1977) durante sus pesquisas y visitas a instituciones estatales conoció al ama de casa correntina Licha Zubasnabar (1915-2008), también de La Plata aunque mayor que ella (Chicha tenía 53 y Licha 62 años). Ambas decidieron crear una organización de abuelas que buscaran a sus nietos desaparecidos.

Su nieta fue apropiada por una familia de cómplices de los genocidas, que ocultaron su identidad hasta la actualidad. De al menos 400 bebés robados por la oligarquía argentina, hasta agosto de 2018 las Abuelas de Plaza de Mayo ya encontraron 128.[4]

Chicha Mariani se obsesionó con el tema de su nieta viva en Buenos Aires, y espiaba a familias sospechosas de haber robado nietos. Pocas veces conseguía que dejaran que los chicos se hicieran el análisis genético de identidad.

Yo hasta me disfracé de enfermera de hospital para estar presente y constatar que llevaban a la nena que yo sospechaba que era mi nieta y no a otra. [...] Revolviendo expedientes y repasando declaraciones de represores durante largas noches robadas al sueño, di con cuatro jovencitas de las cuales alguna, sospechaba, era mi nieta. Lo denuncié ante la Justicia y conseguí que se sometieran al análisis del ADN en la única institución que da garantías científicas (el Banco Nacional de Datos Genéticos). Ninguna resultó ser Clara Anahí y debí remprender la lucha. La primera vez que me dijeron que había dado negativo yo iba subiendo las escaleras de la oficina de Abuelas porque no funcionaba el ascensor. Me quedé sin aliento y sin fuerzas para seguir. Es que a una se le va la vida y cada fracaso es espantoso.
Chicha Mariani[2]

Chicha Mariani ha conseguido que la casa en ruinas de sus hijos, manchada de sangre y agujereada por la metralla, se convierta en la Casa Museo Mariani Teruggi, declarada de interés histórico por el Gobierno.[2]

El bulo de la reaparición de su nieta

El 24 de diciembre de 2015, una mujer cordobesa se presentó en la casa de la fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo afirmando que ella era Clara Anahí Mariani-Teruggi, la nieta desaparecida de Chicha Mariani. Como evidencia aportó un informe del CIGA (Centro Integral de Genética Aplicada), un laboratorio privado de la ciudad de Córdoba, firmado por un bioquímico llamado Juan Carlos Jaime, en el que se afirmaba «la existencia de un vínculo biológico por la vía paterna [...] con una probabilidad de 99,9 %.[5][6]

Sin embargo, la mujer ocultó el hecho de que seis meses antes, el 25 de junio de 2015, el Banco Nacional de Datos Genéticos ―desde 2009 la única institución que puede ofrecer garantías científicas en genética― le había informado personalmente que ella no tenía ninguna filiación con ninguna persona desaparecida.[7][8]

Fallecimiento

El 11 de agosto de 2018, Chicha Mariani sufrió un ACV (ataque cerebrovascular).[9] Fue internada en Buenos Aires. Falleció nueve días después, el 20 de agosto de 2018, a los 94 años. Falleció sin haber podido recuperar a su nieta.[10]

Fuentes