Maria Juana Moliner Ruiz


Maria Juana Moliner Ruiz
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Nacimiento20 de marzo 1900
Paniza, Zaragoza, España .
CiudadaníaEspañola
Alma materUniversidad de Zaragoza hasta 1921
OcupaciónFilóloga, bibliotecaria y lexicógrafa
CónyugeFernando Ramón y Ferrando
HijosEnrique, María, Fernando, Carmen y Pedro el.
PadresEnrique Moliner Sanz y Matilde Ruiz Lanaja
PremiosPremio Extraordinario

María Juana Moliner Ruíz. Filóloga, bibliotecaria y lexicógrafa natural de Paniza, Zaragoza, España, en 1900 y vivió 81 años.

Bibliografía

Nació a Paniza (Zaragoza) el 20 de marzo de 1900. Hija de Enrique Moliner Sanz, médico rural, y de Matilde Ruiz Lanaja, creció en una familia culta y abierta, a pesar de que con dificultades económicas después de que el padre emigrara en Argentina para ejercer como médico de la marina. Aquel hecho marcó su juventud, y la joven María ayudó a sostener la familia dando clases particulares de latín, historia y matemáticas.

Estudios y trayectoria profesional

Estudio Filosofía y Letras en la Universidad de Zaragoza, donde se licenció en 1921 con Premio Extraordinario por sus magníficas calificaciones. Poco después, el 1922, aprobó las oposiciones en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, empezando una trayectoria profesional que la llevaría por instituciones como el Archivo General de Simancas, la Biblioteca Nacional y los Archivos de Hacienda de Murcia y Valencia.

Durante su estancia en Murcia conoció el físico Fernando Ramón y Ferrando, catedrático de Física General y pionero de la Universitat de València, con quien se casó en Sagunto el 5 de agosto de 1925. María Moliner, además, impartió clases en la Universidad de Murcia el 1924, convertir en la primera mujer docente en aquella institución. A principios de los años treinta, el matrimonio se instaló en Valencia: Fernando como profesor de la Facultad de Ciencias y María como archivera. Será su etapa más intensa y fecunda, tanto en el plan personal como en el cultural. Allí crio sus hijos, continuó con su carrera y se implicó profundamente en los movimientos pedagógicos y culturales surgidos con la Segunda República. Fue profesora de Literatura y Gramática en la Escuela Cossío, inspirada en los ideales de la Institución Libre de Enseñanza, y formó parte de su Consejo Director y de la Asociación de Amigos como secretaria. También participó activamente en las Misiones Pedagógicas, un programa destinado a llevar libros, cine y teatro en los pueblos rurales. En este marco redactó las Instrucciones para el servicio de pequeñas bibliotecas (Valencia, 1937), un texto fundamental del pensamiento bibliotecario español que expresa su fe en la cultura como herramienta de progreso e igualdad.

El 1935 presentó en el II Congreso Internacional de Bibliotecas y Bibliografía la ponencia Bibliotecas rurales y redes de bibliotecas en España, donde exponía un modelo moderno de lectura pública en red. En 1936, en plena Guerra Civil, fue nombrada directora de la Biblioteca Universitaria de Valencia, cargo que dejaría a finales de 1937 para dirigir la Oficina de Adquisición y Cambio Internacional de Publicaciones y participar en el Consejo Central de Archivos, Bibliotecas y Tesoro Artístico. Su Proyecto de Plan de Bibliotecas del Estado (1939) es considerado por la investigadora Pilar Faus “lo mejor plano bibliotecario que ha tenido España”. Después de la guerra, como tantos otros intelectuales, sufrió represalias políticas. Su marido fue suspenso y trasladado de Valencia en Murcia, y posteriormente a Salamanca. Ella fue depurada y degradada 18 lugares en la escala del Cuerpo de Bibliotecarios, pérdida que no recuperaría hasta el 1958. Aun así, el 1946 fue nombrada directora de la biblioteca de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Madrid, donde trabajaría hasta la jubilación (1970). Durante estos años estudió inglés y alemán, y encontró tiempo para dedicar en su gran pasión: las palabras. El año 1952, su hijo Fernando le llevó de París lo Learner’s Dictionary of Current English de A.S. Hornby, inspiración que la motivó a escribir un diccionario más práctico, vive y útil que los existentes. El que tenía que ser “un pequeño diccionario” se convirtió en una obra colosal: el Diccionario de uso del español. trabajó durante quince años, en el salón de casa, a mano, con su pluma Montblanc y una máquina de escribir Olivetti. dedicó horas robadas al descanso, entre libros, notas y fichas. El resultado: más de 3.000 páginas divididas en dos volúmenes, publicados por Gredos entre 1966 y 1967. El diccionario incluía definiciones claras, ejemplos de uso, sinónimos, frases hechas, familias léxicas y reflexiones gramaticales, e incluso anticipaba cambios posteriores como la integración de ll bajo la l y de ch bajo la c. El 1972 fue propuesta para ocupar un lugar a la Real Academia Española, con el apoyo de Rafael Lapesa y Pedro Laín Entralgo, pero no fue elegida. El rechazo causó polémica, pero ella lo vivió con la serenidad y la discreción que siempre lo habían distinguido. A partir de 1975 empezó a sufrir una arteriosclerosis cerebral que le fue quitando la lucidez y la capacidad de trabajar. Murió a Madrid el 22 de enero de 1981, en la edad de 80 años. María Moliner representa la imagen de una mujer excepcional: inteligente, tenaz, sensible y de una humildad profunda. Abrió camino en la universidad y en el mundo cultural en un tiempo en que la presencia femenina era escasa. Su obra —concebida con rigor científico y espíritu pedagógico— continúa siendo un faro para todas las personas que creen en el poder transformador del conocimiento y del lenguaje.

Frase

“Un diccionario no es nunca una obra acabada, porque la lengua es una corriente vive en movimiento constante.” — María Moliner


Se casó con Fernando Ramón, quien era catedrático de Física y tuvieron tres hijos varones y una mujer. Paradójicamente, un tiempo antes de su muerte, esta creadora de un diccionario muy particular, se quedó sin palabras al sufrir de arteriosclerosis cerebral, que le provocaba pérdida de la memoria.

A Moliner le tomó 15 años escribir el Diccionario de uso del español que tiene dos tomos y unas 3.000 páginas en total. En 1953, España vivía bajo el gobierno franquista, que duró desde la toma del poder de Francisco Franco en 1936 hasta que murió en 1975.

La RAE

María Moliner fue candidata para ocupar una silla de la Real Academia Española (RAE) en 1972, pero no se la concedieron. Hubiera sido la primera mujer aceptada por la RAE. "Maria Moliner introdujo innovaciones que luego fueron utilizadas en otros diccionarios, incluso en el de la RAE, porque era muy exigente, no sólo por el contenido, sino por la estructura, la metodología y la forma de su diccionario", señaló Calzada Pérez. La RAE nombró al lingüista Emilio Llorach en lugar, aunque al año siguiente galardonó a Moliner con el premio "Lorenzo Nieto López", por sus trabajos en favor de la lengua española.

Fuentes