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Pentateuco

Pentateuco
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Pentateuco es el nombre por el que tradicionalmente se conoce el grupo de los cinco primeros libros del Antiguo Testamento
Autor(es):Moisés
Categoría:Histórico y legislativo
Idioma:Hebreo


El Pentateuco (del griego penta teujos: ‘cinco cajas’, siendo penta: ‘cinco’; y teukhos: ‘caja’, por los estuches cilíndricos donde se guardan, enrollados, los textos hebreos) es el conjunto formado por los cinco primeros libros de la Biblia, que la tradición atribuye al patriarca hebreo Moisés. Se corresponden con los que en la tradición hebrea forman la Torá (‘ley’), núcleo de la religión judía.

El Pentateuco es considerado canónico por todas las confesiones cristianas y forma parte de todas las Biblias.

Se corresponde con los que en la tradición hebrea forman la Torá —La Ley—, núcleo de la religión judía.

Los cinco libros que lo componen son:

  1. Génesis (Bereshit [בְּרֵאשִׁית])
  2. Éxodo (Shemot [שְׁמוֹת])
  3. Levítico (Vayikrá [וַיִּקְרָא])
  4. Números (Bemidbar [בְּמִדְבַּר])
  5. Deuteronomio (Devarim [דְּבָרִים])

Formación

Una obra compleja, extensa y de gran valor religioso y cultural como el Pentateuco manifiesta una serie de particularidades estilísticas, literarias y temáticas que deben tomarse en consideración al estudiar el proceso de su formación.

En primer lugar, hay ciertos textos bíblicos que revelan la existencia de fuentes anteriores al propio Pentateuco, como, por ejemplo, el llamado Libro de las batallas de Yahwé, expresamente citado en el Libro de los números 21.14.

En segundo lugar, nos hallamos ante una obra literaria rica en contenido y compleja en composición, que a menudo deja percibir el eco de diversas etapas y distintos relatores. Así sucede con las variantes registradas en los dos textos del Decálogo (Ex 20.1–17 Dt 5.6–21); o con las cuatro presentaciones del catálogo de grandes fiestas religiosas israelitas (Ex 23; 34; Lv 23; Dt 16); o con ciertas historias, como la del despido de Agar e Ismael (Gn 16; 21.8–21) o con el ocultamiento de la condición de esposa en los casos de Sara y Rebeca (Gn 12.10–20; 20.1–18; 26.6–14). Cada una de estas narraciones ofrece detalles propios, que la singularizan y la hacen aparecer como relato original y no como mera repetición de un texto paralelo.

También respecto a vocabulario y estilo se advierten en el Pentateuco numerosos matices diferenciales. Así, por ejemplo, en el Génesis, que comienza con una doble presentación del relato de la creación (1.1–3.24): mientras que en la primera el Creador es llamado Elohim (forma hebrea usual de designar a Dios), en la segunda se le nombra Yhwh Elohim, expresión traducida por "Jehová Dios" en la versión de Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera. A partir de estos dos relatos y hasta el momento en que Dios se revela a Moisés en el monte Horeb (Ex 3.15), la alternancia de los nombres divinos se mantiene con relativa uniformidad.

Algunos pasajes del Pentateuco se caracterizan por su frescura y espontaneidad (p.e., Gn 18.1–15); otros, como sucede en Levítico, recurren a un lenguaje jurídico de gran precisión, para tratar temas legales o relativos a la práctica del culto de Israel; y todavía hay otros (así Deuteronomio) que introducen cálidos acentos, lo mismo al proclamar la Ley que al exhortar al pueblo a obedecerla en debida respuesta al amor de Dios.

El análisis de los indicios mencionados revela que el Pentateuco es el resultado de un proceso lento y muy complejo, en cuyo origen se descubre la figura de Moisés, el gran libertador y legislador que con la impronta de su personalidad marcó el espíritu y la historia del pueblo de Israel; un proceso que se cierra con la colección formada por los cinco primeros libros de la Biblia.

En la formación del Pentateuco hay un importante trabajo inspirado, que recoge, ordena y redacta narraciones, series genealógicas y conjuntos de leyes que durante siglos habían sido transmitidas oralmente de una a otra generación. En él está contenida la herencia espiritual que Moisés legó al pueblo de Israel. Una herencia viva, fielmente transmitida y enriquecida con el paso de los siglos.

Narrativa

Inicios de la historia

Identificar los mitos y las leyendas de Gn. 1 – 11.

Mitos

Creación del mundo y del hombre. ( 1,1-2,4a) (P)

Creación del hombre y de la mujer. ( 2,4b-25) (J)

La caída. (3,1-24) (J)

Caín y Abel. ( 4,1-16) (J)

Prólogo al diluvio.( 6,1-22) (J y P)

El diluvio.(7,1-8,22) (J y P)

La torre de Babel. (11,1-9) (J)

Leyendas

Genealogía de Caín. ( 9,1-17) (P)

Genealogía de Adán a Noé. ( 5,1-32) (P)

Alianza con Noé. (9,1-17) (P)

Los hijos de Noé. ( 9, 18 - 27) (J)

Los pueblos de la tierra. (10,1-32) (P y J)

Genealogías conclusivas. (11, 10 - 32) ( P y J). Señalar las transgresiones relacionadas con cada mito.

Creación del mundo y del Hombre

En el mito de la creación del mundo, el autor sacerdotal quiere enseñar que Dios aprueba la semana tradicional de Israel con sus 6 días de trabajo. Institución del día sábado como día del Señor. Día de bendición.

Además, el autor quiere insistir en el poder absoluto de la transcendencia divina ya que los poemas paganos describían la creación como el resultado de una lucha entre los dioses y las fuerzas del caos. En cambio, el relato bíblico subraya la tranquila actividad del Dios único.

La tradición sacerdotal (P) para indicar que la creación alcanza su punto culminante en el hombre, menciona la consulta divina con la corte celestial. Esta referencia atenúa el fuerte antropomorfismo implicado en el poema más primitivo (v. 27), donde el hombre va a ser creado únicamente a imagen de Dios (de Selem = copia o reproducción exacta) por lo que se le adiciona demut (semejanza).

El Pentateuco y la historia

Característica esencial del Pentateuco (o Torah) es la alternancia de secciones narrativas con otras dedicadas a instruir al pueblo de Israel y a regular su conducta, tanto en el orden ético personal y social como, muy especialmente, en el religioso.

En una primera parte, que abarca todo el Génesis y hasta el capítulo 19 del Éxodo, predomina el género narrativo. En esta sección, los relatos se enlazan unos a otros, solo interrumpidos aquí y allá por algunos pasajes de carácter normativo (p.e., Gn 9.6; 17.9–14; Ex 12.1–20). De Ex 20 en adelante prevalecen los textos destinados a establecer las normas y disposiciones en las que Dios revela lo que quiere y espera de su pueblo. De esta manera, desde el impresionante trasfondo de una epopeya que va de la creación del mundo a la muerte de Moisés (Dt 34.12), el Pentateuco se muestra como el depósito de la voluntad de Dios manifestada en forma de enseñanzas, mandatos y leyes, cuyo objeto primordial es configurar un pueblo santo, que sea portador fiel ante el resto de la humanidad de la oferta divina de salvación universal.

El Dios de los Patriarcas

Un rasgo característico de las narraciones patriarcales es la vida nómada de los patriarcas y de sus familias; los relatos del libro del génesis nos describen y ponen de manifiesto un gradual afincamiento en el país de Canaan; En donde el Dios que acompaña va a entrar en relaciones con el dios Él, conocido con diversos nombres: Êl –elyon, El-Saday, Abraham se adhiere a este Dios con lealtad y confianza.

Los más notables relatos van vinculados a los principales lugares sagrados. En Siquem están los relatos de Abraham y Jacob (Gn12, 6; 35,4); Abraham en Mambré (Gn18, 13); Jacob en Bethel (Gn28); la divinidad se va ir vinculando localmente a estos lugares de culto, en estos relatos, se ve que él patriarca tiene una aparición de Dios, los patriarcas son receptores de la revelación (Gn12), pero no solamente para fundamentar la fe de su clan, sino también para experimentar en los lugares sagrados la superioridad de su Dios frente a los ya establecidos que se manifiesta como trascendente, como el Santo (Gn28, 17) realmente separado, lo totalmente otro, este Dios único que acompaña a Abraham, Isaac, Jacob, es un Dios personal que guía a los patriarcas hacia la promesa de la tierra, es un Dios siempre protector, es un Dios castigador con otros, pero no castigaba nunca a su escogido, al cual había hecho unas promesas relativas a su descendencia y posesión de la tierra.

Un Dios que exige siempre la fidelidad y que actúa a través de la descendencia de Abraham ( Gn15 A y B), aunque Jacob que encarna a Israel está siempre pecando, pero que busca la bendición, Dios no abandona, se acerca todavía más, y aparte de todo esto es un Dios que se manifiestan de una forma antropomorfa, con rasgos muy humanos, que muestran aun más su cercanía (Gn18, 1-33)(Gn32, 23-31)

Fuentes