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Deuteronomio (libro de la Biblia)

(Redirigido desde «Deuteronomio»)
Deuteronomio
Información sobre la plantilla
Jobiblia.jpg
Fuerte llamado a vivir con Yahvéh y a respetar el Pacto.
Nombre original:Debarim
Nombre nativo:דברים
Autor(es):Moisés
Idioma:Hebreo
Origen:aproximadamente 1405 a.n.e.

Deuteronomio. Es un libro bíblico del Antiguo Testamento y del Tanaj hebreo. (en hebreo Debarim דברים, "palabras"). Quinto libro del Pentateuco. Corresponde con los que en la tradición hebrea forman La Torá (la Ley), núcleo de la religión judía.

Deuteronomio se deriva de la traducción de una frase de 17:18 en la Septuaginta (versión griega del Antiguo Testamento) El rey debía preparar “una copia de esta ley”. La frase se traduce en griego como to deuteronomion touto, “esta segunda ley”. Posteriormente, en la Vulgata latina (traducción de la Biblia al latín, realizada a finales del siglo IV), se tradujo del griego como deuteronomium. Se consideró el contenido del libro como una segunda ley, ya que la primera se dio en el monte Horeb (Sinaí), y la segunda (la repetición) en las llanuras de Moab.

Autor y fecha

  • Autor. Deuteronomio identifica a Moisés como autor del libro: «Estas son las palabras que habló Moisés a todo Israel» (1.1). «Y escribió Moisés esta ley, y la dio a los sacerdotes» (31.9), puede que también sea una indicación de que éste redactó todo el libro. El nombre de Moisés aparece cerca de cuarenta veces en este texto, que refleja muy de cerca la personalidad de esa gran figura. Asimismo, el uso continuo de la primera persona a lo largo del libro sustenta la autoría de Moisés.

Tanto la tradición judía como la samaritana identifican unánimemente a Moisés como el autor de Deuteronomio. Cristo también lo hace expresamente, al igual que Pedro y Esteban (Mt 19.7, 8; Mc 10.3, 4; Hch 3.22; 7.37).

El último capítulo, que contiene el relato de la muerte de Moisés, probablemente fue escrito por su allegado más cercano, Josué.

  • Fecha. Moisés y los israelitas comenzaron el éxodo desde

Egipto alrededor del año 1440 a.C. Arribaron a los campos de Moab, donde probablemente se redactó Deuteronomio, alrededor del año 1400 a.C., en ocasión de comunicar su contenido al pueblo «en el mes undécimo, el primero del mes» del año cuarenta de su peregrinación por el desierto (1.3). Esto fue exactamente antes de la muerte de Moisés y antes de la entrada de los israelitas a Canaán bajo la dirección de Josué. Por lo tanto, el libro de Deuteronomio cubre un período de menos de dos meses, el cual incluye los treinta días de duelo por la muerte de Moisés.

Conservación e influencia

El pueblo recibió el encargo de escribir las leyes después de la muerte de Moisés (27.1–8). Los ancianos (27.1) y los levitas (27.9, 11, 14) participaban con Moisés en la producción oral del material.

Moisés encargó a sus hermanos levitas la fiel conservación del libro (4.2; 17.18; 31.9, 24–26). Hay estudios relativamente recientes que demuestran que Deuteronomio fue cuidadosamente conservado y utilizado, particularmente en las tribus del norte (compárese por ejemplo 33.13–17 con 33.7), por los profetas (13.1–5);18.15–22; 34.10) y los levitas (33.8–11; cf. 10.8, 9; 12.12, 18, 19; 14.27s; 16.11, 14; 18.1–8).

Deuteronomio se leía cada siete años (31.10, 11); cf. 15.1–6) en la fiesta de los tabernáculos (16.13–15) para celebrar la renovación del pacto entre el siervo Israel y su rey Jehová (33.2–5). Puede ser que esta fiesta se celebrara durante muchos años, especialmente en Siquem (Jos 24.1, 25s).

Después de la caída de Samaria (722 a.C.), los profetas y levitas del norte llevarían el libro a Jerusalén, donde inspiró la reforma en el tiempo de Josías (2 R 22; 23 //).

Durante los muchos años que se conservó y utilizó el libro. Se adaptó a las diversas situaciones locales, cuidando la inspiración del mismo Espíritu que había dirigido a Moisés. Compárese las leyes de Éxodo 21–23 con las de Deuteronomio y cf. Josué 24.25s.

Trasfondo

La llegada de los israelitas a tierras de Moab es el hecho que prácticamente señaló el final del recorrido iniciado en Egipto cuarenta años atrás (1:3). Las llanuras de Moab, al este del Jordán, fueron la última etapa de aquel larguísimo recorrido, en el curso del cual fueron cayendo, uno tras otro, los miembros del pueblo que habían vivido los tiempos de esclavitud y que luego, colectivamente, habían protagonizado el drama de la liberación (1:34–39; cf. Números 14:21–38). Ese fue el castigo de la pertinaz rebeldía de Israel: que, «exceptuando a Caleb hijo de Jefone y a Josué hijo de Nun», ninguno de quienes pertenecían a la generación del éxodo entraría en Canaán. Ni siquiera el propio Moisés, el fiel guía, legislador y profeta (1:34–40; 34:1–5; cf. Números 14:21-38).

En Moab, frente a Jericó, comprendiendo que ya estaba muy cerca el término de su vida, «resolvió Moisés proclamar esta ley» al pueblo (1:5). Lo reunió, pues, por última vez, para entregarle lo que podría llamarse su “testamento espiritual”. Ante «todo Israel» (1:1), Moisés evocó los años vividos en común, instruyó a los israelitas acerca de la conducta que habían de observar para ser realmente el pueblo de Dios y les recordó que su permanencia en la tierra prometida dependía de la fidelidad con que observaran los mandamientos y preceptos divinos (8:11–20).

Aporte a la teología

Como un libro «litúrgico» que promueve la renovación del pacto, Deuteronomio representa un esfuerzo por salvar la brecha entre las generaciones (4.9; 5.2, 3, etc.) Y relaciona la fe mosaica con la nueva vida en Canaán (4.14; 6.1, etc.). Se dirige al hombre integral, y explica la ley al intelecto (por ejemplo 4.12, 15, 16), apela al corazón (4.29, 39; 6.4–6, etc.) y estimula la voluntad (30.19, 20).

Como libro «ecuménico», Deuteronomio recalca la unidad del pueblo de Dios («todo Israel»; 1.1; 5.1, etc.). Y la centralización del culto que Jehová escogió (12.5, 11, 14, 18, 21, 26, etc.).

Como libro «de protesta», Deuteronomio subraya la suprema autoridad de la Palabra de Dios, una revelación clara (30.11–14) y sencilla (29.29) que los padres de familia pueden enseñar a sus niños (6.6–9; 20.25, etc.).

Como libro «evangelístico», Deuteronomio insiste en la necesidad de la regeneración (10.16; 30.6) y la conversión individual (4.29; 30.19, 20). Se instruye al pueblo de Dios para una guerra santa, enérgica y victoriosa (20.1–20). Pero Deuteronomio también recalca la importancia de las leyes justas (4.8) para gobernar a la sociedad (16.18–19.21, etc.).

Deuteronomio define por primera vez en el Antiguo Testamento la doctrina de la elección de Israel (4.20, 34; 7.6ss; 8.17s; 9.4s; 10.15, etc.), basada en la gracia de Jehová.

Como libro «existencialista», Deuteronomio insiste en la importancia del presente y la necesidad de una decisión «hoy» (30.2, 8, 11, 16, etc.).

Por primera vez en el Antiguo Testamento, aparece un monoteísmo explícito (4.35, 39; 32.39, etc.). En esto se basa lo que Jesús llamó «el primer mandamiento» (6.4, 5; cf. Mc 12.29,30).

Como sabía bien que las provisiones del viejo pacto no bastaban (31.1, 22, 26–29), Moisés habló de un profeta venidero (18.15–19) cuya enseñanza produciría obediencia. En su propia muerte Moisés simbolizó la del nuevo Siervo que sufriría en lugar del pueblo la ira penal de Jehová (1.37; 3.26; 4.21; 34.4; cf. Is 53; Gl 3.10–14).

  • Los cristianos ven a Cristo en Deuteronomio

Moisés fue el primero en profetizar la venida del Mesías, un profeta como el mismo Moisés (18.15). Notablemente, Moisés es la única figura con que Cristo se compara a sí mismo. «Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?» (Jn 5.46, 47). Jesús citó el Deuteronomio a menudo. Cuando se le pidió que nombrara el mandamiento más importante, respondió citando Deuteronomio 6.5. Cuando Satanás lo confrontó con sus tentaciones, citó exclusivamente el libro de Deuteronomio (8.3; 6.16; 6.13; 10.20). Cristo, quien era perfectamente obediente al Padre, aun en presencia de la muerte usara este libro dedicado a la obediencia a Dios, para demostrar su sumisión a la voluntad del Padre.

  • Los cristianos pentecostáles ven el Espíritu Santo en Deuteronomio

Deuteronomio recuerda a la gente que el Espíritu de Dios ha estado con su pueblo desde los tiempos de la liberación del cautiverio egipcio hasta el presente, y que continuará guiándolo y protegiéndolo si obedece las estipulaciones del pacto.

En 2 Pedro 1.21 se alude a Moisés como uno de los «santos hombres de Dios» que «hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo». Como mensajero de Dios, Moisés daba testimonio de la presencia del Espíritu Santo mientras profetizaba ante el pueblo. Varias de sus más importantes profecías anunciaron la venida del Mesías (18.15), la dispersión de Israel (30.1), el arrepentimiento (30.2) y la restauración de Israel (30.5), su futuro establecimiento como nación (30.5, 6), así como la prosperidad que le aguardaba (30.9).

Comentario

La teología de Deuteronomio es pertinente para los cristianos modernos, lo leen bajo la luz de la venida de Jesucristo. Los cristianos se consideran a sí mismos como el pueblo escogido por Dios (1 Pedro 2:9), aunque de una manera algo diferente a la del antiguo Israel. No constituyen una nación política, viviendo entre otras naciones, ni necesitan un territorio dónde vivir leyes penales. No buscan un lugar de adoración en particular sobre la tierra, en donde Dios esté más presente que en otros lugares. Ya pasó el tiempo cuando estas cosas eran importantes en relación con la manera en que Dios trataba con los seres humanos. Desde que Jesús vino el pueblo de Dios es internacional, viviendo bajo diferentes sistemas políticos y buscando activamente extender el reino de Dios en todo el mundo. Ya no hacen sacrificios con el fin de expiar el pecado.

Bosquejo del contenido

Primer discurso de Moisés (1:1—4:43)

  • Introducción al libro (1:1-5)
  • Retrospección y prólogo (1:6—3:29)
  • Predicando las leyes de Dios (4:1-40)
  • Ciudades de refugio (4:41-43)

Segundo discurso de Moisés (4:44—28:68)

  • Introducción a las leyes (4:44-49)
  • Los Diez Mandamientos (5:1-21)
  • Exhortaciones básicas (5:22—11:32)
  • Leyes específicas (12:12—26:15)
  • Los términos del pacto (26:16-19)
  • Poniendo las leyes por escrito (27:1-26)
  • Bendiciones y maldiciones (28:1-68)

Tercer discurso de Moisés (29:1—30:20)

  • Violación del pacto (29:1-29)
  • Renovación del pacto (30:1-20)

Desde Moisés hasta Josué (31:1—34:12)

  • Moisés entrega el mando a Josué (31:1-8)
  • Lectura de la ley (31:9-13)
  • La infidelidad de Israel predicha (31:14-29)
  • El cántico de Moisés y su exhortación final (31:30—32:43)
  • Moisés se prepara para su muerte (32:44-52)
  • Moisés bendice al pueblo (33:1-29)
  • Muerte de Moisés (34:1-12)

Calendario judío

Los judíos usaban dos tipos de calendario:

  • El calendario civil, para los acontecimientos de carácter oficial, familiar y comercial.
  • El calendario sagrado, para celebrar las fiestas religiosas.
  • Los meses de 30 días alternan con los de 29 en el calendario hebreo. Más corto que el nuestro, su año tiene 354 días. Por lo tanto, cada tres años (7 veces en 19 años) se añadía un mes extra, adar sheri, entre adar y nisán.
El Calendario judío 16.1
Nombre de los meses Corresponden a No de días Mes del año civil Mes del año sagrado
Tisri sep-oct 30 días primero séptimo
Marchesvan oct-nov 29 ó 30 segundo octavo
Quisleu nov-dic 29 ó 30 tercero noveno
Tebet dic-ene 29 cuarto décimo
Sebat ene-feb 30 quinto undécimo
Adar feb-mar 29 ó 30 sexto duodécimo
Nisán mar-abr 30 séptimo primero
Iyar abr-may 29 octavo segundo
Siván may-jun 30 noveno tercero
Tammuz jun-jul 29 décimo cuarto
Ab jul-ago 30 undécimo quinto
Elul ago-sep 29 duodécimo sexto

Fuentes

  • Reina-Valera 1995—Edición de Estudio, (Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.
  • La Biblia de Referencia Thompson, Versión Reina-Valera 1960, Referencia Temática # 4211
  • Biblia de Estudio de la Vida Plena, Versión Reina-Valera 1960, Editorial Vida, 1993.
  • Carson, D.A.; France, R.T.; Motyer, J.A.; Wenham, G.J., Nuevo Comentario Biblico: Siglo Veintiuno, (El Paso, TX: Casa Bautista de Publicaciones) 2000, c1999.
  • Douglas, J. D., Nuevo Diccionario Biblico Certeza, (Barcelona, Buenos Aires, La Paz, Quito: Ediciones Certeza) 2000, c1982.