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Portal:Panorama Mundial/DE LA BLOGOSFERA/2016-08-24

Le ofrecieron la cubana, pero buscó la española como un loco

LA PUPILA INSOMNE 22 de agosto del 2016 CUBA

Justo Cruz*

Como cubano soy de pura cepa y mis raíces las defiendo con mi vida, y dondequiera que me encuentre amaré a mi Cuba querida. Quiero, por tanto, dar mi opinión sobre el deportista cubano nacionalizado español, Orlando Ortega, y su negativa de abrazar nuestra bandera en un momento tan alto para su carrera deportiva.

Quiero dar mi opinión porque me duele que en su momento cumbre, el atleta cubano se haya olvidado de los suyos y sobre todo de aquellos que hicieron de él un deportista excepcional.

Quiero dar mi opinión porque me fastidia que algunos (los mismos de siempre, sobre todo los retrógrados y manipuladores) les haya molestado más la frase de Randy Alonso, cuando se refería al deportista cubano devenido español, como “excubano”, que el desaire cometido por el mismo deportista cuando rechazaba aferrarse a su bandera en el momento de disfrutar su triunfo.

El hecho de que España y otros países de los llamados “poderosos” se sigan aprovechando de deportistas de otras nacionalidades para sumar medallas sigue sin jugar ningún papel en estas mentes retrógradas que se aprovechan de cualquier cosa para desacreditar a Cuba y a los cubanos que no piensen como ellos.

Por esta razón pongo a disposición de ustedes un extracto de un artículo del periodista español (ojo que no es de la Mesa Redonda) Orfeo Suárez, donde resumía de forma muy objetiva lo que representa para España la victoria del atleta de Cuba, cito:

“El atletismo español recoge su primer fruto en Río con un acento que no es el suyo, pero con su propia bandera. Orlando Ortega nació en Cuba hace 25 años y fue nacionalizado a toda prisa, la misma con la que remontó en la final de 110 vallas hasta el podio. De hecho, hasta el 29 de julio, día de su cumpleaños, no supo si podría o no competir en los Juegos de Río. La plata, en la final olímpica más lenta desde Barcelona, es justa con su talla como atleta, un vallista de gran técnica, un competidor tremendo y regular, un ejemplo para una prueba deprimida en España, a la que devuelve la esperanza una plata de ultramar”.

Si nos guiamos por las palabras del periodista Orfeo, no solo Orlando, sino también el Estado español debería agradecerle al Estado cubano por el hecho de que sus deportistas estén contribuyendo a que España gane más medallas en eventos internacionales. Orlando Ortega no es el único.

Suena macabro pero es la amarga realidad de un mundo donde con dinero se puede comprar todo o casi todo, medallas y deportistas incluidos.

¿Por qué no discutimos entonces sobre esto?

El mismo periodista Orfeo daba en la clave cuando en su artículo afirmaba:

“Las nacionalizaciones en el deporte y, en particular, en el atletismo, con países poderosos que compran talento sin más, como Bahrein o Qatar, deberían ponderarse, limitarse a los casos en los que verdaderamente el atleta hace algo más que aprovecharse de unos medios. Sea dicho ahora, con todo el viento de cola que lleva a Ortega hasta el podio y a esta necesitada España hasta su sexta medalla en Río. No todo vale”.

Efectivamente no todo vale, deberíamos gritar todos los cubanos al unísono y sin excepción. No vale nacionalizar a un deportista extranjero a toda prisa para sumar más medallas. No es justo.

A la mayoría de nosotros, cubanos y cubanas que residimos “afuera” nos sucede que comenzamos a amar verdaderamente a nuestra patria cuando vivimos en el extranjero. Vivimos aferrados a nuestras raíces y a nuestros símbolos patrios como locos.

Yo no sé cómo se siente un español, pero nosotros los cubanos nos morimos de orgullo cuando en alguna parte del mundo descubrimos a nuestra bandera o algo que se relacione con nuestros símbolos patrios.

Siempre andamos por ahí buscándolos como locos.

Cuando me enteré que un cubano nacionalizado en España iba a correr en la disciplina de 110 con vallas, me “clavé” frente al televisor porque quería verlo ganar. Quería que aunque no estuviera luchando por Cuba ganara la carrera por el solo hecho de ser cubano. Porque así somos nosotros. Nos duele cuando nos enteramos de las deserción de uno de nuestros queridos deportistas pero seguimos apostando por sus victorias en cualquier terreno y bajo cualquier bandera.

Cuando Orlando Ortega supo que había ganado la medalla de plata en Rio salió corriendo como un loco a buscar la bandera y como no vino un español con una bandera española, apareció un coterraneo y le dio la cubana, pero él la rechazó, decidió en cambio seguir corriendo como un loco (aquí vale la redundancia) en busca de la española. El hombre se sintió más español que cubano en ese momento, a decir de sus propias palabras.

Y como cada ser humano es libre de sus actos. Si el atleta decidió ser español en vez de cubano en el momento de recibir la medalla que con tanto sudor ganó, entonces ¿por qué tanto alboroto por el comentario del periodista Randy Alonso?

Mi pregunta es retórica, porque todos o casi todos sabemos la respuesta. Lo mismo de siempre. El objetivo es desacreditar a Randy Alonso y a la Mesa Redonda. Se aprovecharon de la frase utilizada por el periodista cubano, la adulteran a sus antojos, le dan forma obviando el contenido para convertirla en una bola de esas que pica y se extiende hasta dar asco.

Eso es lo que estamos viviendo en estos momentos. En esta discusión sobre Orlando Ortega, como siempre, algunos siguen cogiendo el rábano por las hojas.

Cuando escuché a hablar a Orlando quedé boquiabierto frente al televisor. Y no se me ocurrió otra cosa que decir en voz alta, “que tipo más descarado, coño”. Me partió el alma escucharlo hacer un comentario tan bochornoso para la mayoría de nosotros los cubanos.

¿No hubiera sido más hermoso si hubiera corrido con las dos banderas, la cubana y la española?

El deportista cubano había dicho en una ocasión que “el peor enemigo de Orlando Ortega es el propio Orlando Ortega” y este episodio confirmó su tesis.

No fue un lapsus mentis producido por la emoción del momento. Fue una frase dicha con conocimiento de causa, como lo fue también cuando dijo sus palabras de agradecimiento, cito:

"Le debo mucho a España, le doy las gracias a mi club, al municipio de Ontinyent y a mis amigos(...) Estoy muy orgulloso de haber puesto el nombre de España bien alto".

Pero aunque Orlando no lo haya dicho, él debe tenerlo claro, cada medalla ganada por un deportista cubano en cualquiera parte del mundo, desertor o no es un homenaje a la escuela cubana de deportes. A esa Revolución que gracias a su política educacional hace posible que deportistas como él logren llegar tan lejos.

Gústele a quién le guste y pésele a quién le pese, la medalla de Orlando Ortega es un homenaje a los valores del deporte cubano, a sus instructores y entrenadores, no al deporte español, mucho menos al atletismo, una disciplina en la que España desde hace algún tiempo se está aprovechado del deporte cubano para sumar medallas.

Soy de la opinión de que Orlando Ortega ni es un “ex-cubano” ni mucho menos un “gusano”, no le pegan esas etiquetas. Lo primero es una cuestión de sentirse o no cubano, es personal y ya sabemos como él en estos momentos se siente.

Lo segundo tampoco lo es. Cuba entera sabe lo que es ser un “gusano” y Orlando está muy lejos de ser uno de ellos. Todavía no.

Para mi Orlando Ortega es un renegado porque abjuró a su bandera y así a su identidad nacional, se salió de los suyos para formar parte de aquellos que hasta ese momento habían sido sus rivales. Como dijera nuestro inconfundible Alexander Abreu “Un cubano de verdad da la vida por su tierra, vive de frente y derecho, preparado pa'l combate y a su bandera se aferra”.

Él no, él se aferró a otra bandera. Ya es un español y se debe a la Corona. A nosotros los cubanos no nos queda otra alternativa que desearle suerte en su futuro y que no le pase como a Lino Martínez, el último cubano que ganó una medalla para España en juegos olímpicos.

Yo no sé si él conocerá la historia, si no la conoce, le recomiendo que averigüe. Valdría la pena, porque todos los días no son de fiesta y en España mucho menos. Pero esto él lo sabe mejor que nosotros.

Yo sigo con mi tumbao:

“Vengo de donde el sol calienta la tierra

La tierra donde nací, donde viviré

Por eso te traigo ahora mi canción

Para que sepas el por qué a mí...me dicen Cuba”

Selección en Internet: Juana Calzado Jiménez

  • Cubano residente en Alemania