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Portal:Panorama Mundial/DE LA PRENSA/2017-08-22

De vuelta al origen

PÁGINA 12 17 de agosto del 2017 ARGENTINA

Emir Sader*

Desde la fundación de PT Lula inauguró una modalidad típica de circular por el país: hacer caravanas, llegar a lugares nunca mencionados en los medios, hablar con gente cuya voz no es escuchada. Fue así como Lula sorprendió en las campañas electorales, cuando tenía muy poco tiempo para hablar en los medios.

Ahora Lula retoma las caravanas. Empezó por el Nordeste de Brasil, de donde salió, chico todavía, con su madre y los hermanos, huyendo de la sequía. Hace un viaje de 20 días, por 28 ciudades de las 9 provincias de la región, de bus. Empieza por Bahía, pasa por el interior de la provincia y por Salvador, la ciudad más lulista del país, la más negra también.

Cruza el río San Francisco en barco, pasa por las provincias de Sergipe, Alagoas, Pernambuco, Paraiba, Rio Grande do Norte, Ceará, Piaui y termina esa primera caravana en Maranhão. Visita a ciudades muy conocidas como Salvador, Recife, Fortaleza, así como otras poco conocidas incluso en Brasil, como Cruz das Almas. Estancia, Lagarto, Nossa Senhora da Gloria, Penedo, Arapiraca, entre tantas otras.

De las 9 provincias de la región, apenas un gobernador no apoya a Lula, todos los otros lo recibirán en sus provincias. En varias ciudades habrá ceremonias de adhesión colectiva de líderes sindicales, estudiantiles, de mujeres, de negros, de jóvenes, al PT.

Es la región que más se ha trasformado a lo largo de los gobiernos del PT, porque siempre fue la más pobre, las más excluida. No por casualidad es aquella región que antes era el feudo controlado por la derecha y se ha vuelto la región donde Lula y Dilma tienen el más alto nivel de votación. En la elección presidencial de 2014, la derecha ha ganado con gran ventaja en el centro sur del país, pero Dilma ha tenido siempre más del 70% en todas las provincias del nordeste brasileño, lo cual le permitió salir victoriosa.

Lula emprende el viaje en el momento en que una nueva encuesta confirma su favoritismo para los comicios presidenciales del 2018, siempre en alza,así como que el único adversario que tiene hoy es Bolsonaro, candidato de la extrema derecha. La misma Marina Silva, que mantenía cierto nivel de apoyo, ahora baja al 3%. Su supuesta “tercera vía” se ha desgastado con el apoyo a Aécio Neves en la segunda vuelta del 2014, así como con su respaldo al golpe contra Dilma.

La caravana marcha como forma de empezar una precampaña presidencial, anticipando la campaña del 2018, como forma de pelear por la garantía de que las elecciones se van a dar y que Lula podrá ser candidato. En este momento Lula está condenado en primera instancia –aun sin ninguna prueba en su contra–, aguardando juicio en segunda instancia, que podrá confirmar o no esa sentencia. Un juicio que a lo mejor se dé recién en julio o agosto del 2019. Lula se aprovecha de ese tiempo para consolidar el apoyo popular e implantar el clima de campaña electoral, de forma que se vuelva insostenible que un líder con el apoyo que él tiene sea impedido de ser candidato. Aun si fuera condenado en segunda instancia, Lula tiene la posibilidad de presentar un recurso al Supremo Tribunal Federal.

Son dos carreras paralelas: la de los procesos -son 6 en total en contra de Lula- y la de las caravanas. Una semana después de que termine esta primera, Lula se presentará de nuevo a declarar en Curitiba, el día 13 de septiembre.

Esta es la primera de una serie de caravanas que Lula tiene planeada por todo Brasil. El sábado pasado, en el cierre del Congreso de la CUT (Central Única de Trabajadores) de Río de Janeiro, en la cuadra de la Escuela de Samba Imperio Serrano, Lula se comprometió a hacer una caravana por la Bajada Fluminense, la periferia más popular de Río, así como ya había mencionado que hará otra caravana por las provincias del centro sur de Brasil.

Después de haber ido con Lula a la inauguración de la transposición del río San Francisco, en la región más árida del nordeste de Brasil, en Paraiba, tengo de nuevo el privilegio de volver al nordeste y participar de esta caravana. Será políticamente decisiva la caravana, pero a la vez, emocionante, por la identificación popular con Lula.

El viaje es parte del proyecto del PT de discusión y elaboración de un programa de reconstrucción nacional del país, después de los efectos económicos, sociales y políticos brutales de las acciones del gobierno de Temer. El día 6 de septiembre, cuando Lula retorne de ese viaje, el país ya no será el mismo, bajo el impacto de la caravana.

Los medios ya se ponen muy nerviosos, la comparan con la larga marcha de Mao o con la guerrilla de Fidel, aunque sea de característica totalmente distinta. Lula juega su fuerza distintiva, para fortalecer aún más su imagen y confrontar a los que les gustaría verlo fuera de la vida política y de la memoria de los brasileños.

Selección en Internet: Melvis Rojas Soris

  • Sociólogo y politólogo brasileño

Sombra terrible de Cristina, yo te evoco

PÁGINA 12 17 de agosto del 2017 ARGENTINA

María Seoane*

No queremos aguar el éxito del macrismo en estas elecciones. Nos gustan las fiestas democráticas y entonces no echaremos cenizas sobre el asado. Pero para comer la carne se necesita algo más que decir que hay carbón. Se necesita saber prender el fuego. Y saber cuándo la carne está a punto. No vale sacarla antes. O después.

Ocurrió que la madre de todas las batallas, la elección en la provincia de Buenos Aires, se pareció más a un asado con carne cruda por parte del macrismo porque se anticipó a festejar un triunfo que no tuvo. No hizo fraude, pero manipuló la carga de datos –no vale la pena insistir con un detalle que ya todos los analistas y testimonio demostraron– hasta lo indecible para la historia electoral argentina del último medio siglo.

Una sombra de década infame y fraude patriótico que no merecen los republicanos, claro, aunque muchos de los integrantes del macrismo sean sus descendientes.

Lo cierto es que la operación de posverdad armada hasta las once de la noche del domingo 13 de agosto por la cual festejaban con globos y papel picado una victoria no parida tenía por objetivo no sólo evitar que Macri saludara como corresponde a Cristina por el triunfo sino para la instalación de una percepción global: que la alianza de la derecha vernácula se imponía en todo el país sin oposición. Hubo republicanismo cero en esa manipulación. Ni qué hablar en que como una verdadera fuerza política deberían haber felicitado al contrincante nacional: Unidad Ciudadana.

El problema del régimen macrista –un estado sostenido por la tríada poder económico-político-mediático-judicial–, con un comando indelegable y unificado por primera vez en cien años, es que esa oposición es el kirchnerismo, su archienemigo demonizado en la figura desafiante de Cristina Fernández de Kirchner.

El régimen macrista explotó la técnica de la posverdad como pocas veces se vio en escena. La desesperación por vender un triunfo que ya sabían que no tenían –nunca admitieron ni María Eugenia Vidal ni Esteban Bullrich que habían ganado– comenzó a desmoronarse hacia las 23 horas, cuando no se podía ya retener el conteo de votos de las zonas donde el kirchnerismo arrasó.

Y esa operación de posverdad desesperada, que engarza con mentir a sabiendas para lograr engañar al otro, empañó lo que fue evidente: el macrismo se transformó en estas primarias en la primera minoría política nacional con un comando unificado, con unos 8 millones y medio de votos. Pero también reveló que enfrente se levantó como una muralla –a pesar del fuego demoledor de persecución y estigmatización– la sombra terrible de Cristina como líder de la oposición con unos 6 millones y medio de votos a nivel nacional, quedándose con dos de los territorios más importantes: PBA y Santa Fe. Ni los macristas deberían seguir mintiendo, ni los kirchneristas llorar porque son la segunda minoría efectiva del país.

Los problemas del macrismo están en curso: el saqueo, endeudamiento, arrasamiento de derechos sociales –sumado a un indisimulable montaje del un aparato represivo pertinaz que tiene una presa política como Milagro Sala y un desaparecido como Santiago Maldonado– tarde o temprano disipará la nube de la propaganda goebbeliana sobre la cabeza de la gente.

El kirchnerismo tiene el problema de la dispersión del comando político. La vasta avenida del medio entró en colisión con lo extremo del momento del capitalismo: se trata de un comando de tareas en estos pagos del capital financiero que busca primarizar y desindustrializar la Argentina arrasando el siglo XX. No se trata, como señaló Jorge Giles en una nota, de terminar con el empleo. Se trata de hacer desaparecer la categoría trabajo. Por tanto, quedan en pie los dos modelos históricos que se enfrentaron desde el 1825, cuando fue derrotada la Revolución de Mayo y sus próceres muertos o perseguidos o exiliados, con la era rivadaviana.

Dos modelos, la grieta histórica que expresan sin duda Macri y Cristina: el agroexportador financiero; el de desarrollo industrial basado en el mercado interno, integrado nacionalmente y regionalmente, con altos salarios. Un modelo de deuda externa y saqueo donde sobran 20 millones de argentinos o un modelo inclusivo socialmente. Puestos frente a frente, esta batalla política no puede ser vista como una foto.

Es la película de la Argentina la que sigue rodándose: desde la Guerra Gaucha hasta los búnker de Costa Salguero donde Macri bailó e hizo que festejaba un triunfo que no tuvo o de Arsenal donde una mujer, entera por cierto, cabal por cierto, esperó hasta la madrugada acompañada no por voluntarios sino por militantes que la operación que intentaba enviarla al exilio fracasara hasta la irrisoria cifra de 0,01 décima con la cual pararon el cómputo de los votos para que no ocurriera en la pantalla lo que ya había ocurrido: ganó la madre de todas las batallas y se prepara desde allí para reunir a los millones que están dispuestos a que no les roben no sólo los bienes sino la historia.

Selección en Internet: Melvis Rojas Soris

  • Periodista y escritora argentina

La gira de Pence: contra Venezuela y por la salud de los mercados

CELAG 16 de agosto del 2017 ECUADOR

El vicepresidente del régimen de EEUU (el lado “serio” de Trump) salió de gira por América Latina, incluyendo visitas a Colombia, Argentina, Chile y Panamá

Silvina M. Romano*

El viernes 11 de agosto el presidente Trump amenazó con una probable intervención armada a Venezuela, sintetizando con claridad las intenciones y acciones injerencistas en Venezuela. Claro que esto provocó numerosas controversias, sobre todo en EEUU, porque “esa no es la forma de hacer las cosas”, no por tratarse de una declaración de guerra porque el gobierno venezolano no se pliega a los lineamientos políticos y económicos de Estados Unidos, o porque implica un acto de poder unilateral que no considera el daño al pueblo venezolano (que es quien eligió a sus actuales gobernantes), sino porque este tipo de declaraciones proporcionan “argumentos a Maduro” para hablar del intervencionismo estadounidense.

Lo cierto es que la declaración fue una clara demostración de poder impune, además de medir el escenario de legitimidad de una decisión tan contundente (que, por otra parte, no es nueva, se barajaba al menos desde que se filtró el Operativo Freedom II del Comando Sur).

En este caldeado escenario, el vicepresidente Michael Pence (el lado “serio” de Trump) salió de gira por América Latina, incluyendo visitas a Colombia, Argentina, Chile y Panamá. Según comunicado oficial de la Casa Blanca, el motivo del viaje es profundizar los lazos comerciales y la cooperación en seguridad e infraestructura. Además de esto, la razón principal es qué harán y cómo harán para “resolver” el asunto de Venezuela (lograr el ansiado cambio de régimen).

En efecto, durante su breve paso por Colombia, Pence brindó una conferencia conjunta con el presidente Juan Manuel Santos, destacando los siguientes puntos: descartó de modo contundente una posible intervención armada a Venezuela; al contrario, remarcó repetidas veces la necesidad de “restaurar la democracia” (léase cambio de régimen) por “medios pacíficos”. Para lograr este objetivo, habría que implementar “una amplia gama de sanciones económicas” y presiones por la vía diplomática para “aislar a Venezuela”, vías que requieren reforzar la alianza con los países de la región (en contra de Venezuela), en la que tanto Colombia como Argentina (junto con México) vienen jugando un rol protagónico.

En Argentina, el discurso fue similar, remarcando la “preocupación por cómo están sufriendo los venezolanos” a la vez que volvió a recordar lo mismo que dijo en Colombia: que EEUU quiere trabajar con sus aliados de la región para una solución pacífica a la crisis que enfrenta, reforzando la urgencia: “Tenemos que extremar la posición política y económica para que lo antes posible se vuelva a restaurar la democracia en Venezuela”. Considerando estas declaraciones, vale la pena recordar que la presión diplomática y política y especialmente las sanciones económicas, están orientadas a lograr por medios pacíficos lo que otrora se buscaría por medios “violentos”. Sin embargo, se trata de estrategias que pueden perjudicar gravemente a la población (tal como lo afirman los expertos en política exterior estadounidense), generando un escenario que no dista tanto de la “guerra real”.

Celebrando el “cambio” (¿hacia dónde?)

En otro orden de cosas, llegado a Argentina, Pence felicitó al presidente Macri por los cambios en la economía, por “llevar a Argentina de vuelta al mundo”. El presidente argentino subrayó la predisposición para recibir inversiones y la llegada de empresas estadounidenses, como un modo “de generar empleo, que es la única manera de acabar con la pobreza”. Prometen que el sector empresarial de Argentina y de EEUU trabajarán juntos para procurar la esperada “lluvia de dólares” auguradas por las reformas (el ajuste) implementado por el gobierno de Macri. Para ello, Pence viajó acompañado de ejecutivos de Lockheed Martin, Clorox, Boeing, HSBC, Monsanto, DHL, Meflife, CH2M, Nike, AES Energy, Citi y Exxon Mobile. Se trata de buena parte de las transnacionales más importantes de los EEUU.

Desde un análisis serio sobre el “efecto positivo” de las inversiones extranjeras en cuanto a creación de fuentes laborales o incluso un impacto en el “desarrollo” (entendido en su versión amplia, no solo como crecimiento económico) el historial de estas empresas en países periféricos da cuenta de que, en general, tienden a contribuir a con una mayor precarización/explotación laboral que se suma a una extracción de excedentes y desinversión en un mediano plazo, además de que no contribuyen al desarrollo de know-how tecnológico a nivel local.

Precisamente, representantes de la Cámara de Comercio de EEUU advierten que las inversiones no llegarán de inmediato porque antes es necesario profundizar el proceso de cambio en Argentina, avanzando en reforma laboral, tributaria y aduanera, aclarando que, por ejemplo “el costo laboral es muy alto en Argentina”. Agrega además que los tres sectores “clave” en el vínculo comercial entre Argentina y EEUU son: los limones, la carne y el biodiesel.

Por un lado, llama la atención la advertencia sobre la necesidad de una reforma laboral, en vista de lo que ha sucedido en Brasil en torno a una reforma laboral sumamente regresiva. Por otro lado, considerando los sectores “clave”, parece que se busca reforzar relaciones totalmente asimétricas, en las que Argentina se compromete a profundizar su rol de primario exportador, apuntalado por la presencia de multinacionales estadounidense que competirán duramente con las iniciativas de industria nacional o local.

Este panorama, además, nos brinda un indicio sobre el rumbo real de los lineamientos de la gestión Trump (más allá de las declaraciones trasnochadas) que parecen encaminadas a seguir con una larga tradición en la política estadounidense: promover proteccionismo y una amplia selectividad respecto de sus importaciones, a la vez que el gobierno presiona para expandir capital y mercados estadounidenses hacia el exterior.

El escenario se presenta complejo: Estados Unidos se arroga sin eufemismos el rol de “policía hemisférica” (rol que también asumió con Obama, pero desde un discurso menos injerencista) junto con una política de expansión comercial y de inversiones. Se propone salvar a la región de los Estados fallidos y las dictaduras “porque eso es lo correcto” (tal como sentenció Pence en Colombia). Para ello, procurará reforzar las democracias neoliberales y los Estados criminales (como México o Colombia) que sí se presentan como una garantía para la “estabilidad regional” y la seguridad de EEUU, condición fundamental para la salud de los negocios y de una política solo capaz de operar por y para los mercados.

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Doctora en Ciencia Política por la Universidad Nacional de Córdoba

La nueva era del hambre global gracias a la guerra y el caos

RT 16 de julio del 2017 RUSIA

Hecho en Occidente

Dan Glazebrook*

Las hambrunas que amenaza actualmente a muchas partes del mundo tienen una cosa en común, la agresión y desestabilización occidental.

El pasado mes de febrero se declaró oficialmente en Sudán del Sur la primera hambruna del mundo en seis años. Un mes después, el director de asuntos humanitario de la ONU Stephen O'Brien advirtió al Consejo de Seguridad de que otros tres países (Yemen, Somalia y Nigeria) también estaban al borde de la hambruna y que había 20 millones de personas en peligro de morir de hambre en unos meses. Afirmó que el mundo “se enfrenta ahora a la mayor crisis humanitaria desde la creación de la ONU”.

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, advirtió que a menos de que se recaudaran 4 mil 400 millones de dólares de fondos de emergencia para finales de marzo 20 millones de personas morirían de hambre. Cuando se cumplió el plazo se había recibido menos de una décima parte de esa cantidad, unos míseros 423 millones de dólares. Desde entonces la cantidad recaudada ha aumentado, pero apenas es poco más de un tercio de la meta.

Es casi seguro que el objetivo no se alcanzará ya que las donaciones disminuyeron bruscamente desde mediados de mayo.

Para contextualizar el The New York Times señaló oportunamente que 4 mil 400 millones de dólares es casi la misma cantidad que el dinero que ha obtenido Gran Bretaña vendiendo armas a Arabia Saudita los dos últimos años. La mayor parte de estas armas se han utilizado contra los hambrientos yemeníes. Y esa cantidad no llega al 10% de los 54 mil millones de dólares de gasto adicional prometido por Donald Trump al ejército estadounidense.

Yemen ha vuelto a aparecer en las noticias por partida doble. En primer lugar la Cruz Roja informó de que los casos de cólera en Yemen ascendían a 300 mil. Después se conoció la sentencia del Tribunal Supremo británico (que decidió creer a seguros privados del gobierno en vez de a enormes cantidades de testigos presenciales de primera mano) que declaraba perfectamente legítimo que el gobierno británico armara la despiadada guerra saudí contra el pueblo yemení.

Estas dos declaraciones no dejan de estar relacionadas ya que es precisamente la guerra por delegación británica contra Yemen la que ha llevado a los niveles medievales de hambruna y enfermedad que asolan al país.

En octubre del 2015 el director de la Cruz Roja Internacional escribió que “Yemen al cabo de cinco meses parece Siria al cabo de cinco años”. Según Save the Children, cada 35 segundos un niño yemení se infecta de cólera hoy en día. Esta epidemia viene pisándole los talones a un brote de fiebre de dengue la Organización Mundial de la Salud luchó para controlar debido a que “ el sistema sanitario está prácticamente colapsado” y “el suministro de agua interrumpido” a consecuencia de la campaña de bombardeos suministrados por Occidente. Se ha bombardeado los hospitales regularmente.

Después de que [el entonces ministro de Exteriores británico] Philip Hammond justificara el bombardeo de tres hospitales yemeníes en varios meses, Médicos Sin Fronteras advirtió que el atacar a hospitales se estaba convirtiendo en la “nueva normalidad”.

Sin embargo, el bombardeo de hospitales y de centros de distribución de grano es solo una parte de la historia del genocidio occidental contra el pueblo yemení. Yemen depende de las importaciones de más del 80% de su combustible, comida y medicinas, y el 70% de estas importaciones llega a través del puerto de Huydadeh.

En agosto del 2015 la colación encabezada por Arabia Saudita bombardeó este puerto y desde entonces está sometido a bloqueo, lo que provoca directamente la situación actual en la que 21 millones de personas sufren carencia de alimentos, incluidos los siete millones de personas que se enfrentan a la hambruna.

Como señaló el Relator Especial de la ONU sobre derechos humanos y sanciones internacionales, este bloqueo es “una de las principales causas de la catástrofe humanitaria” que contribuye a que se llegue a lo que denominó “esta hambruna creada por el hombre”.

No hay ni que decir que Estado Unidos y Gran Bretaña apoyan totalmente este bloqueo junto con cada aspecto del genocidio saudí en Yemen.

Yemen no es el único lugar en el que la política occidental lleva a la hambruna.

Esta semana se conmemora el sexto aniversario de la independencia de Sudán del Sur. Por segundo año consecutivo se han cancelado las celebraciones previstas ya que en medio del hambre y la guerra civil no hay nada que celebrar.

El 20 de febrero de este año se anunció oficialmente que el país había caído en la hambruna, con 100 mil personas hambrientas y otro millón más al borde de la hambruna. El criterio establecido para declarar una hambruna es que un 20% de una población sufra “una carencia extrema de alimento”, un 30% sufra desnutrición aguda y al menos una persona de cada 5 mil muera de hambre al día.

Aunque ya no se cumplen estos criterios, el hambre aguda afecta actualmente a seis millones de personas, frente a los cinco millones que había en febrero (aproximadamente la mitad de la población).

Como en el caso de Yemen se trata de una crisis de proporciones bíblicas. Como en Yemen, está provocada por el hombre. Y como en Yemen es el resultado totalmente previsible del militarismo occidental. Estados Unidos y Gran Bretaña desempeñaron un papel decisivo en la partición de Sudán del Sur en el 2011 y es precisamente esta partición la que ha legado la actual tragedia al país.

Lo mismo que en Libia, el mismo año la generosidad occidental situó en el poder a una ambigua coalición de rebeldes sin un programa unificado. Y como en Libia el inevitable colapso de esta coalición ha llevado al país a la devastación total.

En el 1983 el coronel del ejército rebelde John Garang creó el Southern People’s Liberation Movement (SPLM) y en la década del 1990 Estados Unidos, bajo el la presidencia de Clinton, empezó a entregar millones de dólares al movimiento insurgente. Aunque formalmente era un levantamiento contra el gobierno en Jartum, a menudo se basó en llamar al chovinismo étnico para lograr apoyos.

Según el exmiembro del comité nacional Dr. Peter Nyaba, por ejemplo, la primera movilización del Movimiento “que llevó a más de diez mil jóvenes bor a los campos de entrenamiento del SPLA en el 1983 no fue con motivo de la agenda nacional de liberación, sino para resolver asuntos locales pendientes con sus vecinos, los murles o los nuers”. De forma similar, la facción de Riek Machar del SPLM, que se basaba principalmente en la comunidad nuer, llevó a cabo una masacre de miles de civiles dinka en el 1991. Dr. Nyaba afirma que se descuidó el adiestramiento político a favor de un a menudo muy brutal adiestramiento militar que llevó a excesos muchas veces horribles contra la población que estaba bajo su control.

Después de liberar una zona particular, afirmó Nyaba, el Movimiento debería haber instituido “reformas democráticas: un sistema de justicia popular, un nuevo sistema educativo, sanitario y de servicios veterinarios. Ese paso, afirmó, “habría dado al SPLM/A la oportunidad de demostrar su valía al pueblo y al mundo y, por consiguiente, de crear un poder popular sólido que convirtiera al SPLM/A en el auténtico representante del pueblo […] el ‘Nuevo Sudán’ habría nacido en la realidad física y objetiva del pueblo, lo que habría permitido al SPLM/A lograr soberanía política y reconocimiento diplomático”.

De hecho, esos son los pasos normales dados por los movimientos revolucionarios genuinos en todo el mundo. Pero eso no es lo que ocurrió. En vez de ello, afirma Nyaba, el SPLM “degeneró hasta convertirse en un agente de saqueos, pillajes y conquistas destructivas”.

Precisamente en aquel momento Estados Unidos empezó a financiar al Movimiento y los 20 millones de dólares proporcionados por Clinton rápidamente aumentaron a 100 millones al año gracias a la ley de Bush denominada satíricamente “Ley de paz de Sudán” del 2002.

Al igual que en Libia, esta generosidad estadounidense ha permitido a los grupos insurgentes alcanzar sus objetivos sin tener el liderazgo visionario o las habilidades de organización de masas necesarias para suscitar el genuino apoyo masivo. En pocas palabras, el apoyo estadounidense ha hecho innecesario el apoyo masivo. Las revoluciones genuinas, esto es, las revoluciones que se realizan por medio del esfuerzo de las propias masas en vez de por la presión ejercida por patrocinadores externos, solo pueden tener éxito con un programa visionario capaz de ganarse el compromiso total de las masas. Gracias al apoyo estadounidense, en Sudán del Sur el SPLM pudo llegar al poder sin eso. El impacto a largo plazo de esta falta de liderazgo popular e inspirador ha sido un vacío ideológico en el que se han generado luchas de poder.

Al confiar en el apoyo externo, el SPLM (y su líder desde la muerte de Garang en el 2005, Salva Kiir) no tenía una necesidad urgente de lograr el apoyo de todas las tribus del sur. Sin la financiación occidental, Kiir tendría que haber tratado de tender la mano a los nuer, los murle y a los otros grupos no dinka para asegurar se un apoyo suficiente para obligar al gobierno de Sudán a hacer concesiones. Si lo hubiera hecho, sobre la base de un verdadero programa de masas capaz de motivar a todos los pueblos del Sur de Sudán sobre bases no étnicas, este mismo programa habría formado la base de un gobierno de unidad viable después de la independencia.

Sin embargo, al confiar en el apoyo de Estados Unidos Kiir no necesitaba hacer nada de eso. En vez de ello, el claro patrocinio de Estados Unidos le permitió imponer una falsa unidad a sus rivales nuer y shilik en la que solo su cercanía a Estados Unidos era suficiente para obligarles a doblegarse si no querían ser excluidos completamente del poder y del dinero que estaba llegando. Las luchas políticas por el apoyo de las masas iban a ser eclipsadas por las rivalidades entre facciones acerca de quién controlaría el flujo de recursos.

El mismo modelo ha seguido tras la independencia. Como asumía, con razón, que el apoyo de Estados Unidos iba a seguir fluyendo, el presidente Kiir no ha tenido ninguna necesidad particular de ganarse a quienes están fuera de su principal distrito electoral de Dinka e incluso ha llegado a despedir a su diputado nuer Riek Machar en el 2013 lo que desencadenó la última andanada de la guerra civil, que ha adquirido unas dimensiones étnicas particularmente desagradables ya que las facciones rivales del SPLM, que durante años permanecieron unidas por los dólares estadounidenses en vez de por un auténtico programa de unidad, están enfrentadas.

Mientras que la casi hambruna de Yemen fue provocada por los bombardeos y bloqueo del país dirigidos por Occidente, la actual hambruna de Sudán del Sur es el resultado de años de guerra por delegación financiada por Occidente y la desastrosa partición que creó. La situación en Nigeria también es consecuencia de una guerra, en este caso la insurgencia de Boko Haram, que debe su difusión generalizada en los últimos años directamente a la destrucción por parte de la OTAN de Libia, que puso en manos de Boko Haram y sus socios los depósitos de armas del país.

Sin lugar a duda, por lo tanto, la última oleada de hambre es un producto derivado directamente de la agresión occidental que provoca otros 20 millones de víctimas, por las que los gobiernos británico y estadounidense deben rendir cuentas ante la justicia.

Selección en Internet: Inalvys Campo Lazo

  • Escritor político freelance que escribe para RT