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Rafael Trejo

Rafael Trejo
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Trevol.jpeg
Patriota revolucionario cubano
NombreRafael Trejo González
Nacimiento9 de septiembre de 1910
villa de San Antonio de los Baños,
provincia de La Habana,
República de Cuba Bandera de Cuba
Fallecimiento30 de septiembre de 1930
Hospital de Emergencias,
ciudad de La Habana,
República de Cuba Bandera de Cuba
Causa de la muerteasesinado
Nacionalidadcubana
Otros nombresFelo
Ciudadaníacubana
Educaciónestudiante de Derecho
PadresAdelaida González Díaz y Rafael Trejo

Rafael Felo Trejo González (San Antonio de los Baños, 9 de septiembre de 1910 - La Habana, 30 de septiembre de 1930) fue un líder estudiantil cubano, asesinado por la policía del dictador Gerardo Machado en una manifestación. Patriota representativo del municipio Diez de Octubre.

Síntesis biográfica

Infancia y juventud

Felo Trejo nació en la villa de San Antonio de los Baños, en la actual provincia de Artemisa. Su madre, Adela González Díaz, ejercía como maestra rural. Su padre, tabaquero devenido doctor en Derecho, se desempeñaba como funcionario municipal en el ayuntamiento de la localidad.

En 1919 la familia se mudó para la capitalina barriada de La Víbora. Felo, como lo llamaban sus progenitores, pasaba largos ratos en su recámara estudiando.

Cursó sus primero estudios en la escuela pública numero 46. Ingresó en el Colegio Belén, donde con notas brillantes cursó los primeros tres años del bachillerato. El cuarto lo hizo en el Instituto de La Habana con las más altas notas. Se graduó de bachiller a los 17 años.

Era un buen lector, conversador de aguda sensibilidad, inteligente, comprensivo, trataba de interpretar el quehacer nacional muy movido a la sazón, pues se producían frecuentes los Consejos de Disciplina con expulsión de los estudiantes de la Universidad, privados de continuar sus estudios.

Era optimista, saludable, fuerte, corajudo pero delicado, abrigaba fe en el porvenir. Trejo poseía una personalidad resplandeciente y atractiva. Por su pureza y ternura parecía un niño grande feliz y curioso, al que ninguna pena mayor había ensombrecido. Gustaba de la música culta pero también de la popular callejera, de los bailes y de las lides del amor. Todo un deportista, se destacaba como remero. Jugaba muy bien el ajedrez. Ávido lector de Martí y José Ingenieros.

Alto, de tórax y espalda ancha, de extremidades largas y cuerpo flexible, su presencia se hacía notar en su semblante expresivo y muy trigueño, cabello y bigote negrísimo, ojos grandes y profundos, y un andar sereno y majestuoso, de hombre seguro de sí mismo. Le gustaba invitar a sus amigos y amigas a pasar la tarde en la casa, tocaban el piano, bailaban, cantaban y ponían la radio a todo volumen.[1]

El día de 1927 que matriculó la carrera de Derecho en la Universidad de La Habana, conoció a Raúl Roa, quien solía recordarlo como «un mozalbete de pelo lustroso, tez trigueña, bigote mongol, torso amplio y ágil musculatura».

Desde ese mismo día nació entre ellos una gran amistad. Felo entonces le confesó:

Voy a matricularme en Derecho público y en Derecho Civil. Creo que he cogido la carrera más acorde con mi vocación y temperamento. Desde hace muchas noches sueño con el estrado; pero no creas que mi aspiración es hacerme rico a expensas del prójimo. Mi ideal es poder defender algún día a los pobres y los perseguidos. Mi toga estará siempre al servicio de la justicia. También aspiro a ser útil a Cuba. Estoy dispuesto a sacrificarlo todo por verla como quiso Martí.
Rafael Felo Trejo[2]

El curso había comenzado ese mes porque la intensa agitación estudiantil contra la Prórroga de Poderes con los subsecuentes consejos disciplinarios, habían alargado el anterior hasta el mes de octubre.

Trayectoria revolucionaria

Recién ingresado Trejo en la Universidad de La Habana, el 9 de noviembre de 1927, se llevaría a cabo en el edificio de la Escuela de Química, un consejo disciplinario contra 50 estudiantes, acusados de tumbar los carteles de propaganda que había puesto la tiranía en las obras de construcción de la escalinata.

La muchachada enardecida por las arengas forzó las puertas del edificio con un madero e impidió que se consumara el consejo. Entre los organizadores estaba Rafael Trejo. Trece estudiantes ―incluyendo a Trejo― fueron expulsados provisionalmente esa misma tarde por resolución rectoral y más de 600 quedaron sujetos a consejos disciplinarios.[3]

En la Universidad se vincula a los hechos que llevaba a cabo el estudiantado en contra de la tiranía de Machado, por el reconocimiento de la autonomía universitaria y llevar a cabo el plan de reformas y depuración del profesorado propuesto por Julio Antonio Mella. En 1930 arrecia la lucha contra el tirano.

Ya en 1930, Trejo junto a otros estudiantes hace desaparecer la tarja de la Escuela de Derecho que glorificaba al régimen. En las elecciones universitarias de ese año Trejo salió electo vicepresidente de la Asociación de Estudiantes de la Escuela de Derecho. Desde aquí trata de canalizar las aspiraciones de la masa estudiantil y clandestinamente conspira contra el tirano.

Su participación en las acciones del 30 de septiembre

Los meses que antecedieron a septiembre de 1930 fueron de intensa actividad. El estudiantado se organizaba. El fenómeno de aglutinación del estudiantado, como el proletariado y la pequeña burguesía racial, se acentuaba cada vez más.

Desarrollaron una intensa actividad revolucionaria, efectuaron reuniones clandestinas y redactaron manifiestos, proclamas y arengas. El estudiantado exigía la rehabilitación de los estudiantes expulsados por sus actividades revolucionarias, y la inmediata renuncia de Machado.

El 29 de septiembre, en el local del DEU, convocaron a una manifestación en el parque Alfaro para el día 30 de septiembre de 1930 y de ahí marchar al Palacio Presidencial. Felo Trejo, en tono de chanza, había propuesto que lo que más hacía falta era una víctima.

En la mañana del 30 de septiembre de 1930 Felo Trejo se vistió con el traje más deteriorado que tenía y eligió su peor sombrero de pajilla, que había pintado de aluminio en señal de protesta ―su apoyo a la huelga de los sombrereros―; de un almanaque grande que colgaba en la pared arrancó la hoja correspondiente a ese día y la colocó en el sombrero plateado:

Los líderes del DEU, organizadores de la manifestación, lanzaron una nueva consigna que corrió como un relámpago: «Al parque Alfaro»
Te voy a poner aquí: porque tú, 30 de septiembre, vas a entrar en la Historia de Cuba.
Felo Trejo

Para impedir la movilización, el Gobierno preparó un gran despliegue de policías y batallones del ejército, emplazó ametralladoras en distintos sitios estratégicos de la ciudad, reforzó la guarnición del Castillo de la Fuerza y los escuadrones del Tercio Táctico fueron acuartelados en el Campamento de Columbia. A pesar de esto, estudiantes y pueblo se concentraron en el lugar convenido.

La policía inició un movimiento envolvente; al mismo tiempo Felo Trejo y Enio Pepelín Leyva Fuentes subieron a la azotea del edificio Ravelo, desde donde descargaron sobre la policía una granizada de piedras.[4]

Muerte

Muerte de Rafael Trejo (fotografía posiblemente tomada de una película cubana).

La manifestación bajó la escalinata y los policías de Machado cargaron violentamente contra todos. En la esquina de San Lázaro e Infanta se produjo una confusión terrible. Pablo de la Torriente Brau, que utilizaba contra los policías como única arma sus puños, cayó gravemente herido en la cabeza. Al ir a auxiliarlo, Marinello fue detenido. Mientras esto sucedía, Rafael Trejo, en Jovellar e Infanta, en corajudo arranque se enredó cuerpo a cuerpo con un policía. Díaz Baldoquín acudió en su ayuda tratando de arrebatarle el arma al verdugo. Sonó una descarga y Felo se derrumbó chorreando de sangre sobre el pavimento regado de casquillos y manifiestos.[5]

Fue trasladado al Hospital Emergencias.

Más tarde relataría Pablo de la Torriente Brau ―quien también había sido internado por una herida de bala en el cráneo― de su encuentro con Rafael Trejo dentro del hospital:

Yo no podré olvidar jamás la sonrisa con que me saludó Rafael Trejo cuando lo subieron a la Sala de Urgencia del Hospital Municipal, sólo unos minutos después que a mí, y lo colocaron a mi lado. Yo estaba vomitando sangre y casi desvanecido de debilidad. Pero su sonrisa, con todo, me produjo una extraña sensación indefinible. […]

Era algo como si me volviera la cólera de la pelea a pesar de la sangre perdida, era que yo ya sabía que Trejo, con sus 20 años poderosos, se moría. Ya Trejo estaba siendo curado en la mesa de al lado a la mía. Entre vahído y vahído, yo había podido oír estas palabras, que percibí extrañamente como si estuviera dentro de un aparato de radio que sonara a lo lejos, con una poco de estática. El médico decía: «Este se salva... si no hay fractura... Las heridas de la cabeza son muy aparatosas... Se pierde mucha sangre... Pero a aquel pobre muchacho no lo salva ni Dios... Tiene una hemorragia interna...». Por eso su sonrisa era para mí como un adiós que yo recibía en condiciones de angustia invencible. […]

Después, a Rafael Trejo se lo llevaron de aquel rincón para hacerle la arriesgada operación para salvarlo. A mí me pasaron para la cama en donde él había estado, y en la mía pusieron a Isidro Figueroa. El hospital se fue llenando de gente, tan numerosa que hacía «huhú...» como el mar. Teté Casuso pudo pasar a verme, empujada por el pueblo a la brava, y pronto yo me sentí mejor. Las mujeres, viejas y muchachas, llenaron las salas, y se hacían abrumadoras como abejas, a fuerza de preguntas. Trejo se fue muriendo. Yo lo descubría por el silencio, al que de pronto se le ponía, como un rubí brillante, la palabra «¡Asesinos!», que algún compañero, con cólera incontenida, hacía estallar.

Rafael Felo Trejo fue sometido a una riesgosa operación. Falleció a las 9:50 p. m. del 30 de septiembre de 1930, a los 20 años recién cumplidos. Se convirtió así en «la víctima necesaria», como él mismo había bromeado.

Yo no había podido dormir hasta entonces, ni una hora siquiera, lo que me tenía intranquilo, nervioso y sumamente débil. Me dieron no sé qué cosa y me dormí. A la mañana siguiente había en el Hospital el silencio de las casas abandonadas. Yo solo oía a Figueroa pasar las páginas de un periódico. Tuve el presentimiento seguro de la muerte del compañero, y cuando vino Teté Casuso, sin dejarla pensar le dije: «¿Por qué no me dijiste que se había muerto?». Entonces ella me contestó: «Sí, murió, ¡pobrecito!». Y se le aguaron los ojos, a pesar de que no quería impresionarme.

Rafael Trejo fue enterrado al día siguiente, 2 de octubre de 1930 a las 5 de la tarde, acompañado de una multitud de estudiantes y pueblo que coreaban consignas antimachadistas.

Entierro de Trejo.
Como todos los que se enrolaban en esta batalla con una ideología revolucionaria y vacío el pecho de ambiciones, Trejo no salió aquella mañana a jugarse la vida, como se la jugó, para el encumbramiento. Sabía que, como sabemos nosotros, en el reloj de la Historia había sonado con campanadas solemnes la hora de los oprimidos, cuyas necesidades y aspiraciones fueron desoídas y estranguladas por el régimen social basado en la explotación del hombre por el hombre. Aunque Trejo no militara formalmente en la izquierda, es obvio que por sus sentimientos generosos, su honradez insobornable y su fe apasionada en un mundo más justo y bello, estaba más cerca de nosotros que la derecha ávida de mando y de riqueza.

Fuentes