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Reloj automático

Reloj automático
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El reloj automático es tal y como un reloj mecánico o mecanizado, salvo que para su funcionamiento no se vale de la cuerda o autopropulsión, sino de un mecanismo que utiliza la inercia del movimiento de su portador y un contrapeso para su funcionamiento.

Reloj automático. Cuando el reloj de sol dejó ver sus dificultados, los relojes de flujo de agua y de arena se hicieron poco glamorosos, los relojes mecanizados se hicieron muy costosos, y los relojes de sistemas mecánicos corrieron el riesgo de quedar obsoletos ante los avances de las diversas tecnologías, apareció en nuestra historia un avance que cambiaría nuestras vidas de manera drástica y radical: los relojes automáticos.

Relojes: automatización del tiempo

El reloj automático funciona mientras permanezca en funcionamiento. Al ser guardado en el cajón, entre 24 y 48 horas posteriores a quitarlo de la muñeca de su usuario, el reloj se “apaga” automáticamente, minimizando el consumo de recursos y realizando una suerte de actividad de auto-conservación, de igual modo que si a un reloj mecánico de cuerda no se le gira la perilla.

Si bien se trata de un invento novedoso, estos relojes automáticos poseen algunas dificultades e inconvenientes en su uso. En primera instancia, luego de ser guardado al querer utilizarlo nuevamente, hay que volver a ponerlo en hora. También en cuestiones de exactitud horaria, los usuarios de estos relojes que, debido a la exposición de los dispositivos a los cambios climáticos y de actividades de movimiento, en pocas ocasiones puede existir algunas diferencias (de segundos) respecto de la hora exacta. Por decirlo de algún modo: una persona hiperactiva “daría demasiada cuerda a su reloj automático”, por lo que podría adelantar la hora.

Funcionamiento de los relojes automáticos

La empresa Rolex fue una de las pioneras (y ciertamente la más notoria) en la creación de relojes con movimientos de montaje automático, gracias a la instauración de un rotor de 360° de radio de giro, en el año 1931. En este sistema, así como en sus sucesores, existe un mecanismo de resorte que se carga mediante el movimiento de su portador, aunque su movimiento perpetuo se debe al suizo Perrelet quien, hacia 1770, dotó al aparato de una masa semicircular sin amortiguación.

El moderno y actual reloj automático de pulsera es obra del inglés John Harwood quien realizó la primera fabricación en serie de estos artefactos, popularizándolo en el mundo entero. Posteriormente, este tipo de relojes incluyó oro, rubíes y platino en su creación, dotándolo de una apreciación de glamour y sofisticación. Pero los avances en la tecnología permitieron su adaptación en versiones más económicas, aptas para grandes mayorías.

Actualmente hay una tendencia que vincula una doble tecnología: la del reloj automático y la de relojes de cuarzo. En estos modelos, el movimiento de un rotor mecanizado “alimenta” a un generador que logra almacenar la energía, permitiendo una reserva de hasta 100 días continuos.

Partes de los relojes automáticos

La energía necesaria para el movimiento de las partes mecánicas la obtiene de un muelle de acero en espiral en alojado el barrilete y que se enrolla mediante el engrane de un piñón de una sola dirección que enrolla la espiral al girar una masa oscilante , que a modo de péndulo gira en el interior del reloj constantemente con el movimiento natural del reloj en la muñeca de la persona que lo porta.

La rueda volante es la encargada de regular que la tensión de la cuerda pase al rodaje rítmicamente. Su ajuste es critico para la puntualidad del reloj. Los rubíes abundan en muchos puntos del rodaje del reloj, esto ayuda a que el roce sea mínimo y suave.

Detalle de los puntos de apoyo de la rueda volante, estos puntos deben ir perfectamente limpios y engrasados con un aceite especifico para ello. Los rubíes son desmontables para "facilitar" la limpieza.

Rueda de arrastre del barrilete, en cuyo interior esta la espiral de acero que actúa de "cuerda". El barrilete tiene un diente corredizo que impide el retroceso de la tensión acumulada por la espiral de acero.

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