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Caballeros templarios

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Caballeros templarios
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Concepto:Fue una de las más famosas órdenes militares cristianas

Caballeros templarios. La primera orden de monjes militares de la historia, los Caballeros Templarios, se formó en 1118, cuando un caballero de la Champaña, un tal Hughes de Payens, y ocho compañeros se comprometieron mutuamente bajo juramento perpetuo en presencia del patriarca, o soberano, de Jerusalén. Al principio sobrevivían de limosnas y fueron conocidos como los Pobres Caballeros de Cristo.

Historia

Caballeros se convirtieron pronto en una base de poder por derecho propio, y se les fueron uniendo gran cantidad de adeptos, a pesar de la aparente austeridad de su regla monástica. Por aquel entonces la Iglesia estaba muy a favor de los Caballeros. Sus propiedades estaban exentas de impuestos se les colmaba de todo tipo de favores, no estaban sujetos a jurisdicción y ni siquiera tenían que pagar los diezmos eclesiásticos tan comunes en aquel momento. Esto, a su vez, trajo como consecuencia una creciente antipatía hacia la orden por parte de ciertos sectores del clero secular. Su fuerza se vio reforzada por un despliegue de imponentes castillos construidos en Tierra Santa, los cuales servían a la vez como bases de la campaña militar y también como capillas a las que los monjes guerreros podían retirarse. El nombre de Caballeros Templarios parece aludir al hecho de que tuvieran su cuartel general en Jerusalén en la Cúpula de la Roca, en el Monte del Templo, que rebautizaron como Templum Domini. Muchos creían que ese sitio era el lugar en el que Salomón construyó el legendario Templo de Jerusalén, con su supuesto tesoro.

Las posteriores iglesias y bastiones que fueron construyendo los Templarios se hicieron tomando como modelo este emplazamiento, como fue el caso, por ejemplo, de la iglesia del Temple de Londres. Los Templarios gozaron del patrocinio de Bernardo de Claraval, el fundador de la Orden cisterciense, que defendió su causa ante todos aquellos que lo escuchaban dentro de la Iglesia. Como resultado de ello, recibieron varias bulas papales, o notificaciones, que les confería poder para subir los Impuestos y los diezmos en las zonas que controlaban. Esto, a su vez, les otorgó poder y autoridad instantáneos. Uno de los primeros sistemas bancarios internacionales fue fundado por la Orden, y los acaudalados caballeros y terratenientes dejaban a menudo buena parte de sus riquezas en las seguras manos de la Orden, a cambio de unos honorarios, por supuesto.

Finalmente, los Templarios llegaron a poseer extensas propiedades tanto en Europa como en Oriente Medio. En un momento dado, estuvieron a punto incluso de hacerse con el reino de Aragón, después de luchar en una campaña española. La Orden se ganó la fama de ser hermética y de estar obsesionada con los rituales, y esta reputación, hizo que sea acusada de herejía por la Santa Inquisición. La capilla es un edificio patrimonial famoso en todo el mundo, que ha inspirado a artistas y escritores, entre los que se encuentran Robert Burns, sir Walter Scott y William Wordsworth. También es una iglesia aún con culto, que cuenta con una activa congregación y con oficios religiosos semanales. La capilla que sigue en pie hoy en día es solo una parte de la gran catedral que fue proyectada al principio. Su nombre correcto es «el Colegio Universitario de Saint Mathew» y se cree que la familia St Clair, que fundó la capilla, previó que Rosslyn se convertiría en un centro de estudios a gran escala.

El castillo de Rosslyn albergó un scriptorium medieval, donde se traducían y copiaban a mano libros de la Europa continental. Las tallas de la capilla imitan de muchas formas las intrincadas iluminaciones de los medievales libros de horas y bestiarios. Fabulosas criaturas tales como dragones, unicornios, hombres verdes, leones y monos se codean con santos, caballeros, reyes, reinas y una gran cantidad de músicos medievales y personajes bíblicos. Roslin no es la grafía original de Rosslyn, y el nombre «Rosslyn» no proviene de «Línea Rosa». De hecho, es simplemente un topónimo construido a partir de dos palabras escocesas: ross, que significa «colina», y lynn, que significa «agua». Así pues, «Rosslyn» significa literalmente «la colina junto al agua». Este nombre se ajusta perfectamente al lugar, ya que el río Esk bordea una gran colina, que es la firme roca sobre la que se asienta el castillo de Rosslyn. Durante los últimos años ha aparecido una serie de libros de historia alternativa que ofrecen teorías infinitamente más imaginativas sobre Rosslyn. Se dice que el Arca Perdida de la Alianza, el Santo Grial, los secretos Evangelios Perdidos de Cristo, el tesoro de los Caballeros Templarios y la cabeza embalsamada de Jesús están enterrados en alguna parte bajo la capilla.

Algunos autores afirman que la capilla enajena, codificadas, las enseñanzas secretas de los Templarios y los orígenes de la Francmasonería. Los vecinos del lugar dicen que hasta casi esperan que alguien asegure que el monstruo del Lago Ness y el extraterrestre de Roswell están también escondidos bajo la capilla! Existe una leyenda local según la cual hay un inmenso tesoro escondido en Rosslyn, pero esta historia está ligada al castillo, no a la capilla. Se dice que el tesoro vale muchos millones de dólares y que lo custodian un oscuro caballero y una fantasmagórica dama blanca. Sí que hay, no obstante, una cámara escondida bajo la Capiha de Rosslyn. Esta cripta es el panteón de la familia St Clair. Generaciones de estos caballeros escoceses yacen enterrados con sus armaduras completas. La entrada a este sepulcro está bien consignada, yace bajo las losas de piedra del suelo de la nave lateral norte de la capilla. No se ha permitido llevar a cabo excavaciones en la cripta, ya que Rosslyn es una iglesia con culto y un edificio delicado que ya ha sufrido siglos de abandono. No hay prueba alguna concluyente que demuestre que hay «tesoro secreto» alguno escondido bajo Rosslyn.

Cualquier excavación invasiva no haría sino dañar la capilla. ¿Existe una línea mágica que une Rosslyn y Glastonbury, tal como se afirma en El Código Da Vinci? Cualquiera con una regla puede dibujar una línea entre dos puntos. Las construcciones principales que encontraríamos a lo largo de esa linea son las autopistas M5 y M6. En el suelo de la capilla no hay un surco de pisadas en forma de Estrella de David; es un añadido totalmente ficticio de la novela. Cualquier geometría divina del interior de la capilla no está basada en el Templo de Salomón ni en la «masonería templaria», sino en el coro este de la catedral de Glasgow, al que imita rigurosamente la estructura arquitectónica de Rosslyn. No hay dos columnas Boaz y Jachin en Rosslyn. Hay, en cambio, tres pilares principales, incluido el famoso «Pilar del Aprendiz». Cuenta la leyenda que este pilar lo esculpió un joven aprendiz siguiendo la imagen de un maravilloso pilar que vio durante un sueño. El maestro albañil, que había viajado a Roma para estudiar, se enfureció y se llenó tanto de envidia que golpeó al aprendiz y lo mató.

Hay cientos de extraños cubos con tallas poco corrientes en cada superficie de la capilla, pero los criptógrafos llevan estudiándolos solo unos pocos años. El «código» podría ser o no objetivable. Pero descifrar cualquier posible código no revelaría la entrada a la cámara de debajo de la Capilla de Rosslyn, puesto que esa entrada ya es bien conocida. Una teoría es que las tallas de los cubos simbolizan de alguna manera las notas musicales de una canción medieval, ya que cada arcada de cubos termina en un ángel de piedra tocando un instrumento propio del siglo XV. Parece ser que la conexión entre el nombre Saint Clan que aparece en los Dossiers Secrets del Priorato de Sión y los St Clair de Rosslyn se realizó únicamente cuando se publicó El enigma sagrado. «Marie» De Saint Clair es un personaje totalmente ficticio, un nombre falso incluido en los documentos de la fundación del Priorato. No hay constancia de ella en los archivos históricos. La capilla de Rosslyn es un sitio mágico. Es una sala del tesoro de la imaginería medieval que nos ofrece una percepción única de la mentalidad de los eruditos, nobles y artesanos de la Edad Media. Los St Clair de Rosslyn eran nobles escoceses que lucharon junto a William Wallace y el rey Roberto I «tbe Bruce». Se convirtieron en una familia rica e influyente en la corte escocesa y en embajadores en Francia. La capilla de Rosslyn fue construida en el cenit de su poder como una casa digna de Dios, llena a rebosar de maravillas, cuyos significados se han hecho secretos con el paso del tiempo.

Comienzos

Inmediatamente después del rescate de Jerusalén, los Cruzados regresaron en masa a sus hogares, considerando que sus votos habían quedado cumplidos. Restaba aún la defensa de esta conquista precaria, que estaba rodeada por vecinos Mahometanos. En el año 1118, durante el reinado de Balduino II, el caballero de Champagne, Hugo de Payens y ocho compañeros, se obligaron a defender el reino Cristiano, mediante votos perpetuos formulados en presencia del Patriarca de Jerusalén. Balduino aceptó sus servicios y les asignó en su palacio un sector contiguo al templo de la ciudad; de allí su título de "pauvres chevaliers du temple". Eran pobres en verdad, habiéndose reducido a vivir de limosnas y, por ser ellos sólo nueve, no estaban preparados para brindar servicios de importancia, salvo como escoltas a los peregrinos en su camino desde Jerusalén a la ribera del Jordán, frecuentado en esa época como sitio de devoción.

Los Templarios aún no tenían hábito o regla distintivos. Hugo de Payens viajó a Occidente para procurar la aprobación de la Iglesia y lograr reclutas. En el Concilio de Troyes (1128), al cual asistió y en el que San Bernardo fue la figura gravitante, los Caballeros Templarios adoptaron la Regla de San Benito, de acuerdo a su reciente reforma por los Cistercienses. Además del voto de los cruzados, aceptaron no sólo los tres votos perpetuos, sino también las reglas austeras concernientes a la capilla, al refectorio y al dormitorio. Asimismo, adoptaron el hábito blanco de los Cistercienses, agregándole una cruz roja. No obstante lo austero de la regla monástica, los reclutas acudían en tropel a la nueva orden, que en adelante abarcó cuatro categorías de hermandad: los caballeros, equipados como la caballería de la Edad Media; los escuderos, que constituían una caballería ligera; y dos clases de hombres no combatientes: los grajeros, encargados de administrar lo temporal; y los capellanes, que eran los únicos investidos de las órdenes sacerdotales, para ejercer su ministerio ante las necesidades espirituales de la orden.

Crecimiento

La orden debió su rápido crecimiento en popularidad al hecho de combinar el fervor religioso y la hazaña bélica, las dos grandes pasiones del Medioevo. Aún antes de haber demostrado los Templarios su valía, las autoridades eclesiásticas y laicas los colmaron de favores espirituales y temporales de todo tipo. Los papas los colocaron bajo su inmediata protección, eximiéndolos de toda otra jurisdicción, tanto episcopal como secular. Sus propiedades fueron asimiladas a los bienes eclesiásticos y exentos de toda imposición, aún de los diezmos eclesiásticos, mientras que sus templos y cementerios no podían ser sometidos a interdicto. Esto pronto provocó conflicto con el clero de Tierra Santa, en la medida que el aumento de los bienes raíces de la orden condujo, en virtud de su exención del diezmo, a la disminución del ingreso de las iglesias, y los interdictos, a la sazón objeto del uso y del abuso por el episcopado, devinieron hasta cierto punto inoperantes dondequiera que la orden poseía iglesias y capillas en la que se celebrase en forma regular el culto Divino.

Ya en el año 1156, el clero de Tierra Santa procuró la restricción de los privilegios exorbitantes de las ordenes de caballería, pero cada una de las objeciones fue descartada en Roma, con el resultado de una creciente antipatía del clero secular hacia estas órdenes. No fueron menos importantes los beneficios temporales recibidos por la orden de parte de todos los soberanos de Europa. Los Templarios tenían comandancias en todos los estados. En Francia formaron nada menos que once alguacilazgos, subdivididos en más de cuarenta y dos comandancias  ; en la Palestina, los Templarios extendieron sus posesiones mayormente espada en mano a expen sas de los Mahometanos. Son aún célebres sus castillos, merced a las notables ruinas que quedan de ellos: Safèd, construida en el año 1140; Karak del desierto (1143); y el más importante de todos, Castillo Peregrino, erigido en el 1217 para dominar un estratégico desfiladero sobre la costa del mar. La vida de los Templarios era plena de contrastes en estos castillos, que eran a la vez monasterios y cuarteles de caballería. Un contemporáneo describe a los Templarios como que eran "a su vez leones de guerra y corderos del hogar; rudos caballeros en el campo de batalla, monjes piadosos en la capilla; temibles para los enemigos de Cristo, la suavidad misma para con Sus amigos" (Jacques de Vitry).

Por haber renunciado a todos los placeres de la vida, enfrentaban la muerte con indiferencia altiva; eran los primeros en atacar y los últimos en la retirada, siempre dóciles a la voz de su conductor, con la disciplina del monje sumada a la disciplina del soldado. Como ejército, nunca fueron muy numerosos. Un contemporáneo nos cuenta que había 400 caballeros en Jerusalén a la cumbre de su prosperidad; no cita la cantidad de escuderos, que eran más numerosos. Pero era un cuerpo de hombres escogidos quienes, por su noble ejemplo, alentaron al resto de las fuerzas Cristianas. De tal modo, fueron el terror de los Mahometanos. De ser derrotados, era sobre ellos que el vencedor desahogaba su furia, más aún cuando les estaba prohibido ofrecer pago de rescate. De ser tomados prisioneros, rechazaban con desdén la libertad que les era ofrecida a cambio de la apostasía. En el sitio de Safèd (1264), en el que hallaron la muerte noventa Templarios, otros ochenta fueron tomados prisioneros y, rehusando negar a Cristo, murieron como mártires de la Fe. Esta fidelidad les costó cara. Se ha calculado que, en menos de dos siglos, perecieron en guerra casi 20.000 Templarios, contando caballeros y escuderos.

Estas frecuentes hecatombes dificultaron el crecimiento de la orden en cantidad de integrantes y también acarreó la decadencia del auténtico espíritu de las cruzadas. A medida que la orden se vio forzada a echar mano inmediata de los reclutas, perdiendo vigencia la norma Latina originaria que establecía el requisito de un período de prueba. Fueron admitidos aún los hombres que, habiendo sufrido la excomunión, deseaban expiar sus pecados, como era el caso con muchos cruzados. Todo lo que se requería de un nuevo miembro era una obediencia ciega, tan imperiosa en el soldado como en el monje. Debía declararse a sí mismo "serf et esclave de la maison" (texto Francés de la regla). Para probar su sinceridad, era sometido a una prueba secreta, sobre cuya naturaleza nada ha sido descubierto jamás, aunque ha dado origen a las acusaciones más extraordinarias. La gran riqueza de la orden puede también haber contribuido a una cierta laxitud en la moral, pero los cargos más serios contra ella eran su insoportable orgullo y amor por el poder. En el apogeo de su prosperidad, se decía que poseía 900 propiedades. Con la acumulación de sus ingresos había amasado una gran fortuna, que estaba depositada en sus templos de París y Londres.

Numerosos príncipes y otras personas habían depositado allí sus bienes personales por la rectitud y el crédito sólido de tales banqueros. En París, se guardaba el tesoro real en el Templo. Bastante independiente, salvo por la lejana autoridad del papa, y con un poder equivalente al de los principales soberanos temporales, la orden pronto asumió el derecho de dirigir el débil e indeciso gobierno del Reino de Jerusalén, una monarquía feudal transmisible por línea femenina, expuesto a todas las desventaj as de las minorías, regencias y discordias domésticas. No obstante, los Templarios pronto hallaron la oposición de la [[Orden Teutónica|Orden de los Hospitalarios, que se habían militarizado a su tiempo, siendo primero imitadores y luego rivales de los Templarios. Esta inoportuna interferencia de las órdenes en el gobierno de Jerusalén solamente sirvió para multiplicar las disidencias internas, en momentos que el temible poder de Saladin amenazaba la existencia misma del Reino Latino. Mientras los Templarios se sacrificaban con su acostumbrada bravura en esta contienda final, fueron en parte responsables, sin embargo, de la caída de Jerusalén.

Para poner fin a esta mortífera rivalidad entre las órdenes militares, había a mano un remedio muy simple: su fusión. Esto fue oficialmente propuesto por San Luis en el Concilio de Lyons (1274). Nuevamente fue propuesto en 1293 por el Papa Nicolás IV, quien llamó a una consulta general de los Estados cristianos sobre este punto. Esta idea es recogida por todos los publicistas de la época, quienes demandan la fusión de las órdenes existentes, o bien la creación de una tercera orden que las suplante. De hecho, la cuestión de los cruzados nunca había sido tomada tan afanosamente como luego de su fracaso. Como nieto de San Luis, Felipe el Hermoso no podía permanecer indiferente a estas propuestas para una cruzada. Por ser el príncipe más poderoso de la época, le correspondía dirigir el movimiento. Para asumir tal dirección, todo lo que exigía era la provisión necesaria de hombres y especialmente de dinero. Tal la génesis de su campaña para la supresión de los Templarios. Ha sido enteramente atribuida a su bien conocida codicia.

Aún bajo este supuesto necesitaba un pretexto, ya que no podía, sin sacrilegio, poner las manos sobre bienes que formaban parte del dominio eclesiástico. Para justificar tal proceder era necesaria la sanción de la Iglesia, cosa que el rey sólo podría obtener si mantenía el sagrado propósito al que estaban destinadas las posesiones. Aún admitiendo que fuera suficientemente poderoso como para tomar los bienes de los Templarios en Francia, todavía requería del aval de la Iglesia para asegurar el control sobre sus posesiones en otros países de la Cristiandad. Tal el propósito de la ladina negociación de este porfiado y artero soberano, así como de sus pérfidos consejeros frente a Clemente V, un papa Francés débil de carácter y fácil de engañar. El rumor sobre un acuerdo previo entre el rey y el papa ha sido finalmente descartado. Fue una revelación dudosa, que permitió a Felipe encarar desde la ortodoxia el perseguir a los Templarios como herejes, lo que le dio la oportunidad que ansiaba para invocar la acción de la Santa Sede.

Final

Primera fase: La comisión real

Felipe el Hermoso efectuó un interrogatorio preliminar y, con la fuerza de las así llamadas revelaciones de unos pocos miembros indignos y degradados, se enviaron órdenes secretas a través de Francia para arrestar a todos los Templarios en el mismo día (13 de octubre de 1307) y de someterlos a la interrogación más rigurosa. Se mostró en apariencia que esto fue hecho por el rey a pedido de los inquisidores eclesiásticos, pero en la realidad era sin su cooperación. En este interrogatorio se empleó sin piedad la tortura, cuyo uso era autorizado por el cruel procedimiento de la época para el caso de crímenes cometidos sin testigos. A causa de la falta de evidencia los acusados podían ser condenados solamente por su propia confesión y, para obtener su confesión, el empleo de la tortura era considerado necesario y legítimo.

Existía un rasgo en la organización de la orden que daba origen a la sospecha, tratándose del secreto con el que se efectuaban los ritos de iniciación. El secreto es explicable, desde que las recepciones e efectuaban siempre durante los capítulos, y debido los temas delicados y graves tratados, los capítulos eran y debían necesariamente ser realizados en secreto. Una indiscreción en materia de secreto acarreaba la exclusión de la orden. El secreto de estas iniciaciones tenía, no obstante, dos graves desventajas. Dado que estas recepciones podían efectuarse dondequiera que existiese una comandancia, se realizaban sin publicidad y estaban libres de toda supervisión o control de autoridades superiores, quedando las pruebas confiadas a la discreción de subalternos que a menudo eran rudos e incultos. Bajo tales condiciones no es de extrañarse que inadvertidamente hayan entrado abusos. Basta sólo recordar lo que ocurría a diario en las hermandades de artesanos, donde la iniciación de un nuevo miembro era demasiado a menudo tomada como ocasión para una parodia más o menos sacrílega del Bautismo o de la Misa.

La segunda desventaja de este secreto era que brindaba una oportunidad a los enemigos de los Templarios, que eran numerosos, para inferir a partir de este misterio toda suposición maliciosa concebible y basar en ella las monstruosas imputaciones. Los Templarios fueron acusados de escupir sobre la Cruz, de negar a Cristo, de tolerar la sodomía, de adorar a un ídolo, todo en el más impenetrable secreto. Así era la Edad Media, cuando los prejuicios eran tan vehementes que, a fin de destruir al adversario los hombres no rehuían de inventar los cargos más criminales. Bastará con recordar las similares, aunque más ridículas que ignominiosas acusaciones efectuadas contra el papa Bonifacio VIII por el mismo Felipe el Hermoso. La mayoría de los acusados se declaró culpable de estos crímenes secretos luego de ser sometidos a tan feroz tortura que muchos de ellos sucumbieron. Algunos efectuaron similares confesiones sin el uso de la tortura, es verdad, pero por miedo a ella; la amenaza había sido suficiente. Tal era el caso del mismo gran maestre, Jacques de Molay, quien luego admitió haber mentido para salvar la vida.

Llevada a cabo sin la autorización del Papa, quien tenía a las órdenes militares bajo su jurisdicción inmediata, esta investigación era radicalmente corrupta en cuanto a su finalidad y a sus procedimientos. No sólo introdujo Clemente V una enérgica protesta, sino que anuló el juicio íntegramente y suspendió los poderes de los obispos y sus inquisidores. No obstante, la ofensa había sido admitida y permanecía como la base irrevocable de todos los procesos subsiguientes. Felipe el Hermoso sacó ventaja del descubrimiento, al hacerse otorgar por la Universidad de París el título de Campeón y Defensor de la Fe, así como alzando a la opinión pública en contra de lo horrendos crímenes de los Templarios en los Estados Generales de Tours. Más aún, logró que se confirmaran delante del papa las confesiones de setenta y dos Templarios acusados, quienes habían sido expresamente elegidos y entrenados de antemano. En vista de esta investigación realizada en Poitiers (junio de 1308), el papa que hasta entonces había permanecido escéptico, finalmente se mostró interesado y abrió una nueva comisión, cuyo proceso él mismo dirigió. Reservó la causa de la orden a la comisión papal, dejando el juzgamiento de los individuos a las comisiones diocesanas a las que devolvió sus poderes.

Segunda fase: la comisión papal

La segunda fase del proceso fue un interrogatorio papal, que no era restringido a Francia, sino que se extendió a todos los países Cristianos de Europa y hasta al Oriente. In la mayoría de los demás países - Portugal, España, Alemania, Chipre - los Templarios fueron hallados inocentes; en Italia, salvo por unos pocos distritos, la decisión fue la misma. Pero en Francia, al reasumir sus actividades las inquisiciones episcopales, aceptaron los hechos como se habían establecido en el juicio y se limitaron a reconciliar a los arrepentidos miembros culpables, imponiendo diversas penalidades canónicas que se extendían hasta la prisión perpetua. Sólo aquéllos que persistían en la herejía debían ser entregados al brazo secular, pero debido a una interpretación rígida de esta medida, aquéllos que negaban sus confesiones anteriores eran considerados herejes reincidentes; de tal suerte, cincuenta y cuatro Templarios que se habían retractado luego de haber confesado, fueron condenados como reincidentes y quemados públicamente el 12 de mayo de 1310. Subsecuentemente, los demás Templarios que habían sido juzgados, con muy pocas excepciones, se declararon culpables.

Al mismo tiempo la comisión papal asignada al examen de la causa de la orden, había asumido sus deberes y reunió la documentación que habría de ser sometida al Papa y al concilio general convocado para decidir sobre el destino final de la orden. La culpabilidad de las personas aisladas, que se evaluaba según lo establecido, no entrañaba la culpabilidad de la orden. Aunque la defensa de la orden fue efectuada deficientemente, no se pudo probar que la orden, como cuerpo, profesara doctrina herética alguna o que una regla secreta, distinta de la regla oficial, fuese practicada. En consecuencia, en el Concilio General de Viena, en Dauphiné el 16 de octubre de 1311, la mayoría fue favorable al mantenimiento de la orden.

El Papa, indeciso y hostigado, finalmente adoptó un curso medio: decretó la disolución, no la condenación de la orden, y no por sentencia penal sino por un Decreto Apostólico (Bula del 22 de marzo de 1312). Suprimida la orden, el papa mismo debía decidir acerca del destino de sus miembros y cómo disponer de sus bienes. Las propiedades fueron entregadas a la rival Orden de Los Hospitalarios para ser usadas en su propósito originario, cual era la defensa de los Santos Lugares. Sin embargo en Portugal y en Aragón, el dominio fue entregado a dos ordenes nuevas, la Orden de Cristo en Portugal y la Orden de Montesa en Aragón. En cuanto a los miembros, a los Templarios reconocidos sin culpa se les permitió ya sea unirse a otra orden militar o bien regresar al estado secular. En este último caso, se les otorgó una pensión vitalicia, con cargo a los bienes de la orden. Por otra parte, los Templarios que se habían declarado culpables delante de sus obispos habrían de ser tratados "conforme a los rigores de la justicia, atemperados por una misericordia generosa".

El Papa reservó para su propio arbitrio la causa del gran maestre y de sus tres primeros dignatarios. Ellos habían confesado su culpabilidad; restaba reconciliarlos con la Iglesia, luego que hubieren atestiguado su arrepentimiento con la solemnidad acostumbrada. Para darle más publicidad a esta solemnidad, delante de Notre-Dame fue erigida una plataforma para la lectura de la sentencia. Pero en el momento supremo, el gran maestre recuperó su coraje y proclamó la inocencia de los Templarios y la falsedad de sus propias supuestas confesiones. En reparación por este deplorable instante de debilidad, se declaró dispuesto al sacrificio de su vida. Sabía el destino que le aguardaba. Inmediatamente después de este inesperado coup-de-théâtre fue arrestado como herético reincidente junto a otro dignatario que eligió compartir su destino y por orden de Felipe fueron quemados en la estaca frente a las puertas del palacio. Esta valiente muerte impresionó profundamente al pueblo y, dado que tanto el papa como el rey fallecieron poco después, corrió la leyenda que el gran maestre desde el seno de las llamas los había convocado a los dos a comparecer dentro del año frente al tribunal de Dios.

Tal fue el trágico fin de los Templarios. Si consideramos que la Orden de los Hospitalarios finalmente heredaron, aunque no sin dificultades, las propiedades de los Templarios y recibieron muchos de sus miembros, podríamos decir que el resultado del juicio fue prácticamente equivalente a una largamente postergada unión de dos órdenes rivales. Pues los Caballeros (primero de Rodas, luego de Malta) recogieron y continuaron en otro lugar el trabajo de los Caballeros del Templo.

Este juicio formidable, el mayor en ser conocido, tanto si consideramos el gran número de acusados, la dificultad en descubrir la verdad en una multitud de sospechas y evidencias contradictorias, o las múltiples jurisdicciones simultáneamente activas en todas partes de la Cristiandad, desde Gran Bretaña a Chipre, aún no ha finalizado. Todavía es objeto de apasionada discusión por historiadores que se han dividido en dos bandos, a favor y en contra de la orden. Para nombrar solamente a los principales, los siguientes hallan culpable a la orden: Dupuy (1654), Hammer (1820), Wilcke (1826), Michelet (1841), Loiseleur (1872), Prutz (1888), y Rastoul (1905); los siguientes la encuentran inocente: Padre Lejeune (1789), Raynouard (1813), Havemann (1846), Ladvocat (1880), Schottmuller (1887), Gmelin (1893), Lea (1888), y Fincke (1908). Sin tomar partido en este debate, que no está todavía agotado, podemos observar que los documentos más recientes sacados a la luz, en particular los que ha extraído recientemente Fincke de los archivos del Reino de Aragón, hablan con más y más fuerza a favor de la orden.

El Santo Grial

Constituye el centro de las leyendas medievales sobre reliquias en los siglos XII y XIII. Habitualmente se considera como el Grial al cáliz o copa con el que Cristo celebró la Ultima Cena con sus discípulos, y en el quejóse de Arimatea habría recogido unas gotas de la sangre de Jesús crucificado. No obstante, también se ha considerado como una idea, una especie de quimera secreta para alcanzar la verdad, y otras muchas cosas. La especulación seudohistórica ha presentado a los templarios como guardianes del Templo y del Grial; ellos habrían sido quienes lo habrían encontrado en las ya famosas excavaciones del Templo de Jerusalén, convirtiéndose así en sus custodios.

En la Edad Media la versión más conocida fue la que difundió el alemán Wolfram von Eschenbach, un trovador templario que hacia 1195 escribió el famoso poema conocido como Parsifal. En ese poema se presenta a los templarios como los caballeros guardianes del Grial, custodiado en uno de sus castillos. Eschenbach asegura que tomó esta leyenda de un personaje conocido como el maestro Kyot, un cristiano de Toledo que habría encontrado en esa ciudad hispana un manuscrito del sabio pagano Flegetams, hijo de padre musulmán y madre judía. De ahí sacó que el Grial se custodiaba en un castillo templario ubicado en las montañas del norte de la península Ibérica y que se llamaba Montsalvat, en el que había una iglesia octogonal. Este castillo ha sido identifi-cado con vanos lugares, entre otros con el monasterio de San Juan de la Peña,en Aragón, y con el de Montserrat, en Cataluña.

Hoy se conservan decenas de griales en muchas iglesias de España, Francia, Italia, Alemania y el Reino Unido, y todos ellos son considerados por sus devotos el verdadero.

La Sábana Santa

Junto con el Grial, es la reliquia sobre la que más se ha escrito. Incluso hay una seudociencia llamada «sindología» que se dedica en exclusiva a estudiar este lienzo conservado en la catedral de Turín. Este objeto es considerado como el sudario que en-volvió a Jesús en el sepulcro y cuya imagen corporal quedó en él milagrosamente im-presa. En realidad, esta reliquia es una falsificación realizada en el siglo XIV, pero que la leyenda ha convertido en un objeto de culto que los templarios trajeron de Oriente tras haber pasado por Constantinopla, Acre y Chipre; aunque hay quien atribuye precisa-mente a ellos la falsificación.

Desde luego, en los interrogatorios del proceso no aparece ninguna mención a la Sábana Santa, que de haberla poseído, sin duda hubiera salido a la luz. Ligando el mito de la cabeza que presuntamente adoraban los templarios, con la Sábana Santa, también se ha dicho que el bafomet no era otra cosa que una representación en bulto redondo de la imagen de Cristo que aparecía impreso en el sudario.

Maestros del Temple

  • Hugo de Payns, de Champaña (1119-24 mayo 1136)
  • Roberto de Craon, de Mame (1136-13 enero 1149)
  • Everardo de Barres, de Meaux (1149-1152)
  • Bernardo de Trémelay, del Franco Condado (1152 -16 agosto 1153)
  • Andrés de Montbard, de Borgoña (1153 -17 enero 11 56)
  • Bertrán de Blanquefórt, de Berry o de Burdeos (1156-2 enero 1169)
  • Felipe de Milly o de Nablus, de Tierra Santa (1169-1171)
  • Eudes de Samt-Amand, de Provenza (1171-8 octubre 1179)
  • Arnaldo de Torroja, de Aragón (1179-30 septiembre 1184)
  • Gerardo de Ridefort, de Flandes (1185-4 octubre 1189)
  • Roberto de Sable, de Mame (1191-28 septiembre 1193)
  • Gilberto de Erail, de Aragón o Provenza (1 194-21 diciembre 1200)
  • Felipe de Le Plessis, de AHJOU (1201-12 febrero 1209)
  • Guillermo de Chartres, de Chartres (1210-25 agosto 1219)
  • Pedro de Monteagudo, de Aragón o del sur de Francia (1219 -28 enero 1232)
  • Armand de Péngord, de Périgord (1232 -17 octubre 1244)
  • Ricardo de Bures, de Normandía o Tierra Santa (1244/1245-9 mayo 1247)
  • Guillermo de Sonnac, de Rouergue (1247 -11 febrero 1250)
  • Reinaldo de Vichiers, de Champaña (?) (1250-20 enero 1256)
  • Tomás Berard, de Inglaterra (1256-25 mayo 1273)
  • Guillermo de Beaujeu, de Beaujolais (1273-18 mayo 1291)
  • Tebaldo de Gaudm, de Chartres -Blois (?) (1291-16 abril 1293)
  • Jacques de M olay, del Franco Condado (1294-18 marzo 1314)

Cronología del Temple

  • 1009, Al-Hakim destruye el Santo Sepulcro
  • 1064, cruzada contra la ciudad de Barbastro
  • 1092, División del islam a la muerte del sultán seleúcida Malik Sah
  • 1095, Concilio de Piacenza
  • 1095, noviembre, Concilio de Clermont; Urbano II predica la Prime ra Cruzada
  • 1096 diciembre 12, los cruzados llegan ante Constantinopla
  • 1096-1099, PRIMERA CRUZADA: Godofredo de Bouillon y Bohemun-do de Tarento
  • 1096 marzo, parte la Cruzada popular
  • 1096 agosto, Pedro el Ermitaño llega a Constantinopla
  • 1096 octubre, Pedro el Ermitaño derrotado por los turcos en Civiot
  • 1096 diciembre, Godofredo de Bouillon llega a Constantinopla
  • 1097 octubre, conquista de Edesa
  • 1098 junio 3, conquista de Andoquía
  • 1099 julio 15, conquista deJerusalén
  • 1099 agosto 5, se inventa la reliquia de la Vera Cruz
  • 1100 julio 18, muere Godofredo de Bouillon; Balduino I, rey deJerusalén
  • 1101. el rey Pedro I se instala enJuslivol (Deus lo vol), frente a Za ragoza
  • 1102. conquista de Tortosa
  • 1109. conquista de Trípoli
  • 1110. conquista de Beirut
  • 1119. fundación de la Orden del Temple en Jerusalén por Hugo de Payns
  • 1120. el rey Balduino deJerusalén entrega a los templarios la mezquita de al-Aqsa, en el solar del Templode Salomón 1124, conquista de Tiro 1125 -1126, el conde Hugo de Champaña ingresa en el Temple
  • 1127. Hugo de Payns viaja a Occidente
  • 1128. primeras donaciones en Europa a los templarios
  • 1129 enero 14, Concilio de Troyes; se establece la regla del Temple
  • 1129. Zangi conquista Alepo
  • 1130. Bernardo de Claraval publica De laude novae militiae; Hugo de Payns vuelve a Jerusalén
  • 1131. Alfonso I dona en su testamento el reino de Aragón a las órdenes militares
  • 1136, muere Hugo de Payns; le sustituye como maestre Roberto de Craon
  • 1139 marzo 29, el papa Inocencio II concede al Temple la bula Omne datwn optimum
  • 1144 enero 9, el papa Celestino II concede al Temple la bula Milites Templi
  • 1144, Zengi conquista Edesa
  • 1145 abril 7, el papa Eugenio III concede al Temple la bula Militia Dei
  • 1146, el papa Eugenio III proclama la cruzada; San Bernardo la predica en Vézéiay
  • 1146. Nur ad-Din sucede a Zangi; impulso de la yihad
  • 1147. se inaugura la casa del Temple en París
  • 1147-1149, SEGUNDA CRUZADA: Conrado III de Alemania y Luis VII de Francia
  • 1148 julio, derrota de los cruzados en el sirio de Damasco Balduino III conquista Ascalón; mueren cuarenta templarios en el asalto
  • 1169, Saladino, visir de Egipto
  • 1171, Saladino suprime el Califato Fatimí
  • 1174, muere Nur ad-Din; Saladino toma el poder en Siria
  • 1177, Balduino IV derrota a Saladino en Montgisard
  • 1183-1184, Saladino conquista Alepo
  • 1187 julio 4, batalla de los Cuernos de Hattin; captura de la Vera Cruz; masacre de templarios y hospitalarios; mueren 230 templarios; Gerardo de Riford, maestre, preso en Damasco
  • 1187 octubre 2, Saladino conquista Jerusalén; derruye las construccio nes templarías en al-Aqsa
  • 1188. Saladino conquista buena parte de Tierra Santa
  • 1189. Guy de Lusignan sitia Acre
  • 1189-1192, TERCERA CRUZADA: Federico I Barbarroja, Felipe II Augusto y Ricardo I
  • 1190. Federico Barbarroja muere ahogado en Konya
  • 1191. Ricardo I conquista Chipre y la vende a los templarios
  • 1191 julio, rendición de Acre a los cruzados;se instala en Acre la casa central del Temple
  • 1191 agosto, Saladino derrotado en Arsuf
  • 1191 agosto, Felipe Augusto embarca de regreso a Francia
  • 1191. los templarios compran Chipre a Ricardo I
  • 1192. Guy de Lusignan recibe el reino de Chipre
  • 1192 septiembre, tratado deJaffa entre Ricardo I y Saladi-no
  • 1192, Conrado de Montferrat, rey deJerusalén, muere a manos de los «Asesinos»
  • 1192. Ricardo Corazón de León regresa a Europa
  • 1193. muere Saladino
  • 1198 agosto, el papa Inocencio III proclama la cruzada
  • 1199, se funda la Orden de los caballeros teutónicos
  • 1202-1204, CUARTA CRUZADA: Bonifacio de Montferrat y el dux Dándolo de Venecia
  • 1204 abril, los cruzados saquean Constantinopla
  • 1207, el papa Inocencio III proclama la cruzada contra los albigenses
  • 1212, cruzada de los niños
  • 1215, concilio de Letrán; se proclama la cruzada
  • 1217-1221, QUINTA CRUZADA: Cardenal Pelayo,Juan de Brienne y Federico II
  • 1219, conquista de Damieta por los cruzados; Francisco de Asís viaja a Egipto
  • 1221, derrota de los cruzados en Mansura; se pierde Damieta
  • 1229, tratado entre Federico II y Al-Malik al-Kamil, sultán de Egipto; Jerusalón es cristiana de nuevo
  • 1240-1242, SEXTA CRUZADA: Ricardo, conde de Cornualles
  • 1241. enfrentamientos entre templarios y hospitalarios
  • 1242. derrota de la Orden Teutónica en el lago Peipus por Alejandro Nevski de Novgorod
  • 1244 agosto, pérdida deJerusalén
  • 1244 octubre 17-18, batalla de La Forbie, mueren el maestre del Temple y varios templarios
  • 1245, Inocencio IV proclama la cruzada
  • 1248-1254, SÉPTIMA CRUZADA: Luis IX de Francia
  • 1248. Luis IX desembarca en Chipre
  • 1249. Luis IX conquista Damieta en Egipto
  • 1250 febrero 8, derrota de los cruzados en Mansura; captura de Luis IX; mueren el maestre Guillermo Sonnac y treinta témplanos; se pierde Da mieta
  • 1258, los mongoles conquistan Bagdad
  • 1260. Baybars derrota a los mongoles en Ain Yaiut (El pozo de Goliat)
  • 1261. los griegos recuperan Constantinopla
  • 1263, el papa Urbano IV proclama la cruzada
  • 1267. Jaime I, rey de Aragón, inicia una cruzada frustrada
  • 1268. Baybars conquista Antioquía
  • 1270, OCTAVA CRUZADA: Luis IX de Francia
  • 1270, Luis IX muere en Túnez
  • 1289. el sultán Qala'un conquista Trípoli
  • 1290. repliegue templario a San Juan de Acre; Jaime II de Aragón envía cinco galeras de apoyo
  • 1291 mayo 18, los mamelucos de Jalil asaltan Acre; muere Guillermo de Beaujeu, maestre del Temple
  • 1291 mayo 28, los mamelucos conquistan Acre; muerte de varios templarios; fin de los Estados latinos en Tierra Santa
  • 1291, los cruzados y quinientos templarios se refugian en Chipre 1299, victoria de los templarios, aliados con mogoles y armenios, en la batalla de Hims
  • 1303, los templarios abandonan la isla de Ruad, último baluarte cris tiano en Tierra Santa
  • 1307, el papa Clemente VII proclama una cruzada contra Constantinopla
  • 1307 octubre 13, arresto de los templarios de Francia
  • 1307 octubre 19, primeros interrogatorios inquisitoriales a los templarios
  • 1307 noviembre 22, el papa Clemente V ordena arrestar a todos los templarios
  • 1308 febrero, el papa Clemente V ordena la suspensión de los procesos
  • 1308 agosto, Clemente V autoriza investigaciones episcopales sobre los templarios
  • 1308 agosto, Clemente V encabeza un proceso pontificio sobre el Temple
  • 1309 noviembre, comienzan los interrogatorios de la comisión pontificia
  • 1310, los Hospitalarios trasladan su centro a Rodas
  • 1310 marzo, los templarios quieren defender su orden
  • 1310 mayo 12, el arzobispo de Sens manda quemar en la hoguera a 54 templarios; los defensores renuncian o desaparecen
  • 1311 junio 5, fin de los trabajos de la comisión pontificia
  • 1311 octubre 16, inauguración del Concilio de Vienne
  • 1312, el papa Clemente V suprime la Orden del Temple
  • 1314 mayo 13,Jacques de Molay,último maestre del Temple, muere en la hoguera en París

Enlaces externos

Fuentes

  • LOS TEMPLARIOS
  • Caballeros Templarios
  • Corral, José Luis.Breve Historia de la Orden del Temple, 1ra Ed,.(Barcelona: Edhasa. 2006)
  • Hernández Mendoza, Romeo. "Decadencia y Destierro de los Templarios" ROHEMEN 33º MAYO/2009.
  • Rodriguez Campomanes, Don Pedro. Disertaciones históricas del Orden y Caballería de los Templarios. Madrid 1747.