Anemia cerebral

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Anemia Cerebral
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Anemia Cerebral: La anemia cerebral es una deficiencia funcional de la vascularización, que puede depender, sea de copiosas hemorragias en otros órganos, de anemia de diverso origen o de anoxemia de distinta causa, provocando una deficiente irrigación del tejido cerebral. Cuadro clínico: la anemia cerebral se exterioriza por sensación de desasosiego, impresión de tener la cabeza vacía o pesada, a veces cefaleas, visión nublada, sobre todo al cambiar de posición, vértigos, bostezos frecuentes, tendencia a la lipotimia; este cuadro corresponde a la forma crónica de anemia cerebral; pero existe una forma aguda en que se produce palidez de la piel y mucosas,pulso filiforme, disnea y caída brusca al suelo con inconsciencia; puede presentarse el coma con arreflexia osteotendinosa, midriasis, respiración y pulso apenas perceptibles, frialdad de la piel e incontinencia de esfínteres.


Contenido

Etiología de la anemia cerebral

En primer término están las hemorragias abundantes: hematemesis, metrorragias, etc. En segundo lugar, los distintos tipos de anemias, sean dishemopoyéticas, hemolíticas y pos hemorrágicas. Por último, los estados de anoxia, como el del mal de altura, del enfisema pulmonar, de la insuficiencia cardíaca, del shock, de las intoxicaciones por óxido de carbono o cianuro de potasio, la disociación aurículo-ventricular completa y, finalmente, factores psíquicos o síndromes vagales, por ejemplo, sujetos pusilánimes que se desmayan al ver sangre o recibir una inyección.

Tratamiento

Depende de la causa; si es una hemorragia visceral, se hará el tratamiento de ésta, como transfusiones de sangre, etc. En los estados de anemia crónica, deberá tratarse ésta según corresponda: hierro, vitamina B12, ácido fólico (B9), etc. Para los estados transitorios se puede obtener la supresión de la anemia cerebral con la posición en decúbito dorsal y la inyección de analépticos.

Síntomas

Además de debilidad, otros síntomas de la anemia son: Fatiga, falta de energía, dificultad para respirar, mareos, palpitaciones, palidez, dolor en el pecho, angina y 8 síntomas más.

Locura por anemia cerebral

La mayor parte de la obra escrita por Lucio Meléndez se compone de la serie de casos clínicos que publicó en la Revista Médico-Quirúrgica y en los Anales del Círculo Médico Argentino. Esta serie de artículos, cuyo estilo y forma de presentación recuerdan las Leçons Cliniques de Jules Voisin, gran inspirador del alienista argentino, se inaugura con un caso de locura por anemia cerebral en 1876 y se extiende, en las páginas de las revistas mencionadas a lo largo de más de diez años. Transcribimos a continuación algunos de los textos, de esa larga serie, en los que Meléndez expone su pensamiento clínico y terapéutico.

Caso

Un niño de 11 años de edad, blanco, de temperamento nervioso, hijo de padres sanos y robustos, sin ningun antecedente de familia, vivía en la calle de Chacabuco, casa de inquilinato, donde fué asistido y pude observar lo siguiente:

Según los datos que me han sido referidos por sus padres, este muchacho ha gozado siempre de buena salud, no habiendo padecido ninguna enfermedad grave en los años anteriores al 76, en que fué atacado de fiebre tifoidea afectando esta la forma ataxo-adinámica muy marcada. Antes de caer enfermo había tenido un período de tarea en la escuela á las que no estaba acostumbrado, siendo aplicado como pocos y manifestando con frecuencia los deseos de aprender y de saber.

Un día acompañó á su padre como acostumbraba algunas veces á repartir la verdura en un carrito recibiendo una fuerte insolación. Desde ese día se encontró con un poco de cefalalgia frontal, inapetencia, sed, caimiento de cuerpo, pereza en la locomocion y mas tarde todos los síntomas de una fiebre tifoidea afectando la forma antes mencionada.

A los 9 días de estar enfermo me llamaron á las 12 de la noche para ver á este muchacho que la fe al curanderismo y el amor á los pesos, los había hecho esperar hasta estos momentos. Me hice cargo del enfermo, después de haber manifestado á sus padres la gravedad en que se encontraba, el tiempo que se había perdido y las probabilidades que había para una feliz terminación.

Después de los veinte días, el enfermo se encontraba mejor y á los treinta y cinco lo di de alta, recomendándole á la madre que tuviera mucha prudencia con la alimentación.

Como es de suponer este enfermo presentaba todos los síntomas consecutivos á la anemia, resultado de esta clase de enfermedades febriles.

A los ocho días después de mi despedida fui llamado otra vez para ver á mi enfermo á quien yo creía completamente bueno; próximo á él no me conoce: lo llamo por su nombre, me mira á la cara y no pronuncia una sola palabra; la madre le avisa ser el médico que le había curado, entonces me toma la mano, la lleva afectuosamente á sus labios, su rostro se enciende, su fisonomía se torna alegre y expresiva de triste y estúpida que era momentos antes.

Todo el día permanece sentado, toma algunos alimentos, rehúsa otros, prefiere aquellos que le están prohibidos y llora cuando no se accede á sus caprichos. De pronto se pone de rodillas, aproxima las manos de su cara palmar, las eleva á la altura de la boca y permanece algunos momentos entregados á oraciones mentales. El sueño es intranquilo y difícil, se despierta á cada rato gritando y asustado; sus grandes ojos lagrimosos se dirijan hacia un punto determinado, como si tuviera por delante al demonio ó á algún animal feroz que viniera á acometerlo: las palabras y caricias de la madre lo persuaden de lo contrario, volviendo á tranquilizarse y tomar el sueño; pero no pasa mucho tiempo en producirse la misma escena que al principio hasta que pierde completamente el sueño. Hay gran alteración de sus facultades intelectuales, conserva en alto grado las afectivas y sensitivas. De este modo pasa algunos días hasta que el tratamiento anti-espasmódico y tónico reconstituyente le liberta de esta enfermedad mental ocasionada por la anemia de su cerebro.

Después de algunos enfermos que llevo observados, es para mi modo de pensar, un hecho, la alteración ó modificación en la nutrición del sistema nervioso central ó periférico á consecuencia de la aliteración cuantitativa y cualitativa de la sangre. Los síntomas cerebrales principalmente las alucinaciones del oído y de la vista han persistido tanto mas tiempo, cuanto que el enfermo ha sufrido una enfermedad mas larga y penosa, siendo por consiguiente su estado anémico mas marcado y mas tardía su reconstitución.

Tengo noticias que el honorable decano de la Facultad de Ciencias médicas y Catedrático de clínica interna de nuestra escuela, habló á sus discípulos de un caso análogo en una de las clases que dio en el Hospicio de las Mercedes, clasificando de delirio nervioso este padecimiento mental, que no solo se observa en los niños, en la convalecencia de la fiebre tifoidea, sino que en muchas otras afecciones agudas, como la difteria, etc., limitándose estas manifestaciones á un simple delirio de pocas horas de duración, á un delirio parcial con alucinaciones del oído y de la vista ó bien á acceso de manía aguda con alteración y exaltación de las facultades intelectuales y sensitivas, como se puede ver en la observación segunda referente á Ángel Gallo.

Esta clase de locura, como muchas otras, con lesiones anatómicas apreciables ó sin ellas, se cura completamente sin dejar ninguna huella. No comprendo el motivo para no quererle conceder al cerebro el poder de enfermarse total ó parcialmente y volver después de algunos meses, un año ó mas á su estado normal.

Segunda observación

Ángel Gallo, italiano, soltero, jornalero, de 25 años de edad, temperamento nervioso, entró á este hospicio el 19 de septiembre de 1876, remitido del Hospital General de Hombres y salió de alta el 10 de octubre del mismo año.

Este enfermo hacia pocos días que había entrado al Hospital General de Hombres con una neumonía del pulmón izquierdo y fue destinado á la Sala servida por el Dr. D. Tomás Balestra. La enfermedad siguió una marcha muy regular hasta su completa resolución entrando sin ninguna dificultad en el período de convalecencia.

Un día estallaron de pronto los síntomas que revelaban un padecimiento mental; afectando la forma de Licantropía, motivo por el que se ordenó su traslación á este, donde fué recibido y colocado en los cuartos de observación, para ser trasladado mas tarde á la enfermería donde continuó su tratamiento.

El día de su entrada lo pasó sumamente excitado, gritando, golpeando el piso y las puertas, hablando incesantemente de un modo incoherente, siendo varios los puntos de su tema de conversación; en una palabra se encontraba en esos momentos bajo un acceso de manía aguda. Así que este período de excitación fue desapareciendo, pudo apreciarse mejor el verdadero tema de su delirio; las alucinaciones del oído y de la vista no lo abandonaron hasta pocos días antes de entrar en el período convaleciente; tan pronto creía verse rodeado de ángeles como de ver á la virgen y sentir que le hablaban al oído incesantemente personas que él solo las veía. En los primeros días se entregaba con mucha devoción á los rezos, y si alguno le hacia coro el los continuaba con toda claridad y perfección demostrando haber sido un buen cristiano y que aun en ese estado no había olvidado tales prácticas religiosas.

Sus facultades alteradas principiaron nuevamente á restablecerse, así que la mejoría se hacia sentir; ya conocía á las personas, prestaba atención y contestaba con cordura á las preguntas que se le dirigían; recuerda el pasado y da datos de su enfermedad anterior, mostrando como prueba de la veracidad de sus palabras una gran mancha parda que llevaba á un costado y hacia la parte inferior del tórax, diciendo ser de un cáustico, que le había ordenado el médico que le asistió en el Hospital General de Hombres.

Su rostro tomaba otro aspecto, su mirada mas natural, raciocina con mas perfección, manifestando el deseo de salir de alta para ir al Hospital General á pedir perdón á la hermana de la sala, por palabras ofensivas que le había dirigido cuando estaba en el período de excitación.

Se le hace levantar de la cama y pasear, toma mas fuerza, robustece algo y vá á la quinta á trabajar hasta que se encuentra completamente bueno y es dado de alta. El tratamiento empleado con este enfermo fueron los baños tibios cuando se encontraba muy agitado, después fríos hasta su curación, cloral á la noche para procurarle el sueño y los tónicos, quina, genciana y fierro, vino en las dos comidas. Los casos de locura debido á esta causa son muy raros en este hospicio y muchas veces se ignora que ella haya obrado como causa predisponerte á este padecimiento mental no siendo capaces estos enfermos de dar los datos necesarios para ilustrar el diagnóstico, teniendo necesidad con mucha frecuencia de clasificar la enfermedad por sus síntomas siguiendo á Esquirol y otros, en lugar de la de Voisin que es el método adoptado por nosotros.


Locura por anemia cerebral

  • Revista Médico-Quirúrgica
  • Vol. XIII, N, 21, 1876


Fuente

http://medicinafarmacologia.blogspot.com/2011/10/anemia-cerebral.html http://sintomas.com.es/enfermedades/debilidad http://www.investigacion.cchs.csic.es/rihp/Temas1/locura_anemia_cerebral

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