Esteban Chartrand y Dubois

De EcuRed
Esteban Chartrand
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El Baile (1879), obra de Esteban Chartrand, pintor cubano del siglo XIX
NombreEsteban Chartrand y Dubois
Nacimiento11 de octubre de 1840
Matanzas, Bandera de Cuba Cuba
Fallecimiento26 de enero de 1883
Nueva York, Bandera de los Estados Unidos de América Estados Unidos
Causa de la muerteVíctima de la tuberculosis
NacionalidadCubano
OcupaciónPintor
FamiliaresHermano de Felipe Chartrand y Augusto Chartrand
Obras destacadasPaisaje de las lomas de San Miguel
El baile
Vista del central Tinguaro
PremiosPremio Flor de Oro en los Juegos Florales del Liceo de Matanzas por su obra Paisaje de las lomas de San Miguel

Esteban Chartrand y Dubois. Pintor cubano, considerado uno de los más grandes paisajistas de la pintura cubana. El paisaje rural fue el tema más ampliamente trabajado en sus obras. Obtuvo señalados triunfos en los torneos de arte, promovidos por el Liceo de Matanzas. Es valorado como un seguidor de la escuela francesa de Barbizon.

Contenido

Síntesis biográfica

Nació el 11 de octubre de 1840 en Matanzas, provincia del occidente de la Isla, lo cual corrobora su cuna insular, aunque sus apellidos demuestran la ascendencia francesa heredada por ambas vías paternas.

Desarrolló el tema del paisaje y aunque no tuvo participación en el claustro del profesorado de la Academia de Artes Plásticas de San Alejandro en La Habana como sí la tuvo su hermano Felipe, su obra adquiere más sólido vuelo profesional y mayor representatividad en la palestra artística nacional.

Por sus valores, la poética del arte de Esteban Chartrand es distintiva en la historia de las artes plásticas cubanas del siglo XIX, período en el cual la producción artística cubana se expresa como sólido baluarte de la cultura decimonónica, al exhibir una considerable madurez expresada en el dominio de las fórmulas y las temáticas propiamente académicas. Al mismo tiempo, con las especificidades propias de cada manifestación plástica, aparecía la referencia a temas de matiz tradicional, identificativos del entorno cultural, tal como mismo sucedía en otras expresiones de la cultura cubana como el teatro, la literatura, la música.

Desarrollo artístico

Aparejado a este período de florecimiento de las artes, especialmente las artes plásticas denominadas en ese entonces como "Bellas Artes", se desarrollan temas como el retrato, la figura humana, la alegoría, el tema histórico y el paisaje, mayormente en su variante rural. En tal sentido, el paisaje constituyó uno de los temas fundamentales de este momento, en el cual reafirmaba su ascendencia romántica y la persistencia de un particular hálito bucólico que se manifestaba en el modo idílico y melancólico de representar el entorno rural.

Paisaje (1880)
Paisaje (1880)

Teniendo esta mirada como premisa, Esteban Chartrand y sus contemporáneos representaban el paisaje rural condicionando su existencia a un mensaje predeterminado, como derivación del gusto estético epocal y como expresión de importantes influencias recibidas a través de su formación profesional vinculadas a la representación del paisaje europeo, especialmente a las experiencias de la pintura al aire libre de la Escuela de Barbizon.

La luz matizada y brumosa que, más que acercarnos a la realidad tropical cuya claridad característica baña la naturaleza de una luz sin matices propia de ambiente tropical caribeño, era eco de las enseñanzas recibidas y de la conformación de un ángulo de mira específico, propios de la Escuela francesa de Fontainebleau y la Escuela del Río Hudson, que funcionaban como modelos creativos para el arte de la época, y diseñaban las posibilidades novedosas en la representación de la luz y el encuadre contemporáneos.

Sin embargo, desde el propio siglo XIX, en las obras paisajísticas salidas del pincel de muchos de estos creadores que buscaban su inspiración en las bellezas del campo y la naturaleza cubanos, iban apareciendo, paulatinamente, elementos identificadores de la naturaleza insular cubana dentro del paisaje exuberante, como la palma real, la tradicional estructura del bohío o la representación del borde marino de la costa.

El guardián de la talanquera. (oil on canvas)
El guardián de la talanquera. (oil on canvas)
Casi siempre, en las piezas del Esteban Chartrand señoreaba la palma real, dueña por antonomasia del perfil más común de los campos cubanos y propuesta como símbolo de soberanía nacional –no ausente de cierto aire romántico–, pleno de gallardía como la consideramos en nuestros días.

El sentido romántico de estos paisajes que, sin dudas, permea las obras de la mayoría de los paisajistas cubanos de la época –y, en especial, las de Esteban Chartrand- asume estos tintes tropicales resueltos de una forma muy personal y local en la representación temática. Casi todas las obras del maestro matancero transparentan con maestría la incertidumbre del crepúsculo o la posible sorpresa de la aurora, demostrando el dominio de la pincelada y las posibilidades de la representación del claro-oscuro, los que saborea al representar las sombras de la tarde o las pinceladas de luz del amanecer sobre la faz del paisaje natural.

Sin lugar a dudas, el pintor domina a la perfección los secretos de la composición, la cual se muestra domada, despejada, tranquila y respetada en sus proporciones a través de sus preferencias en la representación: la quietud de la mirada generalizadora y la serenidad del ambiente que, por los asuntos tratados, puede ser rural, semiurbano o marino, descubriendo con este último la identificación insular de nuestra geografía.

A su interés fotográfico no escapó esta representación del entorno natural (léase: el rural y el marino), sin embargo, tan amplia era su visión que, incluso, testimonia la importancia que iba asumiendo el paisaje urbano (semiurbano, fundamentalmente) a través de la representación de un segmento capitalino exclusivo a finales del siglo XIX habanero, y nacional por extensión: El Vedado.

Realidad de sus obras

A todas luces, sus obras simbolizan la realidad de la naturaleza cubana, trabajada con aire resueltamente romántico respetando el acercamiento fotográfico y realista que dictaba con jerarquía la norma estética de la época. Poco a poco va develando el cambio sin violentar la norma.

Siguiendo este propósito el artista quiso representar las posibilidades lumínicas del entorno paisajístico y –como indicaba la experiencia impresionista– desarrolló esta práctica en una de sus series que resulta la más ilustrativa de este fenómeno, la titulada El día, que data de 1873. Esta serie está compuesta por cuatro lienzos que captan las diferentes posibilidades dramáticas de la luz natural en cuatro momentos del día: "La mañana", "El día", "La tarde" y "La noche", lo cual devela la marcada influencia del impresionismo.

Identificado por sus excepcionales dotes en el dominio del tema paisajístico y siendo un genuino representante de la producción pictórica cubana, Chartrand gozó de gran aceptación y su prestigio fue solidificándose lentamente, comprobado no sólo entre el público receptor de su obra (como comitente y como observador) sino, incluso, entre los coleccionistas privados y las instituciones culturales más importantes.

Muerte

Murió el 26 de enero de 1883, en la ciudad de Nueva York, víctima de la tuberculosis, cuando contaba con cuarenta y tres años de edad y se encontraba en plena madurez artística, dejando un excelente patrimonio pictórico manifestado en sus obras.

Premios

Su obra Paisaje de las lomas de San Miguel fue galardonada con el premio Flor de Oro en los Juegos Florales del Liceo de Matanzas, y participó en la Gran Exposición de Matanzas, en la que la mayoría de las obras destacaba el tema del paisaje.

La década de los años setenta fue prolija en premios y encargos, y aunque su tema preferido versaba alrededor del paisaje rural cubano, en esa década perpetúa la imagen del paisaje de Las pirámides de Egipto, con un trasfondo claramente romántico; de igual modo, en 1877 y evadiendo su tema predilecto, decoró la Capilla de Nuestra Señora de Lourdes, en la Iglesia de La Merced de La Habana.

De esta manera, Chartrand conquistó tanto los más elegantes salones matanceros y habaneros, como espacios exhibitivos y competitivos fuera de los predios nacionales, pues su obra se exhibió con éxito en los Estados Unidos, país al que tuvo que emigrar a causa de su enfermedad, a finales de la década de los años setenta del siglo XIX.

Sin dudas, la obra de Esteban Chartrand –graduado de la Academia de San Alejandro y cuya primera pintura conocida data de 1857 es un excelente testimonio de la pintura cubana. Por sus valores plásticos y el poder de su trascendencia patrimonial, se conserva en la exposición permanente de las Salas Cubanas del Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba.

Fuentes