Saltar a: navegación, buscar

Instituto de Investigaciones Químicas de La Habana

Instituto de Investigaciones Químicas de La Habana
Información sobre la plantilla
Institución
Fundación:18 de noviembre de 1848
Tipo de unidad:De Investigación

Instituto de Investigaciones Químicas de La Habana. Institución creada el 18 de noviembre de 1848, que constituyó el esfuerzo más destacado de la ciencia aplicada en Cuba en las primeras seis décadas del siglo XIX.

Historia

Propuesto por el reconocido químico español José Luis Casaseca y Silván en la Exposición Pública de Productos Industriales celebrada en La Habana en 1847, se creó como dependencia de la Real Junta de Fomento. Desde 1848 hasta 1857 el Instituto funcionó en la calle Escobar No. 166, entre Salud y Reina, en La Habana.
Tuvo nueva sede, a partir de 1858, en San Nicolás No. 40, entre Virtudes y Estrella, también en la capital habanera. En 1855 pasó a depender de la , y en febrero de 1856 se subordinó a la Real Sociedad Económica de la Habana, hasta que fue disuelto en 1868 y restablecido diez años más tarde.
Casaseca tuvo el mérito de fomentar una institución consagrada por entero a las investigaciones químicas, en momentos en que prestigiosos laboratorios de Europa, como los de Dumas y Liebig, fungían en realidad como cátedras docentes. No obstante, la concepción del Instituto no fue adecuadamente comprendida en sus inicios por los científicos que se desempeñaban entonces en la Isla, ni por la Real Junta de Fomento, encargada de financiarlo; de ahí la carencia de recursos elementales que para el cumplimiento de sus funciones padeció.

Labor

La labor de Casaseca también se afectó por la abundante cantidad de trabajos colaterales que se vio obligado a realizar en las tres ramas de la economía priorizadas por la administración de la Corona: la producción industrial, la salud pública y la producción agrícola. La inexistencia de un plan oficial de investigaciones que avizoraran las prioridades a más largo plazo también fue factor en contra de su gestión.
Así, los trabajos del Instituto estuvieron dirigidos a garantizar, en primer lugar, los requerimientos de una producción industrial encaminada a la fabricación de velas, bebidas alcohólicas, tabaco y azúcar, relegando a un segundo plano las de las otras dos ramas mencionadas.

Álvaro Reynoso Valdés

En julio de 1859, y tras la jubilación de Casaseca, la dirección del Instituto pasó a Álvaro Reynoso Valdés, quien después de concluir estudios en París, con profesores de reconocido prestigio como de Theóphile Jules Pelouze, y de haber obtenido en 1856 el título de Doctor en Ciencias por la Universidad de París, había regresado a Cuba en febrero de 1858, con la intención de ocupar la Cátedra Especial de Química Aplicada a la Agricultura y Botánica de la Escuela General Preparatoria de La Habana. El interés de Reynoso por favorecer el desarrollo de la Isla quedó manifiesto cuando desestimó la plaza de catedrático de Química Aplicada que le había ofrecido la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Madrid.

Apoyo

A diferencia de Casaseca, Reynoso dispuso del apoyo de determinados sectores acomodados y profesionales, que comprendían la necesidad de realizar cambios en la agricultura en favor de la sociedad. También contó en el inicio de su gestión con recursos económicos provenientes de la fortuna de su familia y de contribuciones de sus partidarios.
Así, logró encargar a Europa e instalar en el Instituto un laboratorio completo, lo cual no había podido conseguir su antecesor, a pesar de sus intentos.
Reynoso, a pesar de no disponer de un plan oficial de prioridades para la investigación, sin una plaza para contratar un ayudante, obligado además a dedicar buena parte de su tiempo a sus obligaciones docentes en la Cátedra de Química y a la realización de análisis químicos legales que le eran encargados, fue capaz sin embargo de llevar a cabo relevantes investigaciones en el Instituto entre 1859 y 1864.

Intereses

Atendió los intereses de progreso social de amplios sectores de la población, promoviendo la transformación de la agricultura -mediante procedimientos técnicos de avanzada- y de los medios de producción, y llamando la atención sobre la necesidad de optimizar el entorno natural. Por otra parte, se esforzó por impulsar la diversificación agrícola, mediante el estudio de distintos cultivos que ofrecían posibilidades de desarrollo en las condiciones de la Isla.

Trabajos científicos

Entre sus numerosos trabajos científicos se destaca el que revolucionó los conocimientos existentes hasta entonces sobre un importante renglón agrícola: Ensayo sobre el cultivo de la caña de azúcar (1862).

Fuente

Enlaces externos

Véase También