Eduardo Francisco Rodríguez y Hernández

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Eduardo Francisco Rodríguez y Hernández
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Médico bautista y masón que ayudó a los pobres de Sagua la Grande
Nacimiento11 de mayo de 1852
Sagua la Grande, Las Villas, Cuba
Fallecimiento28 de junio de 1918
Sagua la Grande

Eduardo Francisco Rodríguez y Hernández. Médico bautista y masón que ayudó a los pobres de Sagua la Grande, llegando a morir sin patrimonio alguno pero con todo el amor de su pueblo que le construyó una majestuosa estatua para perpetuar su memoria.

Síntesis Bibliográfica

Nació en Sagua la Grande el 11 de mayo de 1852 siendo sus padres Don José Ignacio Rodríguez y Doña Catalina Hernández. Estudió en la escuela Don José Robles en 1861, ingresando con solo 9 años en el colegio de Segunda Enseñanza “Humanidades de Jesús” de Santa Clara que dirigía el Presbítero Licenciado Don Rafael A. Toymil.

En 1865 obtiene el Bachiller en Artes y comienza la carrera de medicina en La Habana. En 1868, al comenzar la guerra, cursaba su tercer año y marchó a escondidas de sus padres para los Estados Unidos para incorporarse a la expedición del “Lillian” con armas y municiones para Cuba; el gobierno americano embargó las armas, por lo que continuó sus estudios en la Universidad de Nueva York graduándose de Doctor en 1871.

Comienza a ejercer en el “Charity Hospital” dé East River, para luego continuar en el “Bellevue Hospital” en 1873 donde adquiere mucha práctica al ser destinado a la sala de emergencias donde realizaba frecuentes operaciones quirúrgicas. Estuvo por Francia y Barcelona antes de regresar a su Sagua la Grande en 1874 donde ejerce la plaza médico municipal y médico del Cuerpo de Bomberos.

Labor en Cuba

En Diciembre de 1877 contrajo matrimonio con la Srta. Gertrudis Díaz Angueira y se fue a Calabazar de Sagua y Encrucijada donde ejerció hasta 1881. Siendo sospechosas sus actividades políticas en la organización del Partido Autonomista y sus relaciones con el general Don Emilio Núñez, tuvo que huir a Guatemala por vía New Orleáns, y cuando hizo escala en Zacapa, allí le nació su primer hijo. En Guatemala el Gobierno lo nombró como médico departamental de Izabal, cargo que ejerció hasta 1884, fecha en que regresa a Sagua la Grande y comienza su verdadera historia de filántropo. Esta nueva etapa de su vida es completamente diferente, no ocupa ningún cargo y su economía es bastante modesta, es un simple médico, muy preocupado por los más necesitados, una verdadera revolución en la Sagua la Grande de finales del Siglo XIX.

Los enfermos acudían a su consulta y él nunca les hablaba de dinero, pagaban lo que podían por sus atenciones o simplemente no pagaban. Sucedía mucho que los pagos por sus curaciones eran tan extraños como gallinas, gallos, guanajos, así como ropa, adornos, sombreros, y algún que otro cerdito en el mejor de los casos. El pueblo entero comenzó a adorarlo y en poco tiempo Panchito era un personaje de leyenda.

Otros clientes más pudientes se unieron a su consulta con el objetivo de ayudarlo pero aún así nunca les cobraba; ellos dejaban lo que querían, esa fue su filosofía de vida. En sus tiempos libres (que no eran muchos), se convertía en un verdadero estudioso de Filosofía, Religiones, Teología e Historia sin abandonar su medicina y el tema de la libertad de Cuba.

Era muy activo en la “Logia Masónic”a donde fue venerable maestro y formó parte de los “Odd Fellows” de los que fue fundador; fue además ”Rosa Cruz” y fundador de la Iglesia Bautista de Sagua la Grande, y un gran orador. Su hija Conchita Rodríguez nace en Sagua la Grande el 14 de junio de 1883 y por la educación tan esmerada que recibió de sus padres fue una gran pedagoga musical, máxima exponente de la escuela musical privada en Sagua, contribuyó al desarrollo artístico de la Villa del Undoso y fue alumna de la Universidad de Harvard.

Diez años después de ejercer en Sagua la Grande (1884) Don Eduardo Francisco regresa a Nueva York para tomar un curso de Bacteriología y otras asignaturas en el “Post Graduate University”, regresando a Sagua la Grande muy contento con sus nuevos títulos y continuando su cruzada de amor. Al estallar la Revolución de Baire tuvo que volver a salir de Cuba y se dirigió a Veracruz, México donde se estableció en Orizaba por muy poco tiempo pues regresa a Sagua la Grande con su esposa muy enferma y aquí fallece.

Su segunda esposa Doña María de la Luz Díaz vino a ser muy importante en su solitaria vida y en el cuidado de sus hijos; su continuo trabajo no le hubiera permitido una eficiente atención del hogar. Al terminar la Guerra de Independencia se le nombró presidente del Comité Patriótico y desempeñó, por segunda vez, la plaza de médico municipal. En 1902 pasó a ser médico de visitas del Hospital Pocurull, presidente de la Junta Municipal de Sanidad y luego jefe de sanidad local hasta 1917, fecha en que renunció. Todo este tiempo no dejó de atender a todo el que lo necesitaba. Cuando se funda el “Dispensario de niños pobres” por parte del “Bando de piedad”, fue nombrado su médico director y en este noble puesto.

Muerte

Murió el 28 de junio de 1918 sin patrimonio alguno.

Monumento en su nombre

Al morir se llevó el llanto de todo un pueblo que lo quiso venerar eternamente construyéndole una majestuosa estatua para perpetuar su memoria que ingresó a Cuba por gestiones del representante a la cámara, el señor Rogelio Alfert y Aroiz, y la ayuda de otros como la del consejero provincial Dr. Juan Sánchez Milán el cual pudo conseguir $ 2000.00 del gobierno nacional. También se nombró “Panchito Rodríguez a una gran biblioteca que, en su honor construyeron los hermanos masones.

Fuente