Radio en Cuba

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La Radio en Cuba
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Medio de comunicación masiva que llegó a Cuba en la década del 20, durante la República Neocolonial.
La Radio en Cuba. La radio llega a Cuba en la década del 20 durante la República Neocolonial.

Este medio de comunicación masiva contribuyó al desarrollo de la oralidad, por su desplazamiento a distintos lugares a la vez, por introducirse en lugares insólitos y retroalimentar a los receptores. Amplió las potencialidades del sistema comunicativo cubano, puesto que superó la barrera del analfabetismo, que impedía a los medios impresos un mayor alcance social.

Con la llegada de la radio se perfila la comercialización, a medida que se incrementa la venta de aparatos y que el anunciante conoce la importancia de este medio y su poder de venta. La infraestructura radial fue creciendo gradualmente, con un aumento de aparatos receptores y el consiguiente abaratamiento de sus costos, lo que permitió incrementar ostensiblemente la demanda del producto radiofónico.

La radio amplió sus fronteras y llegó incluso a los municipios y localidades de todo el país.

Contenido

La radio

La radio es una tecnología que posibilita la transmisión de señales mediante la modulación de ondas electromagnéticas. Estas ondas no requieren un medio físico de transporte, por lo que pueden propagarse tanto a través del aire como del espacio vacío.

Es un medio de difusión masivo que llega al radio-oyente de forma personal, es el medio de mayor alcance, ya que llega a todas las clases sociales. Establece un contacto mas personal, porque ofrece al radio-oyente cierto grado de participación en el acontecimiento o noticia que se está transmitiendo. Es un medio selectivo y flexible. El público del mismo no recibe tan frecuentemente los mensajes como el de los otros medios y además el receptor de la radio suele ser menos culto y más sugestionable en la mayoría de los casos. Como medio de comunicación la radio brinda la oportunidad de alcanzar un mercado con un presupuesto mucho mas bajo del que se necesita en otros medios, es por eso, que es mayor la audiencia potencial de la radio.

Antecedentes

Los antececentes más remotos de este medio debemos situarlos a principios del siglo XIX, cuando Alessandro Volta inventa la pila voltáica o, lo que es lo mismo, una pila que podía producir electricidad. A partir de ese momento, empezarán a construirse los primeros telégrafos; unos aparatos por entonces muy primitivos pero que fueron evolucionando gracias, sobre todo, a las aportaciones Samuel Morse.

En 1840, Morse introduce dos transformaciones fundamentales en esos rudimentarios telégrafos. Por un lado, sustituye las agujas magnéticas que utilizaba su antecesor en este campo (Henry Cook) para el proceso de identificación de las señales, por una tira de papel. Por otro lado, crea algo que está todavía vigente: el código Morse; un código que, a través de una combinación de puntos y rayas, puede transmitir cualquier tipo de mensaje. Treinta y cinco años después, concretamente en 1875, Graham Bell propicia el nacimiento de la telefonía. Este inventor consiguió que los sonidos pudieran propagarse a través de un cable.

Pero no solo la telegrafía y la telefonía intervinieron en la aparición de la radio. Otros fenómenos fueron igual o más importantes que éstos. El descubrimiento y la posterior medición de las ondas electromagnéticas, también llamadas Hertzianas porque la persona que ideó el proceso para medirlas fue Heinrich Hertz en 1887, propició la creación del primer receptor de radio. Sin embargo, hasta la llegada de la telegrafía sin hilos, de la mano de Guillermo Marconi, la transmisión era muy limitada. La aportación de Marconi permitió que las señales sonoras pudieran propagarse a algo menos de 20 Kilómetros de distancia. Quizá a ti te parezca muy poco, pero para aquella época fue todo un logro. Lógicamente, el sistema tenía sus imperfecciones, porque, por ejemplo, este aparato no podía transportar ni palabras ni sonidos musicales.

No será hasta ya entrado el siglo XX cuando las aportaciones de A. Fleming y R.A Fessenden permitirán la transmisión de la voz humana. A partir de ese momento se iniciaría, de verdad, la radio que hoy conocemos.

Contexto histórico

En la República Neocolonial el desarrollo económico y cultural que paulatinamente experimentó la sociedad republicana con la entrada del siglo XX, favoreció la producción, difusión y recepción de la información y de la comunicación en general.

La radio llegó a Cuba en este periodo como otra más de las importaciones comerciales de los Estados Unidos. Esto ocurrió a principios de la década del 20, gracias a un grupo de cubanos curiosos, aficionados a la radiofonía.

La radio cubana no surgió, en un principio, como una industria. No se hicieron inversiones de grandes capitales, sino de trabajo, pues lo que sobraba era el empeño, el entusiasmo ante el sonido en el aire.

Es por el año 1922, veinte años después de establecida la República, cuando las transmisiones radiales dan sus primeros pasos en la Isla, ya que por esta época se producía una expansión industrial financiera de los consorcios eléctricos de los Estados Unidos. La Cuban Telephone Company, establece la primera emisora de radio que operaba oficialmente: la PWX, el 10 de octubre de 1922, fecha en la que queda oficialmente registrado el nacimiento de la radiodifusión en Cuba.

Características de las primeras emisoras radiales

Con el establecimiento de esta emisora extranjera, se fomentaría el desarrollo del nuevo medio en Cuba. Pues junto a la famosa PWX, surgieron en muy poco tiempo pequeñas emisoras de radioaficionados, que “…con modesta tecnología y unos deseos enormes de salir al aire, tuvieron la osadía de desafiar las limitaciones y hacer de aquel invento un medio cada vez más extendido y aplatanado dentro de la Isla.” [1]

Estas pequeñas emisoras tenían un carácter muy experimental. Las plantas que se confeccionaban o compraban eran de un alcance muy limitado, y en su inmensa mayoría presentaban problemas técnicos, lo que condicionaba que las transmisiones se recibieran a distancias cortas, y con muchas dificultades. Su objetivo era salir un rato al aire, comunicarse con otros radioaficionados y comprobar el funcionamiento de las plantas.
Radio antigua de válvulas
Radio antigua de válvulas

Dentro de este grupo se encontraba el teniente Luis Casas Romero, quien más tarde sería una figura importante en el desarrollo de la radio cubana. Casas Romero instaló la planta de radioaficionados 2LC, basada en un circuito Calpits de 5 watts, en la banda de 75 a 150 metros, usando telefonía y telegrafía. Luis López, (2002, 47).

Durante este mismo año, se crea una asociación de entusiastas aficionados, presidida por Humberto Giquel, llamada Radio Club de Cuba, que tenía como misión conseguir un mayor desarrollo de la radio en la Isla, a través de la superación de los radioaficionados en el estudio de la técnica. Más tarde, se crean otras agrupaciones, como el Radio Club de Oriente, y Radio Club Marconi, aunque todas ellas tuvieron un carácter efímero. Luis López: (2002, 65).

Desarrollo de la radio dentro del sistema de comunicación en el país

Ante el avance de aquellas iniciativas, se evidenció un desarrollo infraestructural en el sistema de comunicación que tuvo su reflejo en la puesta en marcha de una serie de transformaciones en la cultura, la educación y la sociedad en general, por lo que el gobierno se vio precisado a tomar algunas medidas que impulsaron el desarrollo de una industria, en un principio primaria, pero que eran las bases científicas de una nueva institucionalización para la comunicación pública:[2]

Con estas medidas se iniciaría lo que más tarde sería un sistema de comunicación más fortalecido y consolidado, las grandes empresas de radiodifusión.

Tanto fue el desarrollo alcanzado en materia radial que en mayo de 1923 ya aparecen registradas 24 estaciones transmisoras en Cuba, 14 de ellas ubicadas en la Ciudad de La Habana. A fines de ese mismo año, la cifra se eleva ya a un total de 31 emisoras en toda la Isla. Luis López: (2002, 67).

Independientemente de estas cifras, existieron muchas plantas de radioaficionados que, por transmitir con un carácter esporádico, y no haber sido inauguradas nunca de manera oficial, contaban con permisos para sus actividades, pero no aparecen registradas oficialmente.

Los radioaficionados

Tanto las emisoras de radioaficionados como las que eran propiedad de casas distribuidoras de efectos de radio tenían en común su carácter artesanal. Independientemente de las diferencias técnicas que obviamente existían entre unas y otras estaciones, todas ellas eran operadas por amateurs que, sobre la marcha, aprendían a hacer radio.

Las emisoras de los radioaficionados que surgían, continuaban siendo, como aquellas primeras plantas, fruto de su ingenio, y contaban con condiciones de trabajo mínimas. Todavía no existían en Cuba profesionales de la radio. De este modo, el trabajo dentro de ellas quedaba a cargo, generalmente, de los mismos propietarios, sus familiares y amigos.

Sin embargo, llegaron a alcanzar una mayor estabilidad en sus transmisiones, y en poco tiempo llegaron a tener una programación habitual, lo que constituía un importante paso de avance si se compara con lo esporádico de las primeras emisiones.

Véase también: Radiodifusión en Cuba

Programación radial

La programación radiofónica fue en sus inicios, eminentemente musical. Incluso, las primeras emisiones radiales eran denominadas conciertos radio-telefónicos, aún cuando en el programa musical fuera intercalado otro tipo de contenido. Algunas se dedicaban exclusivamente a transmitir conciertos con el empleo de discos fonográficos y rollos de pianolas. Otras, aprovechando ciertas mejoras tecnológicas, siguieron la iniciativa de la PWX de radiar conciertos en vivo, con una frecuencia de una o dos emisiones semanales, como la C-G, de Humberto Giquel; la 2BY, de Mr. Borton; la 2MG de Manuel y Guillermo Salas; la 2SB, estación experimental de Alberto Sánchez de Bustamante y la 2LC de Casas Romero. La propia PWX continuaba sus transmisiones bisemanales.

Poco a poco se fueron introduciendo nuevos contenidos en los programas. De este modo, la radio adquiría una nueva función muy importante para el público cubano: la radio como medio informativo.

Surgimiento de instituciones para el fomento de la radiodifusión

Es dentro de esta coyuntura que ven la luz algunas instituciones de fomento de la radiodifusión en Cuba como la Sociedad Cubana de Radio, creada por los aficionados y presidida por Federico G. Morales. Dicha la institución perseguía como fines sociales el fomento de la Radio en Cuba, la protección mutua de los socios de la misma y el mejoramiento de las condiciones en que se desenvolvía la Radio en la República.

La base económica de la radio había sido precaria hasta la primera mitad de la década del 30. Tiendas modestas, pequeños fabricantes de ropas, mueblerías, eran los primeros anunciantes.

En 1933, la familia Casas vuelve a las ondas instalando la primera emisora comercial de onda corta, la COC, que transmitía toda su programación dirigida al extranjero.

Sin embargo, para el resto de las emisoras, que no tenía la posibilidad de poder contratar los servicios de la línea telefónica, la creación de una cadena que les permitiera oírse durante todo el día en el resto de la Isla, les costaba aproximadamente cinco mil pesos mensuales. Luego, lo más práctico, y así lo estimaron los Casas, era montar una emisora de onda corta, como lo hicieron con la COC. De esta forma quienes tenían receptores de onda corta podían oír los programas desde La Habana; y los que no lo tuvieran podían escuchar los programas a través de las estaciones locales que se arrendaban a este efecto para retransmitir los programas de la COC.

Crecimiento radial

A criterio de Oscar Luis López (2002)[3], es en 1938 que el país marca el punto más alto en la curva de crecimiento radial. El índice de radioemisoras en la Isla, si tenemos en cuenta la cantidad de habitantes existentes, es el más alto en La Habana, 46 emisoras locales independientes que operaban en las seis provincias del territorio nacional y 11 emisoras de onda corta. Cada una con su programación individual, que comenzaba generalmente a las 6:00 a.m. y se mantenía sin interrupción hasta la medianoche, con un promedio de 18 horas diarias de permanencia en el aire para cada emisora.

Esta amplia red de radiodifusión produjo un desarrollo de un personal artístico y técnico especializado. Los métodos más avanzados del sistema de radio comercial norteamericano se extendieron en Cuba, con las necesarias variantes que lo ajustaron a un medio económico más reducido y que contaba con menores índices de consumo.

Un defecto evidente de esta expansión radial fue que no se establecieron en el país, los recursos industriales para sostener el sistema radiodifusor, con la correspondiente producción de equipos, transmisores y receptores, tubos electrónicos y demás piezas y accesorios de audio, por lo que se dependió de la importación.

A pesar de estas limitaciones, ya en 1939, Cuba era el país con la más alta técnica de radiodifusión, con una extensa reserva de talento artístico y profesionales especializados. Sin embargo, no contaba con una sola fábrica de equipos radio-electrónicos. Solo algunos talleres privados, en modesta escala, realizaban reparaciones y construían pequeños accesorios de repuesto, principalmente en la línea de devanados de transformadores.

Por los años 40, la radio se desarrolla enormemente. Varios factores contribuyen a dicho progreso, como son la publicidad y la competencia. Tres emisoras marcan pautas en la radiodifusión cubana: la Mil Diez, la RHC-Cadena Azul y Circuito CMQ. Durante esta década, el modelo de radio comercial norteamericano se ve prácticamente copiado en Cuba. “Es en esta etapa cuando la radio deja de ser un medio de comunicación de la cultura para convertirse en un medio publicitario netamente.”[4]

Retos que enfrentó la radio como medio de comunicación masivo

La radio, para su definitiva implantación como medio de comunicación masivo, necesitó sortear sucesivos obstáculos. En un primer momento, dependió del desarrollo de la tecnología, y de la distribución y venta de aparatos. Debió enfrentarse, además, al establecimiento y consolidación de un lenguaje propio, y a la creación, entre una población para la cual el medio resultaba totalmente desconocido, de un público receptor y consumidor. Por último, tuvo que conseguir la adaptación de las fuentes publicitarias al nuevo medio, como garantía para su expansión y supervivencia.

En Cuba, la infraestructura inicial era insuficiente, arcaica, pues el sub-equipamiento constituía un freno a la expansión de este medio. Así, la situación de la tecnología radiofónica en la Isla planteaba una doble dificultad: la escasez de aparatos y el deficiente funcionamiento de la mayoría de los existentes.

Por otro lado, según el criterio de González Reyes (2006) “… el insuficiente desarrollo de la industria radiofónica a nivel mundial planteaba dificultades en la recepción de las señales aún para los equipos más sofisticados. Como las emisoras transmitían por la misma frecuencia, se producían continuas interferencias mutuas que convertían el éter, en un espacio de gritería e interrupciones constantes: resultaba muchas veces imposible mantener la sintonía estable con una misma señal, en caso de que hubiera otra planta transmitiendo al mismo tiempo. Las perturbaciones atmosféricas provocaban también continuas interferencias de ruidos parásitos como zumbidos, siseos o silbidos en las trasmisiones…” [5]

Relación entre dos medios (prensa y radio)

A pesar de estos inconvenientes, la radio amplió sus fronteras. La prensa, que en sus inicios la vio como un enemigo oportunista que le venía a restar anuncios, acabó por admitir aquel interés de las masas por el medio, y comenzaron los primeros contactos entre periódicos y emisoras.

Gradualmente ambos medios se integraron en una alianza estratégica: en los diarios se dio espacio a los comentarios e informes sobre programas radiales; en las emisoras, recíprocamente, se empezaron a leer noticias tomadas de los diarios, identificando cada emisora a un diario respectivo, de acuerdo con sus intereses y conexiones.

Ejemplo de esto fue la instalación de una nueva emisora: la CMW “La Voz de las Antillas”, en la azotea del Diario de la Marina. Otro ejemplo lo constituyó “La palabra”, a cargo de Gaspar Pumarejo y que se transmitía por la emisora CMQ. Más tarde, gracias al éxito obtenido por este periódico hablado, el 12 de marzo de 1934, se inaugura “El Noticiero CMQ”, con los locutores Manuel Serrano y Miguel Buendía, los presentadores más populares del momento. El noticiero no solo daba lectura a algunas noticias que salían en los periódicos, sino que ahora estos tenían sus propios equipos de reporteros, corresponsales y redactores.

“El Noticiero CMQ” se destacó debido a su peculiar característica de radiar las “protestas” de todo aquel ciudadano que llegara a la emisora, con la única condición de que la llevara en blanco y negro y firmada. Esto conllevó a que en una ocasión, los soldados de Batista entraran a la emisora y rompieran a culatazos los equipos, pues estaban transmitiendo acusaciones en contra del Dictador. Esta situación sólo condujo a que el pueblo se sintiese más identificado con la CMQ, pues poco después todos los equipos estaban repuestos y las transmisiones fueron restablecidas.

Modelo comercial en la radio

El modelo comercial presente en la radio en este período tuvo aspectos favorecedores, ya que estimuló el desarrollo técnico y amplió el campo laboral. La radio iba tornándose un medio cada vez más atractivo para el público cubano: abría nuevos espacios para su futura explotación comercial y mostraba, en definitiva, sus primeros rasgos como medio de comunicación, fenómeno cultural que marca una etapa de influencias, de resistencia, de consumo cultural de los distintos estratos, incluyendo a aquellos que carecían de una educación elemental.

Este medio rompe con las barreras de analfabetismo imperante en la época, donde se presenta el freno o más bien, los obstáculos de los medios de comunicación impresos y llega a Cuba con esa capacidad de ampliación de receptores ya que ”... suponía un rescate de la oralidad, una revalorización de la palabra que le auguraba un éxito seguro de aceptación e impacto entre los receptores de todo el mundo”. Luis López: (2002, 75).

El modelo de radio comercial era una filosofía encaminada a potenciar la rentabilidad de la empresa, desarrollada por propietarios privados con más interés en maximizar sus ganancias que en proveer a la radio de un verdadero sentido cultural.

Avances tecnológicos en el siglo XXI

Uno de los avances mas excitantes en el siglo XXI es la llegada de la radiodifusión de Audio Digital o en inglés Digital Audio Broadcasting (DAB), que provee la misma calidad del disco compacto a la recepción de la señal y puede trabajar con satélites y transmisores terrestre convencionales. Este mejorará notablemente la entrega de los servicios radiales a los oyentes, mientras que el espectro radial podrá ser utilizado con mucho mas eficacia incorporando cinco o seis servicios en FM en el mismo espacio que antes ocupaba sólo uno. También mejorará la confiabilidad, ofreciendo una recepción radial libre de interferencias a los oyentes al usar portátiles y radios para vehículos. Otra innovación es el Sistema de Radio Data para vehículos o Radio Data System (RDS). RDS es una señal de data inaudible emitida en FM, la cual suma "inteligencia" a los equipos receptores en los que esta función se encuentre disponible. A través de estos se emite entre otras cosas el nombre de la estación, el de la pieza musical en el aire o cualquier otra información.

Véase también


Fuentes bibliográficas

Referencias

  1. Corra, Garcés Raúl: “Los Dueños del Aire”, en Selección de Lecturas de Comunicación y Sociedad Cubana, Ed. Félix Varela, 2006, Pág. 124.
  2. González Reyes, Janet: “¡Llegó la Radio!”, Facultad de Comunicación Social, Universidad de La Habana, 2006, Pág. 21.
  3. Luis López, Oscar: “La Radio en Cuba”. Ed. Letras Cubanas, La Habana, 2002, Pág. 7.
  4. Amaya Trujillo, Janny: “La Comunicación en Cuba (1921-1925). Una aproximación al sistema de comunicación institucional.”. Facultad de Comunicación Social, Universidad de La Habana, 2003, Pág. 59.
  5. González Reyes, Janet: “¡Llegó la Radio!”. Facultad de Comunicación Social, Universidad de La Habana, 2006, Pág. 55.