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Aborígenes en Mantua

Comunidades Aborígenes en Mantua
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Fecha:1492
Lugar:Mantua

Aborígenes en Mantua. Pese a las escasas investigaciones arqueológicas llevadas a cabo, existen serias evidencias de que a la llegada de los conquistadores españoles a Cuba en 1492, el actual territorio de Mantua se encontraba habitado por pescadores-recolectores-cazadores

Los pueblos aborígenes del occidente de Cuba

Mucho antes de la llegada de los primeros expedicionarios europeos a Cuba en octubre de 1492, los habitantes del extremo más occidental de la isla eran cazadores-recolectores-pescadores que habían llegado hasta la península de Guanahacabibes procedentes de Honduras y Nicaragua, a través de una corriente migratoria que tuvo lugar hace 4 500 años aproximadamente.

Su nivel de desarrollo correspondía al mesolítico temprano. Convivían en grupos nómadas muy pequeños que evolucionaron después hacia otros mayores. Los historiadores los han venido llamando indistintamente Guanahacabibes, Guanahatabibes, Guanahacabeyes o Guanahatabeyes.

Estos pueblos pertenecían a la cultura de la Concha II pues sus instrumentos característicos utilizados en las tareas cotidianas, estaban confeccionados con caracoles y conchas. El pescador-recolector-cazador siguió la tradición más antigua de sus antepasados de tallar el sílex para confeccionar instrumentos de trabajo o herramientas cortantes como cuchillos, raspadores, buriles, raederas, puntas y perforadores. Utilizaban además diversos guijarros o cantos rodados, en sus formas naturales, a manera de martillos o percutores y de mojadores o manos de mortero.

Eran hombres rudos, de estatura mediana o baja, con rasgos mongoloides y muy dóciles; aparentemente no usaban ningún tipo de vestimenta. Diego Velásquez escribió en 1514, en carta dirigida al rey Carlos V, que los habitantes de Guanahacabibes eran ... bárbaros e indolentes, carecían de casas, asientos, pueblos y labranzas y no comían sino tortugas, pescado y salvajinas... y Antonio Bachiller y Morales en su libro Cuba Primitiva, los compararía casi cuatrocientos años después con los habitantes de la tribu haitiana de Guaccayarima, quienes ni siquiera poseían lenguaje articulado.

La comunidades de aborígenes en Mantua

Los pueblos cazadores-recolectores-pescadores se localizaban generalmente en las zonas costeras, montañosas y en bosques con vegetación de sabanas o pinos -muy abundantes en esta región-, en dependencia de las estaciones del año. Como eran buenos conocedores de la distribución de los recursos naturales -que utilizaban para su alimentación- y sus ciclos anuales de abundancia, organizaban distintos tipos de asentamientos, para aprovecharlos mejor.

Durante los períodos secos de noviembre a marzo, las comunidades conformadas por grupos de treinta-cuarenta aborígenes se instalaban cerca de la costa y posteriormente se dispersaban en cuatro o cinco grupos económicos muy pequeños encargados de la pesca, la caza y la recolección.

En la época de lluvia, algunos de los grupos económicos se desplazaban hacia los bosques, en tanto, otros permanecían en el litoral pues, en esta temporada de abril hasta octubre, abundaban, por una parte, los moluscos terrestres -caracoles, babosas, etc.-; anidaban y empollaban distintos tipos de aves cubanas y, por otra, salían de sus cuevas los cangrejos terrestres azules y rojos en las zonas costeras y las tortugas, caguamas, careyes y demás quelonios marinos desovaban en las playas. Otros animales como las jutías, los cocodrilos, algunos moluscos marinos y peces del mar, los ríos y las lagunas, podían cazarse en cualquier época del año, por lo que las comunidades y sus grupos económicos debían encontrarse en lugares muy dispersos. Los ciclos de abundancia de las frutas tropicales -muy diversas en la región- también eran factor determinante en la selección de los lugares de asentamiento y su posterior abandono.

Como en el territorio de Mantua existen pocas cavernas y estas además son pequeñas, las comunidades indígenas pasaban más de la mitad del año en asentamientos a cielo abierto; no obstante, construían abrigos rústicos con ramas, yaguas y hojas. Las cuevas solían utilizarse como refugios seguros contra las abundantes lluvias, los ciclones y los frentes fríos.

Contactos con comunidades vecinas

Las comunidades vecinas contactaban frecuentemente entre sí a través de sus grupos económicos, posibilitando el intercambio de objetos, piezas diferentes y productos recolectados.

Posiblemente construyeran canoas con troncos de árboles, ahuecándolos con ayuda del fuego - que conocían y sabían mantener- y gubias de conchas. Las canoas además de constituir un medio para desplazarse a todo lo largo del entonces caudaloso río Mantua debieron servirles también para ejecutar labores de pesca.

Creencias religiosas

Las creencias de los pueblos pertenecientes a la cultura preagroalfarera eran animistas, o sea, de atribuir a seres u objetos y fenómenos naturales la particularidad de poseer alma o espíritu. Con sus prácticas y rituales mágicos, pretendían influir en el curso de los acontecimientos - períodos de lluvia y sequía, vientos fuertes, relámpagos, tormentas, etc.- por lo cual se catalogan entre las religiones estrechamente ligadas a los procesos de la naturaleza y a las actividades del hombre.

Se han producido en la provincia de Pinar del Río hallazgos arqueológicos de objetos ceremoniales como las denominadas bolas líticas o esferolitas, piedras perfectamente redondeadas, vinculadas al culto de los fenecidos y dagas líticas o gladiolitos, piedras talladas en forma de huso alargado con las que se llevaban a la práctica los ritos funerarios. Otros objetos colocados sobre o junto a cadáveres enterrados en los propios sitios de habitación, consistentes en adornos corporales e instrumentos de trabajo, también pudieron tener algún nexo con aquella forma de religión exenta de conceptos sobre dioses y divinidades.

Manifestaciones artísticas

A tenor con las últimas investigaciones arqueológicas, se ha llegado a conocer también que los pueblos pescadores-recolectores-cazadores practicaban distintas manifestaciones artísticas consistentes en adornos corporales -cuentas de collar y colgantes hechos con conchas, huesos, marfil y piedras- y el uso de pinturas para cubrir ciertas partes del cuerpo o para trazar sobre paredes y techos de cavernas círculos concéntricos, motivos reticulados e impresiones de manos.

Las pinturas se confeccionaban sobre la base de las denominadas piedras tintóreas y aunque no han quedado huellas arqueológicas reconocibles de las pinturas corporales en los despojos de los aborígenes desenterrados, sí se han conservado restos de las materias primas utilizadas. Los investigadores suponen que estos grupos practicaban la música y la danza de alguna manera.

Desaparición

Cuando los conquistadores españoles desembarcaron en el oriente de la isla a las órdenes de Velázquez, casi la totalidad de los aborígenes de la porción más occidental de Cuba vivían todavía como pescadores-recolectores-cazadores, sobre todo los de Vueltabajo, pues algunos grupos habían iniciado el tránsito hacia la cultura agroalfarera estimulados por los frecuentes contactos directos con congregaciones de la región central de la isla, o la influencia indirecta de otras comunidades de pescadores-recolectores-cazadores que ya se habían relacionado con los pueblos agrícolas-ceramistas.

El poblamiento por europeos y sus esclavos de las denominadas Tierras de Sotavento después de la mercedación de parcelas para la cría de ganado, tampoco parece haber influido mucho en la vida de los aborígenes que trataban de evitar el contacto con los peones de las haciendas enclavadas en hatos y corrales, amén de su gran dispersión. Aunque no se descarta tampoco el contacto de ciertas congregaciones aborígenes preagroalfareras con peones de las primeras haciendas, cimarrones que buscaban refugio seguro en los inhóspitos montes de esta región y hasta con piratas, corsarios y otros navegantes que desde épocas tempranas transitaban por el Caribe, haciendo escala a menudo en determinados puntos del litoral vueltabajero.

Sobre la desaparición de los pueblos de esta región es muy difícil llegar a formular una hipótesis acertada. Se conoce que la población total de las Tierras de Sotavento pudo alcanzar la cifra de diez-doce mil aborígenes, lo cual supone una densidad de un habitante por kilómetro cuadrado, tomando como base el censo arqueológico llevado a cabo hasta fines de la década de 1980.

Según los especialistas, semejante densidad poblacional debía descomponerse en hasta sesenta territorios comunales, cuyas áreas oscilaban entre cincuenta y doscientos kilómetros cuadrados pertenecientes a igual número de comunidades con un máximo de doscientos habitantes cada uno.

Si bien el desinterés inicial de los colonizadores por las Tierras de Sotavento libró a sus moradores -y a quienes buscaron refugio en ellas- del exterminio masivo a que estaban siendo sometidos los pueblos aborígenes por los españoles, el aislamiento a que se vieron forzados a recurrir los distintos grupos existentes para evitar todo contacto con ellos, las enfermedades llegadas de Europa y África -viruela, sarampión, afecciones bronco-pulmonares- contra las que no tenían inmunidad y los suicidios en masa, alternativa escogida por gran parte de aquellos hombres ante la perspectiva de ser esclavizados y morir luego de múltiples sufrimientos, terminaron por dar al traste con la raza aborigen de esta porción más occidental de Cuba.

Hallazgos arqueológicos

Hallazgos de objetos utilizados por los más antiguos pobladores de la comarca han tenido lugar, en diversas épocas y los cuatro puntos cardinales de esta región.

El único lugar explorado, donde hasta ahora se han practicado excavaciones, es la Finca El Rufín, en San Francisco, a fines de los años setenta. Allí se hallaron diversos objetos pertenecientes a un asentamiento aborigen, entre ellos, restos de vasijas de conchas y caracoles marinos perforados, percutores majadores de roca madrepórica, fragmentos de piedra moledora de arenisca, piedra tintórea (hematita), percutores mojadores de arenisca y un fragmento mojador de bauxita pétrea.

Fuente

  • Historiadores del municipio Mantua. Investigación de la historia del municipio.