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Anexo:Intervenciones en el acto de homenaje a Fidel Castro Ruz en la Plaza Antonio Maceo

Intervenciones en el acto de homenaje a Fidel Castro Ruz en la Plaza Antonio Maceo
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Fecha:3 de diciembre de 2016
Lugar:Plaza de la Revolución Antonio Maceo
Descripción:
Intervención de personalidades en el acto de masas en homenaje póstumo al Comandante en Jefe de la Revolución Cubana Fidel Castro Ruz, en la Plaza de la Revolución Antonio Maceo , el 3 de diciembre de 2016, “Año 58 de la Revolución”
Intervenciones en el acto de homenaje a Fidel Castro Ruz en la Plaza de la Revolución Antonio Maceo. El 3 de diciembre de 2016, se realizó un multitudinario acto en la Plaza de la Revolución Antonio Maceo, en el que se rindió homenaje póstumo al líder de la Revolución Cubana. En este acto hicieron uso de la palabra dirigentes de las organizaciones de masas, sociales y de la Unión de Jóvenes Comunistas, en representación del pueblo, con el propósito de rendir tributo de respeto y recordación a Fidel. Las palabras centrales serán pronunciadas por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros[1][2].

Ulises Guilarte de Nacimiento

Palabras de Ulises Guilarte de Nacimiento, Secretario General de la Central de Trabajadores de Cuba, en el acto político en homenaje póstumo al Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Casto Ruz, en la Plaza Mayor General Antonio Maceo Grajales, de Santiago de Cuba, el 3 de diciembre de 2016, “Año 58 de la Revolución”[3] .

Heroico pueblo santiaguero;

Compatriotas:

Los trabajadores y su movimiento sindical expresamos el profundo dolor y la tristeza que sentimos por el fallecimiento del fundador de la Revolución Cubana, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

Fidel fue un gigante político del siglo XX; perteneció a una generación que supo cultivar la lealtad y la firmeza, con su palabra y acción, y que defendió incondicionalmente las ideas revolucionarias y los principios de justicia social. De él aprendimos que solo los que luchan tienen derecho a triunfar y la convicción profunda que alcanzar la victoria depende del liderazgo, la motivación y la conciencia unitaria que logremos en el pueblo y sus trabajadores. Su talla como estadista mundial se revela en su extraordinaria capacidad para interpretar el sentimiento de las masas populares, que expuso de forma magistral en su alegato “La Historia me Absolverá” como un vivo testimonio de las condiciones de explotación y miseria en las que se hallaba el pueblo cubano en la época de la dictadura, y es también un programa revolucionario que plantea lo que había que hacer para su transformación, objetivo cumplido por la Revolución esta “de los humildes, por los humildes y para los humildes” (Exclamaciones de: “¡Fidel!”).

Con el triunfo del primero de enero de 1959, la clase trabajadora cubana no solo encontró solución a sus reivindicaciones laborales y alcanzó el poder, sino que se convirtió en un actor protagónico de las transformaciones que demandaba la construcción del nuevo proyecto social, desde cuyos cimientos se articulara la unidad en defensa de los intereses de la nación.

Como señalara entonces Fidel: “Batallas como esas no se libran ni se ganan, si no las libra una clase obrera consciente, revolucionaria y firme”. Consecuente con esa premisa, su presencia fue sistemática en congresos sindicales, fábricas, campamentos agrícolas, zafras azucareras, contingentes y microbrigadas de la construcción, hospitales, intercambios con internacionalistas, escuelas y obras hoteleras y pedraplenes para el desarrollo del turismo.

Al propio tiempo, siempre estimuló la consulta al movimiento obrero de las más importantes y complejas decisiones adoptadas durante esos años, lo que ratifica su seguridad y confianza en los trabajadores.

Comandante en Jefe: el cumplimiento con eficiencia de los programas vinculados al desarrollo de nuestro socialismo, es hoy y será siempre el más digno homenaje de los trabajadores a su práctica revolucionaria y a su ejemplo como soldado de las ideas. Su estatura de líder mundial nos hace sentir orgullosos de ser cubanos. Gracias a usted, Cuba es hoy una patria digna, independiente, antimperialista, (internacionalista) y solidaria.

Su obra estará siempre viva en el corazón de los trabajadores. Con su lucha incansable usted nos ha demostrado que Un Mundo Mejor es Posible. ¡Hasta la victoria siempre, querido Fidel!

¡Comandante en Jefe, ordene! (Aplausos y Exclamaciones de: “¡Fidel, Fidel, Fidel!”)

Rafael Ramón Santiesteban Pozo

Palabras de Rafael Ramón Santiesteban Pozo, Presidente de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, en el acto político en homenaje póstumo al Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Casto Ruz, en la Plaza Mayor General Antonio Maceo Grajales, de Santiago de Cuba, el 3 de diciembre de 2016, “Año 58 de la Revolución” [4].

Compañeras y compañeros:

Con profundo dolor y verdadera consternación los campesinos cubanos hemos recibido la noticia de la desaparición física del líder histórico de la Revolución Cubana, nuestro querido Fidel, paradigma de dignidad, resistencia, solidaridad y lealtad a los principios.

Un hombre que marcó la historia de América Latina y el mundo con su actuar revolucionario y sus ideas de profundo humanismo, que dedicó su vida a la lucha por la justicia social y la equidad, que fue la voz de aquellos a quienes nadie escuchaba y se puso siempre del lado de los más humildes. Él conjugó como nadie la palabra y la acción. Nos enseñó con su ejemplo que los principios no se negocian, se defienden a cualquier precio.

Cabe recordar que en la Cuba prerrevolucionaria se frustraron las ideas de Martí de fundar una verdadera República “con todos y para el bien de todos”. Desde muy joven, Fidel denunció los graves problemas que afectaban al pueblo cubano, como el latifundio, el desempleo, la insalubridad, el analfabetismo y la discriminación racial, y cuando nadie creía en la posibilidad de una transformación verdadera, él creyó que sí era posible y lo arriesgó todo para lograrlo. Con esa fe en la victoria guió una Revolución victoriosa que desde sus inicios asumió el legado martiano de echar su suerte con los pobres de la Tierra.

Desde los primeros momentos de la lucha en la Sierra Maestra el campesinado confió en Fidel y en el naciente Ejército Rebelde. De múltiples formas nuestros campesinos brindaron su apoyo a las fuerzas insurreccionales. Muchos de ellos se incorporaron como soldados y dieron sus vidas por una Revolución que defendía sus derechos y venía de verdad a liberarlos.

El desarrollo del Programa Agrario de la Revolución no solo se cumplió, fue mucho más amplio, entregó la propiedad de la tierra a campesinas y campesinos, llevó los adelantos de la ciencia y la técnica a la agricultura, otorgó créditos para financiar las producciones, estableció un mercado estable para los productos, creó el Seguro Agropecuario, llevó la educación, la salud pública, el deporte y la cultura hasta los más intrincados parajes de nuestros campos; y lo más importante, les dio la independencia y la dignidad, que solo puede ofrecer un país libre y soberano (Aplausos).

En las transformaciones del campo cubano se destaca la presencia y la labor de nuestro Comandante en Jefe. La Ley de Reforma Agraria acabó con los latifundios, con el desalojo, el abandono, el ultraje y la humillación para las mujeres y los hombres del campo en que los mantuvo sumidos la sociedad burguesa. Comenzó el pleno disfrute de una patria sin amos.

Más de 200 000 familias campesinas se convirtieron en dueñas de las tierras que cultivaban; esta fue la avanzada que impulsó la constitución, por Fidel, de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños. Otro momento de gran significación fue la creación y desarrollo del movimiento cooperativo, con una participación decisiva en nuestra producción agrícola.

Fidel, para los campesinos cubanos, tu obra y tu pensamiento serán siempre faro y guía en la defensa de nuestra Revolución Socialista y sus conquistas. Siempre estarás presente, y te seguiremos viendo con cariño en cada amanecer luminoso de nuestros campos, entre palmas, llanos y montañas, en el esfuerzo y el sacrificio de cada jornada que fertiliza los suelos para seguir cultivando tu legado.

Continuaremos en marcha indetenible, con confianza y optimismo, cumpliendo con nuestro deber patriótico de producir para el pueblo. Con paso firme, sin prisa pero sin pausa, seguiremos perfeccionando nuestra nación soberana, independiente, socialista, democrática, próspera y sostenible, guiados por el Partido y Raúl, hacia el futuro.

Desde esta Ciudad Héroe, rebelde ayer, hospitalaria hoy y heroica siempre, escenario de hechos trascendentales en la historia de la Patria, ¡frente a usted, Comandante en Jefe!, reafirmamos el compromiso eterno con la Revolución y con las ideas que hemos defendido y defenderemos, frente a todos los riesgos y desafíos.

¡Los campesinos cubanos no le fallaremos jamás a la Revolución!

¡Hasta la Victoria Siempre, querido Comandante en Jefe! (Aplausos y exclamaciones.)

José Carrillo Gómez

Palabras de José Carrillo Gómez, presidente de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, en el acto político en homenaje póstumo al Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Casto Ruz, en la Plaza Mayor General Antonio Maceo Grajales, de Santiago de Cuba, el 3 de diciembre de 2016, “Año 58 de la Revolución”[5].

Compatriotas:

La noticia de que había fallecido el Líder Histórico de la Revolución Cubana, Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, causó un profundo dolor en todo nuestro pueblo, y en particular en los combatientes de la Revolución Cubana.

Fue la reacción ante la pérdida física del hombre que más hizo por la Patria; que con voluntad inquebrantable encarnó el heroísmo de su pueblo; que le otorgó las cotas más altas de dignidad, porque nunca claudicó; que nos dio siempre demostraciones ejemplares de coraje; que supo interpretar las ideas de Bolívar y de Martí, materializarlas y convertirlas en Revolución; que supo movilizarnos a todos, porque era la voz del pueblo.

La Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana siente la pérdida de su Comandante en Jefe, invicto en todas las batallas del pueblo cubano en los más diversos escenarios, desde que se iniciara la última etapa de lucha de nuestra epopeya por la liberación definitiva.

Descanse en paz, Comandante. Nunca renunciaremos a su legado, sus enseñanzas están presentes en cada cubano cuando gritamos: “¡Yo soy Fidel!” (Exclamaciones de: “¡Yo soy Fidel! ¡Yo soy Fidel! ¡Yo soy Fidel!”) seguirán estando presentes.

La Revolución que usted soñó, inició y realizó, y a la que dedicó sin descanso toda su vida, la llevaremos adelante con absoluta lealtad, unidos en marcha indetenible como Martí, Maceo y Gómez, hasta conquistar toda la justicia y convertir el sueño de mármol de nuestro Apóstol, el suyo y el de todos los cubanos dignos, en una hermosa realidad.

La Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana seguirá consolidando la unidad generacional de los combatientes del Ejército Rebelde, de la Lucha Clandestina, Playa Girón, la Lucha Contra Bandidos, los combatientes internacionalistas, los miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior, como nos enseñó nuestro Héroe Nacional José Martí: con los pinos nuevos y los pinos viejos, formando un formidable haz. Los combatientes continuaremos la obra con sacrificio, coraje y convicción revolucionaria. Tenemos el reto de ser dignos de todos aquellos que cayeron por la Patria, desde los heroicos mártires del Moncada hasta los de las gloriosas misiones internacionalistas.

Todos, en un bloque monolítico, veteranos y jóvenes, reafirmamos que la mejor forma de rendirle tributo a Fidel es mantener la unidad bajo cualquier circunstancia, y ratificamos nuestra convicción de hacer realidad en el trabajo diario el concepto de Revolución enunciado por él. La Asociación de Combatientes es y será siempre como usted quiso, Comandante: un destacamento de primera línea para la batalla por salvar la Patria, la Revolución y el Socialismo que entre todos decidimos defender con la vida.

En la historia de Cuba, usted, discípulo brillante de José Martí, quedará inscrito como hijo sagrado de la Patria.

Querido Comandante en Jefe, para los combatientes de todas las generaciones presentes y para los del futuro, su ejemplo se mantendrá como bandera de lucha y de victorias, convencidos de que el pueblo cubano, como usted nos expresó en el VII Congreso del Partido: ¡vencerá!

¡Hasta siempre, Comandante! (Exclamaciones de: “¡Hasta siempre!”).

¡Patria o Muerte! ¡Venceremos! (Exclamaciones y aplausos).

Carlos Rafael Miranda Martínez

Palabras de Carlos Rafael Miranda Martínez, Coordinador Nacional de los Comités de Defensa de la Revolución, en el acto político en homenaje póstumo al Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Casto Ruz, en la Plaza Mayor General Antonio Maceo Grajales, de Santiago de Cuba, el 3 de diciembre de 2016, “Año 58 de la Revolución”[6].

Querido General de Ejército;

Invitados;

Pueblo de la heroica Santiago;

Compatriotas:

Fidel es Cuba, desde su temprano liderazgo estudiantil en la Universidad de La Habana, cuando una generación de jóvenes abnegados levantó contra la oscuridad sus antorchas para no dejar morir al Apóstol en el año de su centenario. Desde el Moncada, donde asumió la causa de las grandes mayorías desposeídas y explotadas, de los pobres de la Tierra a los que se refirió Martí, y salió a combatir, decidido a arriesgarlo todo por ellos.

Fidel es Cuba desde el Granma, la Sierra, la Caravana de la Libertad, donde tantos lo vimos pasar vigoroso, erguido y gigante; desde Girón y “los días luminosos y tristes” de la Crisis de octubre.

Fidel es Cuba porque Fidel es el pueblo, que continúa queriéndolo y dispuesto a seguirlo, como en las grandes batallas. ¿Qué cubano no conserva para sí en su casa, en su mesa de trabajo, en su cuarto, en su altar personal, una imagen de su líder? Él entró para siempre en nuestras vidas y pasó a formar parte de nuestra familia.

Fidel sigue estando junto al pueblo: entre la multitud en la Plaza, en las escuelas con los estudiantes, a pie de obra con los constructores, en el surco y en la fábrica con los que sudan la camisa, entre nuestros soldados y nuestros médicos, entre los intelectuales, maestros, científicos y deportistas, que continúan haciendo una Cuba mejor para todos.

Él está en lo más puro de cada uno de nosotros, en el espíritu solidario del internacionalismo que nos inculcó, en esa capacidad de dar amor que ha llevado al sacrificio a tantos cubanos, dispuestos, incluso, a entregar sus vidas por defender una causa noble.

Fidel es un país. Nada consiguieron en su pretensión de intimidar al pueblo reunido que esperaba por él, aquellos petardos que explotaron la noche del 28 de septiembre de 1960.

Vamos a establecer un sistema de vigilancia colectiva”, “están jugando con el pueblo y no saben la tremenda fuerza revolucionaria que hay en el pueblo”, expresó dirigiéndose a la concentración popular, que entonces le manifestó su respaldo unánime con una cerrada ovación.

Esa misma noche nacieron los CDR, auténtica creación de Fidel, organización genuinamente popular que solo seis meses más tarde desarticularía a los elementos que pretendieron servir de quinta columna a la brigada mercenaria derrotada en Girón.

Es simbólica la manera en que 50 años después, Fidel evoca los momentos fundacionales de los CDR y los relaciona con el protagonismo de la organización en múltiples batallas sostenidas por nuestro pueblo desde entonces hasta hoy. El 28 de septiembre de 2010, afirmó:

…los que vienen aquí y ven el esfuerzo que está haciendo nuestro pueblo en medio del hostigamiento del imperialismo, se admiran y se asombran de lo que un pueblo pequeño frente a tantos obstáculos es capaz de hacer.

¡Y gracias por los petarditos, porque nos han valido de mucho (…)! Y gracias porque ha servido para probar el temple que tiene nuestro pueblo, para probar el valor de nuestro pueblo… ¡Cada uno de nosotros somos soldados de la Patria, no nos pertenecemos a nosotros mismos, pertenecemos a la Patria!

¡No importa que cualquiera de nosotros caiga, lo que importa es que esa bandera se mantenga en alto, que la idea siga adelante!, ¡que la Patria viva!

Su orientación, su guía, sus oportunas críticas, sus alertas, convirtieron a la mayor organización de masas del país en una fuerza pujante de pueblo, firme, altruista, combativa, solidaria, depositaria de los valores humanos creados por la Revolución. Eso son los CDR, verdaderos representantes de nuestra sociedad civil socialista.

En cada joven mayor de 14 años que ingresa a la organización, en cada gota de sangre que se dona voluntariamente, en cada convocatoria a participar en planes de vacunación, procesos electorales, consultas populares, en cada trabajo voluntario, ahí están los Comités y, por supuesto, ahí está Fidel. La historia recordará que fue el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana el primero en donar sangre para los damnificados del terremoto de Perú, en 1970. Todavía se conservan las imágenes de una multitud esperándolo en el Banco de Sangre de la calle 23 del Vedado. Como en todo, ese día su brazo fue el primero.

Su ejemplo personal y sus valores humanos son nuestro “chaleco moral”. No se podría hablar de honestidad, responsabilidad, sentido patrio, antimperialismo y altruismo, sin mencionar a Fidel. Esos son nuestros baluartes, los que nos protegen y auxilian en el barrio, en la cuadra, y los que nos impulsan día a día a seguir luchando.

Fidel somos todos. Ocho millones y medio de cubanas y cubanos me acompañan esta noche, todos los cederistas. En nombre de ellos hablo. En nombre de los jubilados y las amas de casa, del médico, del policía, de los jóvenes y los estudiantes, de los recién graduados, de los carpinteros y los albañiles, de los artistas, en fin, de cada uno de los que conformamos la comunidad, de la gente sencilla de nuestros barrios.

Durante los últimos días, hemos estado unidos en el dolor por su pérdida física, pero también en el compromiso. Si algo nos dijo siempre Fidel fue que cuidáramos la unidad. Por eso hemos refrendado con nuestras firmas al pie de su concepto de Revolución el juramento de seguir sus ideas y cerrar filas junto al Partido y a Raúl en la construcción de un socialismo próspero y sostenible.

Masivamente salimos a acompañarlo en su recorrido de la victoria, ahora de regreso a Santiago. Viéndolo nuevamente pasar, al cabo de casi 58 años del paso triunfante de los rebeldes hacia La Habana, constatamos orgullosos lo que ha sido la Revolución para cada uno de nosotros, y todo lo que Fidel ha significado en nuestras vidas.

¡Yo soy Fidel!, ha proclamado en estos días, desde lo más íntimo, cada cubano digno. Hoy tenemos la convicción y el orgullo de que, multiplicado en millones, en cada revolucionario y luchador por la justicia de este planeta hay un Fidel.

¡Hasta la victoria siempre, Comandante!

Su consigna seguirá siendo la nuestra:

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos! (Exclamaciones de: “¡Viva Fidel” y “Yo soy Fidel!”)

Teresa M. Amarelle Boué

Palabras de Teresa M. Amarelle Boué, Secretaria General de la Federación de Mujeres Cubanas, en el acto político en homenaje póstumo al Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Casto Ruz, en la Plaza Mayor General Antonio Maceo Grajales, de Santiago de Cuba, el 3 de diciembre de 2016, “Año 58 de la Revolución”[7].

Querido Comandante:

La rebeldía de Casiguaya, el ansia libertaria de Carlota, el patriotismo de las mambisas y la desafiante lucha de las combatientes del llano y de la Sierra, cristalizaron en el país nuevo que fundaste en la aurora del 1ro. de enero. Con la conquista de una verdadera emancipación, por primera vez las mujeres cubanas fuimos protagonistas de nuestro propio destino, convirtiendo en realidad el reclamo que desde el comienzo de las luchas por la independencia hiciera Ana Betancourt.

Nos sumaste a tu ansia de justicia y de igualdad, nos impulsaste a unirnos y a organizarnos para constituirnos en una fuerza multiplicadora de todo nuestro potencial. Una revolución dentro de la revolución, así definiste la participación de las mujeres, con ese espíritu de combate se fundó la Federación de Mujeres Cubanas, espacio desde el que hemos crecido individual y colectivamente. La Revolución ha dignificado a las cubanas y las ha llevado a los más altos sitiales que proceso alguno haya alcanzado.

Con la misma pasión revolucionaria con que estremeciste nuestra conciencia, marcaste la ruta para todas las conquistas en los días luminosos de la Sierra y, con la creación del Pelotón Mariana Grajales, inmortalizaste el concepto de que cuando en un pueblo pelean los hombres y pueden pelear las mujeres, ese pueblo es invencible ¡y Cuba es invencible!

En los gestos de la vida cotidiana: el nacimiento de un bebé sano, la graduación de un adolescente, la promoción de la mujer a cargos de alta responsabilidad de dirección, está tu impronta, Fidel. También lo está en la destacada presencia que tenemos en la Asamblea Nacional del Poder Popular, en el lugar protagónico que ocupamos en las esferas de la educación, la ciencia, la salud, el sistema judicial, el deporte y la cultura, conquistas que hemos hecho realidad bajo tu orientación, tu profundo pensamiento humanista y tu visionaria concepción de justicia social, lo que para muchos en el mundo es todavía una utopía.

Porque nos sobran razones para estar orgullosas de lo alcanzado, por los valores y principios del socialismo que caracterizan a la Revolución que defendemos, las federadas hemos rubricado tu concepto de Revolución en todo el país, como una manera de ratificar que has entrado a la inmortalidad, porque tu cuerpo físico dejó de existir, pero tus ideas y tu verdad incuestionable germinarán en cada nueva generación de mujeres nacidas en esta Isla. Nos sentimos comprometidas por haber vivido tu tiempo, Fidel, y para continuar erigiendo la obra extraordinaria que creaste.

¡Las cubanas somos la Revolución!, porque ella nos abrió el camino de la libertad y la justicia, porque nos proporcionó la posibilidad de convertirnos en seres humanos plenos, investidas de derechos y en protagonistas de la Cuba nueva que tú y el ejército de vanguardia que lideraste con tanta hidalguía, construyeron y que arrancó de raíz lustros de discriminación, exclusión e ignominia.

Fidel se multiplica —como han dicho ustedes— en cada patriota que se levanta contra el imperialismo y cultiva dignidad y sentimientos. ¡Tú no has muerto, Fidel!: vives en cada cubana, en nuestros hijos, en nuestros nietos; vives en cada revolucionario y revolucionaria de tu Patria agradecida y del mundo.

Gracias, Comandante, por tus enseñanzas, por tu ejemplo y tu confianza en el liderazgo indiscutible de las mujeres. ¡No te fallaremos jamás!, y junto a Raúl, seguiremos adelante en la construcción de nuestro socialismo.

Aquí, en la heroica Santiago, que como toda Cuba seguirá siendo antimperialista; pioneras, estudiantes, campesinas, obreras, científicas, deportistas, artistas, combatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Ministerio del Interior, amas de casa y jubiladas, repetimos las palabras dirigidas a Fidel de quien por siempre será la Presidenta de nuestra Federación de Mujeres Cubanas, Vilma Espín: “Amamos en ti a la Patria. ¡Brillante timonel que supiste llevar la proa hacia la luz!”

En esta hora de dolor y de compromiso, patentizamos, una vez más, nuestro compromiso de: ¡Patria o Muerte!

Comandante en Jefe: ¡Ordene! (Exclamaciones de: “¡Ordene!”)

¡Raúl, usted puede contar con las mujeres cubanas!

¡Hasta la Victoria Siempre! (Exclamaciones de: “¡Siempre!” y de: “¡Patria o Muerte, Venceremos!”)

(Las cubanas: ¡Somos la Revolución!)

Miguel Barnet Lanza

Palabras de Miguel Barnet Lanza, presidente de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, en el acto político en homenaje póstumo al Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Casto Ruz, en la Plaza Mayor General Antonio Maceo Grajales, de Santiago de Cuba, el 3 de diciembre de 2016, “Año 58 de la Revolución”[8].

Queridos compañeros y compañeras;

Pueblo santiaguero heroico siempre;

Querido Raúl:

Es esta la ocasión más triste que he tenido en mi ya larga vida como escritor y revolucionario. Hablar de nuestro Fidel, cuando él no está físicamente, me produce un gran dolor. Nunca hubiera querido que mis palabras de elogio a su persona, a su vida, fueran en su ausencia.

Para mí, sin embargo, es un alto honor poder recordar su extraordinario mérito como genio político, como auténtico revolucionario y como intelectual comprometido con su época y con el destino de la humanidad. Fidel rompió el esquema del político tradicional. Devolvió a la política lo que ella es en su esencia: un arte para llevar felicidad a los seres humanos.

Fue un incansable luchador por la paz y contra las burdas trapisondas de la demagogia y el populismo. Su ética, acompañada de una dignidad a toda prueba, lo convirtió en un paradigma de los siglos XX y XXI, con un pensamiento y una acción sin precedentes en la historia política del continente latinoamericano.

Ninguno de sus contemporáneos podrá medirse con su estatura de gigante. Definió para nuestro país un nuevo concepto de nación y con ello contribuyó a una moderna concepción de lo verdaderamente revolucionario. Fue a las raíces de la historia para extraer de ella su más nutricia savia.

Combatió los males de la República neocolonial siendo apenas un joven estudiante universitario. Fue líder por vocación martiana y ejemplo para sus coetáneos.

Así, dio inicio a la forja de un grupo de acciones políticas que culminarían con el triunfo de la Revolución socialista. Nada lo detuvo, ni las contingencias de un revés militar o las duras experiencias de combatiente en la Sierra Maestra.

Desde siempre fue artífice de la unidad, y enfrentó tendencias políticas e intereses encontrados. Luchó en una selva feroz de frívolas y mezquinas aspiraciones burguesas. Y triunfó con la tenacidad expresada en aquel apotegma de “si salgo llego, si llego entro, y si entro triunfo”.

Nadie lo superó, ni su más acérrimo enemigo pudo vencerlo, porque él conjugó su talento de estratega militar con su capacidad intelectual y su vasta cultura. Articuló de manera armónica el pensamiento bolivariano, martiano y marxista, lo que le dio a la Revolución Cubana una proyección de universalidad única en el mundo. Desde ese postulado, defendió la independencia de Argelia, combatió la injusta guerra en Vietnam y luchó contra el apartheid en África.

Su antimperialismo no tuvo treguas ni fue rehén de concesión alguna. Su visión geopolítica fue su arma más eficaz para ganar todas las batallas al enemigo. Fue un maestro en la creación de una conciencia nacional, política y cultural a través de la prensa, y en sus discursos en foros políticos y particularmente en los Congresos y Consejos Nacionales de la UNEAC y de la UPEC. Su capacidad movilizadora no tuvo precedentes en la historia de Cuba.

Ese fue el Fidel estadista, pero el intelectual no quedó a la zaga. En sus históricas “Palabras a los intelectuales” diseñó la plataforma de la política cultural de Cuba, con una visión democrática e inclusiva. Se organizó la campaña de alfabetización, —primer gran logro cultural de la Revolución— y se crearon instituciones que promovieron las artes y las letras como el ICAIC, la Casa de las Américas, La Unión de Escritores y Artistas de Cuba, el sistema de enseñanza artística y un grupo de instituciones que han promovido el desarrollo del país. El libro dejó de ser un privilegio para convertirse en artículo de primera necesidad. Todo ese programa, ¡todo!, fue iniciativa de Fidel y uno de sus mayores legados. Y en el momento más difícil del período especial, cuando casi estuvimos tocando fondo, la máxima con la que clausuró un Consejo de la UNEAC fue “la cultura es lo primero que hay que salvar”. Ese es Fidel, el hombre que nos ilumina. Hace apenas unos días un periodista me preguntó, ¿Cómo será Cuba sin Fidel? Y yo le contesté “Cuba sin Fidel no sería la Cuba que es hoy, ¿concibe usted a Cuba sin Martí?”

Cierro estas palabras con un poema que escribí hace 40 años y que titulé Fidel.

Es cierto que los poetas

Atrapan instantes de la vida

Y los fijan en la historia

Generalmente el pasado

vago y nostálgico

o el presente inmediato con sus fuegos sutiles

y sus reverberaciones

Pero, qué difícil atrapar el futuro,

y colocarlo para siempre

en la vida de todos los poetas,

de todos los hombres.

Fidel, los escritores y artistas cubanos no te olvidaremos nunca, nosotros también somos Fidel.

Gracias (Aplausos y Exclamaciones de: “¡Viva Fidel!”)

Jennifer Bello Martínez

Palabras de Jennifer Bello Martínez, presidenta de la Federación Estudiantil Universitaria, en el acto político en homenaje póstumo al Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Casto Ruz, en la Plaza Mayor General Antonio Maceo Grajales, de Santiago de Cuba, el 3 de diciembre de 2016, “Año 58 de la Revolución”[9].

Compatriotas;

Amigos de otras latitudes que nos acompañan:

Decía José Martí que solo hay algo comparable al placer de hallar un amigo, y es precisamente el dolor de perderlo. Hoy, reunidos en esta histórica Plaza, le decimos Hasta Siempre al luchador incansable, al Quijote de todos los tiempos, al eterno universitario, al revolucionario completo, pero sobre todo al padre, al hermano, al amigo de la universidad, de sus estudiantes, de su pueblo, de América Latina y de todos los luchadores por las causas justas.

Fidel, para los estudiantes cubanos, simboliza fuerza, energía, fe en la Revolución y compromiso con la Patria. La necesidad de sentir el palpitar de su palabra, de sus ideas, su mirada profunda, la gestualidad de sus manos y la firmeza de sus pasos se ha acrecentado durante estos días; Fidel dejó en nosotros el aliento para seguir existiendo, para seguir batallando.

En la universidad se formó como revolucionario, en la misma universidad multiplicada donde generaciones de jóvenes universitarios encuentran hoy un sentido de la vida que se traduce en espíritu rebelde, en ideas profundas de justicia y dignidad humana, en permanente compromiso social.

Difícil resultará alejarnos de las historias que tejió con su presencia en la universidad. Fidel volvía a la escalinata una y otra vez para hablarles a los jóvenes, a su Alma Mater que siempre lo acompañó, porque allí no solo se hizo martiano, marxista y revolucionario, sino que forjó la libertad de todo el pueblo. En la universidad cubana dejó su huella imperecedera. ¡Fidel está y estará, porque el Comandante en Jefe somos todos!

Esta Revolución la defenderemos siempre, no dejaremos caer jamás la espada ni la bandera, los estudiantes no le fallaremos. Ratificamos el compromiso de avanzar hacia el porvenir con sus principios e ideales. Las universidades y escuelas cubanas serán nuestro Moncada, nuestro Granma, nuestra Sierra, nuestro Girón. ¡Cuba es nuestra para cuidarla y defenderla!

Ante Usted, Comandante, que nos alienta, ante la estatua del Titán de Bronce y ante este pueblo que ha venido a rendirle tributo, queremos ratificar que seremos fieles y leales seguidores de Martí, que seremos fieles y leales seguidores de Maceo. Y con ellos, los estudiantes cubanos decimos hoy, para Usted, para Raúl y nuestro Partido, que Cuba es y será un eterno Baraguá.

¡Viva por siempre Fidel! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)

¡Viva la Revolución Cubana! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)

¡Hasta la Victoria Siempre! (Exclamaciones de: “¡Siempre!”) (Aplausos y exclamaciones).

Susely Morfa González

Palabras de Susely Morfa González, Primera Secretaria de la Unión de Jóvenes Comunistas, en el acto político en homenaje póstumo al Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Casto Ruz, en la Plaza Mayor General Antonio Maceo Grajales, de Santiago de Cuba, el 3 de diciembre de 2016, “Año 58 de la Revolución”[10].

Querido General de Ejército Raúl Castro Ruz;

Compatriotas:

La patria, en su devenir histórico, tiene momentos de gloria infinita y de pesar profundo. Hoy vivimos ese instante difícil en que debemos contemplar, consternados y firmes, la partida del soldado ejemplar; el continuador martiano de la obra grande, que nos ha hecho crecer como nación ante los ojos de un mundo que desde 1959 nos respeta y admira.

¿Cómo encontrar, en un momento como este, la palabra correcta, la frase abarcadora, la idea que resuma el magnífico legado de una vida dedicada a edificar un mundo mejor? ¿Cómo reunir en pocas líneas los sentimientos de un país, las risas de tantos niños, los sueños realizados de tantos jóvenes, el gesto agradecido de tantos pueblos? ¿Cómo conjugar, en breves minutos, grandeza y humildad?

Millones de cubanos y de revolucionarios de todo el planeta hemos crecido con las enseñanzas del Comandante en Jefe; aprendimos que los principios deben ser inquebrantables, que rendirse nunca será la opción; que ser antimperialista es la esencia de nuestras luchas históricas, que la solidaridad y el internacionalismo nos hacen crecer como seres humanos y nos dan la insuperable satisfacción de sentirnos útiles; que toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz, y que no debemos mentir jamás.

Muchas historias nos vienen a la mente, momentos cargados de dignidad y decoro, imágenes de un líder que nos llena de orgullo y satisfacción, al cual queremos parecernos porque jamás aceptó la segunda fila en el combate, el lugar seguro en el ciclón, el descanso mientras quedara algo por hacer; que aborrecía la más mínima muestra de racismo o discriminación en cualquiera de sus manifestaciones; el comunista comprometido con su tiempo, ese es Fidel; el luchador incansable que a fuerza de la verdad y las ideas fue absuelto por la historia; el que no abandonó al combatiente en el Granma cuando cayó; el que se fue a Girón a comandar su tropa y cortó la misma caña que cortaba su pueblo; el que condujo la lucha por el regreso de Elián y cumplió la promesa del justo retorno de nuestros Cinco Héroes.

En lo adelante, asumimos un compromiso aún mayor con sus ideas y sus concepciones revolucionarias, seremos mejores en el estudio, en el trabajo y en la defensa de la patria, mucho más altruistas, consagrados e intransigentes, sentir que en cada uno de nosotros continúa la obra siempre perfectible de los revolucionarios verdaderos como él, los que encuentran en el cumplimiento del deber la mayor satisfacción.

Nuestro querido Fidel marcha hacia la inmortalidad, y hoy, sobreponiéndonos al dolor, ratificamos las nuevas generaciones de cubanos que jamás dejaremos de ser fieles a su legado y no defraudaremos la confianza que siempre depositó en la juventud.

Y si un día de octubre de 1967 nuestro Comandante nos pidió que fuéramos como el Che, paradigma de trabajo y entrega, hoy debemos decir que los niños, adolescentes y jóvenes cubanos de esta generación aspiramos a ser como Fidel.

Gracias, querido Comandante; gracias, querido Raúl por luchar tanto y entregarnos esta Revolución victoriosa y esta patria libre y digna. Comandante, tus niños y jóvenes te hemos llorado, te hemos aclamado, te hemos jurado fidelidad y compromiso, y no podía ser de otra manera. Esta juventud es fruto de tu lucha, es hija de Raúl, de la generación histórica, y estamos dispuestos a defender la Revolución al precio que sea necesario. Los jóvenes cubanos asumimos una sola orden: Cuidar siempre esta Revolución.

Juramos luchar mientras exista imperialismo y con la guía certera de nuestro Partido no fallaremos.

¡Hasta la victoria siempre!

¡Viva eternamente nuestro Comandante Fidel! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos! (Exclamaciones.)

Raúl Castro Ruz

Discurso pronunciado por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en el acto político en homenaje póstumo al Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Casto Ruz, en la Plaza Mayor General Antonio Maceo Grajales, de Santiago de Cuba, el 3 de diciembre de 2016, “Año 58 de la Revolución”[11].

Estimados Jefes de Estado y de Gobierno;

Destacadas personalidades que nos acompañan;

Compatriotas que se encuentran hoy aquí en representación de las provincias orientales y el Camagüey;

Santiagueras y santiagueros;

Querido pueblo de Cuba:

En la tarde de hoy, tras su arribo a esta heroica ciudad, el cortejo fúnebre con las cenizas de Fidel, que reeditó en sentido inverso la Caravana de la Libertad de enero de 1959, realizó un recorrido por sitios emblemáticos de Santiago de Cuba, cuna de la Revolución, donde, al igual que en el resto del país, recibió el testimonio de amor de los cubanos.

Mañana sus cenizas serán depositadas en una sencilla ceremonia en el Cementerio de Santa Ifigenia, muy cerca del mausoleo del Héroe Nacional José Martí; de sus compañeros de lucha en el Moncada, el Granma y el Ejército Rebelde; de la clandestinidad y las misiones internacionalistas.

A pocos pasos se encuentran las tumbas de Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, y de la legendaria Mariana Grajales, madre de los Maceo, y me atrevo a improvisar en este acto, que también madre de todos los cubanos y cubanas. Cercano también está el panteón con los restos del inolvidable Frank País García, joven santiaguero, asesinado por esbirros de la tiranía batistiana con apenas 22 años, un mes después de que cayera combatiendo en una acción en esta ciudad su pequeño hermano Josué. La edad de Frank no le impidió acumular una ejemplar trayectoria de combate contra la dictadura, en la que se destacó como jefe del levantamiento armado de Santiago de Cuba, el 30 de noviembre de 1956, en apoyo al desembarco de los expedicionarios del Granma, así como la organización del decisivo envío de armamento y combatientes al naciente Ejército Rebelde en la Sierra Maestra.

Desde que se conoció, ya tarde en la noche del 25 de noviembre, la noticia del deceso del líder histórico de la Revolución Cubana, el dolor y la tristeza se adueñaron del pueblo que, profundamente conmovido por su irreparable pérdida física, demostró entereza, convicción patriótica, disciplina y madurez al acudir de forma masiva a las actividades de homenaje organizadas y hacer suyo el juramento de fidelidad al concepto de Revolución, expuesto por Fidel el Primero de Mayo del año 2000. Entre los días 28 y 29 de noviembre millones de compatriotas estamparon sus firmas en respaldo a la Revolución.

En medio del dolor de estas jornadas nos hemos sentido reconfortados y orgullosos, una vez más, por la impresionante reacción de los niños y jóvenes cubanos, que reafirman sus disposición a ser fieles continuadores de los ideales del líder de la Revolución.

En nombre de nuestro pueblo, del Partido, el Estado, el Gobierno y de los familiares reitero el agradecimiento más profundo por las incontables muestras de afecto y respeto a Fidel, sus ideas y su obra, que continúan llegando desde todos los confines del planeta.

Fiel a la ética martiana de que “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”, el líder de la Revolución rechazaba cualquier manifestación de culto a la personalidad y fue consecuente con esa actitud hasta las últimas horas de vida, insistiendo en que, una vez fallecido, su nombre y su figura nunca fueran utilizados para denominar instituciones, plazas, parques, avenidas, calles u otros sitios públicos, ni erigidos en su memoria monumentos, bustos, estatuas y otras formas similares de tributo.

En correspondencia con la determinación del compañero Fidel, presentaremos al próximo período de sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, las propuestas legislativas requeridas para que prevalezca su voluntad.

Con razón, el querido amigo Bouteflika, presidente de Argelia, expresó que Fidel poseía la extraordinaria capacidad de viajar al futuro, regresar y explicarlo. El 26 de Julio de 1989, en la ciudad de Camagüey, el Comandante en Jefe predijo, con dos años y medio de antelación, la desaparición de la Unión Soviética y el campo socialista, y aseguró ante el mundo que si se dieran esas circunstancias, Cuba continuaría defendiendo las banderas del socialismo.

La autoridad de Fidel y su relación entrañable con el pueblo fueron determinantes para la heroica resistencia del país en los dramáticos años del período especial, cuando el Producto Interno Bruto cayó un 34,8% y se deterioró sensiblemente la alimentación de los cubanos, sufrimos apagones de 16 y hasta 20 horas diarias y se paralizó buena parte de la industria y el transporte público. A pesar de ello se logró preservar la salud pública y la educación a toda nuestra población.

Vienen a mi mente las reuniones del Partido en los territorios: oriental, en la ciudad de Holguín; central, en la ciudad de Santa Clara, y occidental, en la capital de la república, La Habana, efectuadas en julio de 1994 para analizar cómo enfrentar con mayor eficiencia y cohesión los retos del período especial, el creciente bloqueo imperialista y las campañas mediáticas dirigidas a sembrar el desánimo entre la ciudadanía. De esas reuniones, incluyendo la de occidente, que presidió Fidel, salimos todos convencidos de que con la fuerza y la inteligencia de las masas cohesionadas bajo la dirección del Partido, sí se podía y se pudo convertir el período especial en una nueva batalla victoriosa en la historia de la patria.

Entonces pocos en el mundo apostaban por nuestra capacidad de resistir y vencer ante la adversidad y el reforzado cerco enemigo; sin embargo, nuestro pueblo bajo la conducción de Fidel dio una inolvidable lección de firmeza y lealtad a los principios de la Revolución.

Al rememorar esos difíciles momentos, creo justo y pertinente retomar lo que sobre Fidel expresé el 26 de Julio de 1994, uno de los años más difíciles, en la Isla de la Juventud, hace más de 22 años, cito: “...el más preclaro hijo de Cuba en este siglo, aquel que nos demostró que sí se podía intentar la conquista del Cuartel Moncada; que sí se podía convertir aquel revés en victoria”, que logramos cinco años, cinco meses y cinco días, aquel glorioso Primero de Enero de 1959, esto último añadido a las palabras textuales que dije en aquella ocasión (Aplausos).

Nos demostró “que sí se podía llegar a las costas de Cuba en el yate Granma; que sí se podía resistir al enemigo, al hambre, a la lluvia y el frío, y organizar un ejército revolucionario en la Sierra Maestra tras la debacle de Alegría de Pío; que sí se podían abrir nuevos frentes guerrilleros en la provincia de Oriente, con las columnas de Almeida y la nuestra; que sí se podía derrotar con 300 fusiles la gran ofensiva de más de 10 000 soldados”, que al ser derrotados el Che escribió en su Diario de Campaña, que con esa victoria se le había partido la columna vertebral al ejército de la tiranía; “que sí se podía repetir la epopeya de Maceo y Gómez, extendiendo con las columnas del Che y Camilo la lucha desde el oriente hasta el occidente de la isla; que sí se podía derrocar, con el respaldo de todo el pueblo, la tiranía batistiana apoyada por el imperialismo norteamericano.

“Aquel que nos enseñó que sí se podía derrotar en 72 horas” y aún menos, “la invasión mercenaria de Playa Girón y proseguir al mismo tiempo la campaña para erradicar el analfabetismo en un año”, como se logró en 1961.

Que sí se podía proclamar el carácter socialista de la Revolución a 90 millas del imperio, y cuando sus naves de guerra avanzaban hacia Cuba, tras las tropas de la brigada mercenaria; que sí se podía mantener con firmeza los principios irrenunciables de nuestra soberanía sin temer al chantaje nuclear de Estados Unidos en los días de la Crisis de los misiles en octubre de 1962.

“Que sí se podía enviar ayuda solidaria a otros pueblos hermanos en lucha contra la opresión colonial, la agresión externa y el racismo.

“Que sí se podía derrotar a los racistas sudafricanos, salvando la integridad territorial de Angola, forzando la independencia de Namibia y asestando un rudo golpe al régimen del apartheid.

“Que sí se podía convertir a Cuba en una potencia médica, reducir la mortalidad infantil a la tasa más bajas del Tercer Mundo, primero, y del otro mundo rico después; porque en este continente por lo menos tenemos menos mortalidad infantil de menores de un año de edad que Canadá y los propios Estados Unidos (Aplausos), y, a su vez, elevar considerablemente la esperanza de vida de nuestra población.

“Que sí se podía transformar a Cuba en un gran polo científico, avanzar en los modernos y decisivos campos de la ingeniería genética y la biotecnología; insertarnos en el coto cerrado del comercio internacional de fármacos; desarrollar el turismo, pese al bloqueo norteamericano; construir pedraplenes en el mar para hacer de Cuba un archipiélago cada vez más atractivo, obteniendo de nuestras bellezas naturales un ingreso creciente de divisas.

“Que sí se puede resistir, sobrevivir y desarrollarnos sin renunciar a los principios ni a las conquistas del socialismo en el mundo unipolar y de omnipotencia de las transnacionales que surgió después del derrumbe del campo socialista de Europa y de la desintegración de la Unión Soviética.

“La permanente enseñanza de Fidel es que sí se puede, que el hombre es capaz de sobreponerse a las más duras condiciones si no desfallece su voluntad de vencer, hace una evaluación correcta de cada situación y no renuncia a sus justos y nobles principios.” Fin de la cita.

Esas palabras que expresé hace más de dos décadas sobre quien, tras el desastre del primer combate en Alegría de Pío, del que pasado mañana se cumplirán 60 años, nunca perdió la fe en la victoria, y 13 días después, ya en las montañas de la Sierra Maestra, un 18 de diciembre del año mencionado, al reunir siete fusiles y un puñado de combatientes, exclamó: “¡Ahora sí ganamos la guerra! (Aplausos y exclamaciones de: “¡Fidel, Fidel! ¡Ese es Fidel!”)

Ese es el Fidel invicto que nos convoca con su ejemplo y con la demostración de que ¡Sí se pudo, sí se puede y sí se podrá! (Aplausos y exclamaciones de: “¡Sí se puede!) O sea, repito que demostró que sí se pudo, sí se puede y se podrá superar cualquier obstáculo, amenaza o turbulencia en nuestro firme empeño de construir el socialismo en Cuba, o lo que es lo mismo, ¡Garantizar la independencia y la soberanía de la patria! (Aplausos.)

Ante los restos de Fidel en la Plaza de la Revolución Mayor General Antonio Maceo Grajales, en la heroica ciudad de Santiago de Cuba, ¡Juremos defender la patria y el socialismo! (Exclamaciones de: “¡Juramos!) Y juntos reafirmemos todos la sentencia del Titán de Bronce: “Quien intente apropiarse de Cuba, recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha! (Exclamaciones.)

¡Fidel, Fidel! ¡Hasta la Victoria! (Exclamaciones de: “¡Siempre!) (Exclamaciones de: “¡Raúl es Fidel! y de: “¡Raúl, tranquilo, el pueblo está contigo!”

Referencias