Balbino (emperador)

Décimo Celio Calvino Balbino
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Emperador
Bohuslav Balbin.jpg
Moneda con la imagen de Balbino
Nombre real Décimo Celio Calvino Balbino
Nacimiento Año 178
Fallecimiento Año 238
Predecesor Gordiano I y II
Sucesor Gordiano III
Balbino. Fue un emperador romano. Pertenecía a la familia noble romana de los Caelio y pasó una carrera administrativa normal. En 238 y a la edad de 60 años el senado le eligió como miembro del colegio encargado de defender Roma contra Maximino el Tracio quien había sido declarado enemigo público.

Datos biográficos

Todo parece indicar que provenía de una familia de alto rango y que era descendiente de Publio Caelio Balbino quien fue cónsul en el año 137, también estaría emparentado con Quinto Pompeyo Falco, otro importante político del siglo II y con el ingeniero y autor de estrategia militar Julio Fontino, aunque estos vínculos no están del todo comprobados. Se sabe en cambio que su padre fue Caelio Calvino, quien fue legado militar en Capodocia entorno al año184, aunque no está claro si fue su padre biológico o adoptivo. El propio Balbino gobernó varias provincias, pero no se tiene claro cuales ni en que años. Fue dos veces cónsul, la primera vez se supone que fue entorno al 203, lo que correspondería al reinado de Septimio Severo y la segunda se sabe que fue en el año 213 junto a Caracalla, lo que hace suponer que se trataba de una figura muy cercana al Emperador.

Poco se sabe de él desde entonces hasta el año 238, en el cual los Gordianos se levantan en armas desde la provincia de África contra el gobierno de Maximino el Tracio. Ansiosos por desembarazarse de este Emperador, el Senado nombra una comisión de notables encargada de proteger Roma del monarca, entre los que se encuentra Balbino. Cuando los Gordianos son finalmente asesinados, el senado decide continuar luchando y nombra el 22 de abril a Balbino y a Pupieno como Emperadores. La desconfianza entre ambos empezaría desde el primer momento. Pupieno marchó a combatir contra Maximino, mientras Balbino se quedó en Roma encargándose de la administración. Cuando Pupieno llegó para enfrentarse a las tropas de Maximino se encontró que éstas lo habían asesinado por lo que no le costó demasiado dominar la situación, regresó entonces triunfante a Roma, lo que terminó de deteriorar las relaciones con Balbino.

Si bien contaban con el respaldo de la clase política romana, no lograron obtener popularidad en las calles ni con los ejércitos ni dar solución a la caótica situación que se estaba viviendo. El 29 de Julio la guardia pretoriana irrumpió en palacio, se encontró con los dos emperadores discutiendo y los asesinó a ambos. Gordiano III, quien había sido nombrado sucesor por ambos ocupó el trono inmediatamente.

Durante su reinado

El sucesor de Alejandro Severo, Maximino, tracio de origen, se distinguía por su elevada estatura, sus fuerzas físicas y una voracidad extremada, así como por su ambición y su crueldad; se apoderó de las riquezas de los templos y de los pueblos, sacrificando sin piedad a centenares de personas distinguidas por su virtud o por sus riquezas. Se sublevan contra él, el pueblo y el ejército; pero consiguió vencerlos, costando la vida a un gran número de ciudadanos.

Las legiones de África proclamaron emperador al procónsul Gordiano, que por su avanzada edad de ochenta años, asoció en el mando a su hijo, llamado también Gordiano. El senado, indignado por las violencias de Maximino, lo declaró enemigo de la patria, y se apresuró a reconocer a los Gordianos; pero el gobernador de la Mauritania partidario de Maximino, venció a Gordiano el Joven que pereció en el combate, y el Anciano se quitó la vida.

El senado, enemigo de Maximino, nombró dos emperadores Máximo Pupieno y Balbino; pero el pueblo, partidario de los Gordianos, prefiere a Gordiano III, originándose de aquí una sangrienta lucha. Maximino en tanto, desde Germania donde se encontraba, se dirige a Roma, y sitiando de camino la ciudad de Aquileya, fue asesinado por sus soldados. Poco después los pretorianos y el pueblo de Roma, enemigos de las hechuras del senado, quitaron la vida a Pupieno y Balbino, proclamando en su lugar a Gordiano.

Juicio sobre la anarquía militar

Ni Roma, ni pueblo alguno, registra en su historia una época tan calamitosa, como los 50 años que trascurrieron desde Maximino hasta Diocleciano, cuyos principales acontecimientos acabamos de reseñar. En menos tiempo, y con menos motivo, otras naciones han desaparecido de la historia; y Roma, sin embargo, vive y se repone; llegan momentos en que todos sus órganos parecen disgregarse, como atacados de muerte próxima, la disolución y la ruina se presentan como inevitables y necesarias; no obstante Roma no muere en estas agonías, sino que con pasmosa facilidad se mejora, vuelve a la vida, recobra sus fuerzas, ostentándose de nuevo como siempre grande y majestuosa. Roma decae y se rehabilita al tenor de las condiciones de sus emperadores; pero Roma no muere nunca.

Un fenómeno tan singular tiene su causa y su explicación en la fuerza y energía de la constitución de Roma, en la firmeza de sus instituciones. Roma imperial continúa siendo la Roma republicana; los esfuerzos de algunos emperadores para desarraigar las instituciones antiguas, no dieron nunca el resultado que sus autores se proponían; y esas instituciones debilitadas, pero no destruidas, constituyen el elemento salvador de Roma. Si Roma hubiera sido un Estado puramente monárquico, como lo fueron los imperios de Oriente, hubiera perecido indefectiblemente en tiempo de los emperadores monstruos, y con más razón durante la anarquía militar.


Por otra parte, Roma cumple su misión de unificar el mundo y extender su vida a todos los pueblos, contribuyendo a ello en gran manera hasta la época calamitosa y anárquica que ahora nos ocupa. La persona sagrada de los emperadores deja ya de pertenecer exclusivamente a Roma para comunicarse a las provincias, a las aldeas, y hasta a los bárbaros.


Es el último privilegio, de que Roma se despoja, la última manifestación de la lucha eterna entre patricios y plebeyos, entre Roma e Italia, entre Roma y los pueblos todos del Imperio. Hasta aquí Roma lo era todo, el Imperio estaba Roma; de hoy más Roma está en todas partes. Y como es natural, la conquista de un privilegio tan importante, no se llevó a cabo en paz y tranquilamente, sino que costó luchas sin cuento, ríos de sangre; tan grande era la trascendencia del hecho que se debatía.

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