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Batalla de Vilcapugio

Batalla de Vilcapugio
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Batalla de Vilcapugio
Fecha:1 de octubre de 1813
Lugar:Vilcapugio, Departamento de Oruro, Bandera de Bolivia Bolivia.
Descripción:
En mayo de 1813 las fuerzas patriotas no habían podido avanzar de Jujuy. El 12 de este mes el general Belgrano explicaba al Gobierno que se hallaban desprovistas de armamento, vestuario y cabalgaduras; la infantería “casi sin calzados”. Agregaba: “Apenas se halla aquí el Nº 1 para custodiar el gran armamento que tenemos, el parque y la maestranza, y los hospitales de sangre y enfermedades”. Superando dificultades, en setiembre los 3.600 hombres que componían el Ejército patrio se movieron hacia la llanura de Vilcapugio, entre Potosí y Cochabamba. El 1º de Octubre allí chocaron con el Ejército Real del Perú, mandado por el general Joaquín de la Pezuela.
Resultado:
Victoria realista
Consecuencias:
Los patriotas perdieron en Vilcapugio unos trescientos hombres, muertos en combate, más de cuatrocientos fusiles y casi toda su artillería. Lograron reunir, entre Macha y Potosí, unos mil hombres, nada más, ya que el resto había desbandado. El bando realista, en tanto, no salió tanto mejor de la parada, al menos quinientos cincuenta bajas entre muertos y heridos, y una gran dispersión a causa de la huida del ala izquierda y sector central de su formación de batalla. Las pérdidas, además de la falta de caballos, evitan que Pezuela inicie la persecución de los patriotas.
País(es) involucrado(s)
Bandera de Argentina Argentina, Bandera de España España.
Líderes:
Comandantes: Joaquín de la Pezuela, Manuel Belgrano.


Batalla de Vilcapugio: Librada en 1 de octubre 1813 durante la segunda campaña del Alto Perú en el periodo de la Guerra de la Independencia Argentina, donde las fuerzas republicanas al mando del general Manuel Belgrano, fueron derrotadas por el ejército realista pro-español, dirigido por Joaquín de la Pezuela.

Origen

La campaña se reinició por los triunfos y la insistencia del gobierno en Buenos Aires después de las victorias del Ejército del Norte durante las batallas de Tucumán y Salta. A pesar de estar enfermo de paludismo y tener que mandar una compañía de nuevos reclutas con artillería insuficiente, Belgrano aceptó el puesto de mando. Contando con el apoyo del coronel Baltasar Cárdenas y los 2.000 nativos mal organizados bajo su mando de la provincia de Oruro, y el coronel Cornelio Zelaya con las fuerzas de Cochabamba. Los cuales tenían órdenes de aumentar las poblaciones indígenas contra las autoridades españolas. Estando al tanto que el ejército realista no tenía mulas suficientes para mover sus provisiones y artillería, Belgrano tenía previsto utilizar un movimiento clásico de pinza para atacar por el frente, con la seguridad de que el general Pezuela no se atrevería a jugarse en una batalla el destino de la campaña.

La mayor parte del ejército de Belgrano a finales de septiembre de 1813, llegó a la llanura de Vilcapugio, la cual se caracterizaba por ser era una meseta rodeada por altas montañas varios kilómetros al norte de Potosí. Las tropas realistas se asentaron más al oeste en el Condo-Condo bajo las órdenes de Pezuela y el Mayor Saturnino Castro, logrando este tomar por sorpresa y totalmente derrotar a las tropas nativas de Cárdenas en Ancacato, 23 km al norte de la sede de Belgrano. Tras la victoria Castro le ocupo varios documentos a Cárdenas, en los cuales se encontraban instrucciones de Belgrano, cortando la comunicación con él. Con estos documentos Pezuela fue capaz de interrumpir los planes de Belgrano y comenzó su avance en las montañas el 1 de octubre, mucho antes que la caballería de Zelaya de Cochabamba la cual debía unirse al ejército republicano en Vilcapugio.

Este enfrentamiento tomó por sorpresa a las tropas argentinas. Aun así, las secciones de soldados veteranas del Ejército del norte contuvieron e hicieron retroceder el ala izquierda y centro realista, hasta el punto que el mismo Pezuela reconocería en sus partes al Virrey de Lima que daba por perdida la batalla, pero su propia ala derecha se mantenía en el campo de acción, y derrotaba a la sección izquierda argentina. Si el ejército del norte hubiera continuado la persecución de las rotas tropas españolas, o atacado la sección de este que se encontraba en el campo de batalla, la victoria era segura. Pero la llegada de la caballería realista al mando de Saturnino Castro hizo pánico entre los rebeldes, causando que se dispersaran.[1] El ejército realista se reorganizó y se apropió de toda la artillería, bombardeando constantemente a los soldados que se mantenían en el campo de batalla. Hacia las dos de la tarde, comienzan a reunirse en el campo los hombres que habían salido en desbandada. Con la cautela que caracterizó su campaña, Belgrano decide que no puede proseguir el combate, sino salvar a su tropa de una destrucción completa, por lo cual decide retirarse a Cochabamba, en tanto que instruye a Díaz Vélez para que se dirija a Potosí, procurando además tratar de reunir a los hombres que habían huido en aquella dirección.

La retirada resultó por demás penosa, uno de los relatos sobre ella lo hizo el general Paz:

"Caminamos el resto de la tarde y llegamos al anochecer a un lugar árido, llamado El Toro, que dista 3 leguas de Vilcapugio, y donde sólo había uno o dos ranchos inhabitados. Es la primera vez que comí carne de llama; la noche era extremadamente fría y sólo habíamos escapado con lo encasillado. Había oficiales que se tuvieron por felices de hallar un cuero de llama, chorreando sangre, en qué envolverse... Al día siguiente se continuó la marcha, llevando mi regimiento (los Dragones) la retaguardia. A poco trecho del lugar en que habíamos pasado la noche, se presentaba una cuesta larga, pendiente y muy arenosa; a la fatiga de la ascensión se agrega la de enterrarse un palmo los pies en la arena; cuando menos, era preciso un par de horas para subirla, atendido el estado de nuestros caballos, los que iban tirados por la brida y los jinetes a pie, prolongando inmensamente la columna. Yo subí de los últimos y me maravillé de no encontrar ni jefes, ni general, ni infantería, ni columna, ni cosa que se pareciese a una marcha militar. Todos, desde que hubieron llegado a la cumbre desde donde seguía el camino por unas alturas que presentaban menos quiebras, habían continuado sin parar y sin esperar a los demás, de modo que el pequeño ejército se redujo a una completa dispersión... y después de ser muy de noche y haber fatigado nuestras cabalgaduras, llegamos a un pueblecito llamado Caine, donde por fin supimos que estaba el General. Nos metimos en un rancho y pasamos la noche. Al día siguiente el General, de cuyos movimientos estábamos todos pendientes, no marchó; antes, por el contrario, empezó a destacar oficiales que recorriesen los alrededores y volviesen por el camino del día anterior, para indicar que allí estaba él y que allí debían reunirse. Es seguro que esa mañana (3 de octubre) no había 100 hombres en Caine, de los 500 que estuvimos en El Toro; pero fueron llegando partidillas, de modo que por la tarde había cerca de 300... Todo el día 3 pasamos en Caine; el 4 sólo anduvimos una legua, hasta el pueblito de Ayohúma, dando siempre tiempo a que se reuniesen los dispersos. El 5 anduvimos 3 leguas y llegamos a Macha, pueblo de bastante extensión, donde se fijó el cuartel general".

Consecuencias y resultados

Los patriotas perdieron en Vilcapugio unos trescientos hombres, muertos en combate, más de cuatrocientos fusiles y casi toda su artillería. Lograron reunir, entre Macha y Potosí, unos mil hombres, nada más, ya que el resto había desbandado. El bando realista, en tanto, no salió tanto mejor de la parada, al menos quinientos cincuenta bajas entre muertos y heridos, y una gran dispersión a causa de la huida del ala izquierda y sector central de su formación de batalla. Las pérdidas, además de la falta de caballos, evitan que Pezuela inicie la persecución de los patriotas.

Reunificación de las tropas

Tras la medida acordada por Belgrado con Díaz Vélez, este se pudo posicionarse en Potosí al mando de un cuerpo de tropas, los cuales se habían dispersados luego de la Batalla de Vilcapugio. Belgrano, con el resto del ejército, se ubicó sobre el flanco izquierdo del enemigo. Las tropas se reorganizaban para proseguir la Campaña del Alto Perú, según las órdenes del gobierno de Buenos Aires.

Errores estratégicos

La historia ha probado que a pesar de que la ocupación de documentos privados sumamente importantes como los que poseía Cárdenas hallan caído en manos de Castro y posteriormente este haber desmantelado el plan o la estrategia de combate argentina. No fue en su totalidad la causa de esta batalla, pues un factor fundamental fue por parte de Belgrano, el cual subestimo a su enemigo confiando demasiado en la supuesta falta de movilidad de su oponente. La ubicación de su campamento tan cerca del de los realistas con demasiada anticipación al resto de sus aliados resultó un error gravísimo, ya que les dio la oportunidad de realizar el ataque por sorpresa. Más aún, sabiendo que tres días más le aseguraban rodear el campamento español con la totalidad de sus fuerzas.

Véase también

Referencias

  1. El brigadier Pezuela y su segundo, Ramírez, acudieron velozmente a contener la dispersión y reparar tamaño desorden; pero como la reserva había huído también sin disparar un solo tiro, todos sus esfuerzos habrían sido estériles si la Divina Providencia no protege a las armas de España guiando a Castro al combate en tan crítico momento. García Camba, Andrés: Memorias para la Historia de las armas españolas en el Perú. Sociedad tipográfica de Hortelano y compañia, 1846. V. II, page 105.

Fuentes