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Cañonazo de las nueve

Cañonazo de las nueve
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Canonazo-de-las-nueve.jpg
Ceremonia del cañonazo
Fecha: siglo XVIII
Lugar: Fortaleza San Carlos de la Cabaña, La Habana
País(es) involucrado(s)
Bandera de Cuba Cuba

El cañonazo de las nueve. Ceremonia que data del siglo XVIII y consiste en un disparo de cañón, realizado infaliblemente a las 21:00 hora local desde la Fortaleza San Carlos de la Cabaña, la cual junto al Castillo de los Tres Reyes del Morro domina la entrada a la bahía de la ciudad y al principal puerto de la Isla.

Introducción

Con puntualidad más allá de la exactitud, todos los días del año, ya sean de fiesta o de duelo, a las nueve de la noche, ni un minuto más ni un minuto menos, desde la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña se dispara un cañonazo, llamando a revisar los relojes.

Convertida en nuestros días en un vistoso espectáculo, en sus orígenes era la fórmula oficial de aviso a pobladores y visitantes de la capital cubana, para que a partir de ese instante permanecieran tras las gruesas murallas que a lo largo de decenas de kilómetros rodeaban la villa para resguardarla contra ataques de corsarios y piratas.

En cualquier confín del mundo que se encuentre un habanero, jamás podrá olvidar una antiquísima costumbre de la tierra que lo vio nacer.

Historia

Tradición nacida al calor de las murallas, inmenso cinturón de piedra, que ante el feroz ataque de corsarios y piratas, fueron construidas en la villa de San Cristóbal, durante casi toda una centuria desde 1674, por orden de la corona española para defenderse de tan peligrosos visitantes.

De esta forma, la pequeña ciudad quedó dividida en dos: La Habana de intramuros y La Habana de extramuros, como las llamó el pueblo. En un principio al recinto amurallado se le abrieron dos puertas, mas su longitud, con el paso del tiempo, exigió más entradas y salidas, por lo que llegó a tener hasta nueve.

A las cuatro y media de la mañana se anunciaba la apertura de sus puertas con un cañonazo. A las ocho de la noche, otra detonación, por el contrario, advertía su cierre, lo cual significaba, ni más ni menos, que quien fuera sorprendido por la descarga del otro lado del muro, debía de permanecer allí hasta el amanecer, pese a los rigores del tiempo o al atraco de los malhechores.

Imagen del cañonazo en la época de la colonia

Con los años el cierre de la ciudad se alargó hasta las nueve de la noche, pero la villa y su gente se desbordaban y con el desarrollo de las artes de la guerra, las murallas se volvieron inútiles.

El 8 de agosto de 1863 comenzó el derribo de las murallas de La Habana, (de las que aún se conservan algunos restos) pero la tradición del cañonazo de las nueve perdura hasta el presente como un llamado a conservar nuestras tradiciones.

Imagen del cañonazo en la actualidad

El cañonazo

Se asegura que el cañonazo cubre ininterrumpidamente con su manto acústico todos los rincones de la capital. Puede ser escuchado en el Parque Central a los 4,3 segundos; en el Hotel Nacional a los 9,7 y en la esquina de 23 y 12 a los 16 segundos del estampido original.

Solo una vez fue silenciado. El 24 de junio de 1942 un parte del Estado Mayor del Ejército anunciaba que a partir de esa fecha el tradicional disparo dejaría de escucharse, pues el país se hallaba en plena Segunda Guerra Mundial, y, por tanto, -así se dijo-era innecesario aquel gasto de pólvora que podía ofrecer nuestra posición al enemigo.

De seguro que La Habana no sería entonces la misma sin su cañonazo de las nueve, por ello cuando el 1 de diciembre de 1945 se reinició tan antigua costumbre los habaneros mostraron su alegría de las más variadas formas.

Hecho curioso

La historia del cañonazo de las nueve guarda un suceso curioso ocurrido el 18 de septiembre de 1902, cuando el tradicional disparo se efectuó 30 minutos después de lo establecido. La algarabía que se armó fue muy grande, pero aún se ignora la causa de tan insólita tardanza.

Hoy día, desde la fortaleza de San Carlos de la Cabaña se efectúa la acostumbrada detonación por un pelotón de cadetes de artillería ataviados a la usanza colonial y con una pieza del siglo XVIII, espectáculo que bien merece contemplarse.

Fuente