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Casas habaneras de los siglos XVI y XVII

Casas habaneras de los siglos XVIII y XIX
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Presentan mejores características constructivas y entre ellas sobresalen lujosos palacetes.
Fecha:Siglos XVIII y XIX
Lugar:La Habana
Descripción:
Las edificaciones civiles se orientaron ante todo a la administración pública y a mansiones de funcionarios, hacendados, comerciantes e industriales acaudalados.
Resultado:
Se remodelaron y ampliaron las obras del siglo anterior. En general, la arquitectura del siglo resultó barroca.
País(es) involucrado(s)
Cuba
Líderes:
Migraciones de comerciantes y terratenientes europeos.

Casas habaneras de los siglos XVIII y XIX. Las casas de los siglos XVIII y XIX presentan mejores características constructivas que las de los siglos anteriores y entre ellas sobresalen lujosos palacetes, fundamentalmente pertenecientes a los sectores plantacionistas, comerciantes y los vinculados a la trata esclavista.

Siglo XVIII

Desarrollo económico y social

En el siglo XVIII se destacaron urbanística y constructivamente dos períodos: el primero puede ubicarse aproximadamente entre 1700-1762 hasta la toma de La Habana por los ingleses; el segundo, a partir del fin de la ocupación inglesa hasta 1800. El siglo XVIII presentó rasgos de progreso económico y social fundamentalmente por las migraciones de comerciantes y terratenientes europeos.

En sus inicios se desarrollaron, entre otras, la industria ganadera, y posteriormente la azucarera, que favorecieron el enriquecimiento de algunos sectores de la población. Después de la ocupación británica se instauró la libertad de comercio, tanto para la importación como para la exportación; esta fue una práctica positiva que dejaron a su paso los ingleses.

También se intensificó el cultivo del tabaco. España dio entonces más importancia a la Isla, por su posición geográfica privilegiada para la actividad comercial.

Arquitectura

Estilo

En cuanto a la arquitectura, se reforzaron las obras militares. La Iglesia consagró gran parte de sus bienes a construir templos y conventos. Las edificaciones civiles se orientaron ante todo a la administración pública y a mansiones de funcionarios, hacendados, comerciantes e industriales acaudalados. Se remodelaron y ampliaron las obras del siglo anterior. En general, la arquitectura del siglo resultó barroca, por la influencia que se recibía de Andalucía a través de los puertos de Sevilla y Cádiz.

El estilo barroco se manifestó, en lo fundamental, en las portadas enmarcadas por pilastras, en los arcos de los zaguanes (trilobulados y mixtilíneos o polilobulados).

En el segundo tercio del siglo se incorporaron las volutas o consolas -como elementos de transición-, las ventanas en forma de cuadrifolio, las espadañas y los balcones curvados en los ángulos y los extremos.

Las entradas de las mansiones señoriales dejaban visible su interior -ascendencia recibida de la casa española de influencia romana y árabe- y la planta se componía de aposentos de gran amplitud. El vestíbulo o zaguán presentaba dos variantes: uno con zaguán central, del que dan ejemplos la casa del conde de la Reunión (hoy, Centro Alejo Carpentier) y la casa del conde de Jaruco (en la calle Muralla, esquina a San Ignacio); otro, con zaguán lateral, como en la casa del conde de Lombillo (en la calle San Ignacio, entre Muralla y Teniente Rey). Estas dos últimas mansiones forman parte del entorno de la entonces denominada Plaza Nueva (hoy, Plaza Vieja).

El piso bajo se utilizaba como vivienda de algún grupo familiar, o servía de almacén para productos con los que comerciara el dueño. En el traspatio estaban las cuadras, las cocheras, los baños y demás servicios. Entre el piso bajo y el alto se encontraba el entresuelo, donde se alojaban los múltiples sirvientes.

El piso alto, de puntal elevado, se empleaba como vivienda de la familia, con la siguiente distribución: la primera crujía (espacio entre dos muros de carga o columnas) era ocupada por la sala y alguna otra pieza importante, y por habitaciones laterales comunicadas por galerías; comedor, situado encima de la crujía que coincidía con la separación del patio y el traspatio de la planta baja. Alrededor del este se encontraban los servicios domésticos.

En algunas de las viviendas de este siglo se destacaban los portales (soportales) y también los balcones en las casas de dos pisos, con balaustres torneados y pies derechos de madera, donde se apoyaba el alero o tejaroz, más bajo que el tejado principal.

Características de las construcciones

En las últimas décadas del siglo XVIII se inició un cambio de sistema estructural: las vigas de madera se sustituyeron por barras cuadradas de hierro, reforzadas de trecho en trecho por palomillas y barandas del mismo material; estas se pueden observar aún en las edificaciones de la Plaza de Armas (Palacio de los Capitanes Generales, Casa de Correos o Palacio del Segundo Cabo, y Palacio de los condes de Santovenia, hoy hotel Santa Isabel). En los años finales del siglo XVIII e iniciales del XIX, conjuntamente con la renovación urbanística, se incrementaron y cobraron mayor prestancia las construcciones civiles, en la cuales se distinguían los portales que se proyectaban hacia las plazas principales.

Resaltaba en las viviendas la monumentalidad de las portadas de ingreso, de estilo barroco de abolengo andaluz. También los patios eran majestuosos, rodeados por arcos romanos sobre pilastras. Las escaleras asimismo se ampliaron hasta alcanzar de tres a cuatro ramas, para salvar los puntales altos. Los escalones eran de piedra, pero a finales de siglo se comenzó a usar el mármol. Las barandas de madera dura.

Los muros se construían de piedra caliza conchífera, se repellaban y coloreaban de fuertes matices. Tanto en el interior como en el exterior de las viviendas se pintaban cenefas decorativas, de aproximadamente 1,20 metros de alto, con dibujos geométricos y botánicos empleando la técnica a mano libre. También las casas de mayor abolengo se decoraban con pinturas murales. La carpintería casi siempre estaba pintada de azul y verde.

Inicios del siglo XIX

A inicios del siglo XIX con el Real Decreto de 10 de febrero de 1818, se estableció el derecho al libre comercio con el extranjero, lo que dio fin al aislamiento comercial impuesto por las Leyes de Indias. Otra medida, promulgada por Real Cédula de 16 de julio de 1819, dispuso que se respetara como título de legítimo dominio toda concesión de tierra conferida por cualquier ayuntamiento de la Isla hasta 1729. Esas disposiciones posibilitaron la estabilidad de la propiedad rústica o agraria, facilitando las operaciones de compraventa, lo cual estimuló el fomento de la agricultura. También se puso término al estanco del tabaco y se fomentó la inmigración de españoles y extranjeros a la Isla (colonización blanca).

Desde comienzos del siglo se manifestaron las primeras diferencias entre peninsulares y criollos. Se fue incrementando el espíritu de rebeldía de los cubanos, lo cual, más tarde, abrió el camino a la independencia mediante la lucha armada, con la Guerra de los Diez Años (1868). Las provincias donde se desarrolló esta (tres de las seis que existían: Oriente, Camaguey y Las Villas) se vieron muy afectadas social y económicamente, lo que llevó a un estancamiento en las construcciones. En el resto de la Isla, al no tener mayores implicaciones el conflicto bélico, continuó el avance en la arquitectura.

Edificaciones

En La Habana se construyó el acueducto Fernando VII, y posteriormente el Acueducto de Albear, los cuales abastecieron de agua a la ciudad y permitieron prescindir de la Zanja Real. Se reformó la Alameda de Paula, la cual se unió al Paseo Roncali en 1850 en el extremo sur de la ciudad. En la misma época, en la zona de extramuros, se erigió el Paseo de Isabel II (hoy, Paseo de Martí), conocido como Paseo del Prado, que se extendía desde la Punta hasta la Fuente de la India. En 1863 se comenzaron a demoler las murallas y se inició la urbanización del reparto Las Murallas.

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Construcciones

En la segunda mitad del siglo se emprendió la construcción de la Necrópolis Cristóbal Colón. Se levantaron el teatro de Tacón (hoy, Gran Teatro de La Habana), el Irijoa (hoy, Teatro Martí), el Payret y el Albisu.

A finales del siglo surgieron los barrios de Guadalupe, La Salud, Jesús María, quedando libre una zona que se reservó para fines militares (Campo de Marte; hoy, Plaza de la Fraternidad). Continuaron las urbanizaciones de los barrios de Colón, San Lázaro, Aramburu y Cayo Hueso. Se consolidaron las barriadas de El Cerro y Jesús del Monte, y aparecieron los repartos de El Vedado, Medina, El Carmelo y Rebollo, hasta las márgenes del río Almendares.

El neoclasicismo se destacó como estilo en la edificación de las viviendas, proceso constructivo en el cual se distinguieron tres etapas. La primera -con ejemplo en la casa de la Real Proclamación, en la calle Cuba- se caracterizó por la aplicación de pilastras, cornisas y motivos clásicos, y por la ausencia de portales, sin cambiar la distribución de las plantas. La segunda, correspondió a las casas con portal frontal, formando una larga columnata de acuerdo con las regulaciones establecidas para las grandes calzadas (Prado, Galiano, Belascoaín, Reina, Monte, Cerro, así como las quintas del Cerro y las de todo el barrio de El Vedado). Como ejemplos, sirvan la quinta del conde Santovenia, en la barriada del Cerro y la casa del doctor González Cuquejo, en la calle Línea, esquina a B, en El Vedado.

La tercera etapa se desarrolló en el último tercio del siglo, en la zona antes ocupada por las murallas demolidas en 1863; a ella la distingue el empleo, desde el punto de vista urbanístico, de los portales con arcos en las calles longitudinales y transversales. Ejemplo es el palacio de Villalba, en la calle Montserrate, entre Dragones y Monte. Material utilizado En general, las casas del siglo XIX experimentaron cambios sustanciales: se incorporaron las cubiertas planas y se generalizó el uso del falso techo. En los muros se utilizaron la piedra y el ladrillo cocido grueso. Se introdujo la persianería francesa como cierre de las galerías y las logias (cubiertas columnadas) que aparecían sobre los portales.

Se emplearon los arcos de medio punto, cerrados con cristalería policromada (vitrales), para tamizar la luz. Contaban con sobrios guardapolvos para proteger la carpintería. Las balaustradas de madera fueron suplantadas por las de hierro. Las cornisas de piedra o ladrillo sustituyeron al tejaroz, y los pretiles constituyeron la coronación de las fachadas. Las escaleras, al cubrir puntales más altos, resultaron más majestuosas, con barandas de hierro. En los pisos se utilizó el mármol blanco.
Era frecuente que los patios y entradas de las grandes mansiones se adornaran con estatuas, fuentes, bancos y altos vasos de mármol.

Ejemplos de construcciones

Son el palacio de Aldama, el palacio Zuazo, en la calle Compostela, esquina a Luz, y algunas casas del Paseo del Prado.
En esta etapa se construyeron las quintas de recreo de El Cerro, en las que se aplicó una nueva arquitectura. Tenían un carácter señorial; sus puntales, puertas, ventanas y rejas eran más altos que en las casas intramuros. Sus muros y columnas eran de piedra, aunque en algunas viviendas se empleo el hierro fundido para las columnas.

Las cubiertas de las azoteas eran planas. Portales frontales y laterales las aislaban de la calle. El interior, generalmente de una sola planta, se desarrollaba alrededor de un patio central con abundante vegetación y fuentes, donde la familia solía pasar las horas de ocio. Todas las habitaciones daban a ese patio.

Las moradas de los repartos El Vedado y Carmelo eran casi todas de una sola planta, y se abrían con un amplio portal con jardín al frente bordeado por altas y decorativas rejas. Estas viviendas se fabricaron de forma compacta, sin patio interior, el cual se sustituyó por una amplia galería de más de 3,00 metros de largo, con bellos lucernarios por encima de los aposentos laterales. Los portales presentaban arcos romanos.

El puntal exterior era de 6,00 metros o más de alto. También se levantaron residencias de dos pisos, por lo común de madera, llamadas chalet, influencia que llegó del sur de Estados Unidos (Luisiana).

Fuente