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Comadrona

Este artículo trata sobre Obstetricia y Ginecología). Para otros usos de este término, véase Comadrona (desambiguación).
Comadrona
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Campo al que perteneceHistoria de la Ginecología y Obstetricia

Comadrona. Una comadrona/partera es una persona que, habiendo sido admitida reglamentariamente a un programa de educación para comadronas reconocido apropiadamente en el país donde se encuentra.

Es un término derivado del latín que, a pesar de no tener forma masculina aceptada, es el más utilizado, y existen también los sinónimos comadrón/comadrona y partero/partera. Además de la asistencia a la mujer embarazada, son personas también capacitadas para prestar atención ginecológica a mujeres sanas (por ejemplo, en la realización de citologías), en la asesoría en planificación familiar y en la atención durante la menopausia.


Definición

Persona que ha completado con éxito los estudios diseñados para comadrona y ha adquirido las titulaciones requeridas para colegiarse y/o practicar la partería legalmente y con licencia,. es reconocida como una profesional responsable y con capacidad de responder de sus actos, la cual trabaja acompañando a las mujeres para darles el cuidado, el apoyo y los consejos durante el embarazo, el parto y el puerperio, asistir a los nacimientos asumiendo la responsabilidad y proporcionando cuidados al recién nacido y bebé. Este cuidado incluye medidas preventivas, la promoción del parto normal, la detección de complicaciones en la madre y el bebé, el acceso a cuidados médicos o otra asistencia apropiada y la ejecución de medidas de emergencia. La comadrona puede practicar en cualquier entorno incluyendo el hogar, la comunidad, hospitales, clínicas y centros sanitarios.


Reseña histórica

El oficio de comadronas se institucionalizó a principios del siglo XIX, con la fundación de la Academia de Parteras en 1828. La Academia garantizó, de cierto modo y como resultado del aumento del conocimiento científico de las parteras que en su mayoría eran mujeres negras y mestizas, incrementar la calidad del cuidado y la supervivencia después del parto, de la madre y el hijo. De 1836 a 1842, 15 mujeres fueron recibidas por la Junta Superior Gubernativa de Medicina y Cirugía para ser examinadas como comadronas. La primera comadrona asentada y reconocida por la Junta fue Doña Maria de la Concepción Pagés, en 1836 De 1842 hasta 1863, la Universidad de la Habana formó a cincuenta comadronas. La primera mujer inscrita en los libros de graduados fue Doña María de Jesús Pérez, en 1845, siendo la primera mujer a quien se le confirió un título por nuestro más antiguo centro docente superior. En 1899 comenzó a funcionar, en el Hospital Nuestra Señora de las Mercedes, la primera escuela oficial cubana para enfermeras, que en 1902 se oficializó como la Escuela de Enfermeras de Cuba. En 1900 se crearon otras cinco escuelas de enfermería en el país Cienfuegos, Matanzas, Camagüey, Villa Clara y Santiago de Cuba, de esta manera se institucionalizó la enseñanza de la enfermería con base científica. El acceso de la mujer a esta profesión se hizo cada vez mayor; y favoreció que tanto la carrera de enfermería como su principal actor social: la mujer, ganaron e incrementaron su prestigio y reconocimiento social


Figuras destacadas de la época

La figura más destacada entre las parteras del período fue, sin duda, María del Pilar Poveda, no tanto desde el punto de vista económico sino del político, pues fue una de las encartadas, en el proceso de La Escalera, por sus relaciones con el poeta Gabriel de la Concepción Valdés, La Comisión Militar que la juzgó dictó la siguiente sentencia el 10 de julio de 1844: a la parda Pilar Poveda, un año al servicio del Hospital de Paula, en [[La Habana[[, con prohibición de volver a esta ciudad o ejercer su profesión de comadrona bajo pena de encierro perpetuo, oficiándose la conveniente a las autoridades a quien corresponda esta particular, por cuanto está probado que en su casa se celebraron Juntas que presidía su hijo político el esclavo Gabriel de la Concepción Valdés, y madre de José Magdaleno Morales, uno de los cómplices de la conjuración, relegado ya por los méritos de otro cuaderno; por cuyas circunstancias no podía Pilar Poveda ignorar el plan y sus ramificaciones, reputándola por tanto como abrigadora, cooperadora y en cierto modo autora de este crimen y sus consecuencias, a que atribuye la opinión pública por su libertad en el modo de expresarse: el Consejo recela, con graves fundamentos, que esta mujer podría abusar de su oficio en daño de las madres y los niños de la clase blanca en auxilio de cuyo nacimiento.

En 1845, al finalizar su condena, Pilar Poveda se dirigió al Capitán General de la Isla para que se le autorizara nuevamente ejercer su profesión. Según la Guía de Forasteros, se registra en 1848, por lo que se deduce que accedieron a su petición. Falleció el 15 de febrero de 1866, habiendo ejercido su profesión por más de 25 años, dejando como herencia un solar valorado en $1.000 (pesos).

En la historia de la profesión médica cubana, no debería pasar desconocida Enriqueta Faver Caven, de nacionalidad francesa, quien asumió una personalidad masculina bajo el nombre de Henry Faver, para ejercer la profesión médica, fungió como Fiscal de Cirugía del Real Tribunal enBaracoa hasta que fue descubierto su verdadero sexo y la expulsaron de la isla (1820-1824).

Santiago de Cuba en el siglo XVII y primera mitad del XX

Las primeras labores de medicina realizadas por mujeres en Cuba con ciertos grados de organización social fueron ejercidas por las comadronas o parteras, éstas fueron mujeres de clases sociales con escasos recursos económicos: indígenas (hasta los tres primeros siglos posteriores a la Conquista), negras (las negras esclavas se mantuvieron hasta la primera década del siglo XIX, y en su condición de comadronas ejercieron una importante labor en el cuidado de la mujer-ama-blanca y en el rol de nodriza de los hijos de los amos), mestizas, pobres y campesinas. Hasta los primeros años del siglo XIX, las comadronas fundamentaron sus conocimientos en la experiencia empírica, los conocimientos estaban marcados por creencias supersticiosas y místicas resultado, fundamentalmente, de la fusión de las prácticas indígenas y las tradiciones africanas- y ejercieron sin títulos. Este conocimiento era transmitido de una generación femenina a otra, unidas por lazos filiales y en el ámbito del hogar. Como dato histórico, se conoce que en 1609, el ayuntamiento de Santiago de Cuba concedió a la curandera india Mariana Nava, licencia para practicar la medicina sin necesidad de examen, siendo la primera mujer que ejerció legalmente esta profesión en Cuba. La primera partera examinada por el Real Tribunal del Protomedicato en Cuba, fue Petrona Rodríguez en 1696.

Reglamento para parteras

Se conoce de la existencia de una Cartilla para Parteras del Dr. Domingo Rosain, editada en 1924, que clama la necesidad de incorporar mujeres blancas a los estudios del arte de partera.

El reglamento de la Academia de Parteras del Hospital de Mujeres de San Francisco de Paula establecía:

Artículo 2: Toda la que pretenda ser alumna de la referida escuela debe probar que es mayor de 30 años y de buenas costumbres, trayendo al efecto una certificación de su cura párroco o juez pedáneo.

Artículo 4: La enseñanza será teórica y práctica: dos años en cursos de a seis meses cada año. Los días de lección para las blancas serán los miércoles y para las de color los sábados de todas las semanas".

Ya creada la Academia, con vistas a impedir que se ejerciera la profesión por personas no autorizadas, el Real Protomedicato, mediante tribunal examinador, calificador, sometió a pruebas a las que ejercían con anterioridad a julio de 1928, obteniéndose como resultado que 14 de 17 parteras examinadas y aprobadas, así como parteras matriculadas y habilitadas por el término de un año, fuesen 'de color'. Según la usanza, las comadronas utilizaban la prensa para darse publicidad y esto les ayudaba a formar su propia clientela. Los anuncios correspondientes a una comadrona de la raza blanca anteponían el nombre 'doña', para así distinguirse y, además, facilitar la selección por parte de la futura paciente.

Respecto a los honorarios, las comadronas estaban obligadas a prestar sus servicios gratis a los carentes de recursos. No obstante, según la cartilla mencionada anteriormente, los honorarios se fijaban en $4.00 (pesos), independientemente de la hora en que se realizara el parto. Como se puede apreciar, con estos honorarios y la obligación de prestar servicios gratuitos, el desempeñar esta profesión no ofrecía amplias posibilidades económicas, pero sí un ascenso social en la escala de valores típica de una sociedad esclavista. Y es tan así que hubo algunas de ellas que llegaron a tener ahorros, comprar una casa de tejas e incluso adquirir algún que otro esclavo.

Resumen

La Revolución Cubana constituyó un cambio radical en la situación de discriminación y marginalidad de la mujer, en cuanto a su acceso a la enseñanza científica y la gestión pública de salud. Se crearon condiciones sociales y establecieron políticas públicas de igualdad de condiciones, incluidas las salariales, reconocimiento y estatus social. Estas políticas sociales de 16 participaciones de la mujer al desarrollo, nos permiten confirmar la existencia de un proceso de feminización del sector de la salud en Cuba. El sector de la salud esta constituido mayoritariamente por mujeres, lo que le confiere una hegemonía cuantitativa, sin que esta situación se pueda traducir en un cambio cualitativo de la posición y la condición de la mujer en el ejercicio del poder en este sector. Investigaciones realizadas en Cuba han demostrado que a pesar del avance.

Fuente

www.sld.cu/galerias/pdf/sitios/vigilancia/bombinoyeni.pdf

Referencias bibliográficas

  • [Delgado G. Presencia de la mujer en la Historia de la Medicina Cubana. En Cuadernos de Historia de la Salud Pública. Estudios sobre Historia Médica Cubana. La Habana: Consejo Nacional de Sociedades Científicas del Ministerio de Salud Pública; 1983.
  • [Vinat R. Las cubanas en la posguerra (1898-1902). Acercamiento a la reconstrucción de una etapa olvidada. Editora Política. La Habana; 2001.