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Contralto

Contralto
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Concepto:La tesitura de contralto, la más grave de las voces femeninas

Contralto. Es la más grave entre las voces femeninas. Es una voz profunda y potente y a la vez, poco corriente y se asocia poco a una voz de mujer. Es una voz, que no se oye en demasiadas composiciones musicales, bien sea porque hay pocos papeles que requieren esta tesitura o también porque no hay muchas cantantes que la posean. Actualmente, muchos de los roles escritos para contraltos los cantan mezzosopranos. El término también se usa como sinónimo para la persona que canta con esa voz.

Historia

La historia del término contralto, resultado de la fusión de la preposición latina contra, que implica “oposición”, y el adjetivo altus (alto), tiene que ver con el desarrollo de la polifonía a partir de los siglos finales de la Edad Media hasta la época de su mayor esplendor, ya en el Renacimiento.

La primitiva polifonía constaba a menudo de tan sólo dos voces o partes, la del tenor, una melodía de origen gregoriano cuya misión era, como su nombre indica, la de “sostener” el resto de las voces que compondrían el entramado polifónico, y otra línea melódica que se le añadía al tenor por debajo, de ahí su nombre bassus.

Como resultado del desarrollo que fueron experimentando las técnicas de composición polifónica, poco a poco los compositores comenzaron a añadir una tercera línea que daba la réplica a la voz de tenor moviéndose dentro de un ámbito tonal parecido, o, como se expresaría en términos modernos, dentro de su misma tesitura, si bien con el tiempo esta tesitura tendería a hacerse algo más aguda, situándose tonalmente aproximadamente a la distancia de un intervalo de tercera por encima de la voz del tenor. Esta voz se llamó “contratenor”. La cuarta voz que se añadió, la denominada superius, tenía la misma misión de dar una réplica a la línea básica del tenor, pero se diferenciaba de la voz de contratenor por moverse dentro del ámbito de un registro vocal más agudo que el de aquélla. Del nombre de esta voz, colocada en la estructura polifónica sobre la del contratenor, procede el término actual soprano. Fue precisamente para establecer la diferencia entre las dos líneas vocales compuestas a partir del tenor, la que se desarrollaba por encima de la voz de tenor y la que transcurría bajo ésta, por lo que se añadió al término originalmente empleado, el de contratenor, el adjetivo altus. Al quedar establecida la formación polifónica típica tal y como hoy se conoce, compuesta por las cuatro voces principales de soprano, contralto, tenor y bajo, la tendencia general fue a eliminar el prefijo contra, para indentificar la voz sencillamente como altus.

A lo largo de todo el siglo XVI, se mantuvo la denominación altus para designar a este tipo de voz. Sin embargo, ya en el siglo XVII se había extendido la popularidad de las cantantes femeninas cuya extensión vocal coincidía con la de las voces de hombre que interpretaban la línea del altus dentro de la polifonía religiosa.

Por otra parte, esta es la época del auge de los castrati, los cantantes que mantenían, aún en la edad adulta, el sonido de una voz blanca, como resultado de una castración sufrida en su infancia, antes de que tuviera lugar el cambio hormonal que les haría adquirir una voz de adulto. Para establecer una distinción entre todas estas voces que coincidían en tesitura, comenzó a utilizarse el término alto para designar las voces masculinas, fueran éstas de niño o de adulto, y ya se tratara de una voz de las consideradas “naturales” o bien resultado de la aplicación de la técnica del falsete. Mientras tanto, el término contralto empezó a ser utilizado para designar, tanto las voces femeninas, como las de los castrati.

La voz de contralto disfrutó de un éxito mucho mayor que la de contratenor en lo que se refiere a la producción de papeles operísticos. Ya desde los orígenes del género, pero todavía con mayor frecuencia a lo largo del siglo XVII, se generalizó entre compositores y libretistas de ópera la costumbre de atribuir a una voz de contralto los papeles de las mujeres mayores, así como los que correspondían a algunos caracteres cómicos.

Esta primera consideración de la voz de contralto como particularmente apropiada para la interpretación de papeles cómicos se desarrolló paralelamente a la que identificaba la tesitura vocal típica de esta categoría de la voz femenina con aquellos otros personajes que requerían unas particulares dotes de expresividad escénica, una expresividad diferente de la que podía ser expresada mediante los artificios vocales a los que se veían sometidas las voces más agudas de los tenores y las sopranos.

Ya a partir del siglo XVIII, los compositores dan muestras de haber comprendido las posibilidades de belleza tímbrica que poseían las voces de contralto, así como su capacidad no sólo para interpretar personajes cómicos, sino también para expresar toda clase de matices dentro del registro dramático. A partir de este momento, comenzarán a generalizarse dentro del repertorio operístico los papeles de contralto que no recurren ya de manera sistemática a los rasgos cómicos, sino que resaltan las facultades dramáticas de la cantante. Esta es la época en la que comienza a identificarse la profundidad del timbre vocal con el concepto de sensualidad, lo que da lugar a que algunos músicos atribuyan a una contralto ciertos papeles que requieren este tipo de expresión. En muchos de estos casos, el papel que interpreta la contralto viene a constituirse como una especie de réplica o contrapartida al de la protagonista de la ópera, una función que, sin embargo, sigue estando reservada para una voz aguda. No es que desaparecie ra por completo la consideración de la voz de contralto como equivalente de la expresión cómica, pero lo cierto es que esta función quedó delimitada dentro del repertorio de contralto buffa, una de las subcategorías en las que pueden clasificarse las voces graves de mujer.

Entre los compositores que compusieron papeles destinados a ser interpretados por una voz de contralto, destacan algunos como Georg Friedrich Haendel o, ya a principios del siglo XIX, Gioachino Rossini, que se especializó en escribir sus papeles de ópera para un tipo particular de voz de contralto, una variedad muy poco frecuente que se caracteriza por su facilidad para entonar pasajes de agilidades (sucesiones de notas escritas en figuras de valor muy reducido y destinadas, por lo tanto, a ser cantadas de manera rápida y muy fluida, sin que ello signifique el descuidar la afinación), si bien algunos maestros consideran que esta calidad vocal corresponde más bien a una mezzosoprano que a una contralto. Precisamente pensando en este tipo de voz escribió Rossini originalmente el personaje de Rosina, la protagonista de su ópera titulada El barbero de Sevilla, si bien más adelante confeccionaría una segunda versión del papel destinada a ser interpretada por una voz de soprano.

A lo largo de los siglos XIX y XX, los compositores de todo tipo de repertorio, ya se trate de ópera, canción de concierto o repertorio religioso, acaban de rendirse a las posibilidades tímbricas y expresivas que les ofrece el componer para una voz de contralto. En esta época puede darse ya por asumido el ideal estético del bel canto, así como la noción de que la belleza del canto no reside en la capacidad para alcanzar los sonidos más extremos de la tesitura, o bien para llevar a cabo el mayor número de artificios posibles, sino en otros aspectos como la singularidad del timbre y, más aún, en la expresividad y en la línea vocal o fraseo. Este es, precisamente, el campo donde una voz de contralto puede lucir sus facultades, y así parecen entenderlo compositores como Richard Wagner, un auténtico especialista en la composición de papeles para este tipo de voz, o, fuera ya del repertorio operístico, algunos otros como Johannes Brahms o Gustav Mahler.

Tipos de contraltos

La voz de contralto es una de las menos frecuentes entre las mujeres, al menos si se compara su número con el de las voces de soprano. Sin embargo, por alguna razón relacionada con las particulares características fisiológicas típicas de cada raza, este tipo de voz resulta más abundante en los países nórdicos, así como en algunas de las regiones de la Europa del Este, en comparación con el resto del territorio europeo. Lo mismo que en el caso de las voces de soprano y de mezzosoprano, las otras dos categorías en que suelen dividirse las voces femeninas, también dentro de las voces de contralto pueden distinguirse distintas subcategorías.

De este modo, en la tradición operística italiana se establece una diferencia entre la contralto buffa y la contralto dramática . Además, existe una tercera subcategoría entre las contraltos, la denominada contralto coloratura, que se diferencia de las demás por poseer una particular habilidad para la interpretación de los pasajes de agilidades. Este tipo de voz resulta aún menos frecuente que las anteriores, sin embargo algunos compositores, como Donizetti o Meyerbeer, incluyeron en algunas de sus obras papeles destinados a este tipo de contralto, entre los que destaca el personaje de Fides de la ópera El profeta, de Meyerbeer, que realiza una vocalización que va desde el La bemol grave hasta el Do de pecho. En todo caso, las escasas óperas que incluyen personajes destinados a ser interpretados por este tipo de voz no resultan ser de las más frecuentes dentro de los circuitos de ópera, con lo que la subcategoría de la contralto coloratura ha ido cayendo en desuso. Por otra parte, este tipo de papeles podrían ser interpretados con relativa facilidad por parte de una mezzosoprano ligera , una subcategoría vocal que resulta más frecuente que la de la contralto buffa.

Personajes para contraltos

Entre los personajes más habituales destinados a ser interpretados por voces de contralto pueden destacarse los siguientes: dentro del repertorio alemán, el de Erda, de la ópera El oro del Rin, compuesta por Richard Wagner; es un personaje que suele ser interpretado por una contralto dramática, mientras que el de Frau Reich, de la ópera que lleva por título La alegres comadres de Windsor, compuesta por Otto Nicolai, está destinado a una voz de contralto buffa.

Dentro del repertorio italiano, el personaje de Ulrica, de la ópera Un ballo in maschera, de Giuseppe Verdi, corresponde a una contralto dramática, mientras que el de Mrs. Quickly, de la ópera Falstaff, del mismo compositor, corresponde a una contralto buffa.

En cuanto al repertorio francés, puede destacarse el personaje de Dalila, de la ópera Sansón y Dalila, compuesta por Camile Saint-Saëns, destinado a una contralto dramática, mientras que el personaje de Orfeo de la ópera Orfeo ed Euridice, compuesta por Christoph Willibald Glück, originalmente escrito para un castrado con voz de alto, suele ser interpretado hoy en día por una voz femenina de contralto.

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