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Dama de Elche

Dama de Elche
Información sobre la plantilla
Damade elche.jpg
Datos Generales
Autor(es):Autor Anónimo
Año:Siglo V a.C.
País:Bandera de España España
Datos de la Escultura
Dimensiones:56 cm altura x 46 cm ancho
Localización:Museo Arqueológico Nacional de Madrid, Bandera de España España

La Dama de Elche considerada como la obra más perfecta de la escultura ibérica,es una escultura de piedra caliza, datada entre los siglos V y IV a.C.. Mide 56 cm. de altura, 45 cm. de anchura y pesa 65,08 kg. En su parte posterior posee una cavidad casi esférica de 18 cm. de diámetro y 16 cm. de profundidad.

Escultura

Esta escultura representa a una mujer ricamente vestida que probablemente sea la diosa Tanit, divinidad de la vida y la muerte de origen oriental, por lo que su tema es religioso, aunque algunos especialistas hablan de que podría representar a una sacerdotisa con trajes y adornos rituales. Es un busto de 56 centímetros de altura, aunque lo probable es que fuera segmentado a partir de una estatua de cuerpo entero, lo que sugiere, entre otras cosas, el corte irregular y brusco del plano inferior. Está realizado en caliza porosa de tonos ocres, y conserva restos de color, sobre todo el rojo de los labios y de algunas zonas del ropaje. Se halló casualmente en 1897, en un escondrijo hecho con losas, adosado a la muralla, al este de la ciudad; no era el lugar donde hubo de estar originariamente, sino una ocultación para librarlo de algún peligro, lo que, a la vista de lo ocurrido en tantos otros casos, no es cosa que deba sorprendemos. Es muy probable que, tras esta mutilación, el busto fuese usado como urna cineraria, sirviendo la cavidad trasera para introducir las cenizas de un ibero romanizado. En 2011 se analizaron micropartículas de dicha cavidad deduciendo que pertenecían a cenizas de huesos humanos.

Cavidad en la espalda de la dama

Resulta difícil imaginar la obra en su estado original: pudo ser concebida como la imagen de una importante dama que se presenta en un santuario, en pie, como es el caso de la Gran dama oferente del Cerro de los Santos, o también pudo ser una efigie de diosa sedente, como la Dama de Baza, señora del más allá que sirvió de urna cineraria en la tumba de la matriarca de una familia aristocrática. En el momento de su hallazgo, llegó a creerse incluso que el personaje representado era un hombre o que no era íbera, sino romana y se había esculpido en la época augustea. Paralelamente, se ha interpretado como la representación de una diosa, o de una sacerdotisa, o de algún personaje regio o de la aristocracia adornada para una ceremonia especial y ataviada con sus mejores galas. Ciñéndonos a las ideas más comúnmente aceptadas y dignas de consideración, daremos por cierto que el busto hoy conocido como Dama de Elche es cuanto nos queda de una escultura de cuerpo entero, ya que los iberos, como sus maestros los griegos y fenicios, concebían el ser humano como un todo indivisible. En ese sentido, los toscos golpes que podemos observar en la parte inferior de la pieza denotan una talla apresurada, propia de quien, tal vez a principios de nuestra era, cortó la obra originaria para reutilizarla.

Material

Elche2.jpg

Es una talla de piedra caliza de tonos ocres y superficie pulida. Tuvo la pupila y el iris postizos hechos de materiales preciosos o semipreciosos que posiblemente fueron pasta vítrea y piedra negra. Además, las joyas de la escultura estuvieron recubiertas de pan de oro.

Análisis

La escultura está bien conservada, aunque con numerosos golpes y erosiones. Conserva restos de policromía en los labios y zonas puntuales de rostro y vestimenta. Originalmente sus ojos estaban rellenos de pasta vítrea y estuvo ricamente policromada con tonos rojos, azules y amarillos. La dama va ricamente ataviada: en la cabeza lleva un tocado formado por una tiara puntiaguda cubierta por un velo y encima un tirante que une los dos rodetes laterales o “estuches” que enmarcan el rostro, donde iría recogido el peinado y una diadema sobre la frente; la espalda y los hombros se cubren con un pesado manto de tela gruesa que forma pliegues en la parte de delante y deja al descubierto tres collares con anforillas y porta-amuletos y una pequeña fíbula que cierra la túnica en el escote. A los lados del rostro cuelgan dos largos pendientes de placas e ínfulas. Son reproducciones de joyas que tuvieron su origen en Jonia en el siglo VIII a. C. y que después pasaron a Etruria. En los últimos análisis se descubrió un pequeño fragmento de pan de oro en uno de los pliegues de la espalda. A pesar de su indumentaria plenamente autóctona, técnica y estilísticamente se considera una obra de fuerte influencia griega, posiblemente realizada por un artista de este origen, tal vez ligado al cercano puerto de Santa Pola, tras recibir el encargo de un personaje ibérico de alto rango.

Composición

La composición es cerrada, presenta una gran frontalidad ya que está hecha para ser vista de frente. Se encuentran principalmente líneas curvas, horizontales y verticales.

Modelado

Aunque el modelado sigue siendo algo arcaico, se ha perfeccionado considerablemente respecto a otras obras, destacando el rostro, los paños y los detalles de las joyas en donde la luz crea claroscuros.

Color

Fue una escultura policromada, y como ya se ha mencionado anteriormente, las joyas estuvieron recubiertas de pan de oro. Sin embargo, es posible que partes del rostro quedase sin policromar.

Figura

En esta escultura ya se observa una búsqueda de la belleza idealizada y de la serenidad, utilizando un canon influenciado por la escultura arcaica griega y un fuerte hieratismo. Además, se observa un gran realismo en las joyas. La idealización del rostro y la exuberancia de su atuendo convienen a una divinidad.

Hallazgo y traslado

Fue hallada casualmente cuando, el 4 de agosto de 1897, se realizaban labores agrícolas en los terrenos que poseía el doctor Manuel Campello en la Loma de la Alcudia, junto a Elche. Los obreros de la finca estaban realizando el desmonte de la ladera sureste de la loma cuando uno de ellos, en un golpe de azadón, tropezó con ella (se puede ver aun la marca del azadón). Su localización y su situación desvelan que se trató de una ocultación intencionada, seguramente para protegerla de algún peligro, puesto que para su seguridad se construyó un semicírculo de losas protectoras que delimitaban el espacio suficiente para albergar la escultura. Una vez depositada la pieza se rellenó con arena, permitiendo que la Dama llegase al momento de su descubrimiento conservando buena parte de su policromía. Los descubridores la bautizaron como “Reina mora”. El suegro del Doctor Campello se dedicaba a la arqueología por afición y tenía una importante colección de objetos íberos encontrados en sus tierras de labor y en los alrededores de Elche. De hecho, muchos de esos objetos también se encuentran entre los fondos del Museo Arqueológico Nacional, gracias a un acuerdo entre la familia y la Real Academia de la Historia. Todo Elche conocía el hallazgo y era tema frecuente de conversación aunque, como es normal, no todos podían acceder a casa del Doctor a contemplar la pieza, como anécdota, contar que un día se expuso en el balcón de la casa para que todos los vecinos pudieran verla. Dio la casualidad de que Pedro Ibarra Ruíz, archivero de la ciudad, invitó al arqueólogo francés Pierre Paris a la fiesta del Misteri d’Elx (actualmente Patrimonio Inmaterial de la Humanidad) el 25 de agosto. Cuando Paris vio el busto íbero, supo que se trataba de una verdadera joya y envió una fotografía al Museo del Louvre recomendando la compra inmediata de la obra. El museo, muy interesado, buscó un mecenas y, ofreciendo una importante suma de dinero (4.000 francos de la época), adquirió el busto. El 30 de agosto de 1897 la diosa íbera salía bien empaquetada rumbo a la capital francesa donde fue bautizada como la Dama de Elche y expuesta en el Museo del Louvre, creando un hondo malestar entre los defensores del Patrimonio Histórico. En 1941, aprovechando el entente entre el gobierno del General Franco y la Francia ocupada por los alemanes, por medio de un intercambio de obras de arte, pudo regresar a España junto con otras obras que se hallaban en Francia.

El dirigente nazi Heinrich Himmler en su visita al Museo del Prado en 1941.

La Dama llegó a Irún el 8 de febrero de 1941, e ingresó en el Prado dos días después, donde se montó una exposición con todas las obras intercambiadas con el país vecino. En 1971, la escultura fue trasladada al Museo Arqueológico Nacional, donde podemos visitarla actualmente, aunque continua siendo propiedad del Museo del Prado.

Comentario

Tras el análisis realizado, podemos concluir con que esta escultura es La Dama de Elche, una obra íbera de autor anónimo perteneciente al I Milenio a. C. en España. Como ya hemos ido mencionando, mantiene las características de los artes arcaicos. Durante el I Milenio a. C., Hispania recibió numerosas influencias de las colonias griegas (Ampurias) y los fenicios (Gades, Sexi). En el centro de la península, la cultura celta se mezcló con la íbera, originando a los celtíberos. La civilización íbera será, gracias a sus contactos comerciales, la más evolucionada de la península. La obra es una muestra extraordinaria de la escultura ibérica ya que en ella se observa perfectamente la síntesis cultural de los pueblos íberos con los pueblos colonizadores, especialmente fenicios y griegos.

La influencia fenicia y de Tartessos aparece claramente en el tema o las joyas mientras que lo griego es visible en la técnica escultórica utilizada y las características de la figura, similares a la escultura griega de finales de S. VI a. C. en la que todavía se observan rasgos arcaicos pero con cierta búsqueda de la serenidad y la belleza idealizada. Sin embargo, el escultor no se limitó a copiar, sino que interpretó los modelos orientales con gran originalidad. Su función fue funeraria, posiblemente de urna cineraria, y no sabemos a quién representa, aunque debido a su canon de belleza idealizado, su exuberancia y su función, posiblemente se trate de una diosa-madre que acompaña al fallecido al “otro mundo”. Si comparamos esta obra con otra de la misma época como, por ejemplo, La Dama de Baza, observamos que hay una gran diferencia en su modelado, ya que La Dama de Elche es mucho más perfecta y menos arcaica en este sentido, presentando una belleza idealizada que La Dama de Baza no posee. Tras el hallazgo de La Dama de Cabezo Lucero podemos deducir que este tipo de esculturas debieron ser más habituales de lo que pensamos. La Dama de Elche ha influido e inspirado a artistas como a Salvador Dalí, que la consideró como “una nueva idea de belleza, con la gloria de una reina, el atractivo de un ángel y la fuerza de una amazona” y a Pablo Picasso, que se inspiró en su geometría para obras como “Las Señoritas de Avignon”. El hallazgo de la Dama de Elche ayudó a configurar y dar personalidad propia a la cultura ibérica dentro del contexto mediterráneo.

Fuentes