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Dinastía Zhou

Dinastía Zhou
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Concepto:Fue una dinastía china que gobernó entre el 1050 y el 256 a. n. e. Es la tercera dinastía china en la historia tradicional, y la segunda, tras la Dinastía shang, de la que existe constancia por fuentes escritas de su época.

Dinastía Zhou, también llamada dinastía Chou o dinastía Cheu, fue una de las primeras dinastías chinas, fundada por un clan seminómada del noroeste. Las fechas de inicio de la dinastía Zhou son dudosas, y varían entre los años 1122, 1050 y 1027 a. n. e., cuando al parecer expulsaron a la débil dinastía Shang. En cuanto a la fecha de su fin, casi todo el mundo coincide en señalar el año 221 a. n. e. La capital estaba situada en Hao, cerca de la actual Xi'an, pero hacia principios del siglo VIII a. n. e., a causa de invasiones de pueblos del norte, se construyó una capital oriental en Loyi, junto al río Lo, cerca de la actual Luoyang.

Sociedad

Poder

El poder de la dinastía Zhou se extendió por casi toda China, incluso al valle del río Yangzi Jiang (Yang-tsê). La gran extensión de esta zona y las rudimentarias comunicaciones hacían imposible el control directo de los Zhou sobre toda la región. Por ello, delegaron parte de su autoridad en vasallos, cada uno de los cuales gobernaba una ciudad amurallada y el territorio que la rodeaba. La jerarquía de estos estados feudales era encabezada por el señor, cuya posición social era hereditaria. Debajo de él se encontraban los guerreros, y en la escala más baja los campesinos y los esclavos. Poco a poco, estos estados feudales fueron haciéndose cada vez más autónomos.

Actividades económicas

La sociedad Zhou se basaba en la producción agrícola. La tierra era dividida en parcelas cuadradas perfectas, cada una de las cuales era a su vez subdividida en otras nueve formando una superficie equilátera. Las ocho parcelas exteriores eran entregadas a ocho familias campesinas, que aunaban sus esfuerzos y recursos para cultivar la parcela central, cuyo rendimiento se destinaba a la clase dirigente. No se sabe hasta qué punto se utilizó este sistema de distribución de tierras, pero posteriores dinastías lo consideraron el modo más equitativo de efectuar el reparto de la tierra.

Prácticas religiosas

Las prácticas religiosas se correspondían con el sistema social jerárquico. Los Zhou creían, de acuerdo con la religión china, que el cielo otorgaba un poder para gobernar, que sancionaba la autoridad política de los reyes. Los reyes Zhou realizaban sacrificios para un principio divino, que había sido llamado Shang Di (‘el Señor en las Alturas’) en época de la dinastía Shang, y que más tarde pasó a ser llamado Tian (‘Cielo’), así como para sus antepasados. Los señores de los estados hacían sacrificios a la naturaleza, a los dioses de la agricultura, e igualmente a sus antepasados, culto que era común para cada familia. Creían que les sobrevendrían desgracias y calamidades si descuidaban estos sacrificios.

Los Zhou del este

Los reyes Zhou fueron capaces de mantener un control eficaz sobre sus dominios hasta que finalmente, en el 770 a. n. e., algunos de los estados se rebelaron y, con la ayuda de fuerzas extranjeras, expulsaron a los Zhou de su capital situada junto al lugar que hoy ocupa la ciudad de Xi'an. Posteriormente, los Zhou establecieron una nueva capital hacia el este, en Luoyang. Aunque ahora se hallaban más seguros de los ataques de otros pueblos, los Zhou del Este no podían seguir ejerciendo la misma autoridad política y militar sobre los estados vasallos, muchos de los cuales eran ya más extensos y poderosos que los propios Zhou. Sin embargo, como guardianes del poder divino, continuaron con la práctica de confirmar el derecho de los nuevos señores a gobernar sus tierras y, de esta forma, siguieron siendo los jefes supremos y los proveedores de legitimidad hasta el siglo III a. n. e.

Crecimiento económico

Entre los siglos VIII y III a. n. e. se produjo un rápido crecimiento económico y un gran cambio social en el marco de una inestabilidad política extrema y guerras casi continuas. Durante estos años China entró en la edad del hierro. El arado de bueyes con contera de hierro, junto con técnicas de riego más perfectas, trajeron consigo mayores cosechas, que a su vez tenían que alimentar a una población cada vez mayor. El crecimiento demográfico estuvo acompañado por un aumento de la producción, y surgió una nueva clase de comerciantes y mercaderes. Las comunicaciones mejoraron con la sustitución gradual de los antiguos carros por correos a caballo.

La integración económica permitió a los dirigentes ejercer el control sobre mayores extensiones de territorio. Los estados situados en las franjas exteriores de la zona cultural china se extendieron gracias a la falta de progreso de sus vecinos, y de esta forma estimularon y diversificaron sus propias culturas, adoptando lo más interesante de cada una de las civilizaciones extranjeras. De los pueblos del noroeste, por ejemplo, los chinos de las zonas fronterizas adoptaron la utilización de unidades de caballería montada. Para los estados situados en el corazón de la llanura del norte de China, la expansión significaba agredir a otros estados que compartían su misma civilización, y la uniformidad de estos estados centrales fomentaba el estancamiento cultural. En el siglo VI a. n. e. siete poderosos estados fronterizos rodeaban a los pequeños y débiles estados de la llanura del norte de China.

Poder

Con el declive de la autoridad política de la dinastía Zhou y el surgimiento de los poderosos estados periféricos, las relaciones interestatales pasaron a ser cada vez más inestables. Durante los siglos VII y VI a. n. e., se lograron breves periodos de estabilidad mediante alianzas entre los estados y la hegemonía del miembro más fuerte. Sin embargo, a finales del siglo V a. n. e., el sistema de alianzas se hizo insostenible, y la China Zhou se sumergió en la anarquía interestatal. Esta época se conoce con el nombre de periodo de los Reinos Combatientes (403-221 a. n. e.).

La edad de oro de la filosofía china

La respuesta intelectual a la extrema inestabilidad e inseguridad dio lugar a la fórmula política y a las filosofías que determinaron el desarrollo del Estado y de la civilización china durante los dos próximos milenios. El primero y, con mucho, el más influyente de los filósofos de este periodo fue Confucio. Hijo instruido de una familia aristocrática menor del estado de Lu (en la actualidad Shandong), Confucio representaba a la nueva clase de administradores y asesores que ayudaba a la aristocracia dirigente a tratar los complicados problemas de la administración nacional y las relaciones interestatales. Básicamente, Confucio propugnaba la restauración de las instituciones políticas y sociales de los primeros Zhou. Creía que los sabios reyes de aquella época habían trabajado para crear una sociedad ideal siguiendo el ejemplo de su propia virtud personal. Por ello, trató de crear una clase social de virtuosos e instruidos caballeros capaces de ocupar los altos cargos del gobierno y dirigir al pueblo mediante su ejemplo personal.

Las doctrinas del taoísmo, la segunda gran escuela filosófica del periodo de los Reinos Combatientes, están enunciadas en el Tao-te-ching (el libro de la vía y de la virtud), que es atribuido a la figura semihistórica de Lao-tsé, y en las obras de Zuang-zi. Los taoístas desdeñaban el complejo sistema que defendían los confucianos para el desarrollo de la virtud humana y el establecimiento de un orden social. En el terreno político el taoísmo propugnaba una vuelta a las primitivas comunidades agrícolas, en las que la vida podía seguir su curso de forma más natural. La política del gobierno podría definirse como un laissez-faire llevado hasta sus últimas consecuencias, permitiendo todo tipo de respuestas espontáneas de la población.

Una tercera escuela de pensamiento político que surgió durante el mismo periodo y posteriormente ejerció una profunda influencia sobre la civilización china fue el legismo. Comprendiendo que los grandes desórdenes de su tiempo exigían nuevas y drásticas medidas, los legistas defendían el establecimiento de un orden social basado en leyes estrictas e impersonales que rigieran todos los aspectos de la actividad humana. Para poder poner en práctica un sistema de este tipo necesitaban la creación de un Estado rico y poderoso, en el que el gobernante tuviera un poder ilimitado. Los legistas propugnaban la socialización de la riqueza, la constitución de monopolios gubernativos y otras medidas económicas dirigidas a enriquecer al Estado, fortalecer su poder militar y centralizar el control administrativo.

El fin de los Zhou y el nacimiento de un imperio

El mayor beneficiario de las ideas legistas fue el reino noroccidental de Ch'in (Qin), uno de los estados que más luchó por escapar del competitivo periodo de los Reinos Combatientes. En la periferia de la civilización china, los Ch'in crecían tras defensas naturales que les servían de fortaleza, y adoptaban tácticas de caballería y otras innovaciones militares de los pueblos nómadas. En el siglo IV a. n. e., los Ch'in comenzaron a reformar su burocracia, su economía y su Ejército de acuerdo con los principios legistas. Una vez fortalecidos, los Ch'in iniciaron su expansión territorial a mediados del siglo IV a. n. e.. El ritmo de la expansión aumentó tras la ocupación de la capital Zhou en el 256 a. n. e. y la llegada al poder del rey Zheng en el 246 a. n. e. Inspirado por el legismo totalitario de Han Fei, Zheng eliminó a los seis restantes reinos combatientes en una serie de feroces campañas, y en el 221 a. n. e. se proclamó a sí mismo Qin Shi Huangdi, primer emperador de la dinastía Ch'in, y unificó China.

Fuentes

Enlaces externos